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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía colombiana: Elkin Restrepo

05 Mar 2017

Presentamos algunos textos del poeta colombiano Elkin Restrtepo (Medellín, 1942). Además de poeta es narrador y dibujante. Premio Nacional de Poesía Vanguarda – El Siglo, l968. Ha sido Cofundador y codirector de la Revista Acuarimántima, Poesía, DESHORA y Odradek, el cuento. Director de la Revista Universidad de Antioquia. Ha publicado entre otros los libros de poesía La Palabra sin Reino (l982), Retrato de Artistas (l983), Absorto escuchando el cercano canto de Sirenas (l985), La Dádiva (l99l), Lo que trae el Día (2000), La visita que no pasó del jardín (2002), Luna blanca (antología), (2005), Amores cumplidos (Antología) (2006) y de narrativa Sueños (l993), Fábulas (l99l), El Falso Inquilino (2000), Del amor, lo pasajero (2007) y La bondad de las almas muertas (2009).

 

 

 

 

 

Anita Eckberg

 

En Roma, eso ahora lo comprendes,

el verano se convierte rápidamente en olvido,

en hojas secas, en una sensación dolorosa.

Las aves ya no chillan o chillan de manera distinta

en las canoas de los viejos palacios,

y en las calles otra luz desmorona el oro de la vida.

Las cosas (tus cosas) parecen diluirse

en un sueño confuso.

y la desdicha llega a casa

y se instala como un viejo amante.

Sientes que esto es nuevo en ti,

un mensaje apenas recibido, una derrota.

En las afueras del Coliseo,

los escasos turistas rezagados se pasean,

y las terrazas de los cafés están vacías,

y las limosinas de las condesas

y los ricos norteamericanos

ya no abochornan el tráfico romano.

La ciudad también, como tú, ha perdido algo,

su juventud, su fuego, su íntimo regocijo,

y sobre la fachada de las edificaciones,

de los palacios restaurados,

la humedad, el tiempo que pasa y no vuelve,

ensaya un nuevo color,

cubre de moho y silencio el vasto material de los días.

 

Pero Roma es eterna,

y tu dolor, apenas una sensación nueva,

una primera derrota.

Tu dolor para el cual, ya lo sabes, no existe

bálsamo o sabiduría alguna que lo alivie.

 

 

 

 

 

 

Gerard Philiph

 

Temprano conoció el éxito y también el fracaso, de modo que ya no buscó lo uno ni evitó lo otro, y quiso más bien –como el visitado por el delirio–, entregarse al fuego de cada instante. Sus amigos fueron poetas y gente de bar —pronta a la embriaguez y poco recomendable—. De su formación académica sobrevivió una cierta fría elegancia y una mesura, que lo hacían distante. Cultivó el spleen como a una rara flor de invernadero e hizo de París una devoción metafísica. Fue uno de los dos actores más grandes de Francia y, al final de su carrera, cuando ya no tuvo un amigo en quien volcar su melancolía, actuaba para sí y volvía a ser cada uno de sus personajes. Entregado al vicio de esas sinrazones, un día lo sorprendió a usted la piadosa muerte.

 

 

 

 

 

 

Elenco de Actores y Actrices de la Paramount, 1959

 

Somos la estirpe de las Circe, Penélope, Helena y Odiseo, que los antiguos veneraron. Al igual que ellos, poseemos un nombre bello y una vida legendaria, y no hay mortal que a la hora del solaz no sueñe con tenernos entre sus brazos. Hacemos parte del libro de la vida y nuestro papel consiste en mantener la ilusión para que no falte. Somos, en cierta forma, el precio convenido por las horas duras. Nausicas, Calipsos, Odiseos, así se olvide, somos el fuego que derrite la escoria y cambia en hermoso sueño el tedio de la vida

 

 

 

 

 

 

 

8

 

Si me habla no lo escucho

si me mira no lo veo

tampoco me importa ni interesa

nada suyo

acabaría con él si llegara el caso

y sin embargo es mi igual

tiene un rostro

un alma

que pisotear no hace invisible

mi cercano mi hermano

mi aventura en el mundo

ángel custodio

que abre o cierra las puertas

del único y permitido paraíso

 

 

 

 

 

 

 

Petición

 

Una verdad me sea dada

en lo que escribo.

 

Que si las palabras fracasan,

sobre su desecho,

quede prueba al menos

de la tentativa.

 

Ahora sabes,

que no basta

lo que es suficiente.

 

Caprichoso es lo indecible,

menor tu arte.

 

De fracaso en fracaso,

sin embargo,

puedes construir tu obra.

 

Baldío, desecho, basura,

¿cómo desconocer

que el día también allí destella?

 

 

 

 

 

 

En suerte

 

Si el camino que tomaras

no fuera el tuyo,

 

ni tuyo tampoco el salmo

que en la oscuridad pronuncias

 

(aquél que en verdad espanta

culpas y demonios).

 

Si el amor, dándote a escoger

te negara

la mujer que sólo era tuya.

 

Si la vida en lugar de una cosa,

te diera otra,

 

y otro fuera el remedio

para tus males.

 

Si siendo tú,

fueras también ése o aquel,

 

¿qué cielo mirarían,

de quién recibirían perdón,

el blanco de tus huesos?

 

¿De qué Dios serían siervos

los dones que te pierden?

 

¿De quién los caminos

que no van a ningún lado?

 

Y saber que quien va,

no vuelve.

 

 

 

 

 

 

 

Lugar común

 

Si les dijeran

que todo aquello es amor,

lo negarían.

 

Viven un hechizo y no se dan cuenta.

 

Pero él se desespera si no la ve,

y ella acude en su busca

si no lo encuentra.

 

Sentados en el bar,

podrían pasar la vida entera.

 

Dos que no saben

que son uno.

 

y que para reunirlos

se movió de su sitio

el universo mismo.

 

Y hablan y hablan

(de todo y nada en apariencia),

 

sin saber

que es del amor que hablan.

 

 

 

 

 

 

Seducción

 

Y todo aquello

los besos, los abrazos,

el delicado aroma

que te distinguía entre las otras,

 

si poco o nada significaron

¿por qué presta ahora

su emoción a estos versos?

 

No era una suerte común

la que nos esperaba,

 

de hecho una vez pasó

aquella tarde amorosa,

 

cada cual tomó por su lado

y fue al encuentro

de su verdadero amor.

 

¿Su verdadero amor?

 

Dejamos de avistarnos.

 

Después llegó el olvido

(que vence siempre

en su lucha

por atarnos a otras cosas),

 

hasta hoy

cuando la realidad del poema

me devuelve

a la ilusión de tus brazos.

 

 

 

 

 

 

 

Irrupción

 

¿Y ese alboroto a estas horas

de la noche?

 

Ríen, parlotean,

hacen tintinear las copas.

 

Vienen de otra parte

a proseguir aquí la fiesta.

 

Desde mi cuarto

les oigo su charla insulsa:

 

chica que

se divierten como viejas amigas.

 

Y como desean bailar

elevan el volumen a la música.

 

¡El acabóse!

 

No les preocupa

que en casa el dueño duerma,

 

ni que sobre el vecindario

la luna todavía fantasmee.

 

Se irán como han venido,

 

pero mientras tanto

 

bailarán, charlarán,

pondrán la casa patas arriba,

 

ellas, las Musas

en las que el poeta menor descree.

 

 

 

 

 

 

 

Despertar

 

No te preocupas,

pero llega el día

en que es inevitable pensarlo.

 

Lo que antes era amigo

y destellaba

con descuido y ligereza,

—la alegría misma de estar vivo—,

tiene peso ahora

y almacena risas malas

para mañana.

 

Lo que volvía primavera

el daño mismo del invierno,

toma ahora el color huérfano

de los árboles

y empalidece el ir y venir del cielo.

 

Todo aquello que, fugaz,

enjoyaba los dedos de la mano,

y que hoy, sin embargo,

ladrón de lo que da,

hace desgraciada a la misma eternidad.

 

 

 

 

 

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