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Año 3 / semana 06 / febrero / 2012
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Pasión animal, ensayo de Rafael Toriz

Rafael Toriz II

Rafael Toriz (Jalapa, 1983), autor de los libros “Metaficciones” y “Animalia”, nos ofrece un muy buen texto respecto a la escritura sobre animales. Dice Toriz, becario del FONCA, la Fundación para las Letras Mexicanas y ganador del Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes, que “Escribir sobre los animales, sin dejar de ser uno de ellos, es uno de las enigmas más estimulantes y conflictivos de la existencia”.

 

 

PASIÓN ANIMAL

 

Para Aki Itami, mono que vino del agua

La naturaleza es tan difusa, tan sutil, tan intangible, tan infinita

Robert Walser

 

A semejanza de un lagarto silente entre piedras hirsutas –como el jaguar cuando acecha en la jungla de la noche– la escritura repta sobre la página con el sigilo que anima a las bestias carnívoras. La indeterminación angustiosa de ser presa y cazador a un tiempo (hasta perecer devorado o madrugar a la víctima) es la misma que alienta al roedor de las palabras: un mamífero escuálido a merced de la seducción de la cobra y la rapacidad del halcón, símbolos perfectos para describir el mortífero veneno de la pereza y los delirantes aleteos del lenguaje.

Escribir sobre los animales, sin dejar de ser uno de ellos, es uno de las enigmas más estimulantes y conflictivos de la existencia. Siendo los herederos de un simio que se animó a bajar de los árboles para caminar la tierra, resulta intrigante comprobar que la capacidad de leer estas palabras se avenga con el lugar privilegiado que ocupamos en la cadena alimenticia: somos, por excelencia, el predador de predadores.

En cierto sentido el hecho de ser humano, es decir, un animal que habla, no es otra cosa que la sublimación de una fábula. La diferencia radica en que nuestros actos, a diferencia de los personajes de Esopo, suelen ilustrar terribles e intrincadas moralejas, que revelan una animalidad compleja y asesina, humana y esplendorosa.

El desconcierto, sin embargo, debiera ser minúsculo. Nuestras manos, después a todo, aún conservan la memoria de los tiempos en que fueron garras.

 

 

Un reino fantástico

La historia de la vida es una cadena asombrosa de accidentes que sólo puede entenderse en el orden de lo alucinante o, si se prefiere, de lo real maravilloso. Pensar que hace algunas eras fueron los Grandes Reptiles quienes se paseaban orondos por el mundo es una experiencia sobrecogedora que, al menos personalmente, me hace sentir dichoso por saber que vivo en un planeta que antes contuvo dinosaurios, esos gigantes terribles –ahora sólo polvo, huellas y huesos dispersados por el viento– que nos recuerdan, como tan bien entreviera Stephen Jay Gould, que la vida es un salto impredecible que oscila entre el azar y el equilibrio.

Ante tal espectáculo resulta de lo más natural que nuestra especie, desde sus inicios, se haya visto fascinada por los seres con los que comparte el territorio. Desde las cuevas de Altamira y Lascaux, pasando por los bellísimos y extraordinarios bestiarios medievales –entre los que destacan el Physiologus, las historias naturales de Plinio, Claudio Eliano, Isidoro, Gessner, Johnston y Aldovandri– hasta los zoológicos y las programaciones del Discovery Channel, Animal Planet o la obra pictórica de Waldon Ford, nuestra relación con los animales ha pasado de la seducción a la estupefacción y de la identificación a la sorpresa. En los animales vemos un espejo de lo que somos, una fuente de alimento y, en ocasiones, la proyección de una esperanza, como demuestran los puntillosos estudios de sociobiología realizados con hormigas por el entomólogo E. O. Wilson. Los animales son la certeza de que la variedad del mundo es hermosa e insospechada, y que dicha diferencia es una riqueza de la que podemos nutrirnos en todos los aspectos.

La literatura, por ejemplo, ha hecho de los animales uno de sus leit motiv para ensanchar toda suerte de misterios. La obra de un autor como Spencer Holst ha demostrado que las bestias pueden ser también agentes de crueldad y ensoñaciones filosóficas geniales, en el orden de un absurdo lógico que nos provee la certeza de habitar una realidad extravagante. Uno de sus libros más entrañables, The language of the Cats, fue vertido a nuestra lengua por Ediciones La Flor, discreta editorial bonaerense abocada a publicar maravillas.

Otros autores, que van desde Kafka hasta Borges y de Highsmith a Arreola, han visto en las bestias una cantera inagotable para la representación fantástica de la imaginación, dotándolas de atributos sobre naturales que proyectan, como en las leyendas populares, las potencias arquetípicas del inconsciente. No otra cosa puebla la vasta y rica tradición de las narrativas orales, en las cuales los elementos de la naturaleza suelen desempeñar un papel fundamental en la cotidianidad de los individuos. Tal es el caso de los cuentos, adivinanzas y tradiciones de Veracruz, en donde la presencia de lagartos, cenzontles, mulas, cerdos, guajolotes, tlacuaches, monos y cacomixtles posee un atributo cuasi religioso, como sucede con los nahuales, que de acuerdo con distintas mitologías son el espíritu del animal que habrá de proteger al ahijado a su figura. De acuerdo con las historias que escuché en mi infancia, los nahuales son la piel que vestimos en las noches, cuando salimos de caza, por deseo de apareamiento o con la intención de realizar estropicios. La relación de los animales con la tierra, desde esta óptica, sólo puede resolverse en las palabras de George Bataille al decir que “la tierra al girar hace copular a los animales y al hombre y estos, a su vez, hacen girar a la tierra copulando”; una idea que, para nuestra sorpresa, no es sólo metafórica sino bastante literal.

En 1992 Midas Dekkers publicaría el polémico libro –exquisitamente titulado– Dearest Pet: On Bestiality, un estudio histórico sobre las relaciones sexuales entre humanos y animales, tema que implica dominios conflictivos en todos los campos de la experiencia.

Como era de esperarse la obra causó una aguda controversia que se vería agrandada por la reseña del filósofo utilitarista Peter Singer, reconocido pacifista y vegetariano que ha hecho suya la batalla por los derechos de los animales desde la publicación de su libro Liberación animal (1975). En su opinión, que le costó violentas críticas, la sexualidad es un campo de experimentación tan vasto como singular, de ahí que señale la investigación de Dekkers como una obra para pensar, de nuevo, los conflictivos límites humanos entre lo normal y lo patológico, el tabú y la necesidad.

De acuerdo con ellos en la historia de la humanidad el contacto sexual con burros, gallinas, ciervos, borregos, vacas, terneras, perros y otras especies ha sido tan continuo como negado, probablemente por la tradición judeocristiana que desde siempre concibió a  la sexualidad como un acto estrictamente reproductivo, postura que se vería reforzada por la lógica occidental de separar al ser humano de los animales.

Por desgracia este espacio es cada vez más breve y este tema abre un debate que, debo reconocer, ni en mis más torcidas especulaciones se me habría ocurrido tomar con seriedad (fuera de prácticas rurales, pornografía hardcore o exageraciones literarias). Todo lo que puedo decir ahora, aún aturdido por la argumentación de Singer, es que aprecio considerablemente su compromiso con la experiencia del pensar.

Con todo, lo único seguro es que los animales, ya sean concebidos como vasallos, amigos, fuente de inspiración o como amantes, poseen como nosotros una existencia que no comprenden, es decir, una vida que, como cualquier otra, está encaminada a su extinción.

 Probablemente ése sea el más preciado vínculo entre nosotros: saber, como Roberta Sparrow, que si “todas las criaturas de este mundo mueren solas” acaso podemos hacernos uno y el mismo en el instante solitario de la muerte.

Círculo de Poesía - Revista electrónica de literatura



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Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 1, semana 33, agosto, 2010 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.

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  1. [...] This post was mentioned on Twitter by SinLugar, Rafael Toriz. Rafael Toriz said: Escoge tu nahual (habita tu animal): http://bit.ly/9LZSQf [...]

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