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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía italiana: Pier Paolo Pasolini

09 Ene 2017

Presentamos tres poemas de Pier Paolo Pasolini. Poeta, novelista, ensayista, dramaturgo y director de cine; el mayor reconocimiento se debió a las películas que filmó como por ejemplo Il Vangelo secondo Matteo, Il Decameron Il fiore delle Mille e una notte. Su poesía se destaca por la búsqueda de justicia y el reconocimiento de su falta en el mundo del siglo XX; entre sus libros de poesía más destacados se encuentran Le ceneri de Gramsci, La religione del mio tempoPoesia in forma di rosa. Su asesinato, ocurrido en 1975, sigue estando en circunstancias no aclaradas. Las traducciones corren a cargo de Adalberto García López.

 

 

 

Al príncipe

 

Si regresa el sol, si cae la tarde,

si la noche tiene un sabor de noches futuras,

si una tarde de lluvia parece regresar

de tiempos muy amados mas nunca del todo poseídos,

ya no alcanzo felicidad alguna en gozarlos o sufrirlos:

ya no siento delante de mí toda la vida…

Para ser poeta se debe tener mucho tiempo:

horas y horas de soledad son el único modo

para producir algo, que es fuerza, abandono,

vicio, libertad, para dar estilo al caos.

Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte

que se aproxima, en el ocaso de la juventud.

Pero por culpa, también, de este mundo humano

que al pobre le quita el pan, y a los poetas la paz.

 

 

 

Al principe

 

Se torna il sole, se discende la sera,

se la notte ha un sapore di notti future,

se un pomeriggio di pioggia sembra tornare

da tempi troppo amati e mai avuti del tutto,

io non sono più felice, né di goderne né di soffrirne:

non sento più, davanti a me, tutta la vita…

Per essere poeti bisogna avere molto tempo:

ore e ore di solitudine sono il solo modo

perché si formi qualcosa, che è forza, abbandono,

vizio, libertà, per dare stile al caos.

Io tempo ormai ne ho poco: per colpa della morte

che viene avanti, al tramonto della gioventù.

Ma per colpa anche di questo nostro mondo umano,

che ai poveri toglie il pane, ai poeti la pace.

 

 

 

Al muchacho Codignola

 

Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,

pero nada esperes de nuestro encuentro.

Acaso una nueva desilusión, un nuevo

vacío: de aquellos que hacen bien

a la dignidad narcisista, como un dolor.

A los cuarenta años me encuentro como a los diecisiete.

Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete

pueden, claramente, encontrarse, balbuceando

ideas convergentes sobre problemas

entre los que se abren dos décadas, una vida entera,

y que aparentemente son los mismos.

Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,

marchita del llanto y las ganas de estar solos,

revela la irremediable diferencia.

Y, juntos, deberé actuar como poeta

padre, y estaré replegado a la ironía,

que te hará sentir incómodo: al ser el de cuarenta

más alegre y joven que el de diecisiete,

él, ya dueño de la vida.

Más allá de esta apariencia, de este aspecto,

no tengo más por decirte.

Soy avaro, lo poco que me pertenece

lo guardo apretado en el corazón diabólico.

Y las dos palmas de piel entre pómulo y mentón,

bajo la boca torcida a furia de sonrisas

de timidez, y los ojos que han perdido

su dulzura, como un agrio higo,

te parecerían el retrato

preciso de esa madurez que te hace daño,

una madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte

un coetáneo, simplemente entristecido

en la delgadez que le devora la carne?

Cuanto ha dado ya lo ha dado, lo demás

es árida piedad.

 

 

 

Al Ragazzo Codignola

 

Caro ragazzo, sì, certo, incontriamoci,

ma non aspettarti nulla da questo incontro.

Se mai, una nuova delusione, un nuovo

vuoto: di quelli che fanno bene

alla dignità narcissica, come un dolore.

A quarant’anni io sono come a diciassette.

Frustrati, il quarantenne e il diciassettenne

si possono, certo, incontrare, balbettando

idee convergenti, su problemi

tra cui si aprono due decenni, un’intera vita,

e che pure apparentemente sono gli stessi.

Finché una parola, uscita dalle gole incerte,

inaridita di pianto e voglia d’esser soli —

ne rivela l’immedicabile disparità.

E, insieme, dovrò pure fare il poeta

padre, e allora ripiegherò sull’ironia

— che t’imbarazzerà: essendo il quarantenne

più allegro e giovane del diciassettenne,

lui, ormai padrone della vita.

Oltre a questa apparenza, a questa parvenza,

non ho niente altro da dirti.

Sono avaro, quel poco che possiedo

me lo tengo stretto al cuore diabolico.

E i due palmi di pelle tra zigomo e mento,

sotto la bocca distorta a furia di sorrisi

di timidezza, e l’occhio che ha perso

il suo dolce, come un fico inacidito,

ti apparirebbero il ritratto

proprio di quella maturità che ti fa male,

maturità non fraterna. A che può servirti

un coetaneo — semplicemente intristito

nella magrezza che gli divora la carne?

Ciò ch’egli ha dato ha dato, il resto

è arida pietà.

 

 

 

Poesía mundana

 

Trabajo todo el día como un monje

y en las noches doy vueltas, como un gato viejo

buscando amor… Voy a proponer

a la Curia que me hagan santo.

Le respondo, de hecho, a la mentira

con gentileza. Miro

como una imagen a los adeptos al linchamiento.

Me observo a mí mismo masacrado, con el sereno

valor de un científico. En ocasiones

cultivo el odio, sin embargo, escribo

poemas de amor puntual.

Estudio la perfidia como una fenómeno

fatal, como si careciera de objeto.

Tengo piedad de los jóvenes fascistas

y a los viejos, que los considero

el peor de los males, les otorgo

sólo la violencia de la razón.

Pasivo como un pájaro que, en pleno vuelo,

todo lo ve y en su corazón se lleva

al vuelo en el cielo la conciencia

que no perdona.

 

 

 

Poesia mundana

 

Lavoro tutto il giorno come un monaco

e la notte in giro, come un gattaccio

in cerca d’amore… Farò proposta

alla Curia d’esser fatto santo.

Rispondo infatti alla mistificazione

con la mitezza. Guardo con l’occhio

d’un’immagine gli addetti al linciaggio.

Osservo me stesso massacrato col sereno

coraggio d’uno scenziato. Sembro

provare odio, e invece scrivo

dei versi pieni di puntuale amore.

Studio la perfidia come un fenomeno

fatale, quasi non ne fossi oggetto.

Ho pietà per i giovani fascisti,

e ai vecchi, che considero forme

del più orribile male, oppongo

solo la violenza della ragione.

Passivo come un uccello che vede

tutto, volando, e si porta in cuore

nel volo in cielo la coscienza

che non perdona.

 

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