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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía ecuatoriana/norteamericana: Sophia Neitsch

24 May 2017

Presentamos una muestra de Sophia Neitsch. Nació en Atlanta, Georgia en 1997 pero a una temprana edad se mudó a la ciudad de Guayaquil, Ecuador. El vivir sus años formativos en América Latina le permitió conocer de cerca una diferente realidad social a la que ella había conocido. Esto a su vez la ayudo a desarrollar un tinte de realismo social en su poesía. Mezcla elementos de estas diferentes tradiciones literarias dentro de su trabajo poético y narrativo. Estudia Redacción Creativa y Literatura Comparativa en Emory University. Planea expandir sus áreas de concentración hacia el performance art, el teatro y el cine.

 

 

 

Hay un plano móvil frente a tus ojos

Pero hay una luz que invade por la esquina                                                   y te ciega.

Hay un plano móvil frente a tus ojos

Pero las avionetas,

Bestias del cielo,

Son estáticas                                                                               por ahora.

Hay un plano móvil frente a tus ojos

Y las sombras, y los pliegues se transforman

En el axis en que se mueven

Y tocas

el vidrio

Al imponer tu control

Pero eres rechazado por

El tacto humano

Que devuelve

Una impresión

De dedos

En la olvidada niebla.

Hay un plano móvil frente a tus ojos

Y cableado eléctrico aún más móvil

Porque puede

que esos ojos engañen

Pero hay sangre que fluye

por esas venas plásticas,

Sangre a quien permite

Alumbrar al mundo y

Ver la figura en contraluz

De un amante en la madrugada.

Hay un plano móvil

Hay una ventana cruel

Hay un venir

Y un devenir

Pero al cerrar tus ojos                                                                                                             no abraza

Te inquieta

La muchedumbre de la oscuridad.

 

 

 

 

Suspiro mortal

suelto

y me arrastra,

agarrada por los tobillos,

el dulce sueño del mar

y el cantar de las sirenas.

Uñas perforando la piel,

arrastra

y arrastra.

No hay retorno

esta vez.

 

El cielo rosáceo se despide

con una sonrisa insinuante.

Nunca te tuve,

ni te tendré

pero me permitiré admirar

una vez más,

cual amante cruel,

el verde de tu espeso follaje,

el color de las sombras

y el calor de tu aliento

en un partir de labios

sobre mi piel.

 

Oh, este mundo ilusorio.

Plasmado ya,

dentro del arrullo de las olas,

algodón en boca

cuerpo de pelusa

recuerdo

el dicho del

perro del hortelano

y con una cachetada fuerte

regreso a la arena

sana y salva.

 

Hoy comeré

y dejaré comer.

Sin embargo,

no hay que olvidar

que una golondrina

no hace verano.

 

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