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Nueva poesía europea: Christian Sinicco

En el mundo

Nueva poesía europea: Christian Sinicco

Círculo de poesía junio 5, 2018
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Versopolis es un programa europeo de literatura que cuenta con el apoyo de Europa Creativa, el propósito que tiene es el de promover la poesía escrita por los jóvenes poetas europeos a través de una serie de festivales con distintas sedes en Europa como los que dirigen nuestros amigos y colaboradores Ales Steger y Mite Stefoski, directores de los festivales Days of Poetry and Wine, en Eslovenia, y el Struga Poetry Evenings, en Macedonia, respectivamente; en Círculo de Poesía creemos en la literatura que están escribiendo estos jóvenes poetas y hemos decidido presentar a cada uno de los poetas que han sido seleccionados en este programa. En esta ocasión presentamos, en versión de Alfredo Soto Guillén, al poeta italiano Christian Sinicco. Nació en Trieste. En Italia fue director artístico de Iperporti -Scali internazionali di letteratura, coorganizó Trieste Poesia y organizó el primer campeonato de poesía slam en Italia como presidente de LIPS – Lega Italiana Poetry Slam. Se preocupa por los días de Ad alcuni piace la poesia en San Leonardo Valcellina (Pordenone). Fue editor en jefe y colaborador de Fucine Mute (fucine.com) hasta 2006. Desde 2009, es el editor de la revista Argo (argonline.it), con la que ha tratado el panorama más amplio de la poesía en italiano. Publicó Passando per Nueva York (Lietocolle, 2005), Ballate di Lagosta (CFR, 2014), Città esplosa (Galerie Bordas, 2017). En Italia, sus poemas se publican en diversas antologías y revistas. Además de participar en diferentes festivales y ferias de libros.

 

 

 

 

La canción de Daniela

 

I

 

ella habla de cuanto es bello sin saber a dónde ir,

tal vez en el agua del sol como su mejilla

tan necesaria como el sueño sumergido

en una galaxia más vasta si se pudiera comprender,

te seduce entre valles y filas de vides polvorientas

con los ojos puestos en la bahía y la cascada:

Za Barje decía el cartel y ladraba el perro atado

bajo el ciprés –sus dientes eran el sepulcro del porqué

los pescadores lo habían dejado allí– junto a una casa

cubierta con hiedra y moras, en la que habían crecido

una manzano con frutos agrios y las rosas

que solo tú habrás de probar:

evitando los agujeros del asfalto y excavando seguiste a Daniela,

apuntándote a ti mismo y la asfixia de tu vida

que sigue el sentido para erigir la inteligencia de la especie

que con trabajo construyó su república de robos,

luego la viste en la playa bailando entre las rocas calientes

y el bote lanzó las amarras, los pescadores han vuelto:

el bien y el mal son triángulos de olas que se dilatan

en el mar hacia los dos islotes donde una vez nadamos

–los peces no son conscientes de eso,

o el hombre bajo el pino y su hijo

con la máscara, otro pescador con la línea,

tal vez solo tú sobre los pétalos que muerdes como las palabras

 

 

II

 

después de tanto, salimos, y comemos higos

al atardecer de este prado

cortado en rodajas en el cuenco de madera,

tomamos pan y lo partimos muchas veces

porque el cielo está cerca del fuego

y el país a nuestra izquierda se pone blanco en el rosa

está hecho de escamas como la barracuda

no tiene la intención de dejarnos la vista de Korčula

grité como siempre

encendiste la vela y me hace presente

no estamos solos, pero puedes estar tranquilo

lentamente incluso la cabaña

y su fuego se vuelven hermosos

aplacando la tensión natural

de un cielo cada vez más oscuro, que no nos impida

disfrutar la felicidad

de un pescado asado, tomate y alcaparras

eres bella cuando sonríes

con un vaso de agua en los labios

demasiado discretos se levantan,

quieren renacer en la respuesta que buscan

los vecinos en la mesa, y vienen a despejar la mesa

de la pequeña casa donde se oxida

una mujer y el cocinero, como en una ceremonia

pedimos la cuanta levantanado las manos

se entrelazarán cuando salgamos del sitio

hacia el estacionamiento donde subimos al auto

y dirígete al punto más alto

de una serie de curvas cerradas, antes de descender al valle

la bóveda de estrellas nos sorprende

paramos todo, descansando sobre los cojines de una tierra

que todavía está caliente, estamos seguros

que la estrella caerá y se percatará

 

 

 

 

 

La canzione di Daniela

 

I

 

parla di quanto è bello senza sapere dove andare

forse nell’acqua del sole come la sua guancia

semplicemente necessaria quanto il sogno bagnato

in una galassia più vasta se la si può comprendere,

ti seduce tra valli e filari di viti impolverate

con gli occhi verso la baia con la cascata

Za Barje diceva il cartello e così abbaiava anche il cane legato

sotto il cipresso – la sua dentatura era il sepolcro del perché

i pescatori l’avessero lasciato lì – nelle vicinanze di una casa

ricoperta di edera e di more, al cui interno erano cresciuti

un melo dai pomi asprigni e delle rose

che poi avresti assaggiato solo tu:

evitando i buchi di asfalto e sterrato hai seguito Daniela

prendendo di mira te stesso e l’asfissia della tua vita

che segue il sentiero per erigere l’intelligenza della specie

che sul lavoro ha costruito la sua repubblica di ruberie,

poi l’hai vista sulla spiaggia danzare tra gli scogli caldi

e la barca ha tirato su la nassa, i pescatori sono tornati:

il bene e il male sono triangoli di onde che si dilatano

sul mare verso i due isolotti dove abbiamo nuotato

– i pesci non ne sono consapevoli,

o l’uomo sotto il pino e il suo bambino

con la maschera, un altro pescatore con la lenza,

forse solo tu sui petali che mordi come le parole

 

 

II

 

dopo tanto stiamo all’aperto e mangiamo i fichi

all’imbrunire di questo prato

tagliati a fette sulla ciotola di legno,

prendiamo il pane e lo spezziamo molte volte

perché il paradiso è vicino al braciere

e il paese alla nostra sinistra sale bianco nel rosa

è fatto a scaglie come il barracuda

non ha intenzione di lasciarci la vista di Korčula

ho gridato come il mio solito

hai acceso la candela e mi hai fatto presente

non siamo soli, ma puoi stare tranquillo

piano piano anche la casupola

e il suo fuoco sono diventati incantevoli

placando la tensione naturale

di un cielo sempre più scuro, non impedendoci

di assaporare la felicità

di un pesce arrostito, di pomodoro e capperi

sei attraente quando sorridi

con il bicchiere di acqua sulle labbra

troppo in silenzio si alzano,

vogliono rinascere nella risposta che cercano fuori

i vicini di tavola, e vengono a sparecchiare

dalla casupola dove si griglia

una donna e il cuoco, come in un cerimoniale

chiediamo il conto con le mani

saranno intrecciate quando usciremo dal campo

verso il parcheggio dove saliremo in automobile

e ci si dirige su al punto più alto

di una serie di tornanti, prima di scendere a valle

la volta di stelle ci sorprende

fermiamo tutto, appoggiati sui cuscini di una terra

che è ancora calda, siamo sicuri

che l’astro cadrà, e si avvera

 

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