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CÍRCULO DE POESÍA

 

Diane Seuss: finalista del Pulitzer de Poesía 2016

18 Jul 2016

Presentamos cuatro poemas de la norteamericana Diane Seuss (Michigan City, Indiana, 1956), pertenecientes a su más reciente libro four-legged girl (Graywolf Press, 2015), que este 2016 resultó finalista del Pulitzer Prize of Poetry. Seuss es autora de otros dos libros de poesía anteriores, It Blows You Hollow y Wolf Lake, White Gown Blow Open, ganador del Juniper Prize for Poetry. Actualmente es escritora en residencia en el Kalamazoo College. De four-legged girl, el poeta Terrance Hayes destaca que “los títulos sangran en los poemas como si emularan la unión de Seuss de cabeza y cuerpo, pensamiento y sentimiento”. Las versiones que presentamos son una traducción conjunta de David Ruano González y Andrea Muriel, nuestra editora.

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diane seuss four legged girl

¿Recuerdas esa primavera? La brisa olía como mezcla de pastel

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y a algo de sodomía en el aire. Tal vez era la espirea,

que apestaba a espermatozoides y Pinol. ¿No extrañas aquellos días,

los besos con la boca abierta, los labios hinchados como la vagina de una cierva en primavera?

Vivíamos una vida de obscena angustia e imprudente cleptomanía para el emporio de las sombras de ojos.

Todavía pretendiendo ser chicas, y hetero, usando pantaletas de encaje y botas shit kickers.

Éramos, relativamente hablando, amas de casa.

Pizza precocida y martinis de lichi eran alta cocina.

Tirábamos los platos sucios por la puerta trasera hacia el terreno del ruibarbo.

Saqueábamos los esqueletos de las casas incendiadas en busca de porcelana china.

Sí, todos nuestros platos murieron por inhalación de humo.

¿Recuerdas?, alguien te secuestró y te puso en un prostíbulo

en Virginia del Oeste. No fue tan genial.

Tuve que pedir aventón en un peligroso viaje con el fin de liberarte;

daba zancadas usando aquellas altas botas rojas, todo un conjunto rojo,

completado con una espada enmascarada de sombrilla.

Sí, la valentía era un código de moda.

Tu recuperación requería desprogramarte y un nuevo peinado.

Bouffant-cum-beehive con un tinte azul profundo y mechas doradas.

¿Recuerdas?, ¿conseguimos empleos?

Tú untabas mayonesa sobre las ensaladas de gelatina en la cafetería Amish.

Yo manejaba el camión de fideos de Kowloon.

Mi especialidad era entregar galletas de la fortuna caducadas a los menos afortunados,

pero el trabajo mató el sueño.

¿Todavía te inyectas amnesia, ese sedante, o nostalgia, doble sedante?

Yo tuve una sobredosis hace tiempo y tuve que quedarme en permanente rehabilitación.

La filosofía del tratamiento es despiojarte y afeitarte la cabeza,

haciendo un regalo del tiempo presente.

Me cortaron las uñas hasta llegar a la carne viva así que no usé los diamantes de mis uñas

para arañar mensajes en los cristales de las ventanas.

Sólo tuve un flashback de esa noche en la que masturbamos las cónicas flores púrpuras

que colgaban de la vid de la glicina, ¿o nos agrupamos para fornicar con la floribunda?

El tallo erecto creció contrario a las manecillas del reloj en una escalera ornamental de fuga de novios.

El tiempo fue completamente descorchado.

Condujimos un auto incinerándose en sentido contrario en un camino de un solo sentido.

Chocamos contra un orificio designado únicamente como rampa de salida, ¿recuerdas?

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Do you remember that spring? The breeze smelled like cake mix

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and something in the air of sodomy. Maybe it was the spirea,

which reeks of spermatozoa and Pine-Sol. Don’t you miss those days,

the open-mouthed kisses, lips swollen as deer twats in the springtime?

We lived a life os mutty angst and reckless kleptomania at the eye-shadow emporium.

Still pretending to be girls, and hetero, wearing lacy knickers and shit kickers.

We were, relatively speaking, housewives.

Haute cusine was Bisquick pizza and lychee martinis.

Threw the dirty dishes out the back door into the rhubarb patch.

Plundered the skeletons of burned-down houses for bone china.

Yes, all of our plates died of smoke inhalation.

Remember, somebody kidnapped you and set you up in a whorehouse

in West Virginia. So not cool.

I had to thumb a dangerous ride in order to break you out;

I strode in wearing those tall red boots, a whole red ensemble,

complete with sword masking as parasol.

Yes, gallantry was fashion statement.

Your recovery required deprogramming and a new hairdo.

Bouffant-cum-beehive with a Deep blue rinse and gold highlights.

Remember, we got jobs?

You dabbed mayo on the Jell-O salads at the Amish cafetería.

I drove the Kowloon noodle truck.

My specialty was delivering post-date fortune cookies to the less fortunate,

but work kills the dream.

Are you still mainlining amnesia, that downer, or nostalgia, doublé-downer?

I overdosed long ago and got set up in permanent rehab.

The treatment philosophy is de-lousing and head shaving,

making a present of the present tense.

They clip me to the quick so I don’t use my diamond fingernails

to scratch messages into windowpanes.

I just had a flashback to that ninght we jacked off the conical purple flowers

that hung off the wisteria vine, or did we cluster fuck the floribunda?

The Woody stem grew counter clockwise up the ornamental elopement ladder.

Time was all corkscrewed.

We drove an incinerating car the wrong way up a one-way.

Rammed into an orifice designed only as an exit ramp, remember?

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No puedo escuchar música, especialmente “Lush Life” (fragmento)

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A flower is a lovesome thing” — Strayhorn

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Hay una mosca en el amplio, dorado colchón de milenrama,

y una mosca en el centro abierto de la equinácea,

 

y una mosca en el oxidado clítoris del lirio rosa,

oh el jardín es frondoso con las moscas. Llévame de vuelta

 

a ese restaurant cubano en Nueva York

durante la huelga de basura, con la puerta envuelta

 

por moscas, aunque eso no nos detuvo, y nos dimos de comer, uno al otro,

frijoles negros, sus jugos púrpuras en las esquinas

 

de nuestros labios, y su cabello estaba teñido por las moscas

aunque iridiscente, por momentos, como aquellas alas,

 

y su sonrisa llena de dientes afilados—sus mordiscos de amor

dolían, y abrían una puerta roja hacia un dolor más profundo,

 

y presagiaban un golpe final. No importaría

que hubiera tirado su arma aceitosa en East River.

 

Dejarlo podría matarme, y la palabra de su muerte

podría matarme de nuevo, y después de los frijoles

 

negros, ese día, podríamos apoyarnos en la rocola

de un bar de mala muerte llamado Red Rose, y pondríamos

 

el número de una canción que ya no soporto,

y podríamos bailar con nuestras manos en el cabello

 

del otro, nuestro whiskey suavizado por los labios presionados,

muriendo dentro de nuestras destrozadas y frondosas bocas.

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I can’t listen to music, especially “Lush Life” (fragment)

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A flower is a lovesome thing” — Strayhorn

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There’s a fly on the broad, gold cushion of yarrow,

and a fly on the coneflower’s swollen center,

 

and a fly on the pink lily’s rusty clítoris,

oh the garden is lush with flies. Takes me back

 

to that Cuban restaurant in New York

during the garbage strike, the door swathed

 

in flies, but it didn’t stop us, an we fed each other

black vean, their purples juices in the corners

 

of our mouths, and his hair was fly-colored

but iridescent, in moments, like their wings,

 

and his smile full of pointed teeth—his love bites

hurt, and opened a red door to a deeper hurt,

 

and foreshadowed a killing blow. I wouldn’t matter

that I’d thrown his oily gun into the East River.

 

Leaving him would kill me, and Word of his dead

would kill me again, and after the black

 

beans, that day, we would lean against the juke

box in a dive called Red Roses, and we’d poke

 

the number of a song I can no longer stomach,

and we’d dance with our hands in each other’s

 

hair, our whiskey-softened lips pressed close,

dying into each other’s smashed lush mouths.

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Lavandería golpeada por tornado

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La novia murió. La chica enamorada

de las vainas del algodoncillo y de dios,

murió lavando su sombrero de sol.

 

La bebé nació entre las manos

de niebla y las monjas que falsamente

aseguraban que era china, murieron.

 

Ella no era china. Tres perros

que peleaban por un hueso robado murieron.

La joven esposa murió con sus pezones puestos

 

en pañales sucios. La viuda murió

blanqueando las camisas para donación

de su esposo muerto. La dama solitaria

 

murió ensartada en su soledad;

la mentirosa se pinchó en su mentira. La adolescente

murió contemplando su pulgar

 

del autoestop. La libertina murió viendo

a su esposo robando ropa hecha espiral

de la secadora. Yo di zancadas sin zapatos

 

desde los escombros con mi cesta

de mimbre y mi ropa arrugada

habiendo sobrevivido al tornado

 

de mi estupidez, al embudo

de nubes de mi retorcido deseo.

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Laundromat hit by tornado

 

The bride died. The girl in love

with milkweed pods and god

died laundering her sunbonnet.

 

The baby born into the hands

of fog and nuns who falsely

claimed she was Chinese died.

 

She was not Chinese. Three dogs

sparring over a stolen bone died.

Young wife died up to her nipples

 

in dirty diapers. Widow died

bleaching her dead husband’s

shirts for donation. Lonely lady

 

died skewered on her loneliness;

liar spiked on her lie. Teenage

girl died contemplating her hitchhike

 

thumb. Hussy died watching

her husband-stealing clothes spiral

in the dryer. I strode shoeless

 

from the rubble with my wicker

hamper of folded clothes

having survived the twister

 

of my foolishness, the funnel

cloud of my warped desire.

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Estoy llena de tristeza

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Tan llena como un refrigerador en día de paga.

 

Mis noches están repletas de sueños.

Repletas como la maleta de un esposo que abandona su hogar.

 

¿Y yo lo abandono o sueño que lo abandoné?

 

Sueño con una habitación roja y me despierto en una habitación azul.

En la habitación azul un hombre me ofrece un anillo de diamantes de $30,000.

Sus tobillos desnudos se asoman de sus pantalones.

Ponte unos calcetines, le digo, viendo mis propios tobillos desnudos.

 

Como un árbol pequeño atado a demasiadas campanas de viento

mis falsas esperanzas arrastran una música demente por el vecindario.

 

Un vecindario en pendiente.

Mi casa se tambalea en esa inclinación.

 

Estoy repleta de feminidad

como un santo decapitado cuya garganta escupe luz del color de la paja.

 

Lo sé, soy mujer.

En la enfermería pusieron un triste moño en mi cabello.

Junté evidencia de mi infancia de niña

como una reclusa obsesionada con la recolección de moras.

 

Mira mi delantal, manchado de púrpura.

Mi vacío balde de hojalata, mis labios púrpuras,

mierda púrpura, como la mierda de un oso al final de la primavera.

 

La tristeza me rodea.

Soy una monarda, un enjambre en mi centro.

Polen pesado en el alambre de sus patas traseras.

Como bombachos de terciopelo dorado.

 

Soy el chico de la Xerox

afrontando el más grande trabajo de fotocopiado en la historia de los trabajos de fotocopiado.

Reproduciendo la tristeza original,

el cartucho de tóner se está agotando.

 

Cuando preguntaron en la taquilla qué soy,

sólo pude responder soy la que está diciendo esto.

O su homónimo. O su sollozante antónimo.

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I’m full of sadness

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As full as a refrigerator on pay day.

 

My nights are packed with dreams.

Jam-packed as a husband-leaving suitcase.

 

And did I leave him or dream I left him?

 

I dream of a red room and wake to a blue room.

In the blue room a man is offering me a $30,000 diamond ring.

His bare ankles poke out of the ends of his pants.

Wear some socks, I say, looking down at my own bare ankles.

 

Like a small tree strung with too many wind chimes

my false hope drags a screwy music through the neighborhood.

 

A neighborhood on the decline.

My house teetering on an incline.

 

I’m bursting with femaleness

like a decapitated saint whose throat spews light the color of straw.

 

I know I’m female.

In the nursery they put a sad bow in my hair.

I gathered evidence of my girlhood

like a recluse obsessed with berry-picking.

 

Look at my apron, stained purple.

My empty tin bucket, my purple lips,

purple shits, like the shits of a bear in late spring.

 

Sadness overruns me.

I’m bee balm, a swarm at my center.

Pollen heavy on the wires of their back legs.

Like gold velvet pantaloons.

 

I am the Xerox boy

tackling the biggest copy job in the history of copy jobs.

Reproducing original sadness,

toner cartridge running low.

 

When asked at the ticket office what I am,

I can only answer I am what is speaking this.

Or its homonym. Or its sobbing antonym.

 

 

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