Foja de Poesía No. 234: José Landa
Escrito por: Círculo de poesía | 24 de August del 2010 | Categoría: Fojas de Poesía, Portada, Portada 1 | 1 Comentario »Presentamos en seguida una muestra del trabajo de José Landa (Campeche, México 1976). Es autor de 12 libros de poesía. Ha obtenido premios como el José Gorostiza (Tabasco 1994), Hispanoamericano de Quetzaltenango (Guatemala 2007), el Internacional Ciudad de Lepe (Huelva, España 2009), el Nacional de Poesía Universidad de San Luis Potosí, México 2009.
DE: PLACERES COMO RÍOS (Instituto de Cultura de Sinaloa, Culiacán 2009)
Pueblo de Santiago, Xochimilco
Ni un minuto de calma te obsequió tu silencio
Sobre la habitación de tus secretos llueve la noche
Te ignora la ciudad y callas
Junto a tu casa viaja un río de agua sucia una cascada
lo alimenta
El río –fotografía de su tiempo– no se detiene a
escuchar gemidos
Arrastra en su cauce todo lo que mira así tu imagen
Su olor es el de los cuerpos en multitud su sonido el
de las conversaciones
¿Qué dice el río cuando no se le escucha?
Tus coterráneos ignoran el silencio y te enoja
Compartes la sensación de los edificios en ruina sus
piedras son las de algún hombre que en medio del
anochecer atraviesa un puente observa de reojo
a las cafeterías y sus artistas aburridos las
calles las tiendas
Ese hombre sabe que algún día enmudecerán los pájaros
Y esto no es ninguna predicción es un decir un
inventar cualquier palabra
Interesa tu cuerpo tu sombra tus mentiras
y traiciones
No el que mañana te quieran salvar o prometer un
paraíso o un retorno a la tierra
Tu ciudad importa con sus ríos de agua sucia que se van
sin volver su gente de rumores avispados su
corazón agridulce su corazón oscuro su bilis
–alimento de fanáticos–
Importan los cuerpos que se aprietan entre sí como
esponjas como cáscaras
La ropa que enmohece eso importa
La guarida a la que vuelves después de caminar hacia
cualquier sitio el silencio que te libra de todo
La oscuridad –tu cómplice– y las ganas de arrojar
esta piedra al río
Reino de la humedad
De tus peores enemigos: la humedad –hipócrita lectora de nuestras inscripciones privadas–
Su aparente inocencia le permite acceder a pensamientos Planes de traición Deseos
Todo lo inaccesible se abre a su paso Hasta el futuro cede a sus caprichos de salomeica ramera capaz de cortar nuestras cabezas
En un principio fue la humedad No los dioses de las distintas mitologías Ni el amor –como pretenden los ancianos poetas–
Es la mejor aliada del tiempo Por ella sabemos de la destrucción y la vejez Se multiplica a la velocidad de la luz pero con la ventaja de ser imperceptible No hay ojos capaces de mirar cuando empieza a invadir las regiones más secretas del mundo Recorre con discreción de víbora las casas y sus moradores Invade con sigilo dormitorios Baños Vestimentas Muebles Todo lo corruptible y perecedero
Vuelve a las piedras valles de musgo Al musgo países de la desolación
Hay que temerle a la humedad Con ella da comienzo todo y en ella desemboca
Estas palabras son arroyos de saliva que humedecen la página La página mira tus pupilas
Gatos
1
Pare la madrugada un río de niebla que empieza a reclamar sitios vacíos en la ciudad Azoteas Callejones húmedos de orín Alcantarillas Entonces los gatos se asedian se lastiman deseosos aman la veloz lentitud de la oscuridad se penetran con la ansiedad de un fanático en la última noche del tiempo Son los seres predilectos del insomnio y la eternidad Sus ojos son dominio de la muerte Osiris grabó en ellos el secreto de la resurrección les heredó el poder de la inocencia y la perversidad –caras de una sola moneda– Al amparo de la niebla, del hedor de rincones y muros carcomidos por el frío de los peores barrios esperan a que las almas de los citadinos se desprendan de sus cuerpos como volutas de humo para alimentar con ellas a sus críos
2
El gato es enemigo del tiempo y de las brujas de vecindad Camina en la orilla de las zoteas como sobre una rama del árbol donde ahorcan al asesino de una reina como en la cuerda floja de un trapecista descendiente de Apolo y la Sibila Total que se burla de quienes creen en la infinitud de sus vidas y en su pacto con el diablo Su maullido es un reto al silencio nocturno y el alma de Novalis A medianoche puede infartar a una prostituta vieja y hacer que broten alacranes de los ojos de su hombre
Durante la madrugada los peatones deben andar con mucha precaución una gato es capaz de suicidarse –dicen– con tal de perpetuar sus mitos familiares
Bosque de Chapultepec
Desnudos corren por tus veredas los años “Es sólo
por sport” –dicen– “no hay que perder
la práctica pulimos el ingenio como pidió
Cervantes”
“Mientras los santos poetas realizan ejercicios retóricos
nosotros ejercitamos el placer
de ambular a él nos dedicamos”
“No existe felicidad para el hombre que no viaja”
Así dice el Aitareya Bráhmana eso creen los años
que obscenos atraviesan con infernal carrera
tus nubes de neblina oscureciéndolo todo
Pubis de la ciudad es tu verdura triste de esa mujer
cuyo cuerpo hoy se cubre de moho y de ceniza
Los mexicanos muertos vieron chapulines invadir
tu silencio
Los mexicanos vivos caminan sobre tu piel
de chapulines muertos
Cuando alguien menciona la doble vida que llevas
se escucha un gemido entre los árboles
donde horas antes niños y vendedores pululaban:
muchachos sedientos comparten sus orgasmos
Durante la madrugada un poeta bucólico imaginó
luciérnagas como soles en tu verde constelación:
sólo cigarros encendidos de paseantes insomnes
Mírate en el espejo roto donde hoy por la mañana
remaban algunas parejas sólo te queda el eco
de sus risas y la humedad de sus besos
Mírate parodia de ti mismo: en tu cara los instantes
crecieron el tiempo llenó de saliva tu piel
Toses cada vez más –viejo pulmón que amarillea–
Ya eres sólo memoria testigo de héroes suicidas
Quédate como estás mira cómo entre familias felices
que te muerden el vientre corren los años
Pídeles –si aún te queda voz– que se olviden
de ti que te dejen morir tranquilo y en silencio
El viejo Pasolini medita un poco antes de quemar su pasado
Hojear Ojear una tras otra las páginas de un álbum
fotográfico y encontrarse cansado de mirar siempre
al infinito desde el infinito de la fotografía
Encontrarse repetido una y otra vez con los ojos de siempre
El susto en la cara y el corazón quemado por el flash
Mirarse –y no ver más allá de lo que nos permite el silencio
de la respiración– idéntico a gestos que no salieron
del rostro de uno mismo Gestos desconocidos
que a fuerza de memoria se han hecho cotidianos
Entonces Cansados de mirarnos Tratar de reconocer
nuevas miradas Nueva gente en medio de la intriga
Parpadear y no ver más que rostros de otros rostros
Notar que aquellas sombras aquellas pieles y
memorias que deseábamos hallar no se encuentran
Así pasamos hoja por hoja Las exploramos
como si recorriéramos cada arruga del cuerpo
Entonces avanzamos cada trozo de piel cada trozo
de nada Sin hallarnos
Así nos recorremos Caminamos cuanto nos permite
el tiempo Cuanto las ganas de mirarnos y de no
mirarnos Cuanto los ojos y el dueño de los ojos resista
Matusalén de visita
Ni un segundo de estos 3600 por 24 reservados a ti va a dejar
su lengüetazo en tu espalda
Si aúllas y rascas la vacuidad de tus pellejos Lo insípido
de tu sudor No es porque ignores los beneficios
de cada día acumulado en una piel diferente a la tuya
Gritas y te retuerces porque no ignoras Es a ti a quien
los acontecimientos ignoran y no guardan para tu sueño
el placer de inventar el paso anterior
Cada anhelo ilusorio que te nace es incomprensible para
cualquiera Ajeno a los relojes y el tacto
En tu agenda no figuran las semanas de trabajo ni de ocio
Nunca sabrás lo que significa olvidar Memorizar
un golpe o un saludo
Prisionero de lo inmóvil eres tu amante El tedio de la
felicidad La ironía de la sangre
Que bueno Matusalén Que sólo perteneces a la ficción
de los principios que no imaginaron el instante de hoy
Antesala de cinema
En silencio la mirada recorre pasillos y paredes
cubiertas con pendones promocionales de historias
que tal vez nunca llegará a conocer reposa
en la antesala principal de un moderno cinema
que llegó para sepultar a los viejos cines los viejos
caserones del centro histórico de la bahía
donde otrora los ojos descendientes de familias
tradicionales que fundaron la ciudad mataban
–muy a su modo– el tiempo
y satisfacían su voyeurismo al margen de toda costumbre
religiosa daban de beber a ese deseo cuyo tacto
es satisfecho nada más con la mirada esa mirada
que se atraganta en el río prohibido
de las imágenes desnudas y aún así desnudaban más
la desnudez de lo que palpan
Estos pasillos se vuelven cómplices de los pendones
de lona de los grandes pósteres disfrutan
el toqueteo de los ojos a distancia son
una prolongación de aquellos cuerpos
en la pantalla que desnudos o cubiertos
dicen “ven” y allá va presta la mirada
desde lo más hondo de su infierno personal
Del suplicio a ciegas queriendo ser vidente
a partir de la impresión de un instante cualquiera
Robado a las ficciones que vuelven feliz
a quien las mira por la ilusión de pertenecer
a una realidad paralela a este mundo que a todos cansa
Los pasillos interiores del cinema se parecen tanto
a los pasillos interiores de la mirada
que se vuelven concubinos ignoran por capricho
los muros exteriores las voces que afuera
se desgarran entre sí hartas de la lógica
y las recetas de cocina de los planos arquitectónicos
y las fórmulas prefieren los brebajes inexactos
La alquimia entre miradas e imágenes
en un laboratorio improvisado
A distancia la ciudad con su bullicio anónimo su
nostalgia por otras aguas de río que no permanecieron
A la vuelta de cada pasillo puertas y más puertas salas
de cinema donde seres perfectos usan perfumes
de países exóticos alimentos que no se pudren
con el tiempo
Adentro los días y los años detenidos la eterna
juventud que ociosos alquimistas
jamás imaginaron memorial de mentiras
que en esta antesala de cinema ponen a funcionar
los engranes de la mirada importando poco
si esta ciudad portuaria se extravía en su navegar
de abstractas realidades
Negro
La oscuridad es todo lo que queda: viajero
Como un gato negro nos mira la página es un
espejo un demonio que aterra a Quetzalcóatl
Caminamos una ciudad a oscuras sin mujeres de
neón sin automóviles
Los edificios son invención de una tierra desierta que
teme a su desierto
Recorres un camino anónimo –fábula de tus pasos–
Miras este mundo en tinieblas y tus sentidos
lo empiezan a poblar
Muerdes el silencio como un cuervo tu silencio
sólo es real en tus oídos
Con el cuerpo habitas la oscuridad imaginas galaxias
Calles parques
En desorden bautizas a las cosas ¿qué es una cosa?
–preguntas– y la pregunta escribe la palabra cosa
Son tuyas estas palabras este espacio este abismo y
caes en él –habitante de tu propia ciudad–
No hay más allá en esta negrura: países
mares continentes bares discotecas
marihuana
Tu mirada se inventa otra mirada el poeta se inventa
otro poeta
Descubrir el sentido en estas calles es descubrir otro
hilo negro
No hay origen no hay fin sólo negrura ponle tú
voz a esto que hoy escuchas tal vez Francisco
André o no les pongas nada
Finalmente viajero de estas regiones la oscuridad
es todo lo que queda
DE: NAVEGAR ES UN PÁJARO DE BRUMA (1ª Ed. Mantis, Guadalajara, México 2008; 2ª Ed. (bilingüe) Ecrits Des Forges, Québec, Canadá 2010.
Las naves
Las naves que no fueron las que nunca han sido otra cosa
que traficantes de fierezas
Buscan un sitio en la memoria de hombres pobladores de
los muelles
Sus esqueletos quedan ahora como cascos habitación del
óxido después de una batalla
Vencedores de una pelea víctimas de la hecatombe del
invencible tiempo
Sangran la sangre es un río sin desembocadura el grito
es una espina muda en la ingle
De aquellas naves ninguna dura las arenas hablan de
capitanes y marineros que nadie conoce
Los libros cuentan de ladrones asesinos escoria de otros
siglos blanco del odio y la indiferencia de estos días
Ya el salitre recorre antiguos nombres apellidos que son
moneda corriente en las calles
Ya el olvido recobra lo que le pertenece incluso la huella
que alguna vez dejaron esas naves en la brisa
para alabanza y gloria de sus héroes
Han pasado los años sólo queda de las hazañas de fieros
navegantes
estas palabras que nada cuentan de ellos ni los alaban
Y esta obsesión de pensar que existieron
El puente
El Puente de los perros se extiende al infinito
Su nombre puede ser una contradicción
Las personas sedentarias piensan que –como ellos– los
perros no viajan no huyen de la ciudad
Mas el viajero –el nómada el inconforme– tiene
–dicen– patas de perro
El perro y el caminante son lo mismo: al estar en un sitio
recorren otro
El Puente de los perros conecta la bahía con el Atlántico
Maqroll rayó en él sus iniciales con grafito
Caronte lo eligió para cruzar el agua sin mojarse cuando
estuviera solo
Y por ahí llegan los visitantes de tierras extrañas
Algún día caerá el Puente de los perros
Cuando esto ocurra todas las ciudades se hundirán en sí
mismas
La historia del Nautilus se repetirá Babel será
nuevamente dios y demonio
El campo y la ciudad serán mundos perdidos y estas
palabras ya no serán más
Pero hasta entonces el Puente de los perros indicará
nuevas y viejas rutas
Comunicará esta página con el viaje de nunca acabar
Como en aquella fábula
Como en aquella fábula de Poe, hay un hombre
sentado en una roca, y el diablo no aparece.
Junto al Mozomboa que serpentea como si fuese
el tiempo y fluye entre platanares y cañas libres de cultivo,
hay un hombre sentado en una roca.
El agua calla cuanto sabe su mirada y lo guarda en su propia hondura.
Los arbustos ni reflexionan acerca de la eternidad
ni hablan otro lenguaje que no sea el de los anfibios.
No viene un solo rayo a iluminar el rumoroso fluir
de la madrugada entre las ondas del Mozomboa.
El hombre continúa sentado en esa roca,
acaso se pregunte que diantre sea el silencio
o la duda, o el caos, o acaso no se pregunte nada,
tal vez mire el futuro como el negro reverso de los montes,
tal vez algún sonido le trajo a la memoria
ciertas cosas abstractas, ciertos olvidos de otros años,
ciertas contradicciones.
Pero no hay un indicio de preocupación
en ese fragmento de paisaje demasiado tranquilo.
La sombra de alguien a punto de morir siente
estas imágenes como síntesis de sus días pasados
que, absortos, se difuminan en la superficie
clarísima del Mozomboa,
no hay nada más complejo —en realidad no hay
nada complejo—, es sólo el callar de la contemplación.
El hombre desaparece de la roca, y un pájaro
—el vacío— viene a posarse en ella en tanto mira los círculos
y los círculos y los círculos
al caer de un insecto sobre el agua.
La noche en la mirada de una sola mujer
Tal vez porque los días transcurren desiguales
y una rama no copia a la otra,
tal vez,
ningún aliento se despereza en el jardín de la viuda,
ningún sonido ajeno al de las aves que ya de por sí rondan
el almendro solitario.
Lo que otros dicen del placer hace zumbar los oídos
de la viuda, serpentear como la ese del deseo por sus manos.
Su amante es el silencio de ciertas noches húmedas de calor.
No hay nada que temer, es inocente a falsos
testimonios de dulceras hostiles
y vaqueros ansiosos por tocarla,
no romperá el candado de su fidelidad al más allá.
Entra un “norte” en el pueblo y la gente se persigna,
el ventarrón golpea ventanas, puertas,
corazones mudos de soledad,
invade los dominios de la calma en un afán por
transformarlo todo.
“Es el muerto –dicen– que viene a proteger a la viuda”
Ni gorrión usurpador de horizontes,
ni chuparrosas compañero de las miradas vacías,
ni muchacho buscador de vírgenes a la sombra de los
guásamos en el campo.
Es el deseo.
La fiebre humedece el pubis de la viuda, se asoma
al jardín y luego reza padresnuestros,
avesmarías con las manos abrasadas.
El ventarrón se cuela por la ventana abierta, desordena
sus sentidos,
pero también se marcha.
Tal vez porque no hay fuego sin orillas, ni gemir sin eco
en una habitación oscura,
el silencio hará crecer un musgo todavía primaveral
en la entrepierna de la viuda.
Prosa de los infieles difuntos
I
Amargo es el silencio en la víspera del moribundo. Una sonrisa obscena le recorre la cara como ondular de cascabeles furiosas. La mujer, con su rosario de sudores, mira sorprendida en la cabecera de la cama un aletear de sombras, sospecha una nube de cuervos merodeando la finca. La madrugada será por siempre roja, abismo de la sangre y las mentiras del nuevo muerto. Del guásamo gotean semilleros de instantes, hileras de serpientes en dirección al pueblo. Lo que antes fuera deseo es ahora ceniza de la muerte. Las concubinas del señor jamás volverán a reír. Cierra la ventana para evitar que el viento empuje hacia la flama del quinqué a los demonios de la soledad. En la mañana próxima, sus rencores serán abono del olvido, silbarán cualquier canción por la memoria de su hombre.
2
Pasa un cortejo fúnebre, un silencionocturno a las tres de la tarde. Desde su ventana, la mirada de Silvia atisba secretamente como un gajo del más frío verano. Otras fueron sus canciones, no el crujir de espuelas en el pedrerío de las calles, no los saxofones traídos de Mediasaguas para entonar himnos amargos.
Atrás quedó la bulla de sus regresos en el lomo salvaje de los amaneceres, su griterío de tordo en cuyos vuelos perdía castidad la tarde, el fermento de caña que se embriagaba en su boca, los infinitos pubis que olió al amparo de cielos cómplices cuando la gente se rendía a los designios de la noche. Atrás quedó el río sediento de sus venas. Silvia se persigna y pide por el resplandor de su alma de veinte años en el futuro cantil de la más oscura oscuridad lejos de sus querellas.
3
No pierdas, Galo, tus horas fugitivas del infierno en convites de café y tabaco, en medio de hombres que amarillea el otoño –sus voces enmohecen a causa de escorpiones en los sueños–. Las barajas te predicen la gloria de los muertos vivos, tuyo es el aire tormental que viene del sur, los vastos territorios de la noche y el último aliento de vida en los moribundos. Busca mejor los sacrosantos reinos de las tentaciones, los lupanares donde el vino fluya igual que arroyos junto a las aldeas temporales de viajeros venidos de otros mundos, las casas luminosas donde mujeres rojas de placer asedian al caballo azabache de tu entrepierna. Tus horas –moneda cara a Satanás– no pueden malemplearse. No eres el único asesino proveedor de cementerios perfumados con pachulín y rumores santos, aunque eres heraldo del silencio, buscador de incrédulos con el signo de la calavera en sus miradas. Ya zumba tu impaciencia, ya espolea el destino tu cuerpo duro como la piel de sementales. Bésalas, siente sus lenguas domesticar tu pecho, penetra sus balcones de doncellez postiza, ámalas como en la última ceremonia del deseo. Mañana, Galo, tu sangre visitará los abismos del infinito.
DE: LA CONFUSIÓN DE LAS AVISPAS (CONACULTA / TIERRA ADENTRO 1997)
Un embotellamiento de trenes
Supongamos que el día se embotella de trenes
Las líneas ferroviarias confunden el camino
El camino confunde a las culebras
y las culebras nos muerden
Supongamos el descuido de dos cuerpos
que se funden sin querer como dos sombras que se
muerden al doblar la esquina como
el que desconfía de las manos como cuando nos hieren
las palabras al acudir a ellas para salvamento
y nos traicionan
Fugaz el viaje no el camino
Al final guardamos los cadáveres las ponzoñas
Las mordeduras en la camisa entonces inventamos el pasado
Y mejor aún: inventamos el presente
Un antídoto: un veneno para otro
Ahora saco al tren de la botella
Queda el vino que humedece al día
Con esta mordedura de serpiente si me corto
el pie contaminado
Dónde podrá la confusión tender su nido
Dónde podrá el humo establecerse cuando no es en el aire
Un río cualquiera
Sentado en equis tarde
a la orilla del río Champotón
Dudaba al escribir este poema
Decir que se trataba del Mar Negro o de cualquier otro
De cierto era el río Champotón
(un río que es todos los ríos las aguas y el desierto)
Arrojé a la corriente un huevo de gallina
El huevo abrió al caer
Yo dudaba acerca de la belleza:
Mostrar el lado perfecto o el imperfecto de los cuerpos
Dudaba en mostrar la cara o cruz de la moneda
Decidí mostrar los dos lados al mismo tiempo
Comprendí que no hay “el mismo tiempo”
Que la belleza continúa siendo imposible
La casa de los espejos
No estás seguro de la realidad que esconde aquel parque
De su gente y el ruido que les bulle en el vientre
No estás seguro las palabras clausuran calles ventanas
Te gustaría que esto adquiriese la importancia de una muerte
que no se puede reciclar
Descubres que
este mundo esta gente esta hoja estas palabras
son mundo gente hojas palabras por el mundo la gente las hojas
las palabras
El espejo (y) su costumbre de falsificar cuerpos protege el intento
de salvar a la tormenta del relámpago de reproducir
una posible certidumbre en nuestras manos
Charcos de mediodía
En la fugacidad del charco al mediodía el zopilote
confunde su reflejo con el reflejo del sol
Demasiada luminosidad para sus ojos de sombra
Demasiado reflejo para sus pupilas de moneda sucia
Demasiada fugacidad para el sol
Mañana sólo habrá una porción de tierra cuarteada
Una partícula con olor a zopilote y confusión de insectos
Todo se perderá
Cuando pasemos por allí
ni las suelas de los zapatos recordará haber pasado
con nosotros encima
Datos vitales
José Landa (Campeche, México 1976), autor de 12 libros publicados en México, Centro y Sudamérica, España y Canadá, donde ha obtenido numerosos premios como el José Gorostiza (Tabasco 1994), Hispanoamericano de Quetzaltenango (Guatemala 2007), el Internacional Ciudad de Lepe (Huelva, España 2009), el Nacional de Poesía Universidad de San Luis Potosí, México 2009, así como finalista en el Premio Tardor (Fundación Dávalos Fletcher/Amics de la Natura, Castellón, España 2010) y el accésit del Premio Luys Santamarina-Cd. de Cieza (Ayto. de Cieza/Universidad de Murcia/Editorial Vitruvio, España). Fue becario del FONCA 2004-2005. Algunos de sus libros son: Tronco abierto (FECA, Campeche, 1993), La confusión de las avispas (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 1997), Dicho está (Ed. Mantis, Guadalajara, México 2008), Placeres como ríos (Inst.de Cultura de Sinaloa, Culiacán 2009) y Navegar es un pájaro de bruma (Ed. Ecrits Des Forges, Québec 2010) y Sonidos como cascos de un galopar (Selo Sebastiao Grifo / Mantis, Sao Paulo 2010) –en proceso–. Entre las antologías que lo incluyen está El manantial latente (Conaculta, México 2002), Anuario de poesía (Fondo de Cultura Económica, México 2005), Ojos que sí ven –poesía visual– (Ed. Corona del Sur, Málaga, España 2010), Festival de Narració Oral d’Altea –edición bilingüe valenciano-español– (Ed. Encontes, Alicante, España 2010), entre otras

Aviso: Los comentarios son responsabilidad de sus autores.
No necesariamente representan la opinión del Círculo de Poesía.
Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 1, semana 34, agosto, 2010 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.



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