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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía australiana: Omar Sakr

09 Ene 2017

Presentamos una muestra de la obra del poeta Omar Sakr, poeta de origen árabe y australiano. Su obra ha sido publicada en Meanjin, Overland, Mascara Lit Review, The Guardian, The Saturday Paper, Junkee, entre otros medios. Ha sido nominado a para el Judith Wright Poetry Prize for New and Emergents Poets, así como para el ACU Poety Prize. Las traducciones corren a cargo de Andrea Rivas.

 

 

 

Vivo

 

Hoy es aterrador estar vivo.

Siempre ha sido aterrador estar vivo.

Esto de ningún modo niega la primera sentencia.

Cada mañana trabajo para construir las herramientas

que sé que necesitaré para sobrevivir la tarde.

Hacia el final del día son inútiles,

embotadas. Cada mañana construyo

y a veces el martillo es torpe,

la madera se deforma y las astillas empluman

mis manos. Algunas noches apenas estoy ahí

estoy enroscado tan fuertemente sobre mis heridas.

Hoy empleo un sueño mañana

soy propulsado por un motor V8 de rabia

y no pienso en el costo que cobra

estoy tan ocupado sobreviviendo. Cada motor

es un animal en el sentido en que mata

para vivir. Mi vida está pavimentada con muertes

que crean fantasmas en mi periferia. Tengo miedo

de mirarlos a la cara, de decir que fue mi

crudo martillo que quebró

tu cráneo pequeña oveja pequeño niño

pequeño otro. Debo pensar en ti

como pequeño para justificar el golpe. Debo

pensar en ti como otro. Quizá

no fue un martillo sino un escudo

sobre mis ojos para que no pudiera verte

tomar el golpe. Incluso ciego, escucho

tu caída. Quizá solo me niego a abrir.

Quizá es una herramienta que construí para sobrevivir.

Debo admitir que ahora todo

puede usarse para matar, matar, matar y si

me detengo muero. Me pregunto

si así es como Dios se siente & si Dios siente

que vale la pena.

 

 

 

Tinder

 

Deslizaría derecho hacia la tortura.

Esto no es un gran comienzo

 

para la relación. La verdad es mejor

guardada hasta que es muy tarde

 

para desenredarte sin daño,

o como en el caso de un tiroteo, luego

 

de que una vida es perdida y los periodistas están ocupados

con todos los otros inicios

 

de historias que no serán contadas en su totalidad o serán

olvidadas para el desayuno del día siguiente.

 

Siempre estamos diciendo que la honestidad

es necesaria pero nadie dice cuándo

 

o dónde debe ser aplicada la navaja,

como en el caso de un poema. Los poemas

 

no necesitan un yo para funcionar como el sistema

necesita un ojo para funcionar, uno por cada persona.

 

Trabajas mejor cuando solo te miras

a ti mismo. Mantente enfocado

 

mientras mueves la navaja: deslizaría derecho

hacia la tortura. Sé lo que ocurre

 

con cada cucharada de cereal, cada crujir

de azúcar electrocutando la felicidad

 

en mi columna vertebral―en algún lado

alguien está siendo electrocutado

 

de verdad y yo sigo viviendo

porque éste es el precio de hacer

 

negocios, que en mi caso es escribir

poemas y mantener un ojo y

 

tratar de permanecer enfocado en la cuchara tambaleante

de metal conductor que se dirige a mis dientes.

 

Pongo la tortura en una caja y escondo la caja

(que es más pesada que mi cuerpo)

 

bajo la cama, y me pregunto cómo

voy a conseguir a alguien que me coja

 

en un colchón lleno de gritos.

 

 

 

Terrorista

 

Seguimos contando las mismas historias.

Tal vez es por esto que nada cambia. No puedo

crecer alas. Solo puedo ser lo que soy.

No vengas a mí para transformarte,

no soy un espejo de casa de la risa, no soy un lago.

No soy una grieta en la tierra

ni el grandioso negro azulado del cielo,

esa engañosa bestia camaleónica. Lo que soy

es un terrorista, sí, me aterro a mí mismo

con preguntas que no tienen respuesta,

que algunos llaman poesía. ¿Qué tal si

Ícaro fue un refugiado huyendo de su padre,

si voló no de la ambición

sino del miedo, un salto suicida;

y si dio la bienvenida a las llamas?

¿Qué tal si tuvo una bomba atada

a su pecho, y quiso llover

pedazos de cielo sobre la suciedad

huérfana de padre? Por esto no crezco alas.

Estoy aterrado de que todos vean

que soy un ángel ardiendo, cayendo

tan lejos de cualquier padre como pueda.

 

 

 

donde está dios

 

El yijadí con su cargamento y camuflaje, su gruesa barba y sus sunnies, permanece con las piernas chuecas

en el desierto. No tiene aljaba de flechas, sino un cinturón de dientes de oro, una perversa sonrisa

alrededor de su pecho. Se parece a mi primo cuando me mira, listo para escupir.

“¿Dónde puedes encontrar a Dios?”, dice. Ellos preguntan esto a cada poeta que capturan. Yo estoy

sudando como un caballo usado. Hay dos respuestas. La primera es en ningún lado,  pues la gloria está

más allá de los animales. Vivimos en la ausencia de divinidad, y por nuestra obra esperamos

crear aquí un pálido eco. La otra respuesta es en todas partes: el cielo en una lata abollada de Coca,

en mi sucia axila, en la lavandería, en un burdel inundado por la lluvia, en cada aliento

absorbido por todas las cosas vivientes. No digo nada, lleno de mi propio hedor. El hombre que

podría ser mi primo ríe, pone una negra y fría boca en mi oído, y dice, “Escucha.

Aquí encontrarás a Dios”. Luego los ángeles comenzaron su ladrido.

 

 

 

País de vacaciones

 

Quema todos los mapas. Olvídate de querer

necesito longitudes y latitudes vírgenes.

Tierra sin consumirse, un lugar

que ni las estrellas hayan tocado

donde pueda ir por aire,

donde no hay cosa tal

como el ahogo ni las matanzas

pero donde pueda morir

una muerte natural. Los sueños

imposibles son para hombres jóvenes.

Yo no soy tan joven como es necesario.

Puede ser que un sueño tan grande

requiera edad y no soy tampoco

tan viejo. Los países son pesadas

cosas que no pueden hacerse solas.

Quisiera que alguien me hubiese dicho eso

antes de comenzar a construir playas.

No tiene nada que ver con la tierra,

ese animal magnífico. Acabo de olvidar

a las personas. Tal vez quise hacerlo &

debería aprovechar al máximo estas

acacias, el largo tronco cónico

antes de que inevitablemente arda

en una flama, lenguaje no

de dioses, sino del hombre. Prometeo

sabía. Es una lección que desaprendemos

tan pronto como podemos: los alfabetos

son todos una sinuosa destrucción.

Todo lo que queríamos era cauterizar

un momento, una huella, una búsqueda

en una roca para hacerle saber

nuestros nombres, sin saber que nombrar

al mundo también lo terminaría.

Mi país resiste el lenguaje.

No quiere conocerte.

Tiene su propia sabiduría, y ningún

agujero para banderas. No puede ser

robado. Lo construí solo para mí,

no para que otros cubran

sus bordes o lo fijen a una piel

 

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