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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía mexicana actual: Yael Domínguez Hernández

22 Ago 2017

Presentamos una muestra de Yael Domínguez Hernández (Ciudad de México, 1993), quien estudia Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Obtuvo el tercer lugar en el Concurso de Poesía José Emilio Pacheco (2015) que otorga la Universidad Veracruzana; al igual que la mención honorífica en el Concurso Nacional de Poesía Desiderio Macías Silva (2016), que entrega la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ganadora del primer lugar en el Concurso de Poesía Décima Muerte (2016) que premia la Universidad Nacional Autónoma de México. Becaria del Festival de Literatura Interfaz de ISSSTE-Cultura Los Signos en Movimiento (2017).

 

 

 

Saludos a la familia

 

Desde el infierno, el cielo o desde casa

le mando saludos al venado que cayó esta mañana.

Bendita noticia con la que te despertaste, antes de las diez

pero que odias, casi tanto como a mí.

 

¡Güicho!, ahorita vengo, voy por tu mamá. ¡Sí!

¡Ahí te encargo el teléfono!, contestas. ¡Sí!

 

Inés, abre temprano el consultorio,

no la dejes trabajar sin ganas, sabes que por todo se queja.

 

Saludos a Van Gogh,

desde la habitación donde contempla la noche estrellada;

dile que no deje morir los girasoles,

dales tres horas de sexo y permíteles dormir sobre tu brazo

es la única forma de soñar temprano.

 

Qué puedes decirme sobre Dante,

¿sigue los pasos de Darío?

Cuando me fui apenas contaba

pero deletrea muy bien D – i – o – s.

 

Inés, abre temprano el consultorio,

no la abandones en su silla, sabes que la soledad le molesta.

 

Desde tu olvido me pregunto:

¿Qué Luis, padre o hijo?, ¿cuál Van Gogh?,

¿te vas a quedar a dormir?, ¿Saraí llega mañana?

 

Esa familia es un pueblo fantasma

en medio de un vasto limbo;

pero no son todos, sólo es Inés.

Ella me examina todo el tiempo, piensa que estoy loca,

no sabe que no importa.

 

Inés no es más con nosotros.

 

 

 

 Si muero antes que ustedes

 

Para el amor de mi vida,

los ocho siglos de poesía que me obligó a dejarle.

A mi madre,

esta cabeza quebrada por sartenes sucios

y un volteador sin mango, adherido al segundo lugar que tanto le molesta.

A mi padre, el entendimiento de su juventud.

Para Alejandra, la mayor de las hijas,

esa resignación del envejecimiento que sólo ella domina.

Para mi hermana Yolitzín,

el futuro incierto entre dos amores que no conoce.

A Uriel, el primero de los varones,

la honestidad que siempre le hizo falta.

Para Alberto, el más grande por ser el último,

la maravilla de ser amado y amar plenamente a las muchachas.

Al perro que nunca he tenido,

mis clases de ruso científico que no ocupo.

A la canción más triste,

tu regreso.

Para Veracruz, con todos sus periodistas,

el nuevo premio Pulitzer de la Paz.

A la muerte de mi bisabuela,

mil dolores en uno y el vacío que nos dejó su partida.

Para Julián,

la ternura de Rodman que al mismo tiempo es la suya.

Al año 2016

el gozo de los que se fueron y la música de Juan Gabriel.

A las matemáticas,

la virginidad de los enteros

que nunca me dieron suerte.

Para la poesía,

el recorte presupuestal  de la cultura y tres monedas de oro.

Para mi funeral, una pesada lápida

de carbón.

 

 

 

Nasciturus (Iris Irene)

 

Hermosa Iris. De tu padre, el cabello ligeramente ondulado y suave como sus manos. La piel radiante, clara y sin heridas, así son las niñas concebidas frente a San Juan de Ulúa. Te doy mis pestañas largas, para que cuides esa mirada que perdí el día que nos conocimos.  Quería tenerte entre mis manos, antes de enseñarte a caminar, que tu primera palabra se convirtiera en mi motivo. Iris Irene sería tu nombre, el de una mujer valiente que crecería libre y zurda como la templanza. Acordamos enseñarte idiomas, de tus abuelos el español y los quince años de portugués que sólo papá sabía. Ya estabas formada en nuestros sueños. ¿Recuerdas cuando te llevamos a caminar tomados de las manos? Estuviste con nosotros frente al mar, pues ahí te bautizamos. Eres la chispa que comenzó el incendio;  tal vez nunca puedas mirarnos a los ojos, porque el amor que te creó ha muerto, no importa cómo, ni cuándo. No vendrás al cumplir los treinta, no se escribirá poesía con tu sonrisa, no te verás en mí. Te sueño todavía.

 

 

 

Empresa en expansión solicita

 

Importante transnacional solicita

auxiliar en despacho [despachados

fueron (por connacionales), y pedir auxilio

(en medio de la muerte) no contó] contable.

Interesados presentarse con [cenizas

(no identificadas), huesos (esparcidos),

(aún no existen) cifras oficiales del dolor]

identificación oficial [y los que se salvaron:

(cuídense, lárguense, pierdan interés)

dense por perdidos]. Asistir

a calle niño perdido número 43

[¡cállate!, (niño, joven, anciano,) perdiste a 43]

esquina normalistas.

 

 

 

Servicios funerarios

 

Sólo trato de escribir el crimen más honesto,

recordar la hora, saber que fue en invierno.

El viento hacía de tu cabello un pañuelo negro que

recorría en libertad el cielo.

Fuiste la pintura anónima del mural en mi cabeza.

Tu cuero curtido contaminó mis pulmones.

Aprendí de memoria el cálido llamado,

como la madre acude al llanto de su hijo.

Tu olor, tu cansado olor a turquesa,

me profanó la mente como puñal sin filo.

Dulcísimo dolor a cucharadas,

vicio de amor sin cura,

parálisis letal de mis entrañas.

 

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