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Una poeta venezolana en el exterior. Texto de Erika Reginato

Poesía Panhispánica Poética

Una poeta venezolana en el exterior. Texto de Erika Reginato

Círculo de poesía junio 20, 2018
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Presentamos un interesante texto de Erika Reginato (1977) donde aborda su condición de poeta fuera del país de origen. Erika Reginato es autora, entre otros libros, de Día de San José (1999). Campo Croce. Antología poética 1999-2008. (Caracas, 2008). Publicó el volumen de ensayo: Cuatro estaciones para Ungaretti y traducciones como Caminos de agua. Antología de poetas italianos del segundo Novecientos y El trazo infinito del universo. Antología de la poesía italiana contemporánea.

 

 

 

 

UNA POETA VENEZOLANA EN EL EXTERIOR.

La traducción de la poesía italiana en el camino lento de los orígenes.

 

He estado leyendo un poema “Del país de la pena” de nuestra poeta venezolana Hanni Ossot, lo he leído y releído unas treinta veces y siempre me detengo en algunos versos que, para mí, han sido muy importantes en mi búsqueda personal. Escribe la poeta Ossot:

¿Quién soy?

Te fui a buscar

Pero fue en Venecia donde te vi…

Venecia, Venezuela

Suspiro, tiemblo, ardo…

 

Llegué al norte de Italia hace años, a una pequeña ciudad a una hora de Venecia de donde mis abuelos y mi padre eran originarios. Aprendí el idioma italiano en Caracas, en una escuela medio italiana creada por los emigrantes, pero el arte de la sintaxis, de escribirlo y hablarlo, ha sido en estas ciudades, cerca de la pequeña Venecia. 

Decidí hacer mi tesis de la Universidad Central de Venezuela sobre la poesía italiana del Novecientos, una investigación de la “Vida de un hombre”, toda la obra de Giuseppe Ungaretti. Traduje poemas no traducidos al español de América del poeta italiano y fue una experiencia determinante. Durante la presentación de la tesis, recuerdo las palabras del poeta Igor Barreto después de leer “Los ríos” (I Fiumi), me dijo: “yo nunca había leído este poema por completo”. Traduje a Ungaretti porque nadie había escrito nada sobre la poesía de este poeta tan importante que en Italia sigue siendo un poeta vigente entre los jóvenes poetas. Mis traducciones, yo las vivo:

 

Los Ríos de Ungaretti

Cotici el 16 agosto de 1916

 

Me agarro de este árbol mutilado

abandonado en esta colina

que tiene la languidez

de un circo antes o después del espectáculo

y observo

el paisaje quieto

de las nubes entre la luna…

 

Fue allí donde comenzó mi experiencia como traductora. Entendí que era necesaria la traducción para poder dar a conocer autores, poetas contemporáneos italianos en el español actual de américa. Tenía razones de peso para traducir: amo la poesía italiana, conozco el idioma y sentí que era y es necesario dar a conocer los poetas que han llegado a mis manos y he amado: es necesario dar a conocer los grandes poetas, pero hay que ir más allá de Dante, Pavese y Montale, hay que seguir traduciendo.

Comencé con el poeta Giuseppe Ungaretti, pero luego llegó la “Semana Internacional de la Poesía” que organizaba el poeta Santos López en Caracas. El poeta italiano invitado era Milo De Angelis y necesitaba ser traducido.

Milo De Angelis es el mayor representante del neo- hermetismo, un movimiento de finales de la década de los sesenta y es una de las voces más importante en la contemporaneidad italiana. Esa noche nos sentamos a traducir su ensayo publicado en la revista “Niebo”, fundada por el poeta en los años setenta, en donde escribe el poeta De Angelis: “Hay dos clases de poetas, los del río y los del lago… Los del río se mueven, fluyen como un río. Los segundos, los del lago, son todo lo contrario …”

Entendí lo que quería decir, tenía que moverme, tenía que trasladarme poéticamente, en el conocimiento del idioma y en el aspecto físico. Decididamente tenía que ser una poeta de río.

Luego me encontré con toda su obra, de la cual seleccioné algunos poemas y la traduje del modo más comprensible para mí, pues me tardé casi tres años en entenderla y traducirla. Cada poeta es atento a su obra y exigente en la traducción de la misma. Milo De Angelis es sumamente delicado, por lo tanto, estuvimos en contacto por mucho tiempo, en muchas ocasiones y es ahí donde comenzaron mis viajes y decidí trasladarme a Italia, aunque no fue una decisión definitiva.

 

“¿Quién soy? “, decía Hanni Ossot.

 

Pues, yo vine a Italia a buscar mis orígenes y comencé a escribir mi segundo libro, abrigada por los pre-Alpes del norte, las máscaras, la música de Vivaldi y los puentes de Venecia.

Mi primer libro de poesía se llama Dia de San José (editorial Eclepsidra, Venezuela, 1999), poemas que dediqué a mi padre, al luto que pintaba mi poesía. La maravilla de este libro fue que lo presentó el poeta Juan Liscano en la librería del teatro Teresa Carreño de Caracas y quien dijo: “con este libro, “Día de San José” … se cierra el 900 en Venezuela”. Fue una suerte tener a Juan Liscano de padrino de mi libro, pues el poeta italiano Alberto Cappi era su gran amigo, conoció la historia de mi libro y se dispuso a publicar mi segundo poemario: Campo Croce (colección poetas del 900, editorial Sometti, 2008, con la introducción de Milo De Angelis y la traducción de Emi Rabuffetti, Italia). Campo Croce, es el libro que dedico a la búsqueda y al encuentro de mis ancestros en las montañas del norte. El título proviene de una pequeña aldea en el Monte Grappa, donde se refugió mi abuelo junto a sus compañeros, durante la Segunda Guerra Mundial. El título tiene una importancia histórica y publicado en la colección de los poetas que cerraban el Novecientos en el mundo en una versión bilingüe.

Estos poemarios respondieron la pregunta ¿Quién soy?

Hay que buscar siempre aquel puente que unifica los dos idiomas. Publicar en versión bilingüe y la traducción de la poesía italiana contemporánea me trajo un reconocimiento que involucro mi tercer libro “Los Elegidos” (Gli Eletti, versión bilingüe, Raffaelli editore, Italia, 2013): “Premio Internacional. Ciudad di Marineo 2014. Obra extranjera en italiano.”

¿Quién soy?

Una poeta que busca a sus orígenes, el idioma paterno, una nostalgia del pasado, un paisaje veneciano. Una poeta italo-venezolana que recuerda la frase de la abuela italiana que emigro a Venezuela en los años cincuenta con un libro de Collodi y otro del poeta Giovanni Pascoli y me decía: “qué fortuna es viajar y conocer dos continentes, pues, aunque tengamos el corazón a pedazos, tenemos cartas en italiano y en español, postales amarillentas en la memoria”.

Es esa mi traducción, una poesía que hago viva en mi idioma materno, inmortalizando cada palabra del poema como un acto de imaginación. Las palabras que poseo, las arrastro en la valija de ruedas y me guían en ciudades desconocidas.

 

 

Una poeta venezolana en el exterior

 

Camina por Manoa

con los lentes de Miyó

y el sombrero de mi padre, el emigrante.

Busca al abuelo, la cesta y el mar,  

nada en la profundidad con Elena y los elementos

hasta la isla de la Derrota.

 

Viajo en tren para escuchar

los versos de las poetisas venezolanas en la oscuridad

y a Rojas Guardia que dice a lo lejos:

Solo en el silencio te escucho…

 

Una poeta en Italia

tiene una medalla de la Virgen de Coromoto,

una estampa del doctor José Gregorio,

semillas de merey, de cacao,

la sal del caribe en los bolsillos.

 

A veces voy a Islandia o a Venecia

atravieso el Ávila italiano

dibujo la niebla entre las orquídeas,

la plaza de Las Tres Gracias,

los murales de la Universidad Central,

el Pastor de nubes de Jean Arp,

la multiplicación de los panes de Michelena,

para calmarme y entender

que la ciudad de mi recuerdo, Caracas

no sé si la volveré a ver.

 

 

 

Notas del poema:

  • Ciudad imaginaria del poeta venezolano Eugenio Montejo, (1938-2008)
  • Miyó Vestini. Periodista y poeta venezolana, (1938-1991)
  • Armando Rojas Guardia, (Venezuela, 1949)
  • Nuestra Señora de Coromoto: patrona de Venezuela.
  • Venerable Doctor José Gregorio Hernández, (Venezuela, 1864-1919)
  • Pintor Arturo Michelena (Venezuela, 1863-1898)
  • Las Tres Gracias: Caracas, en el centro de una plaza hay una copia de la escultura de Canova.
  • El Pastor de Nubes. Escultura en la Plaza Cubierta de la Universidad Central de Venezuela de Jean Arp, (Estrasburgo 1886 – Basilea 1953).

 

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