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Un poema de Dinu Flamand dedicado a Marco Antonio Campos

En el mundo

Un poema de Dinu Flamand dedicado a Marco Antonio Campos

Círculo de poesía agosto 1, 2018
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Presentamos, en versión de Gabriela Capraroui, un poema de Dinu Flamand (Transilvania, 1947). Poeta, ensayista y traductor rumano. Uno de los poetas más importantes de su generación. Es especialista en poesía iberoamericana. En 2016 Círculo de Poesía y Valparaíso México publicaron El frío intermediario, en traducción de Omar Lara.

 

 

 

 

La explicación de Esteves

 

Al poeta mexicano

Marco Antonio Campos

 

Ah, conheço-o: é o Esteves sem metafísica

Fernando Pessoa (Alvaro de Campos) – Tabacaria

 

Dicen que yo no tengo metafísica

sino una flácida constitución física

que ni detesto ni me encanta

¿y qué?

 

Me dicen que a menudo paso al lado

de lo que a otros les parece esencial

o grandioso o digno de ser vivido sin tener

curiosidades, envidias grandes o miedo a perder algo.

 

Yo no me rompo la cabeza

para saber qué es la metafísica

ya que es algo que no me falta.

Sólo sé que aún no he muerto.

 

Para mí es importante, aunque no entiendo

cómo me las apaño porque a veces no es fácil

comprender esta vida que no comprendo.

 

Si hay algo que comprender, yo delego

en cualquier otro para que hable en mi lugar

sobre la vida que habito sin preguntarme

qué le pasa o quién soy yo en ella.

 

No recuerdo haber tenido grandes ambiciones,

solamente tal vez mi viejo auto que a veces me lleva hacia Sintra,

si fuera más nuevo no estaría mal, pero aun así yo dejaría

que los vistosos Buicks o Chevrolets se me adelanten

porque a mí no me gusta rivalizar con nadie,

y de ganar ¿qué ganas?, y mañana,

¿quién se acordará de lo que has ganado hoy?

 

Yo me contento con mi puesto fijo en Correos

donde asciendo desde hace mucho día a día

con la esperanza de llegar a la primera categoría antes de jubilarme.

 

Es todo lo que me hace falta si lo pienso bien

María se habrá dicho lo mismo

cuando regresó

después de haberme dejado, como

lo había hecho también una tal Ofelia

que leía poemas y presumía.

Y ahora estoy mucho mejor, diría incluso que todo está ok

y me ha dado por fumar porque es mucho más interesante

pero al opio ni me acerco… dicen que pierde uno la brújula…

 

A veces paro en la taberna de la esquina,

me gusta tomar un par de copas

con el albañil que vive en el número cinco

eso cuando no aparece también el vendedor de lotería

o ese chupatintas miope que no

se quita el sombrero y sólo lee y fuma.

 

Él dice que se llama Pessoa, sé que entre libros y revistas

en su cartera tiene una botella vacía

y no se olvida al irse de llenarla con un aguardiente

que tanta falta le hace, al parecer, de noche.

¡Pobre, una vez vi que hasta una máscara de carnaval

llevaba en su cartera!

 

Parece sumamente instruido, desprotegido

o sea, algo embarullado en la cabeza (la hija de la lavandera

me contó que en sus listas de ropa interior para lavar

hallaba versos y otras escrituras; un día se arrodilló delante de ella

y declamó algo en inglés

el muy payaso.

 

La hija de la lavandera piensa que le pedía ser su esposa

pero fingió no comprender pues uno nunca puede saber

cómo va a reventar alguien que se pasa el día entero

en casa mudo, fumando y mirando por la ventana);

 

…yo también lo vi un día en la ventana allí arriba

desde el otro lado de la calle, saliendo del estanco al que

había ido para comprar tabaco, como siempre.

 

El dueño del estanco se acercó al umbral conmigo

y en aquel instante miré hacia arriba. Yo no sabía

que mi hombre vivía allá.

 

Me saludó con un movimiento de los labios

detrás de la ventana cerrada, me di cuenta porque

el vidrio se estaba empañando y me pareció que de algún modo estaba

no sólo inclinado sino incluso de sí mismo alejado aun cuando

allí seguía.

 

Y no sé cómo contaros todo

para que no penséis que estoy loco porque jamás

me ha ocurrido eso de ver algo tan límpido

y sencillamente con mis ojos

y no creerlo porque no comprendo lo que veo…

 

En ese instante sentí que el miope

que a veces se sentaba en la misma mesa

con la mirada fija en sus libros

había empezado como a flotar

después de haber salido por su propia ventana

cerrada

luego se lo tragaron las nubes…

 

Lisboa, abril 2017

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