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Año 3 / semana 06 / febrero / 2012
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Foja de Poesía No. 234: José Landa

José Landa

Presentamos en seguida una muestra del trabajo de José Landa (Campeche, México 1976). Es autor de 12 libros de poesía. Ha obtenido premios como el José Gorostiza (Tabasco 1994), Hispanoamericano de Quetzaltenango (Guatemala 2007), el Internacional Ciudad de Lepe (Huelva, España 2009), el Nacional de Poesía Universidad de San Luis Potosí, México 2009.

 

 

 

DE: PLACERES COMO RÍOS (Instituto de Cultura de Sinaloa, Culiacán 2009)

 

 

 

Pueblo de Santiago, Xochimilco

 

Ni un minuto de calma te obsequió tu silencio

Sobre la habitación de tus secretos llueve la noche

 

Te ignora la ciudad y callas

Junto a tu casa viaja un río de agua sucia     una cascada

         lo alimenta

El río –fotografía de su tiempo– no se detiene a     

         escuchar  gemidos

 

Arrastra en su cauce todo lo que mira     así tu imagen

Su olor es el de los cuerpos en multitud     su sonido el

         de las conversaciones

¿Qué dice el río cuando no se le escucha?

 

Tus coterráneos ignoran el silencio y te enoja

Compartes la sensación de los edificios en ruina     sus

          piedras son las de algún hombre que en medio del

          anochecer atraviesa un puente     observa de reojo

          a las cafeterías y sus artistas aburridos     las

          calles     las tiendas

Ese hombre sabe que algún día enmudecerán los pájaros

 

Y esto no es ninguna predicción     es un decir     un

          inventar cualquier palabra

Interesa tu cuerpo     tu sombra     tus mentiras

         y traiciones

No el que mañana te quieran salvar o prometer un

         paraíso o un retorno a la tierra

Tu ciudad importa con sus ríos de agua sucia que se van

         sin volver     su gente de rumores avispados     su

         corazón agridulce     su corazón oscuro     su bilis

         –alimento de fanáticos–

Importan los cuerpos que se aprietan entre sí como

         esponjas     como cáscaras

La ropa que enmohece     eso importa

La guarida a la que vuelves después de caminar hacia

          cualquier sitio     el silencio que te libra de todo

La oscuridad –tu cómplice–      y las ganas de arrojar

          esta piedra al río

 

  

 

 

Reino de la humedad

 

De tus peores enemigos: la humedad –hipócrita lectora de nuestras inscripciones privadas–    

Su aparente inocencia le permite  acceder  a  pensamientos    Planes de traición    Deseos                                

Todo lo inaccesible se abre a su paso     Hasta el futuro cede a sus caprichos de salomeica ramera capaz de cortar nuestras cabezas

 

En un principio fue la humedad     No los dioses de las distintas mitologías     Ni el amor –como pretenden los ancianos poetas–

Es la mejor aliada del tiempo     Por ella sabemos de la destrucción y la vejez     Se multiplica a la velocidad de la luz pero con la ventaja de ser imperceptible     No hay ojos capaces de mirar cuando empieza a invadir las regiones más secretas del mundo     Recorre con discreción de víbora las casas y sus moradores     Invade con sigilo dormitorios     Baños     Vestimentas     Muebles        Todo lo corruptible y perecedero    

Vuelve a las piedras valles de musgo     Al musgo países de la desolación

 

Hay que temerle a la humedad     Con ella da comienzo todo y en ella desemboca    

Estas palabras son arroyos de saliva que humedecen la página     La página mira tus pupilas    

 

 

 

 

Gatos

 

1

 

Pare la madrugada un río de niebla que empieza a reclamar sitios vacíos en la ciudad     Azoteas     Callejones húmedos de orín     Alcantarillas     Entonces los gatos se asedian     se lastiman deseosos     aman la veloz lentitud de la oscuridad     se penetran con la ansiedad de un fanático en la última noche del tiempo      Son los seres predilectos del insomnio y la eternidad     Sus ojos son dominio de la muerte     Osiris grabó en ellos el secreto de la resurrección     les heredó el poder de la inocencia  y la perversidad –caras de una sola moneda–      Al amparo de la niebla, del hedor de rincones y muros carcomidos por el frío de los peores barrios     esperan a que las almas de los citadinos se desprendan de sus cuerpos como volutas de humo para alimentar con ellas a sus críos

 

 

2

 

El gato es enemigo del tiempo y de las brujas de vecindad     Camina en la orilla de las zoteas como sobre una rama del árbol donde ahorcan al asesino de una reina     como en la cuerda floja de un trapecista descendiente de Apolo y la Sibila     Total     que se burla de quienes creen en la infinitud de sus vidas y en su pacto con el diablo     Su maullido es un reto al silencio nocturno y el alma de Novalis     A medianoche puede infartar a una prostituta vieja y hacer que broten alacranes de los ojos de su hombre

   Durante la madrugada los peatones deben andar con mucha precaución     una gato es capaz  de suicidarse –dicen– con tal de perpetuar sus mitos familiares

 

 

 

 

Bosque de Chapultepec

 

Desnudos corren por tus veredas los años “Es sólo

por sport” –dicen– “no hay que perder

     la práctica     pulimos el ingenio como pidió

     Cervantes”

“Mientras los santos poetas realizan ejercicios retóricos

     nosotros ejercitamos el placer

     de ambular     a él nos dedicamos”

 

“No existe felicidad para el hombre que no viaja”

Así dice el Aitareya Bráhmana     eso creen los años

     que obscenos atraviesan con infernal carrera

     tus nubes de neblina oscureciéndolo todo

 

Pubis de la ciudad es tu verdura triste     de esa mujer

     cuyo cuerpo hoy se cubre de moho y de ceniza

Los mexicanos muertos vieron chapulines invadir

tu silencio

Los mexicanos vivos caminan sobre tu piel

     de chapulines muertos

 

Cuando alguien menciona la doble vida que llevas

     se escucha un gemido entre los árboles

donde horas antes niños y vendedores pululaban:

     muchachos sedientos comparten sus orgasmos

 

Durante la madrugada     un poeta bucólico imaginó

     luciérnagas como soles en tu verde constelación:

sólo cigarros encendidos de paseantes insomnes

 

Mírate en el espejo roto donde hoy por la mañana

     remaban algunas parejas     sólo te queda el eco

     de sus risas y la humedad de sus besos

 

Mírate     parodia de ti mismo: en tu cara los instantes

     crecieron     el tiempo llenó de saliva tu piel

Toses cada vez más –viejo pulmón que amarillea–

Ya eres sólo memoria      testigo de héroes suicidas

Quédate como estás     mira cómo entre familias felices

     que te muerden el vientre     corren los años

Pídeles     –si aún te queda voz–     que se olviden

     de ti     que te dejen morir tranquilo y en silencio

 

 

 

El viejo Pasolini medita un poco antes de quemar su pasado

 

Hojear     Ojear una tras otra las páginas de un álbum

fotográfico y encontrarse cansado de mirar siempre

al infinito desde el infinito de la fotografía

Encontrarse repetido una y otra vez con los ojos de siempre    

El susto en la cara y el corazón quemado por el flash

 

Mirarse –y no ver más allá de lo que nos permite el silencio

de la respiración– idéntico a gestos que no salieron

del rostro de uno mismo     Gestos desconocidos

que a fuerza de memoria se han hecho cotidianos

Entonces     Cansados de mirarnos     Tratar de reconocer

nuevas miradas     Nueva gente en medio de la intriga

Parpadear y no ver más que rostros de otros rostros    

Notar que aquellas sombras     aquellas pieles y

memorias que deseábamos hallar no se encuentran

 

Así pasamos hoja por hoja     Las exploramos

como si recorriéramos cada arruga del cuerpo    

Entonces avanzamos cada trozo de piel     cada trozo

de nada     Sin hallarnos

Así nos recorremos     Caminamos cuanto nos permite

el tiempo     Cuanto las ganas de mirarnos y de no

mirarnos     Cuanto los ojos y el dueño de los ojos resista

  

 

 

 

Matusalén de visita

 

Ni un segundo de estos 3600 por 24 reservados a ti va a dejar

su lengüetazo en tu espalda

 

Si aúllas y rascas la vacuidad de tus pellejos     Lo insípido

de tu sudor     No es porque ignores los beneficios

de cada día acumulado en una piel diferente a la tuya

 

Gritas y te retuerces porque no ignoras     Es a ti a quien

los acontecimientos ignoran y no guardan para tu sueño

el placer de inventar el paso anterior

 

Cada anhelo ilusorio que te nace es incomprensible para 

cualquiera     Ajeno a los relojes y el tacto

 

En tu agenda no figuran las semanas de trabajo ni de ocio    

Nunca sabrás lo que significa olvidar     Memorizar

un golpe o un saludo

 

Prisionero de lo inmóvil eres tu amante     El tedio de la

felicidad     La ironía de la sangre

 

Que bueno     Matusalén     Que sólo perteneces a la ficción

de los principios que no imaginaron el instante de hoy

 

 

 

 

Antesala de cinema

 

En silencio     la mirada recorre pasillos y paredes

cubiertas con pendones promocionales de historias

que     tal vez     nunca llegará a conocer     reposa

en la antesala principal de un moderno cinema

que llegó para sepultar a los viejos cines     los viejos

caserones del centro histórico de la bahía    

donde otrora los ojos descendientes de familias

tradicionales que fundaron la ciudad     mataban    

–muy a su modo– el tiempo

y satisfacían su voyeurismo al margen de toda costumbre

religiosa     daban de beber a ese deseo cuyo tacto

es satisfecho nada más con la mirada     esa mirada

que se atraganta en el río prohibido

de las imágenes desnudas     y aún así desnudaban más

la desnudez de lo que palpan

 

Estos pasillos se vuelven cómplices de los pendones

de lona     de los grandes pósteres     disfrutan

el toqueteo de los ojos a distancia     son

una prolongación de aquellos cuerpos

en la pantalla que     desnudos o cubiertos    

dicen “ven”     y allá va     presta     la mirada    

desde lo más hondo de su infierno personal    

Del suplicio a ciegas     queriendo ser vidente

a partir de la impresión de un instante cualquiera    

Robado a las ficciones que vuelven feliz

a quien las mira     por la ilusión de pertenecer

a una realidad paralela a este mundo que a todos cansa

 

Los pasillos interiores del cinema se parecen tanto

a los pasillos interiores de la mirada

que se vuelven concubinos     ignoran por capricho

los muros exteriores     las voces que afuera

se desgarran entre sí     hartas de la lógica

y las recetas de cocina     de los planos arquitectónicos

y las fórmulas     prefieren los brebajes inexactos    

La alquimia entre miradas e imágenes

en un laboratorio improvisado

 

A distancia la ciudad con su bullicio anónimo     su

nostalgia por otras aguas de río que no permanecieron

A la vuelta de cada pasillo puertas y más puertas     salas

de cinema donde seres perfectos usan perfumes

de países exóticos     alimentos que no se pudren

con el tiempo

Adentro los días y los años detenidos     la eterna

juventud que ociosos alquimistas

jamás imaginaron     memorial de mentiras

que en esta antesala de cinema ponen a funcionar

los engranes de la mirada     importando poco

si esta ciudad portuaria se extravía en su navegar

de abstractas realidades

 

 

 

Negro

 

La oscuridad es todo lo que queda: viajero

Como un gato negro nos mira la página     es un

          espejo     un demonio que aterra a Quetzalcóatl

Caminamos una ciudad a oscuras     sin mujeres de

          neón     sin automóviles

Los edificios son invención de una tierra desierta que

          teme a su desierto

Recorres un camino anónimo –fábula de tus pasos–    

          Miras este mundo en tinieblas y tus sentidos

          lo empiezan a poblar

Muerdes el silencio como un cuervo     tu silencio

          sólo es real en tus oídos

 

Con el cuerpo habitas la oscuridad     imaginas galaxias    

            Calles    parques

En desorden bautizas a las cosas     ¿qué es una cosa?

            –preguntas– y la pregunta escribe la palabra cosa

Son tuyas estas palabras     este espacio     este abismo    y            

            caes en él –habitante de tu propia ciudad–

No hay más allá  en esta negrura: países  

            mares   continentes      bares     discotecas     

            marihuana

Tu mirada se inventa otra mirada     el poeta se inventa   

            otro poeta

Descubrir el sentido en estas calles es descubrir otro

            hilo negro

No hay origen      no hay fin      sólo negrura     ponle tú  

            voz a  esto que hoy escuchas     tal vez Francisco    

            André     o no les pongas nada

Finalmente     viajero de estas regiones     la oscuridad

            es todo lo que queda

 

 

 

DE: NAVEGAR ES UN PÁJARO DE BRUMA (1ª Ed. Mantis, Guadalajara, México 2008; 2ª Ed. (bilingüe) Ecrits Des Forges, Québec, Canadá 2010.

 

 

 

Las naves

 

Las naves que no fueron     las que nunca han sido otra cosa

       que traficantes de fierezas

Buscan un sitio en la memoria de hombres pobladores de           

       los muelles

Sus esqueletos quedan ahora como cascos habitación del

       óxido después de una batalla

Vencedores de una pelea     víctimas de la hecatombe del

       invencible tiempo

Sangran     la sangre es un río sin desembocadura     el grito

       es una espina muda en la ingle

 

De aquellas naves ninguna dura     las arenas hablan de

       capitanes y marineros que nadie conoce

Los libros cuentan de ladrones     asesinos     escoria de otros

       siglos     blanco del odio y la indiferencia de estos días

Ya el salitre recorre antiguos nombres     apellidos que son

       moneda corriente en las calles

Ya el olvido recobra lo que le pertenece     incluso la huella

       que alguna vez dejaron esas naves en la brisa

para alabanza y gloria de sus héroes

 

 

Han pasado los años     sólo queda de las hazañas de fieros

       navegantes

estas palabras que nada cuentan de ellos     ni los alaban    

Y esta obsesión de pensar que existieron

 

 

 

El puente

 

El Puente de los perros  se extiende al infinito

Su nombre puede ser una contradicción

Las personas sedentarias piensan que –como ellos– los

         perros no viajan     no huyen de la ciudad

 

Mas el viajero  –el nómada      el inconforme–    tiene  

         –dicen–     patas de perro

El perro y el caminante son lo mismo: al estar en un sitio

         recorren otro

 

El Puente de los perros conecta la bahía con el Atlántico

Maqroll rayó en él sus iniciales con grafito

Caronte lo eligió para cruzar el agua sin mojarse cuando

         estuviera solo

Y por ahí llegan los visitantes de tierras extrañas

 

Algún día caerá el Puente de los perros

Cuando esto ocurra todas las ciudades se hundirán en sí

          mismas

La historia del Nautilus se repetirá     Babel será

          nuevamente dios y demonio

El campo y la ciudad serán mundos perdidos y estas 

          palabras ya no serán más

Pero hasta entonces     el Puente de los perros  indicará

          nuevas y viejas rutas

Comunicará esta página con el viaje de nunca acabar

 

 

 

 

Como en aquella fábula

 

Como en aquella fábula de Poe, hay un hombre

sentado en una roca, y el diablo no aparece.

Junto al Mozomboa que serpentea como si fuese

el tiempo y fluye entre platanares y cañas libres de cultivo,

hay un hombre sentado en una roca.

El agua calla cuanto sabe su mirada y lo guarda en su propia hondura.

Los arbustos ni reflexionan acerca de la eternidad

ni hablan otro lenguaje que no sea el de los anfibios.

No viene un solo rayo a iluminar el rumoroso fluir

de la madrugada entre las ondas del Mozomboa.

El hombre continúa sentado en esa roca,

acaso se pregunte que diantre sea el silencio

o la duda, o el caos, o acaso no se pregunte nada,

tal vez mire el futuro como el negro reverso de los montes,

tal vez algún sonido le trajo a la memoria

ciertas cosas abstractas, ciertos olvidos de otros años,

ciertas contradicciones.

Pero no hay un indicio de preocupación

en ese fragmento de paisaje demasiado tranquilo.

La sombra de alguien a punto de morir siente

estas imágenes como síntesis de sus días pasados

que, absortos, se difuminan  en la superficie

clarísima del Mozomboa,

no hay nada más complejo —en realidad no hay

nada complejo—, es sólo el callar de la contemplación.

El hombre desaparece de la roca, y un  pájaro

—el vacío— viene a posarse en ella en tanto mira los círculos

y los círculos y los círculos

al caer de un insecto sobre el agua.

 

 

 

 

La noche en la mirada de una sola mujer

 

Tal vez porque los días transcurren desiguales

     y una rama no copia a la otra,

tal vez,

ningún aliento se despereza en el jardín de la viuda,

ningún sonido ajeno al de las aves que ya de por sí rondan

     el almendro solitario.

 

Lo que otros dicen del placer hace zumbar los oídos

     de la viuda, serpentear como la ese del deseo por sus manos.

Su amante es el silencio de ciertas noches húmedas  de calor.

No hay nada que temer, es inocente a falsos

     testimonios  de dulceras hostiles

y vaqueros ansiosos por tocarla,

no romperá el candado de su fidelidad al más allá.

 

Entra un “norte” en el pueblo y la gente se persigna,

el ventarrón golpea ventanas, puertas,

      corazones mudos de soledad,

invade los dominios de la calma en un afán por  

     transformarlo  todo.

“Es el muerto –dicen– que viene a proteger a la viuda”

 

Ni gorrión usurpador de horizontes,

ni chuparrosas compañero de las miradas vacías,

ni muchacho buscador de vírgenes a la sombra de los

     guásamos en el campo.

Es el deseo.

La fiebre humedece el pubis de la viuda, se asoma

     al jardín y luego reza padresnuestros,

avesmarías con las manos abrasadas.

El ventarrón se cuela por la ventana abierta, desordena

     sus sentidos,

pero también se marcha.

 

Tal vez porque no hay fuego sin orillas, ni gemir sin eco

     en una habitación oscura,

el silencio hará crecer un musgo todavía primaveral

     en la entrepierna de la viuda.

 

 

 

 

Prosa de los infieles difuntos

 

 

I

 

Amargo es el silencio en la víspera del moribundo. Una sonrisa obscena le recorre la cara como ondular de cascabeles furiosas. La mujer,  con su rosario de sudores, mira sorprendida en la cabecera de la cama un aletear de sombras, sospecha  una nube de cuervos merodeando la finca. La madrugada será por siempre roja, abismo de la sangre y las mentiras del nuevo muerto. Del guásamo gotean semilleros de instantes, hileras de serpientes en dirección al pueblo. Lo que antes fuera deseo es ahora ceniza de la muerte. Las concubinas del señor jamás volverán a reír. Cierra la ventana para evitar que el viento empuje hacia la flama del quinqué a los demonios de la soledad. En la mañana próxima, sus rencores serán abono del olvido, silbarán cualquier canción por la memoria de su hombre.

  

 

2

 

Pasa un cortejo fúnebre, un silencionocturno a las tres de la tarde. Desde su ventana, la mirada de Silvia atisba secretamente como un gajo del más frío verano. Otras fueron sus canciones, no el crujir de espuelas en el pedrerío de las calles, no los saxofones traídos de Mediasaguas para entonar himnos amargos.

Atrás quedó la bulla de sus regresos en el lomo salvaje de los amaneceres, su griterío de tordo en cuyos vuelos perdía castidad la tarde, el fermento de caña que se embriagaba en su boca, los infinitos pubis que olió al amparo de cielos cómplices cuando la gente se rendía a los designios de la noche. Atrás quedó el río sediento de sus venas. Silvia se persigna y pide por el resplandor de su alma de veinte años en el futuro cantil de la más oscura oscuridad lejos de sus querellas.

  

 

3

 

No pierdas, Galo, tus horas fugitivas del infierno en convites de café y tabaco, en medio de hombres que amarillea el otoño –sus voces enmohecen a causa de escorpiones en los sueños–. Las barajas te predicen la gloria de los muertos vivos, tuyo es el aire tormental que viene del sur, los vastos territorios de la noche y el último aliento de vida en los moribundos. Busca mejor los sacrosantos reinos de las tentaciones, los lupanares donde el vino fluya igual que arroyos junto a las aldeas temporales de viajeros venidos de otros mundos, las casas luminosas donde mujeres rojas de placer asedian al caballo azabache de tu entrepierna. Tus horas –moneda cara a Satanás– no pueden malemplearse. No eres el único asesino proveedor de cementerios perfumados con pachulín y rumores santos, aunque eres heraldo del silencio, buscador de incrédulos con el signo de la calavera en sus miradas. Ya zumba tu impaciencia, ya espolea el destino tu cuerpo duro como la piel de sementales. Bésalas, siente sus lenguas domesticar tu pecho, penetra sus balcones de doncellez postiza, ámalas como en la última ceremonia del deseo. Mañana, Galo, tu sangre visitará los abismos del infinito.

 

 

 

DE: LA CONFUSIÓN DE LAS AVISPAS  (CONACULTA / TIERRA ADENTRO 1997)

 

 

 

Un embotellamiento de trenes

 

Supongamos que el día se embotella de trenes

Las líneas ferroviarias confunden el camino

El camino confunde a las culebras

y las culebras nos muerden

 

Supongamos el descuido de dos cuerpos

que se funden sin querer como dos sombras que se

muerden al doblar la esquina     como

el que desconfía de las manos     como cuando nos hieren

las palabras al acudir a ellas para salvamento

y nos traicionan

 

Fugaz el viaje     no el camino

Al final guardamos los cadáveres     las ponzoñas

Las mordeduras en la camisa     entonces inventamos el pasado

Y mejor aún: inventamos el presente

Un antídoto: un veneno para otro

 

Ahora saco al tren de la botella

Queda el vino que humedece al día

 

Con esta mordedura de serpiente     si me corto

el pie contaminado

Dónde podrá la confusión tender su nido

Dónde podrá el humo establecerse cuando no es en el aire

 

 

 

Un río cualquiera

 

Sentado en equis tarde

a la orilla del río Champotón

Dudaba al escribir este poema

Decir que se trataba del Mar Negro o de cualquier otro

De cierto era el río Champotón

(un río que es todos los ríos las aguas y el desierto)

Arrojé a la corriente un huevo de gallina

El huevo abrió al caer

Yo dudaba acerca de la belleza:

Mostrar el lado perfecto o el imperfecto de los cuerpos

Dudaba en mostrar la cara o cruz de la moneda

Decidí mostrar los dos lados al mismo tiempo

Comprendí que no hay “el mismo tiempo”

Que la belleza continúa siendo imposible

 

 

 

La casa de los espejos

 

No estás seguro de la realidad que esconde aquel parque

De su gente y el ruido que les bulle en el vientre

No estás seguro     las palabras clausuran calles     ventanas

 

Te gustaría que esto adquiriese la importancia de una muerte

        que no se puede reciclar

Descubres que

este mundo     esta gente     esta hoja     estas palabras

son mundo gente hojas palabras por el mundo la gente las hojas

las palabras

El espejo (y) su costumbre de falsificar cuerpos protege el intento

de salvar a la tormenta del relámpago     de reproducir

       una posible certidumbre en nuestras manos

 

 

 

 

Charcos de mediodía

 

En la fugacidad del charco al mediodía     el zopilote

confunde su reflejo con el reflejo del sol

Demasiada luminosidad para sus ojos de sombra

Demasiado reflejo para sus pupilas de moneda sucia

Demasiada fugacidad para el sol

 

Mañana sólo habrá una porción de tierra cuarteada

Una partícula con olor a zopilote y confusión de insectos

Todo se perderá

 

Cuando pasemos por allí

ni las suelas de los zapatos recordará haber pasado

con nosotros encima

 

 

 

 

Datos vitales

 José Landa (Campeche, México 1976), autor de 12 libros publicados en México, Centro y Sudamérica, España y Canadá, donde ha obtenido numerosos premios como el José Gorostiza (Tabasco 1994), Hispanoamericano de Quetzaltenango (Guatemala 2007), el Internacional Ciudad de Lepe (Huelva, España 2009), el Nacional de Poesía Universidad de San Luis Potosí, México 2009, así como finalista en el Premio Tardor (Fundación Dávalos Fletcher/Amics de la Natura, Castellón, España 2010) y el accésit del Premio Luys Santamarina-Cd. de Cieza (Ayto. de Cieza/Universidad de Murcia/Editorial Vitruvio, España). Fue becario del FONCA 2004-2005. Algunos de sus libros son: Tronco abierto (FECA, Campeche, 1993), La confusión de las avispas (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 1997), Dicho está (Ed. Mantis, Guadalajara, México 2008), Placeres como ríos (Inst.de Cultura de Sinaloa, Culiacán 2009) y Navegar es un pájaro de bruma (Ed. Ecrits Des Forges, Québec 2010) y Sonidos como cascos de un galopar (Selo Sebastiao Grifo / Mantis, Sao Paulo 2010) –en proceso–. Entre las antologías que lo incluyen está El manantial latente (Conaculta, México 2002), Anuario de poesía (Fondo de Cultura Económica, México 2005), Ojos que sí ven –poesía visual– (Ed. Corona del Sur, Málaga, España 2010), Festival de Narració Oral d’Altea  –edición bilingüe valenciano-español– (Ed. Encontes, Alicante, España 2010), entre otras

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Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 1, semana 34, agosto, 2010 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.

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  1. Excelente.

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