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Poemas para beber en el Starbucks: e e cummings y las manos de la seducción

Camisa de once varas Columnas Poética

Poemas para beber en el Starbucks: e e cummings y las manos de la seducción

Círculo de poesía julio 9, 2018
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Dentro de la columna Camisa de once varas, Édgar Amador continúa con la sección de Poemas para beber en el Starbucks, ahora nos presenta un poema clásico de e e cummings, poeta norteamericano que es reconocido por su peculiar sintaxis que prescinde de las mayúsculas, además de un uso lúdico y novedoso con las distintos signos de puntuación.

 

 

 

Poemas para beber en el Starbucks: e e cummings y las manos de la seducción

 

Un financiero de edad madura, súbitamente enamorado de su bellísima cuñada, propicia un encuentro apresurado con ella y acaban yendo a una librería de Manhattan. Al despedirse él busca regalarle algo, y encuentra venturosamente un libro.

—Lee el poema de la página 112″, le dice.

Y se despiden.

Mas tarde en su departamento, la mujer pasmada, lee el poema, cuyo último verso es el siguiente: “Nadie, ni la lluvia, tiene las manos tan pequeñas”.

La historia anterior es una escena de una de los más grandes plagios de Woody Allen: Hanna y sus hermanas, el homenaje a la obra maestra de su maestro Ingmar Bergman, Fanny y Alexander.

En esta sección hemos dicho que la poesía sirve para muchas cosas, no nada más para decir cosas bonitas. Insistimos. Pero también sirve para eso: para decir cosas bonitas. Y desde un momento indefinido en la edad media la poesía encontró un propósito fundamental: seducir.

e e cummings (así en minúsculas, como a él le gustaba) fue un fecundo escritor norteamericano, adherido al modernismo concebido por su paisano Ezra Pound, y por tanto adherente al verso libre y a la destrucción tipográfica de los poemas.

Modernista en la forma, en el fondo e e cummings fue un conservador. Como poeta bordó en temas tradicionales: mujeres, el amor, la lluvia, las flores. Y en política acabó apoyando al impresentable senador Mcarthy, perpetrador de persecuciones anti liberales y cazador de comunistas que presagiaron al también impresentable Donald Trump.

Su biografía aparte, e e cummings, siempre al borde de la cursilería y de la narración romántica, escribió poemas para la seducción y el abordaje.

Recuerdo aún esa tarde en que salí de ver Hanna y sus hermanas en la Cineteca Nacional en la Ciudad de México, repitiendo en mi cabeza el cuarteto final de ese poema:

 

en algún lugar a donde nunca he viajado, más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu más frágil gesto hay cosas que me encierran,

o que no puedo tocar porque están muy cerca

 

tu más leve mirar me abrirá fácilmente

aunque yo me he encerrado como unos dedos,

te abres siempre pétalo a pétalo como la primavera abre

tocando (misteriosa, hábilmente) su primera rosa

 

o si deseas acercarte, yo y

mi vida se cerrarán hermosa, súbitamente,

como cuando el corazón de esa flor imagina

la nieve que con cuidado desciende por todas partes;

 

nada de lo que se percibe en el mundo iguala

el poder de su intensa fragilidad, su textura

me compele con el color de sus países,

entregando muerte y siempre con cada respiro

 

(no se qué hay en ti que se abre

y se cierra; sólo algo en mí entiende

que la voz de tus ojos es mas honda que todas las rosas)

nadie, ni la lluvia, tiene las manos tan pequeñas

 

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