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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía mexicana: Carlos Sánchez

12 Nov 2017

Presentamos un poema narrativo de Carlos Sánchez (Hermosillo 1970). Escritor, reportero. Autor de varios libros en diversos géneros: cuento, crónica, novela. Radica en Sonora y dirige Mambo Rock.

 

 

 

Puntarena

 

Al cencerro y el jengibre. Los trastos que dejaron los abuelos. Las calles en su mar. Posa el estero un sol claro. Los días aquellos de falaz incertidumbre. Maracas y tangos de un olvido presente. De cuando las calles carnaval me guiñaron marcarlas con mi nombre.

 

 

Guaymas me sabe debajo de la lengua. El trote disperso de un perro que me habita el intestino. Aquí un cuchillo me tatuó el pensamiento. Aquí el filo me hizo saberme ayudante de pescador. Torturador de sueños. Cardumen que dejó de serlo.

 

 

Dijo la abuela y al tiro. Advirtió que el óxido de los barcos nada tiene que ver con el paso del tiempo. Nacimos rudos porque nómadas nos eligió la vida. Carcomidos de olas cuyos senos son nodrizas. Aquí y ahora un mar dispuesto es nuestra casa. Los ojos que no alcanzan a comprender adonde tanta sal.

 

 

Guaymas son las tres de la tarde de un domingo sin salario. La espera de la troca que lleva esperanza a la maquila. La red que flota en su esqueleto porque ya el camarón copuló a la corriente. Nada nos dijimos antes de que te fueras. Ni un pétalo debajo de tus dientes. Como antes la palabra.

 

 

Me dijiste un día frente al malecón la historia. Detrás de las batallas. Adentro las calles. Tu barrio que eres tú misma. Guaymas. La mirada taciturna Valadés, Darío Galaviz, Jorge Russek. Un bolero dos cumbias. La minifalda y el traje de baño. Las redes otra vez a la mar. Un pescador que se baña de bagres en el último trago de cerveza cuando ya se pone el sol.

 

 

Puntarena mis pasos. Mi nombre en camiseta tirahuesos. La grabadora al hombro. El pañuelo rojo que me hace decir presente en la vida. En la frente. Puntarena capital del puerto. Dos notas rojas y un rosario en la boca de la abuela. Porque aquí la vida. Porque aquí la muerte. Hotel California. Un chico nuevo en el pueblo. The Eagles. Creedence antes de que den las diez.

 

 

La última escala dijeron las gaviotas. Hipnotizadas por tus soles escucharon cantar las sirenas. En el gorjeo Guaymas se repitió todas las veces. Encallaron al filo del estero. Sumaron vientos más cantos. Nacimos agua. Quedamos presos. Saludamos pangas a lo lejos. Seguimos náufragos.

 

 

Un día miré los ojos que me dieron pánico soñar. Era el carnaval en un payaso pintado de mujer. La fiesta de la carne. El túnel rojizo que conecta al paraíso. Escuché las voces viejas y todas decían tu nombre. Guaymas en el eco y las notas de un vals. La playa donde padre pintaba corazones sobre la arena. Supe entonces que nací puerto. Lleno de ti. La barca en que me iré.

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