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CÍRCULO DE POESÍA

 

American Poetry: Geri Doran

15 May 2017

All Walt Whitman Award at Círculo de Poesía

The Walt Whitman Award 2004

Today at Círculo de Poesía: Geri Doran. Born in 1966 in Montana, she has studies from Vassar College, Cambridge University, and Stanford University. Her book Resin was selected by poet Henri Cole for the Walt Whitman Awatd in 2004, because of what he called “[her ability for] transforming the viscous substance of life into the amber liquid of poetry.”

Spanish version by Sergio Eduardo Cruz.

Hoy en Círculo de Poesía: Geri Doran. Nacida en 1966 en Montana, ha estudiado en las universidades Vassar, Cambridge y Stanford. Su libro Resin fue seleccionado por el poeta Henri Cole para el premio Walt Whitman de 2004, por lo que consideró “su habilidad para transformar la visconsa sustancia de la vida en el líquido ámbar de la poesía.”

 

 

 

Self-Portrait as Miranda

 

My story begins at sea, in the bitter liquid.

If not, it would begin in Florida, along I-95

in the circular drive of a circular, lime-green motel.

But I have selected the sea, and you must

 

trust me on this. Truly terrible stories

begin in navigational error, a slight misreading

of the sight that sets the crew in a maelstrom.

Perhaps in another story it would be a man

 

standing at the door, surprised that he’s knocked,

that you have, in turn, answered. He wishes

now that he had lingered in that drive, paused

before resuming the course toward your door.

 

As the crew, in desperate but unspoken straits,

wishes belatedly for a drag on the anchor.

Frequently, we are thus carried along.

Frequently, de profundis, we struggle ashore

 

to find ourselves, if not stranded, then beached.

We are inclined to be grateful for land.

Survivors of shipwreck cast two shadows:

the outline of interrupted light, and an aura, thirst

 

to drown again. Perhaps, in the unwritten story,

the man at the door looks thirsty. You sense

he has come to repair himself at the dry dock

of your flesh. There is nothing else to do.

 

Your home is an island of white sand

and he wades in from the shoals of the walkway

asking for fresh water. So you find him berth.

This much Miranda herself could explain:

 

how Ferdinand come shimmering from the sea

appeared no less a rescuer than she,

with his handful of kelp and the pretty words

of a man desperate for sanctuary.

 

Ferdinand missed that she was shipwrecked

too. Miranda had the shadowy thirst.

You know the rest of the story.

They’re happy. Then it ends in the bitter sea.

 

 

 

Autorretrato como Miranda

 

Mi historia comienza en el mar, líquido amargo.

De no ser así, comenzaría por la I-95 de Florida,

en el ágora circular de un motel verde limón, circular.

Pero he escogido el mar, y por lo tanto tú debes

 

confiar en mí para esto. Historias de verdad horribles

comienzan con errores de navegación, pequeñas faltas

del vigía que terminan llevando al caos a la tripulación.

Quizás en otra historia, yo podría ser un hombre

 

deteniéndose en la puerta, sorprendido por haber tocado

y que tú, correspondiendo, abrieras. Él desearía, ahora,

haber pasado más tiempo en el portón, haberse detenido

antes de continuar el rumbo en dirección a tu puerta.

 

Mientras la tripulación, moviéndose en desesperación oculta,

desea que el ancla encalle, aunque sea demasiado tarde.

Frecuentemente, así parece que somos transportados.

Frecuentemente, de profundis, luchamos contra la costa

 

para encontrarnos, quizás varados, quizás entre las olas.

Sufrimos una tendencia a la gratitud por estar en tierra.

Los sobrevivientes de naufragios tienen dos sombras:

una demarcación de luz interrumpida, y un aura que es sed

 

por volver a ahogarse. Quizás, en una historia no escrita,

el hombre en la puerta parece sediento. Percibes

que ha venido con esperanza de saciarse en el muelle seco

de tu carne. No existe nada más que hacer.

 

Tu hogar es una isla de arena blanca

y él se sumerge desde los arenales de los pasillos

buscando agua fresca. Le acomodas un lugar para dormir.

Todo esto, Miranda misma podría explicarlo:

 

cómo encontró a Ferdinand emergiendo del mar,

asustado, tan parecido a un rescatista como ella,

con su montón de algas y la ternura en las palabras

de un hombre que desespera buscando santuario.

 

Ferdinand no entendió, sin embargo, que ella también

era náufraga. Miranda estaba llena de una sed sombría.

Conoces bien el resto de la historia.

Vivieron felices. Luego todo acaba en el mar, amargo.

 

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