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CÍRCULO DE POESÍA

 

Inversa memoria: subversión y reconversión poéticas. Sobre la poesía de César Cañedo

24 Ene 2017
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Gustavo Osorio de Ita comenta el libro Inversa memoria, del poeta César Cañedo (El Fuerte, Sinaloa, 1988), recientemente publicado en la colección Nueva Biblioteca de Poesía Hispánica de Valparaíso México. Cañedo es fundador y co-director del Seminario de Literatura Lésbica-Gay UNAM. Dice Osorio de Ita: “Adaptación a nuevos medios expresivos mediante el entrecruzamiento e hibridación de distintas tradiciones poéticas, de múltiples registros tanto lexicales como temáticos, los cuales apuntalan la génesis de una poesía mucho más próxima a una estética no homogénea y compacta, sino altamente fracturante y sincrónica, una estética que apela a múltiples modernidades, dialogando intermitentemente, así es la poesía de Cañedo”.

 

 

 

 

Inversa memoria

Cesar Cañedo

Valparaíso México, 2016, 93 pp.

 

 

Inversa memoria: subversión y reconversión poéticas

 

 

Adaptación a nuevos medios expresivos mediante el entrecruzamiento e hibridación de distintas tradiciones poéticas, de múltiples registros tanto lexicales como temáticos, los cuales apuntalan la génesis de una poesía mucho más próxima a una estética no homogénea y compacta, sino altamente fracturante y sincrónica, una estética que apela a múltiples modernidades, dialogando intermitentemente, así es la poesía de Cañedo. En ésta podemos observar tanto una caleidoscópica como camaleónica propuesta poética, cuyo único leitmotiv es la reconversión, es decir la re-orientación continua y dinámica de medios y estrategias para lograr un fin: conmocionar al lector a través de la subversión tanto textual como temática.

            En primera instancia podemos recuperar la división del libro en secciones, las cuales representan ya un desacato al orden diacrónico-temporal, puesto que implican saltos entre un pasado muy presente y un tiempo aún no comenzado; fechadas en años aún no transcurridos, estos poemas serán terminados en un mañana inexistente, un futuro incierto tanto para la poesía de Inversa Memoria, como para el enunciador lírico que subyace a la misma, una memoria de cosas no ocurridas pero inmanentemente deseadas.

            Por ejemplo en la primera sección, “Rostro Cuir”, encontramos retazos de inicios, indicios para la construcción de objetos que siempre están por empezarse, así como el yo lírico:

 

Nací sin una oreja.

Y mi abuelo en sus manos

presentándome al mundo malformado,

y mi madre diciendo: ¡hay que arreglarlo!,

y mi padre diciendo: ¡yo lo pago!,

y mi abuela, tan sólo: ¡qué belleza!

y ese niño incompleto creció y se hizo poesía incompleta.

He aquí mi cántico sulfúrico.

 

            El sostener precisamente una “incompletud completa”, incluso desde la instancia de enunciación, lleva al enunciador a rehuir a cada momento, a cada verso, de ese todo perfecto que combina y etiqueta, que fija y estanca. Una estética del fallo y lo fallido:

 

y mi sonrisa torcida

es la perla que brota de la pérdida, de raspar el dolor en tantas burlas, de soñarme poeta

y ser fallido

y encontrar gozo en ello.

 

            Así mismo, la poesía de Cañedo se disemina entre un amplio repertorio de recursos tanto formales como semánticos, a los cuales subyace la fusión de tradiciones distintas en una hibridez compleja, por ejemplo la adecuación del endecasílabo y el uso de mot-valise generados a partir de un léxico contemporáneo, ocurriendo paralelamente a la alternancia y tensión entre campos semánticos sumamente disímiles:

 

¿A qué hora vas por las tortillas, perra,

para cobrarte el aire que respiras?

Taconiclávale la cruz de Crista

para que gima de placer voguero

y frena todos tus impulsos púbicos

al sonar la trompeta de la bestia

en reclamo final de un baile orgásmico

que santifica esta batalla femme.

 

            Por otra parte, en la sección titulada “Virtualia”, podemos encontrar la transcodificación, la apertura a nuevos lenguajes, principalmente aquellos que apelan a la cultura tecnológica y a la post-posmodernidad, los cuales se entrelazan con el imaginario cuir del poeta, por ejemplo con versos como los del poema “Jotuitero”:

 

 

La homosexualidad no se crea ni se destruye, solo se encubre.

A mí que me rompan el culo, el corazón qué.

Todo cabe en un culito sabiéndolo lubricar.

¿Si tu ano no es cerrado, por qué tu mente sí?

Hay pájaros que nacen/ con el pico en la cola/ con el nido en los huevos/ con el vuelo en reversa.

 

 

            Aquí podemos observar la capacidad de síntesis – todo expresando en menos de 140 caracteres – ostentando posibilidades de construcción de líneas convergentes, campos semánticos e imágenes entrecortadas que no inician ni terminan, sino que se insertan dentro de una compleja simultaneidad. Los de Cañedo son poemas que habitan una era habitable sólo a través de retazos, de fracturas, de abruptas conexiones entre sustancias disímiles; una poesía en el vórtice de lo tecnológico que se asume como una reconversión entre tradición y técnica, entre herencia y modernidad.

            En la sección “El otro Sacramento” podemos constatar que una de las propuestas poéticas esenciales de la poesía de Cañedo radica en la transdiscursividad. Aquí se perfilan imaginarios completamente distantes como son la liturgia hebraica-católica clásica y el discurso homoerótico, produciendo un híbrido bastante interesante puesto que se vale de la tensión entre la aproximación de ambas esferas desde un cariz no sólo semántico, sin incluso semiótico, con el fin de explorar un terreno innovador. Con versos como:

 

Ésta es la noche

en la que por vez primera

tu mano reconoce en la mía

el cálido saludo de la carne

y en tu barba preciosa me ilumino

y me acompaña una sagrada presencia

que me guía hacia tu talle erecto

y nos funde en un abrazo que no puede ser mancha.

Qué noche tan dichosa, sólo ella conoció el momento

en que un hombre pudo ver desnudo con amor a otro hombre

y obtuvo el beneficio de los cielos.

 

            Donde se hace patente la edificación de un pathos eufórico semejante a aquel de La noche oscura del alma de San Juan De la Cruz, donde se va construyendo una particular mística, pues en este caso la euforia no emana a través de la aproximación entre el hombre y Dios, sino del hombre y el hombre.

            En la sección “JJJJJJ” Cañedo se vale de composiciones que recurren a la transfiguración del lenguaje. Advirtiéndonos de la complejidad de la lectura del mundo, de su multiplicidad y sincronicidad que nos planta ante una realidad endecasílaba pero tuiteable, la poesía de Cañedo hacer reflexionar también sobre los elementos mínimos: palabras disfrazadas, confusas, alternantes; significantes que persiguen múltiples significados, indiferenciación, confusión. Con versos como:

 

A camarón pelado huele el cuarto

arrullado del eco de chicharras,

un calor farolesco y sinaloenso

de esa bichola infiel y pequeñísima

que nauseas y dolores me saeta

sin poder conjurar la voz poeta.

 

 

            Cañedo nos insta a reconocer en el conjuro de “la voz del poeta” las palabras subvertidas y pre-edípicas. Aquellas palabras que no buscan anquilosarse bajo la tumba de su significado, sino que intentan revolucionarse para pervivir. Las de Cañedo son palabras inquietas.

            En “Reconcilio”, desapegándose de su propio registro y técnica, Cañedo opta más por una suerte de ternura desgarradora: recuerdos de momentos pasados o futuros los cuales articulan un pathos disfórico, en torno a la figura materna por ejemplo con versos como:

 

Amá, no duelas más

porque si no amamanto

de tu áspera leche

que nutre cuando amarga,

jamás hubiera escrito

amado y ofrendado

un tiempo reconcilio en el que vivo.

 

            O también construyendo un alocutario específico -Mateo-, a través del cual deja entrever las pequeñas grietas de una subjetividad que duele, los pequeños indicios de una profundidad sensible capaz de poetizar los embates un futuro que aún no llega:

 

Mateo,

diversa alianza de familia,

podrás jugar con ponis y con monstruos, usar colores porque son colores, cambiarte el nombre y prodigar ternura, contar historias donde el hombre es digno por ser persona y abrazable y tuya,

sabrás a cierta edad que el mundo injusto tiene un reto que heredas de mi sangre

y que nacer diverso

tiene espinas y alas a otros mundos

donde volar decidas.

 

            En “Bichis y bicholas. Cantos neorrabiosos” podemos evidenciar el ejercicio de una rabia y violencia que van más allá de lo puramente semántico, apostando también por una violencia entre los cortes versales y los órdenes sintácticos que estructuran el poema, por ejemplo con:

 

Sácame el ojo azul, deja el izquierdo, rábiame el pecho,

móntame de ira,

siégame, pulverízame,

que en yerma sonambúlica

terrénica y altiva

vomitaré mazorcas contrahechas,

cuervos puantes de crotar malforme,

hambre de sed, latido de calvario,

arena movediza, sal saliva,

aliento cementerio que te exige

que te quedes pegado cuando acabes,

que te vengas adentro por costumbre,

que encabrones mis horas para huirte.

 

Donde podemos detenernos no sólo en formas próximas a aquella subversión de la palabra que señalábamos con anterioridad, sino también con elementos como los paralelismos climáticos que van generando un crescendo en el poema. Así mismo el uso del hipérbaton para generar una confusión sintáctica permite hacer detenimientos a cada verso. Aquí podemos señalar una constante en la forma “neorrabiosa” de Cañedo: para gestar la ira y la rabia, es necesario recurrir a la violencia en el lenguaje y también contra el lenguaje; alterando la sustancia y la forma textuales, lo que consigue es un detenimiento, una lectura pausada para encontrar el significado y sentido del poema: una rabia lenta.

            Finalmente en “Reconstrucción” podemos recalcar poemas tales como “Alzheimer”:

 

Éste era yo,

el cesarín tímido del éxodo capital,

el nieto del doctor Cañedo y su destino.

Éste era yo,

el atleta de Irma y del esfuerzo,

el bailarín que joteaba al beat voguero

y era bien perra.

El poeta elevación de hogares mudos.

Éste era yo,

pájaro de cuatrocientas veces de volar al olvido

y astillarme invenciones y promesas.

Éste era yo

pero dejé de serlo,

tartamudado de mi voz rabiosa

calmo la paz de no saber quién eres.

Alzhmerreír de este final forzado

como mi oscuro tobogán de mente.

Pastillar balbusiento enmudecido

por querer bañar sopa enjabonado

y saber escribir con la peineta,

confundirme barroco clavo el verso

que nada teme de la desmemoria.

Esto no es lo que fui

pero remansa.

 

Aquí la memoria vale en tanto se va perdiendo. Y que el olvido no sea confundido erróneamente con la desmemoria: una es accidente, la otra voluntad. La poesía de Cañedo se vuelca hacia un reconocerse en el espejo de los versos e intentar no negar quién se es, sino aprender que uno ya es distinto, que los años han subvertido a aquel que se va dejando de ser: subversión de la memoria hacia un dejar de ser, reconversión de la memoria hacia un voy siendo, inversión de la memoria es la poesía de Cesar Cañedo.

 

 

 

 

 

 

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