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Camerata carioca, nuevo libro de Carlos Aldazábal en México

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Camerata carioca, nuevo libro de Carlos Aldazábal en México

Círculo de poesía November 12, 2016
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Presentamos dos poemas de Carlos J. Aldazábal pertenecientes a su libro Camerata carioca, publicado por Valparaíso México y que se estará presentando dentro del marco del Festival DiVerso en la Ciudad de México; la cita es en el Museo de la Ciudad de México el sábado 19 de noviembre a las 17:00 hrs. donde habrá una mesa conformada por Alí Calderón (México), Ming Di (China), Raquel Lanseros (España), G.A. Chaves (Costa Rica), Luis David Palacios (México), Felipe García Quintero (Colombia), Rubén Márquez Máximo (México), Fernando Valverde (España) y César Cañedo (México), presentando las novedades de la editorial.

 

 

 

Oración del descenso

 

Señor de la Montaña,

¿este sendero sirve?

 

Olfateo en el aire mi sudor,

tropezando con hierbas.

 

La sangre es la medida.

Los metros se calculan por rojo derramado.

Los metros infinitos de montañas sin valles

hasta llegar al mar, que es la promesa

de una tibia ilusión en pleno invierno.

 

Señor de la Montaña,

¿este ha sido el camino?

 

¿Por aquí he de seguir, medio encorvado,

haciendo donaciones a una estatua?

 

Aún recuerdo el consuelo de alimentar los monos.

 

Mientras comían, parecían rezar por un milagro

 

 

Desde una nube

 

Escribo desde esta cortina espesa de memoria,

este telón de agua que se mira en el mar.

No intento confesar ni el rayo ni la lluvia,

sólo quiero asombrarme por los barcos, las piedras,

esas huellas de pasos en los moldes de azúcar.

 

Pronto será la luz, designio del descenso,

y yo correré en los llanos del cemento homicida,

al pie de las favelas, de los barrios, las villas,

al pie de los silencios donde la sangre corre.

 

Claro que respiré la brisa de los cerros,

claro que me extasié en los brazos del río,

claro que me acuné al borde de unas notas

que empujaban tranquilas la hamaca de la siesta.

 

Pero ahora que escribo se me escapa un recuerdo

y no puedo guardar los rayos ni la lluvia,

estas gotas dolidas que abandonan mi pulso

para abrir el camino seguro que me aguarda,

raíz de oscuridad repleta de silencio

donde acuno tu voz mientras sueño la tierra.

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