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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía lituana: Antanas A. Jonynas

08 May 2017

En el marco del dossier de poesía de Lituania preparado y traducido por Dovile Kuzminskaite, en colaboración con María Sebastià-Sáez, presentamos la poesía de Antanas A. Jonynas (1953). Poeta y traductor. Se graduó en Filología Lituana en la Universidad de Vilnius. Empezó a publicar en 1973, en 1977 se publicó su primer poemario Metai kaip strazdas (´El año como el tordo´) al que le siguieron otros poemarios por los que le han sido otorgados numerosos premios. Desde el año 2011 ejerce como el director de la Unión de los escritores de Lituania. Reside en Vilnius, Lituania. Estuvo en México, invitado al Encuentro Internacional de Poesía CDMX 2015, organizado por Círculo de Poesía. Sus poemas has sido traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, español, ruso, sueco, noruego, polaco, esloveno, rumano, estonio, letón, georgiano, holandés entre  otros idiomas. Traduce poesía, teatro y prosa del alemán, ruso, ucraniano y letón. En 2003 recibió el Premio nacional de cultura y arte.

foto: Rayo Reyes Osorio

 

 

 

 

 

 

Soledad

 

por la orilla del estanque corre

un perro grande azul

arriba luce el río

brilla el remo roto de la luna

cuando navego silente

casi sin tocar las ramas caídas del sauce

esos suspiros de los juncos susurrando desesperadamente

el perro se sube encima de la colina

abre sus  fauces

y lame del cielo las constelaciones

cuando me inclino a sacar agua

dos estrellas más titilan en el fondo de la barca

una rana me mira asustada

 

 

 

 

La zona de la frontera

 

todavía nos perseguirían los radares deshechos

observarían nuestras huellas en la nieve

los vidrios de los binoculares limpiados ya hace mucho

las placas de hielo se acurrucan del frío en la arena

sobre la que jadean durante la noche

los perros policía ya innecesarios

negando alguna ley de conservación de energía

nos calentamos entregando nuestro calor el  uno al otro

los rayos duros crujen sobre la corteza de la nieve

no llegaremos a tiempo al transbordador que de nuevo

nos hundirá en el continente

por qué ahora tus ojos son tan azules

qué implican de qué enfermedad es este brillo

no apaguemos esta noche la luz pálida en el cuarto

cuando me despierte te veré con los ojos cerrados

tus pestañas sonrientes

hacia dónde ir con prisa no podremos huir

estaremos siempre en la zona de la frontera

no temo al reloj marchando

de todas maneras somos inclusiones del tiempo

 

 

 

Mirando desde la calle Subaciaus

 

las manos de la mujer amada estas manos

arrancan cuidadosamente las ramas de cerisuela

de las que caen los ruiseñores cantando

a la corriente agrietada del río

que recuerda las manos de la mujer amada

suavemente y sin piedad

caen los ruiseñores

los tocones podridos entre los juncos secos

y los cráneos pálidos de los corzos

 

seco resquebrajado cielo del limos

cae en terrones

sobre los paraguas de celuloide

 

los suburbios polvorientos como los rosales silvestres

se agarran a los pendientes

y lloran sus lágrimas sucias

por los callejones del casco antiguo

como los dedos de la amada clavándose

en el cuerpo del río tirado en el valle

 

así el amado quiere huir

pero la amada lo está sujetando

como las flores como las yemas

los ruiseñores caen en la boca

 

 

 

Bella durmiente

 

quién soy en esta habitación

en esta ciudad  este mundo

 

las narices tiemblan delicadamente

los labios apenas abiertos

la artería del cuello pulsando

 

de verdad existo todavía

en la blanca precisión de los objetos del dormitorio

tan fácilmente destruible

por el sueño tuyo

 

sobre tu cara inclinado

con los contornos en extinción

y un instante ya carente de algo

con que sentir el horror que se está acercando

 

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