El circo de papel, de Mario Meléndez
Escrito por: Círculo de poesía | 26 de August del 2009 | Categoría: Galería de Armas, Portada, Portada 1 | 5 ComentariosEl poeta chileno Mario Meléndez (Linares, 1971) comparte generosamente con los lectores de Círculo de Poesía el poemario El circo de papel, libro publicado en el 2008. El libro está disponible para su descarga digital en nuestra sección Iberoamérica Libros. Formato: PDF (descargable).
A continuación, cuatro poemas de El circo de papel, a manera de invitación para descargar el material.
La última cena
Y el gusano mordió mi cuerpo
y dando gracias
lo repartió entre los suyos
diciendo “Hermanos
éste es el cuerpo de un poeta
tomad y comed todos de él
pero hacedlo con respeto
cuidad de no dañar sus cabellos
o sus ojos o sus labios
los guardaremos como reliquia
y cobraremos entrada por verlos”
Mientras esto ocurría
algunos arreglaban las flores
otros medían la hondura de la fosa
y los más osados insultaban a los deudos
o simplemente dormían a la sombra de un espino
Pero una vez acabado el banquete
el mismo gusano tomó mi sangre
y dando gracias también
la repartió entre los suyos
diciendo “Hermanos
ésta es la sangre de un poeta
sangre que será entregada a vosotros
para el regocijo de vuestras almas
bebamos todos hasta caer borrachos
y recuerden
el último en quedar de pie
reunirá los restos del difunto”
Y el último en quedar de pie
no solamente reunió los restos del difunto
los ojos, los labios, los cabellos
y una parte apreciable del estómago
y los muslos que no fueron devorados
junto con las ropas
y uno que otro objeto de valor
sino que además escribió con sangre
con la misma sangre derramada
escribió sobre la lápida
“Aquí yace Mario Meléndez
un poeta
las palabras no vinieron a despedirlo
desde ahora los gusanos hablaremos por él”
Bajo amenaza de vida
Una mañana salí de mi tumba y grité
“No escribiré otra línea jamás”
y las palabras saltaron de sus asientos
a protestar por lo que ellas creían injusto
Viendo que no obtenían respuesta
se juntaron en secreto durante largas horas
resolviendo por fin declararme la guerra
Como primera medida, se tomaron mi casa
echaron llave a mi pieza y a mis muebles
se apoderaron de mis juguetes, mis libros, mis papeles
rayaron las murallas acusándome de cobarde
y firmaron una larga lista para expulsarme del gremio
Viendo que tampoco obtenían respuesta
acordaron una huelga de hambre y de sed
y me advirtieron que sería
hasta las últimas consecuencias
no sin antes, por supuesto, pedirme algunas frazadas
para cubrirse del frío y del viento
y el antiguo tocadiscos de mi padre
para escuchar sus temas preferidos
Yo, mientras tanto, me divertía a más no poder
con las travesuras de la Pantera Rosa
y bebía cerveza y fumaba a destajo
recostado sobre el sofá más cómodo del planeta
Pero de vez en cuando echaba un vistazo
a mis queridas compañeras de ruta
y las oía hablar en voz baja
las oía llorar y reír entre ellas
recordar lejanos lugares, lejanos objetos
recordar algunos rostros
una mujer, un beso, una mirada
una sonrisa que se apagó para siempre
Entonces yo también lloré y reí y volví a llorar
y quise amigarme con ellas
llevándoles algunas disculpas y uno que otro refrigerio
Grave error, las malditas me dijeron de todo
Probé suerte de nuevo unos días más tarde
les hablé sobre mi vida, sobre mis dudas, mis temores
sobre la fija idea de dedicarme a otra cosa
en fin, de arrojar la toalla
Entonces las palabras más viejas
las más usadas, las más escritas
aquéllas que abrazaron mi causa a ojos cerrados
se sentaron en mis rodillas
y en voz alta, casi entre lágrimas
comenzaron a decir mis poemas a los cuatro vientos
Y allí me quedé en silencio escuchando aquel murmullo
aquel sonido de hojas que jamás tocó la tierra
Allí me quedé en silencio y me vi por primera vez
en esos versos desnudos, en esos versos hambrientos
en los publicados, los inéditos, los incompletos
los que ya no recordaba o no quería recordar
Allí me vi por primera vez
cuando ellos me miraron a los ojos
y me mostraron sus alas para volar por el mundo
Precauciones de última hora
Debo cuidarme de los gusanos
cuando me entierren
lo más seguro
es que hablen mal de mí
que escupan sobre mis poemas
y orinen las flores frescas
que adornarán mi tumba
Llegado sea el caso
que hasta devoren mis huesos
me arranquen los intestinos
o en el colmo de la injusticia
se roben mi diente de oro
Y todo esto porque en vida
jamás escribí sobre ellos
Pedagogía inconclusa
El niño le pregunta al padre
si las palabras envejecen
El padre le responde al hijo
que las palabras siguen tan jóvenes
como en el primer día
El niño corre donde el abuelo
para llevarle la buena nueva
Y el viejo abre de golpe
el cajón de las palabras
para que éstas le cuenten el secreto
Datos vitales
Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: Autocultura y juicio (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), Poesía desdoblada, Apuntes para una leyenda, Vuelo subterráneo y El circo de papel. En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en el Bicentenario de Linares. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, búlgaro, persa y catalán. Actualmente vive en Ciudad de México, donde realiza talleres literarios y diversos proyectos culturales.

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Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 0, semana 35, agosto, 2009 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.



Mario, mil gracias por la frescura y el ingenio de éstos versos. Me ha emocionado hasta las lágrimas. Mucha suerte.
Un abrazo.
Ligero, hondo, y juguetón.
Muy disfrutable!
Alicia.
Gracias Mario!
Qué más podría decir… sabés que me encantan tus poemas.
Un abrazo desde Venezuela
Carla S.
Me gusta por las sencillez de las palabras, se disfruta en todo momento
Hola Mario,
Me gustó mucho tu poema de Pedagogía Inconclusa. Que no te alcancen los gusanos sin antes repartirnos bien tus letras. Un abrazo.