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CÍRCULO DE POESÍA

 

Sobre un soneto de Góngora

22 Ene 2017

El crítico francés Jamal Saidi nos presenta un ensayo que regresa al soneto gongorino “Mariposa, no sólo no cobarde”. Centrada su interpretación en el trabajo metafórico propuesto por Góngora, el texto, además, analiza el lenguaje del cordobés y, lo que es más importante, conjetura en torno a la estructura de su pensamiento poético.

 

 

 

 

 

 

Sobre un soneto de Góngora

 

        Leer un poema de Góngora es una experiencia literaria muy peculiar. En una conferencia titulada “Imagen poética de Don Luis de Góngora[1], Federico García Lorca resume bien la sensación que experimenta el que se enfrenta a un poema del poeta cordobés: la de entrar en un laberinto del que se sale intelectualmente, encontrándole el sentido/salida.

Que los poemas de Góngora sean construcciones intelectuales, con su ‘objetividad’, que plasman una visión del mundo, de la vida, de la corte y de sus hombres a veces, lo muestra Robert Jammes y es lo que podremos comprobar al asomarnos a un soneto escrito en 1623 (Mariposa, no sólo no cobarde…) que, creo, nos permitirá subrayar varios aspectos importantes de la poesía de Don Luis de Góngora.

 

Mariposa, no sólo no cobarde,

Mas temeraria, fatalmente ciega,

Lo que la llama al Fénix aun le niega,

Quiere obstinada que a sus alas guarde,

Pues en su daño arrepentida tarde,

Del esplendor solicitada, llega

A lo que luce, y ambiciosa entrega

Su mal vestida pluma a lo que arde.

Yace gloriosa en la que dulcemente

Huesa le ha prevenido abeja breve,

¡Suma felicidad a yerro sumo!

No a mi ambición contrario tan luciente,

Menos activo sí, cuanto más leve,

Cenizas la hará, si abrasa el humo.

  Poesía que intentaremos evocar sin los prejuicios que suelen acompañarla, la de una construcción lingüística vacía, de una poesía culta, oscura, difícil, puro adorno lingüístico sin sentido, etc. Intentaremos entrar en este poema viéndolo como una construcción, representación de sentido, con su lógica, con su significación, “contenido”, concepto. No es sólo lenguaje culto sin idea, no es sintaxis fría tapando el vacío intelectual. Baltasar Gracia ya veía un buen ejemplo de concepto en Góngora. En una palabra, una poesía cuyos protagonistas suelen ser ideas.

Es Góngora, un poeta que lo veremos transforma la poesía y la tradición poética que le llega pese a estar inmerso en ella. Así en el poema al que nos asomamos transforma una metáfora que tiene larga tradición en la poesía española, y no sólo (de Petrarca a Herrera, tiene casi valor de tópico poético): la mariposa y la llama.

  En este poema, Góngora da una vuelta de tuerca a esa metáfora al darle un sentido, un significado totalmente nuevo. No es ya la mariposa de Quevedo, de Herrera, de Petrarca, de Lope de Vega. Esa mariposa es metáfora de un poema con cierta dimensión “política”, “social”.  Vamos a intentar verlo.

   En efecto, se pone en escena una metáfora del comportamiento ambicioso, interesado, que anima la corte. Mariposas que como pretendientes, van  atraídos por la luz/favores de una corte peligrosa.

Pero esa visión de la corte que produce el poema, no la podremos evocar sin subrayar la relación e historia del propio poeta con ésta. Relación con la corte de la que sólo queda decepción. Una decepción que percibimos en el poema.

Así, antes de entrar en este poema, cabe hacer un paréntesis, aclaración previa, sobre la situación y la relación del propio poeta con la corte, en 1623. ¿Cuál es su relación y en qué nos puede permitir entender la visión y la descripción por el poeta cordobés de la corte y de lo que la pisa: la ambición?

Después de evocar el poeta y su tiempo, su relación con la corte, e introducir temas (el menosprecio de corte…) que vertebran el poema, evocaremos la relación entre el poeta y la poesía, y evocaremos su lengua poética. Lo cual nos proporcionará unas herramientas necesarias para leer, entender y disfrutar del poema al que nos asomamos. Y veremos que los temas y la lengua poética de Góngora se sujetan, se plasman, son indisociables.

En fin, en una primera parte, nos acercaremos a la poesía de Góngora y a este poema. Y en una segunda parte, entraremos en el poema del que presentamos una lectura. Intentaremos proponer una lectura poniendo de realce la unidad, el sentido de un soneto metafórico.

 

Don Luis de Góngora

Cabe, pues, hacer un brevísimo paréntesis y recordar algunos datos biográficos sobre el poeta cordobés para, sino explicarla, introducir su poesía. Nos asomaremos  a la historia de las relaciones entre Góngora y la corte, porque es desde esa relación, desde  esa visión de la corte, que escribe Góngora. Y en un segundo tiempo, evocaremos las relaciones del poeta con la poesía, su “manierismo”, su manera de escribir y construir poemas. Evocaremos las piedras con las que escribe, edifica sus poemas  y que constituyen su “lengua poética”.

  Tras recordar algunas herramientas, tanto respecto al poeta, a sus temas, o su lengua poética, nos resultará más cómoda la lectura del poema del que intentaremos poner de realce la unidad en una segunda parte.

 

  1. Góngora y la corte en 1623.

    La visión que tiene Don Luis de Góngora de la corte en 1623, a la hora de escribir este poema, es sin duda de profunda decepción al ser la corte escenario de traiciones, de ambición, de ostentación, de lucha por favores, por el brillo, por el poder. Un escenario en el que naufragó y que podemos encontrar ya en Las soledades. (“La adulación, Sirena / De reales palacios, cuya arena  /Besó ya tanto leño’“).

Los poemas satíricos, las burlas sobre la corte no faltan en sus sonetos (Grandes más que elefantes y que abades…). Así, decepcionado en 1589 por la imagen que le ofrece la corte, decepcionado de no encontrar la corte en la corte sentencia: “Esto es la corte, buena pro les haga”  y cierto “menosprecio de corte” vendrá a vertebrar poemas sobre Valladolid, Madrid, la corte.

  Sin embargo, no faltaron tampoco los versos destinados a marques, nobles, en los que quiso despertar simpatía. Y ahí, una causa de esa decepción, acercándose a la corte siempre apostó por apoyarse en la nobleza cuando esa misma veía su influencia cada vez más reducida, cuando la corte se hacía cada vez menos noble. Otra fuente de decepción. La corte en el siglo 17, es una corte que desde un siglo va cambiando tremendamente moralmente. Y ese cambio de la corte, más que la corte en sí tal vez, decepciona a Góngora.

    Este “menosprecio de corte”, esa pésima visión de la corte es constante, a la imagen de Shakespeare, quien en sus obras ‘políticas’, describía también esa nueva realidad de la corte, nueva realidad política, peligrosa hecha de traiciones, de mentiras, de ambición: una lucha por el poder, los favores en una palabra. Una realidad capaz de matar a un rey.

La nobleza incluso le dio la espalda y lo decepciona tras no participar en ese viaje del duque de Feria y conde de Lemos. Entonces, como lo nota Orozco Díaz, tiene Góngora  la impresión de haber “mal empleado su musa”.

Nos limitaremos a recordar que todas esas relaciones con la corte desembocaron en la desilusión presente en 1623: cuando ya se desengañó Góngora de una peligrosa corte de la que se apartó para refugiarse a Córdoba, a su huerta.

La visión del poeta cordobés de la corte viene vertebrada por la desilusión, la decepción, y es bastante crítica. Esta ‘crítica” de la corte, descripción de su peligrosa realidad está en “Las soledades”, y en numerosos sonetos esa visión desencantada de la corte es palpable.

   Góngora da la impresión de no haber entendido el nuevo rumbo de la corte, su nueva realidad, viendo todavía la corte, lo que representa, como algo “noble”, cuando cada día lo era menos. Así, sus relaciones y apoyos en la corte iban muriendo o desterrados de ella (Villamediana por ejemplo). Al dejar la corte, en la que naufragó, su único objetivo era “salir decentemente”, para Córdoba, donde vivirá pobremente hasta morir.

Y creo que es posible ver este poema de Góngora como una construcción objetiva representando, percibiendo entre las líneas, y las metáforas, una visión decepcionada de la corte, de la realidad. Y lo veremos la intervención del poeta no hará más que acentuar ese sentido.

Podremos leer ese poema, esa construcción, como la puesta en escena de un tópico lírico situado aquí en una escenario “político” o “social”, vertebrado por el tema del “menosprecio de corte”, y esa decepción de la que hablamos. Pero, más que su decepción, representará las causas de ésa.

     Su decepción vendrá después de cierto desengaño. Y una clave del manierismo como lo nota Hauser y que podremos comprobar es “el desencanto, el desengaño”, al que aludimos. Así, el conceptismo. Tan fundamental que para A.A Parker es “la base del gongorismo”. El concepto que teorizó Gracián, que da a cada poema de Góngora su unidad.

Manierismo, desengaño, desencanto califican  a Góngora, su poesía, sus temas. Pero la lengua poética de Góngora también plasma, produce esa idea de desengaño. El lector tendrá que “desengañarse” ante un poema que nunca expresa su significación de manera transparente. Habrá que atravesar una espesa capa lingüística, cultural, una lengua poética. Lengua poética de la que cabe subrayar  los fundamentos.

Góngora y la poesía: su ‘ lengua poética’.

  Como dijo Dámaso Alonso[2], Góngora no nombra la realidad en sus poemas. Esa realidad de la corte que lo decepciona, y a la que acabamos de aludir. Habla de la corte ahí sin mencionarla, aludiendo a ella, representándola. Es necesario atravesar una capa sintáctica, lingüística, cultural, metafórica,, fruto de una lengua poética única para entenderla. Un poema lleno de metáforas, de metáforas de metáforas, de comparaciones, etc.. para ver entre las líneas erigirse una representación de la realidad, que nunca Góngora sirve tal cual.

  De ahí, la impresión de que tenemos que ir por un laberinto de metáforas, relacionando intelectualmente los elementos del poema, hasta entender el sentido, la realidad pintada, dibujada, representada.

  Podríamos relacionar lo ornamental de la poesía gongorina, el tener un poema muy espeso que cubre de metáforas una idea, una realidad, con la lógica barroca, la de presentar una realidad siempre vestida.

De ahí también una sensación extraña. La impresión por ejemplo que da este poema de alejarse de la realidad para llegar a ella. Las tres primeras estrofas describen una mariposa, una metáfora poética, que los últimos versos del poema, como muy a menudo, relacionan con la realidad, con una situación social aquí.

    Y de ahí, lo que se le achacó a Góngora, su oscuridad, la de una poesía como puro juego sintáctico. Eso puede ser la sensación del que se queda encerrado en este laberinto. Ya que una vez salido de este, una vez encontrada la salida/sentido, deja de ser oscuro, sino que incluso echa luz a la realidad.

La metáfora no es, como algunos pensaron, el fin, el objetivo de la poesía gongorina. La metáfora, la comparación, hipérbato, entre otras cosas, son necesarios para un poeta que más que enseñar la realidad, quiere que el lector la entienda.

De ahí, nuestra posición de lector, no vemos la realidad en un poema de Góngora, la entendemos. Y no entender, no ver la realidad, vestida, entre las líneas y las metáforas, da la impresión de oscuridad. Pero esa no se la puede reprochar al poeta, sino al lector.

No expresa Góngora directamente sus ideas como Garcilaso suponía ser la expresión directa de los sentimientos. Lo podemos comprobar en toda su poesía.

En cuanto a la lengua poética con la que se escribe pues ese poema, la podríamos resumir con la palabra mezcla. No es una lengua que nace ex nihilo , sino que mezcla, transformando todo el material poético que la tradición proporciona al poeta.

    Como lo nota A. Carreira, entre el renacentismo y el barroco, Góngora fue clasificado “manierista”, sobre todo en su poesía joven, donde las influencias tienen todavía mucho peso.

  Respecto al material poético, Góngora lo mezcla todo: metáfora, hipérbole, hipérbato, etcétera. La comparación, la mezcla de términos populares y cultos, de castellano y latinismos, cultismos semánticos, lo mitológico (el ave Fénix por ejemplo como veremos), etcétera… son las piedras de ese edificio poético.

  Sin embargo, el núcleo de la poesía gongorina, y del poema que estudiamos, es la metáfora. No creo que sirva para huir de la realidad, pero más bien para pintarla imaginativamente.  Así, la mariposa, el fuego, el humo en el poema no serán nunca en sentido estricto la mariposa, el humo o el fuego.

Habría que notar que el hipérbato nos muestra, creo, hasta que punto manipula el material existente y hasta qué punto lo mezcla todo. Es una buena materialización de toda la mezcla que representa, que vertebra la lengua poética de Góngora. Así, el poema que leemos a continuación y sus versos 12 y 13 del soneto:” No a mi ambición contrario tan luciente, / menos activo, si cuanto más leve”: el sentido no es obvio, hay que reconstruirlo, y para eso entenderlo. Sintaxis, léxico, metáforas de los que tenemos a veces que desengañarnos y encontrar su verdadero sentido, significación.

Este poema es una minuciosa construcción, constituido por, lo veremos, una organización peculiar, casi lógica, objetiva, del poema, del verso, en los que encontramos a veces dos hemistiquios  vertebrados por una formula  “no A sino B”, dando al poema una dimensión casi matemáticas a veces. Intentaremos mostrar en nuestra lectura que la estructura del verso, aliteraciones, quiasmos, etcétera., participan en plasmar, en producir el sentido del poema, que nunca es puro artificio.

   En una palabra, sea por su ‘contenido’ o su ‘forma’, la poesía de Góngora, a la que nos asomamos ahora al evocar el poema “ Mariposa, no sólo no cobarde,…“ es una vuelta de tuerca poética.

 

Un poema metafórico.

    Quisiera subrayar al estudiar este soneto que Góngora representa ideas, una visión de la realidad, en un poema cuyo esqueleto es una visión del mundo, de la corte, vestida con metáforas. Ideas, visión del mundo, de la vida, que representa utilizando todo el material poético al alcance.

  Lo decíamos en nuestra introducción, este poema, como muchos otros, viene marcado por un tópico poético, (el de la mariposa-llama) al que se le da un sentido totalmente nuevo, al tener este poema más que ver con un poema político que lírico. Transforma el sentido de la metáfora de la mariposa atraída por la luz que le proporciona la tradición.

  No puede escapar Góngora al siglo poético en el que se formó y con el que desarrolló su poesía, pero lo vemos en este poema, transforma la tradición que le llega.

La mariposa atraída por la llama tiene larga tradición en la poesía, española y demás. Sea la mariposa símbolo del alma o sea el fuego símbolo del amor, quiero subrayar que, aunque notamos alusiones a la tradición en este poema, viene en 1623 transformada. Y lo vemos en este poema, Góngora da una vuelta de tuerca a un concepto, a una metáfora con la que construye, en este poema, algo totalmente diferente. Da a la metáfora de la mariposa/llama un sentido nuevo al situarla en un escenario “político” o social.

      No empieza el poema y el primer verso por otra cosa que la descripción (mental) de esa mariposa de la que hablamos:

 

Mariposa, no sólo no cobarde,/ mas temeraria, fatalmente ciega, / lo que la llama al Fénix aún le niega. /quiere obstinada que a sus alas guarde.

 

La primera palabra, “mariposa”, más que introducir el primer verso, vertebra el principio del poema,  primer cuarteto, al ser una descripción, lo veremos metafórica, de este insecto atraído por la luz,  el brillo.

  Nos encontramos ya con lo que Dámaso Alonso llamó “lengua poética de Don Luis de Góngora”. Así, los hipérbatos, la sintaxis conscientemente modificada que participan en dar más peso a ciertos elementos de esa descripción, al poner de relieve la expresión “fatalmente ciega”, aislada en fin de verso, puesta de realce, como lo nota R. Jammes.

   La mariposa, símbolo de ‘deseo ardiente’ abre el poemario y la aliteración en “o” que vertebra este verso contribuye a dar como fondo a esa descripción de la mariposa, un fondo luminoso: “Mariposa, no sólo no cobarde.”

   La mariposa, el insecto muy utilizado por la tradición abre este poema y viene presentada como símbolo, metáfora, del deseo ardiente, de la ambición, deseo de llegar a lo que brilla, a lo que luce.

R. Jammes ve en esa mariposa un símbolo de los pretendientes en la corte. Representa la mariposa la atracción por lo que luce,   de esa búsqueda ciega de favores, que anima la corte y los que van atraídos por ella y su trampa. Y no hay insecto más atraído por la luz que la mariposa. Nos dice el primer cuarteto, en una descripción “mental” de la mariposa, que es “no sólo no cobarde/ mas temeraria”:  y se precisa el símbolo. No es que tenga coraje, y que no sea cobarde, sino ‘temeraria”: no se da cuenta, no reflexiona, no ve el peligro. No es que se atreva a afrontar el peligro, lo cual podría ser positivo, sino que no le ve, ‘fatalmente ciega”.

   Sin reflexión, atraída por la luz, no por coraje, pero por imprudente, va ciega ante un peligro dorado que la ciega. Una mariposa engañada por la luz, la apariencia de la llama.

Pero esa descripción de la mariposa, del deseo “insensato”, es la metáfora, representación, como lo nota R. Jammes, de la actitud de los pretendientes en la corte, atraído por el brillo, los favores, sin darse cuenta de que avanzan hacia su muerte.

Pero el primer cuarteto no sólo desarrolla un símbolo del deseo ardiente. Ya desde este primer cuarteto, está la presencia de la imposibilidad, de la negación, paralelamente a la descripción del deseo, de la ambición.

   Así, la expresión “no sólo no” [(formula “ no A sino b’) descripción aquí de la mariposa muy técnica, lógica, de la que hablamos], con la palabra “sólo” aislada por dos “no”, anuncia paralelamente al deseo, su frustración, su imposibilidad. Del mismo modo, la palabra “fatalmente”, siembra un ambiente trágico que los versos por venir nos confirmarán, así como  la palabra “niega”,  que participa en crear una sensación, una dimensión de imposibilidad.

Se desarrolla el deseo, la ambición (su símbolo) y paralelamente se siembra la imposibilidad. Una tensión aumentada por los elementos mitológicos. Como dijimos antes, como en muchos poemas, recurre a la mitología Góngora que mezcla aquí con un asunto muy “terrenal” elevado a nivel metafórico.

 Comparación, entre una metáfora y un elemento mitológico, que aquí pone de realce la desmesurada ambición de la mariposa. “lo que la llama el Fénix aún le niega. /quiere obstinada que a sus alas guarde”.

      Si una palabra resume la lengua poética de Góngora esa puede ser la palabra “mezcla”. Mezcla de los elementos sintácticos, mezcla de castellano y latinismos, de palabras populares y cultas, versos salpicados elementos mitológicos, etcétera.

Tras evocar un insecto, la mariposa, la compara con el ave mitológico, al Ave fénix, Phoenicoperus, que se consumía en el fuego, y de sus cenizas renacía. Un ave fabulosa que volvía a renacer de sus propias cenizas, el Fénix muere para renacer con toda su gloria. Pero incluso ese ave mitológico muere en un primer tiempo.

 Pues la mariposa se acerca al fuego en busca de lo que incluso se le negó al fénix. Pretende no ser quemada cuando incluso esa posibilidad se le negó al fénix, “ al fénix aun se le niega...”

Así, A. Carreira[3], nos dice que murió el fénix en el fuego: el fuego quemó en un primer momento al ave, lo que pretende que no le ocurra la mariposa, que “quiere obstinada que a sus alas guarde”.

 El recurso a un elemento mitológico puede contribuir a crear una distancia entre la mariposa y su deseo, al introducir la idea de que quiere algo que incluso en la mitología se rechazó. Incluso si fuera mitológico como el fénix, no podría ser. Distancia entre lo que quiere y lo que tendrá, entre la apariencia y la realidad.

   Si este cuarteto, con la descripción “mental” de la mariposa nos introduce en su voluntad, deseo ardiente, de llegar a lo que luce, también, paralelamente, nos introduce en la negación, en el engaño, en la imposibilidad, en una tensión entre deseo y negación, entre realidad y apariencia.De ahí, que la “mariposa”, y lo que simboliza, aparezca como “temeraria” ( en el sentido, no pensado, sin reflexión, sino se daría cuenta de la distancia entre el deseo y su imposibilidad), “ciega” ( cegada por la luz/favor/deseo), y pues, “obstinada”.

Si el primer cuarteto es una descripción mental de la mariposa que podemos resumir con el “fatalmente ciega” (estado más mental que físico), el siguiente es una explicación de ello, como nos lo indica su primera palabra ‘pues’.

 Tras presentarnos ese deseo, esa atracción por lo que luce, no tarda en llegar la decepción, anunciada. Esta vertebra el segundo cuarteto: la decepción, el engaño. Y el primer terceto vendrá vertebrado por la caída que puntuará esa historia de la ambición.

  Pero en el segundo cuarteto está particularmente presente un pilar del barroco que es el desengaño, el engaño de las apariencias, aquí, de lo que luce.

 Si la primera mitad del poema nos proporciona una descripción  de la mariposa/ambición que se acerca a la corte/favor/fuego: “temeraria”, “ciega”, “obstinada”, “ambiciosa”., esta segunda estrofa será la desilusión, anunciada.

En fin, ambiciosa desea acercarse a un peligro luciente y engañoso, como lo adivinamos y como el segundo cuarteto nos lo confirma:

 

 pues en su daño arrepentida larde, / del esplendor solicitada, llega /a lo que luce, y ambiciosa entrega /su mal vestida pluma a lo que arde.

 

El “pues” que introduce el segundo cuarteto puede tener dos funciones: puede introducir consecuencia o causa, explicación, el engaño.

Así, respecto a la explicación, quiero especialmente centrarme en los dos últimos versos de ese cuarteto, tan significados como asombrosos y explicativos, por mostrar, entre otras cosas, la relación entre el sentido y la escritura de este poema.

 

a lo que luce, y ambiciosa entrega

su mal vestida pluma a lo que arde.

 

Este quiasmo es significativo como dijimos. Primero abren y cierran estos dos versos las expresiones “a lo que luce” y “a lo que arde”. Lo cual nos da la impresión de que la mariposa (o pretendiente) es una presa, encerrada, entre la impresión, la apariencia, el brillo (lo que luce) …y la realidad (lo que arde).

    De esa tensión entre la impresión y la realidad surge la causa del error de la mariposa: el engaño. Esta engañada, equivocada, presa de la impresión que la cegó, sin ver que detrás estaba el peligro.

Ese engaño, impresión nos viene reforzada por la palabra “ambiciosa” y “mal vestida pluma”, ya que los dos aportan una connotación  de ‘disfraz’, y otra vez de apariencia, de vestido engañoso. (Y podemos pensar en los pretendientes).

     En efecto, ambiciosa en latín puede significar ostentar algo para quedar bien, para seducir, y sobre todo la expresión “mal vestida pluma”, que también nos da esa dimensión de artificio, superficialidad, de disfraz.  Y otra vez, una alusión , mitológica, a Ícaro aquí es clara, volveremos a subrayar el sentido de la alusión.

Estos dos versos, ese quiasmo produce una tensión, entre apariencia y realidad, encerrando una mariposa “ambiciosa” y “mal vestida”.

La alusión a Ícaro cuyas alas eran de pluma y cera es clara. Y el final de Ícaro, quien por acercarse al sol derritió la cera de sus alas, y de la mariposa, pretendiente, es el mismo: mueren, caen. Así, el primero terceto sentencia: “yace gloriosa” . Ese vuelo de la mariposa se parece mucho entonces al de Ícaro.

 

Ícaro, quien pagó caro su acercamiento al sol, quemándose las alas, lo que “obstinada” pretendía la mariposa conservar.  Así la mariposa( los pretendientes):

 

llega / a lo que luce, y ambiciosa entrega/ su mal vestida pluma a lo que arde

 

   Pero el primero terceto es central en el poema por ahí culminar la metáfora de la mariposa y acercarnos al segundo terceto. Ese paso es central.

La mariposa muere, yace. Pero veamos cómo Góngora nos describe esa muerte. Una mariposa que murió, lógicamente, engañada, pero murió por “algo”, el fuego. Y en este terceto, tenemos la impresión de que esa muerte es “dulce”, peso al ‘yerro sumo”.

 

Yace gloriosa en la que dulcemente / huesa le ha prevenido abeja breve, / suma felicidad a yerro sumo!

 

   Literalmente, este terceto nos dice que muerta, está en la sepultura (huesa) hecha por la cera (“abeja breve”, las abejas hacen la cera). Como lo atesta Cipljauskaité, la cera viene a ella tras caer la mariposa.

La huesa, tumba como lo nota A. Carreira,  hecha por la cera, como acabamos de decir, cera hecha por la abeja, lo cual explica que llame la cera: “abeja breve”. Muy a menudo Góngora para hablar de una cosa habla de su origen, sea la abeja aquí para evocar la cera, sea el pino para evocar un barco ( su madera). Aquí la “abeja breve” es la cera de la vela que atraía a la mariposa.

   La abeja en este terceto se opone a la mariposa, a la temeraria mariposa que acaba en la sepulta del insecto razonable, prudente, que es la abeja.

Aparece la abeja tras la mariposa, y el ave. Símbolo de prudencia, notemos el contraste con la mariposa que vuela por el camino del deseo. Camino por el que se cruzó con la muerte. El ambiente de ese terceto, y de esa muerte, es dulce, “dulcemente”, “gloriosa”, “felicidad”.

El último verso merece que nos asomemos a él, por resumir el propósito, asimilando, reuniendo la felicidad y el yerro, el error, el engaño, mediante un hipérbato que reúne felicidad y yerro.

Cometió un gran error, lo que se va afirmando desde el primer verso, y aquí culmina, “yerro sumo”, pero murió por algo, demasiado grande sí, pero le queda la gloria.

  Con valor de epitafio, el último verso, cubre, como la cera , esta muerte de felicidad, gloria. Y pensamos en otra epitafio de Quevedo: “aquí goza donde yace”.

La caída, tras esa decepción lógicamente constituye la tercera estrofa, y pues concluye: “suma felicidad a yerro sumo”.

La ambición fue un camino que lleva a la muerte, la mariposa se quemó. Eso sí, yace, pero “yace gloriosa”. Sí la vela le hizo su sepultura, pero dulcemente. Y ahí, creo se está construyendo el contraste con el segundo terceto.

La mariposa se quemó, no pudo tener lo que ambicionaba… pero ambicionaba algo.

La situación de la corte y de los pretendientes, y del propio poeta, es similar a la de la mariposa, pero el último terceto en el que nos centramos ahora, revela que es aun más triste la ambición humana, la que anima la corte, y mayor la decepción de Góngora. Ambición, presente en todo el poema.

    El último terceto nos permite percibir la voz del poeta y su desilusión. Pasamos de la ambición, a la ambición vivida en primera persona, y estamos plenamente en el menosprecio de corte.

Ahora bien, toda esa metáfora de la ambición, de la mariposa que murió quemada, contrasta con el último cuarteto y la aparición del propio poeta.

 

No a mi ambición contrario tan luciente, /menos activo, si cuanto más leve,/ cenizas la hará, si abrasa el humo.

 

Culmina una visión de la corte y la experiencia del poeta en ella y contraste en parte con todo el poema que sin embargo la introduce. Si la ambiciosa mariposa no pudo con el fuego, el poeta, el pretendiente ni siquiera pudo con el humo, con el viento, con nada. La luz que vertebraba el primer verso, deja paso en el último verso a la ceniza, a la sombra.

Dijimos  que esa imagen del viento, del humo ya está presente en las soledades al evocar los palacios “apócrifo de viento”, en la parte política de las soledades.

Y cabe, remitirnos a A. Carreira[4] para una precisión importante, quien recuerda un dicho recogido por Covarrubia:

vender humo, se dice de los que con artificio dan a entender que son privados de los príncipes, y señores, y vender favores a los negociantes y pretendientes, siendo mentira y humo lo que ofrecen”

 Podríamos resumir el último terceto así: el que abrase el humo, verá su ambición hecha cenizas.

Lo dijimos, el poeta fracasó en la corte pero fracasó por la nada. Una corte llena de mariposas quemadas por el humo. El hipérbato del  último verso que  empieza por cenizas y acaba por humo, es revelador.

 El fuego mata la mariposa como el humo/favores mata a los pretendientes, y mató la ambición del poeta. Pero lo más triste es que ni siquiera les mató algo, el fuego, sino la nada, mentira, el humo, el viento.

    Incluso podríamos decir que la ambición es puro viento, nada. Volviendo al tema del desengaño, podemos pensar que lo que pensábamos que era favor/fuego , que atraía es en realidad mentira/humo. En esa estrofa, basculamos del fuego al humo. Es el humo que convierte en ceniza. Los favores/humo harán ceniza la ambición.

  El humo/favor es tan peligroso para la ambición como el fuego para la mariposa, e incluso más triste y decepcionante. El humo/favores mata al ambicioso como la vela mata a la mariposa. Los dos van a por luz o favor, engañándose los dos.

Casi naturalmente bajamos del fuego al humo, del que siempre en realidad se trata en este soneto. El humo, los favores matan a quien quiera acercarse a ellos como la mariposa acercándose a la vela. Tenemos una metáfora que deja paso a otra metáfora.

 Este último terceto nos permite percibir al propio poeta, al tener estos versos unas dimensiones personales, como lo nota Biruté Ciplijauskaité[5], además de tener una dimensión, clave, “social” como lo nota , R. Jammes.

Y creo que los dos se pueden combinar, la experiencia de Góngora de la corte, su desilusión, su mirada, y la crítica “social“ de ella, de sus pretendientes que van como mariposas, quemadas por el humo.

Como lo nota R. Jammes, la mariposa puede ser feliz, bajo la dulce cera pero a los pretendientes, a Góngora, y su ambición, bastó el humo para quemarlos.

  Está como dijimos muy presente la visión crítica de Góngora sobre la corte. Orozco Día nota en efecto que Góngora nunca “olvidó la triste lección”, nos la recuerda ahí.

Todo lo que brilla, no es oro. A veces es fuego. Y a veces humo.

 

En una palabra, tras leer este poema de Góngora, quisiera subrayar la construcción minuciosa que es este poema al unir una visión de la realidad (presente, lo acabamos de ver), y una lengua que usa todo el material posible para representarla.

No nos esperó Góngora en la primera línea del soneto, como muchos otros poetas, sino en la última, a la salida del poema. A la salida del laberinto, una vez superados los obstáculos necesarios que siembra una lengua única.

Una poesía con ideas, objetiva, unívoca y lo vimos al final, con la aparición del propio poeta empapando el poema de singularidad y de preciosidad.

Centrarse en los recursos lingüísticos, en su lengua poética es necesario, pero esa lengua no es el objetivo. Es el camino hacia el entendimiento del poema, hacia la significación de los versos.  Eso a lo cual intenté, sino entender, acercarme.

 

 

 

 

 

Bibliografía.

 

  • R. “La obra poética de don Luis de Góngora y Argote” . Madrid : Castalia, 1987.

 

  • R. ‘Retrogongorisme ‘ .Toulouse : Université de Toulouse Le Mirail, 1978.

 

  • Blanco, Mercedes. « Les Rhétoriques de la Pointe : Baltasar Gracián et le Conceptisme en Europe ».Paris : H. Champion, 1992.

 

  • Góngora, “Sonetos completos”.edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité. Madrid : Editorial Castalia, 1969.

 

  • Alonso Dámaso. “Obras completas. V.VI.VII, Góngora y el gongorismo”. Madrid : Gredos, 1978,1982,1984.

 

  • Antonio Carreira. “Antología poética : Polifemo, Soledad primera, Fábula de Píramo y Tisbe, y otros poemas / Luis de Góngora” .Madrid : Editorial Castalia, c1986, [impr. 1993]

 

  • García Lorca. 1986. “ Imagen poética de Don Luis de Góngora” in Obras completas. Madrid: Aguilar.

 

  • [1] García Lorca. 1986. “ Imagen poética de Don Luis de Góngora” in Obras completas. Madrid: Aguilar.

 

  • [2] Alonso Dámaso. “Obras completas. V.VI.VII, Góngora y el gongorismo”. Madrid : Gredos, 1978,1982,1984.

 

  • [3] Antonio Carreira. “Antología poética : Polifemo, Soledad primera, Fábula de Píramo y Tisbe, y otros poemas / Luis de Góngora” .Madrid : Editorial Castalia, c1986, [impr. 1993]

 

  • [4] Antonio Carreira. “Antología poética : Polifemo, Soledad primera, Fábula de Píramo y Tisbe, y otros poemas / Luis de Góngora” .Madrid : Editorial Castalia, c1986, [impr. 1993]
  • [5] Góngora, “Sonetos completos”.edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité. Madrid : Editorial Castalia, 1969.

 

 

 

 

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