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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía japonesa: Hiromi Itō

11 Sep 2017

Presentamos, en versión de Andrea Rivas,un poema de Hiromi Itō (1955) es la poeta feminista más prominente de Japón. Su escritura destaca también en la prosa y el ensayo, géneros que le han merecido numerosos premios literarios. La poesía de Itō busca salir de la hiperornamentación, y por el contrario se preocupa por imitar y canalizar en sus poemas diversas voces cotidianas y el habla coloquial, habilidad que le ha sido sumamente reconocida. Su trabajo en el campo de la literatura feminista es amplio, sin embargo sus últimos trabajos concentran textos narrativos donde las líneas entre la poesía y la prosa parecen diluirse; tal es el caso del texto que presentamos hoy, perteneciente al libro コヨーテ・ソング (Canción de Coyote), publicado en 2007.

 

 

 

Yo soy Chito

 

La primera vez que supe de los coyotes

Fue en un libro llamado (en japonés) Animales de Seton para niños y niñas

Ahí encontré a Lobo el rey lobo, carneros, una familia de jabalíes, conejos con cola de algodón y mapaches, pero eran las historias del sabio coyote las que me gustaban más

Leía el libro una y otra vez, una y otra vez, me enseñaba la sabiduría de los conejos, lobos, jabalíes salvajes, pero nada sobrepasaba a la sabiduría del coyote

Tito fue criada por humanos, constantemente inmovilizada por una correa

Nadie la amaba, la molestaban hasta hacerla huir

Ella aprendió a sobrevivir

Correr por su vida con sus cachorros en el hocico

Intentando alejarse de los perros y de la gente

Leí sobre ella una y otra vez, una y otra vez

Había un mapa de América en el frente del libro con pinturas de animales donde las historias tomaban lugar: coyotes en las planicies centrales, lobos en el suroeste y el norte, en el resto había conejos de algodón, jabalíes y perdices

Durante mi infancia, eso era América para mí

¿Dónde quedó ese libro? Ya no vivo en la casa de mi infancia, ni siquiera en la misma ciudad, ni en el mismo país, perdí mi lugar ahí, perdí personas y relaciones, casi pierdo a otros, perdí mi lengua, pero ¿qué hay sobre ese libro que leí una y otra vez, una y otra vez?

Debí haberlo perdido también

Recién el otro día

lo busqué en Amazon

y apareció justo ahí, y lo ordené de inmediato

Lives of the Hunted, se llama en inglés

Publicado en 1901, reimpreso en 1967

Llegó a mi casa

Un libro antes de librería, con la palabra descartado impresa en él con grandes letras, probablemente la librería no lo quería porque las historias son demasiado crueles para la juventud de hoy, en estos días los niños están acostumbrados a matarse unos a otros en el mundo virtual, y aun así, las historias son demasiado crueles, una madre coyote estaba dando a sus cachorros su leche, los lamía cuando los cazadores la asesinaron, sus  cachorros huyeron hacia su guarida, solo para ser arrastrados fuera, uno a uno

Así es como el libro lo describe:

Incluso a esta edad había cierta individualidad de carácter entre los cachorritos. Algunos de ellos chillaron y algunos de ellos gruñeron mientras los arrastraban para morir. Uno o dos intentaron morder. El que había sido el más lento para comprender el peligro, había sido el último en alejarse, así que estaba hasta arriba de la pila y por tanto fue el primero en morir, y ahora está acurrucado hasta abajo. La que fue la primera en percatarse del riesgo se había retirado primero y ahora estaba agazapada hasta abajo de la pila. Fríamente y sin remordimientos, los otros fueron matados uno a uno, y entonces esta prudente cachorra parecía ser la última de su familia. Permaneció perfectamente quieta incluso cuando la tocaron, sus ojos mitad cerrados, como si, guiada por el instinto, intentara jugar a las “estatuas de marfil”. Uno de los hombres la levantó. Ella no chilló ni se resistió.

Ni chilló

Ni se resistió…

El libro estaba en inglés, pero podía leerlo rápidamente

Pues recordaba al japonés

Que había leído una y otra vez, una y otra vez

Todos los cachorros de coyote fueron asesinados

Solo una sobrevivió, una sola cría

Arrojada con sus hermanos muertos a un costal y llevada a la granja

En el original, los cazadores la nombran Tito

Por eso era que yo sospechaba haberlo leído en una traducción antigua, no se podía esperar que los niños de Japón de entonces pudieran pronunciar un sonido desconocido como ti, pero esa era la versión que me había llegado

Así que para mí, el nombre siempre fue Chito

Yo siempre fui Chito

Wow-wow-wow-wow-wow-w-o-o-o-o-o-o-w

Recuerdo su voz

Cuando era niña, leía el libro una y otra vez, una y otra vez

Así es cómo lo describe el libro:

un anhelo innato para cantar

Sus canciones eran

un anhelo de cortos ladridos

mezclados con lloros dolorosos

Wow-wow-wow-wow-wow-w-o-o-o-o-o-o-w

Así es como lo describe el libro:

cuando el sol se ocultó ella sentía el impulso de cantar aquella canción salvaje del Oeste que tanto significa para los Coyotes. No es la invención de un individuo ni del presente, fue construida del sentir de los tiempos todos y los Coyotes todos lentamente.

No sé si recuerdo el japonés correctamente

No es divertido hacerse grande, olvidar todas las cosas importantes como aquella

No es la invención de un individuo ni del presente,

fue construida del sentir de los tiempos todos y los Coyotes todos lentamente y

Sus experiencias todas enfatizaron para esa vieja idea del “bajo perfil”

que es permanecer callada, discreta, y esconderse cuando halla peligro a la vista

Esas fueron las cosas más importantes que aprendí de niña

La sabiduría de Chito

Cómo sobrevivir

Mirando el libro recordé porqué

Vine a este lugar llamado América

Las cosas más importantes que aprendí de niña

Estaban en ese libro que leí una y otra vez

Quizá las perdí por un tiempo

O solo las olvidé

El destino de los animales, sus vidas y muertes

Sus vidas sobre las llanuras, y mi vida también

Chito fue asesinada una y otra vez

Pero cada vez volvía a la vida

Los humanos tenaces, persistentes, la mataban

Ella los engañaba y era engañada de vuelta

Ella esparcía sus heces, entraba en calor

Entre más la cazaban

Más aparecían las cosas dentro de foco

En otras palabras, todas las cosas que ella pensó durante el camino

No la invención de un individuo ni el presente

Sino lentamente construir los sentimientos de todos los Coyotes de todas las edades

Era por Chito

Por Chito

Que abandoné mi casa, compré un boleto de avión

Y vine a este lugar

Había alguien a quien apenas conocía, apenas y guardaba su esencia

Y aun así seguí a mi nariz y lo perseguí

Encontré un cuarto, renté un coche

Y me quedé los tres meses de permiso sin visa, pensé que intentaría quedarme

Cuando la gente me pregunta porqué vine, decía

Soy poeta, vine a aprender las tradiciones de los americanos

Nativos

Y era verdad

Pero ni yo sabía lo que quería saber

No sabía a dónde ir

No sabía a quién preguntar

Era terrible hablando con la gente en mi lengua nativa, así que en inglés era casi imposible, no podía ni decirles quién soy (me tomó décadas decirlo incluso en japonés)

Pero la verdadera razón por la que vine

Era porque quería encontrar un coyote

Quería aguzar la audición y escuchar su aullido

Verberando con sequedad sobre los caminos, por la oscuridad de la noche

 

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