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Círculo de Poesía Ediciones publica El deseo postergado, de Mario Bojórquez

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Círculo de Poesía Ediciones publica El deseo postergado, de Mario Bojórquez

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Círculo de Poesía Ediciones ha publicado recientemente El deseo postergado, de Mario Bojórquez (Los Mochis, 1968). Con este libro mereció el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2007 y el Premio Alhambra de Poesía Americana en 2012. Bojórquez además de los dos premios anteriores ha merecido diversos galardones como el Premio Estatal de Literatura de Baja California (1991), el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura (1995), el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa (1996), el Premio de Poesía Abigael Bohórquez (1996), el Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas (2010), la Distinción Príncipe y Poeta Tecayehuatzin de Huexotzinco (2012), la Presea Ignacio Rodríguez Galván (2015), el Premiul Literature Fārā Frontiere de Transilvania, Rumania (2016) y la Medalla Klisthenes del Demos Aigaleo de Atenas, Grecia (2017). Ingresó al Sistema Nacional de Creadores del Arte en 2007.

 

 

 

 

En El deseo postergado (Premio de Poesía Aguascalientes 2007 / Premio Alhambra de Poesía Americana 2012), Mario Bojórquez fragua en cada poema una vivencia de la poesía; ahí donde cada verso se encuentra poderosamente meditado, configurado y ponderado desde su más pura materialidad hasta su dimensión significativa, subyace también una estrategia del acto de enunciación lírico que nos hace reconocer el peso que el otro carga sobre nuestras espaldas; son versos que radicalizan nuestra propia apreciación del mundo haciendo presentes las formas inasibles de la experiencia ajena en carne propia.

Gustavo Osorio de Ita

 

 

 

 

 

CANTO

 

Ao pé d’um xardim

Pússeme a cantar

Por ela e por mim

 

Ao pé das laranxas

Dixe mhã canço

De cor pombas brancas

Ao pé d’um xardim

Pússeme a cantar

Por ela e por mim

Hugo Vidal

 

I

 

Dame, Señor, piedad para mí mismo

Y que mi obra te responda.

Francisco Cervantes

 

 

Con la pesada llaga ya sin cuerda en el cuello

Con el dogal vacío y la enhiesta pesadumbre que no implora ya más

Que no tunde ya el hueso carcomido, ni la visión postrera

Aquí cerca del junto

Me pongo a recordar muelles del aire donde atracó la sombra de otro tiempo

Me pongo a recordar y digo

Siete palabras sin brillo de cosecha para tu cruel memoria

Que allende el río

Donde la ciudad reposa con luciente escafandra

Donde soñé algún día volver para quedarme

Se van desvaneciendo los deseos

Y de mí sólo queda una vaga sustancia que no me nombra ya

Que no contiene todo el vigor, la lumbre de otro tiempo encendido

 

 

 

II

 

Campo de cebollas

Para tu triste deambular

Con la brisa bordeando

Su hoja espiritual

En el surco de llamas

Abriéndose

En la hendidura de la tierra

Con su fruto amargo

Su corazón de aire

En el cielo apretado

Su puño de miserias

Decantado licor

De almendras amarillas

 

 

 

III

 

Te acercas

A los patios

De las primeras casas

El ruido

De tus trastos

Altera los ladridos

Pareces

Una sombra

Que se mueve

En el aire

 

 

 

IV

 

Regresarás del llanto en la postrera cumbre

Tu oído sensitivo desliará el soplo de flautas

Que te anuncian con cara deslavada

Por el fútil contacto de fluidos

Tu mano trémula se aferrará al báculo torpe

Como las hierbas huérfanas al borde del abismo

 

 

 

V

 

Qué desmedrada

Encía

Para tus cuatro dientes

Qué espalda

Que encorvada

Ya no distingue

El peso de lápidas atroces

Qué desolada

Respiración

Te pone en pie

 

 

 

VI

 

Te quedaste sin tierra

Dispersa partícula de polvo

Te quedaste en el irte

El ir te dio tu casa

Labró tu sombra

Puso en el patio

Tu maceta de lirios congelados

Pero en el ir también

Quedaron los deseos

Plantados a orillas del camino

Arboleda de natas

Para tu pie ligero

 

 

 

VII

 

Sólo nombraste el bosque que te vistió de niño

Su alegre arboladura

Su tenebra de musgo

Por eso es que volver

Regresar en el soplo ardiente

En la escama de vidrio de tus ojos

No puede ya salvarte

No entregarás tu espada capitán abatido

No te dará un pañuelo esa mano

No limpiarás tus lágrimas

Oyes llamando el grito del cabrero

El cencerro espigando el aire de la tarde

El hato que congrega el pasado a la vera

 

 

 

VIII

 

Aquellos tus amigos

Extenderán sus manos

Como quien tiende un recibo por cobrar

Una minuta detallada de todas tus traiciones

Pero nunca sabrán

Que tú has pagado ya las deudas

Que no hay nada que valgas

Ni siquiera el resuello que te mantiene erguido

 

 

 

IX

 

Ninguno podrá jamás decir de ti

Tuve su mano franca junto a la mía estrechando el deseo

Haciendo de una fuerza común un compartido sueño

Si alguien te vio no supo nunca el color de tus ojos

La vena matriz de tu corazón

Apenas diste un paso para retroceder

Y un gesto que acusaba bondad se congeló en tu boca

Y de tu lengua sólo saltó un desflorado ramo de pétalos insomnes

Que dejaba al oído siempre un olor

Pero nunca una palabra clara

 

 

 

X

 

Por eso hoy que regresas

Ya nadie reconoce tu rostro entre las piedras

Nadie un saludo un gesto que te confirme el pecho

La memoria de un sol para la cara fresca

Tus manos distraídas en el fulgor del bronce

Nada a tu paso es hierba de oro para la necesaria infusión de tu recuerdo

Ni una resina un bálsamo para tu piel quemada por el sol de los trópicos

Ni siquiera la lumbre de tu propio pasado

 

 

 

XI

 

Porque dejan tus manos el cincel en el borde de antiguas limaduras

Tus manos que labraron tu boca para decir palabras donde el norte crecía

Nada

Ni un cabalgar de noche a lomos de la savia

Un continente errante en el pecho injertado

Un mínimo silencio que diga sí, adelante

Que te ponga los pies en la vereda conocida

Y tomes rumbo sin volver la mirada

Alegre al menos

De saber que te vas que ya te has ido

 

 

 

 

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