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	<title>Círculo de Poesía</title>
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	<description>Revista electrónica de literatura. Lo mejor de la poesía en español desde México.</description>
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		<title>JORGE TEILLIER: UN ÁNGEL REBELDE</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 13:58:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Portada 3]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Véjar]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Teillier]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía chilena actual]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
El poeta y ensayista Francisco Véjar (1967) nos aproxima, a través de este ensayo, a la poesía de Jorge Teillier, un clásico de la poesía latinoamericana. Según Fernando Alegría, &#8220;su tono es anti-retórico, directo, seguro de la verdad poética que contiene, a veces vibrante con algo de luz del atardecer y de los ruidos del alba al mismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2009/11/Jorge-Teillier1.jpg"><img title="Jorge Teillier" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2009/11/Jorge-Teillier1.jpg" alt="Jorge Teillier" width="610" height="265" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">El poeta y ensayista Francisco Véjar (1967) nos aproxima, a través de este ensayo, a la poesía de Jorge Teillier, un clásico de la poesía latinoamericana. Según Fernando Alegría, &#8220;su tono es anti-retórico, directo, seguro de la verdad poética que contiene, a veces vibrante con algo de luz del atardecer y de los ruidos del alba al mismo tiempo.</p>
<p><span id="more-6057"></span></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;"><em>Entre un lord inglés y un boxeador contra las cuerdas</em> como dijera Jorge Boccanera, era Jorge Teillier (1935-1996). Nacido en Lautaro, el mismo día de la muerte de Carlos Gardel y fecha, además, en que los mapuches celebran el año nuevo. Su lugar de origen fue la Frontera, el pequeño Far West, le llamaba Pablo Neruda. Esa zona está  entre el Bío &#8211; Bío y el Toltén. Territorio poblado por colonos (Lautaro fue fundada en 1881). La vegetación virgen había sido desplazada por avellanos, pinos y eucaliptus. El tipo de construcción era europea. Se hablaba tanto en castellano como en francés, inglés y mapuche. &#8211; Un mundo que Teillier jamás olvidó. El universo poético al cual se adhirió siempre está transido de fantasmas, duendes, viejas cajas de música, estaciones de trenes y por supuesto, el sur real e imaginario que vivieron sus antepasados y cuyos sueños, ya muertos, lo acompañaban en el retorno a la provincia. ¿Influencias o afinidades? En algún momento: Mary Webb la novelista de Gales, vecina y folletinista de Dylan Thomas, Knut Hamsum, Selma Lagerloff y Francis Jammes. <em>Los tiempos cambian pero yo no cambio</em>, solía decir en otro lugar, cuyo nombre era <em>El</em> <em>Molino del Ingenio</em>, campo ubicado entre La Ligua y Cabildo  (IV Región de nuestro territorio).</p>
<p style="text-align: justify;">     Ahí se radicó, a lo menos en los últimos 10 años de su vida. En esos predios tenía una pequeña casa de madera que fuera de un molinero muerto. En su pieza rodeada de una enorme y selecta biblioteca, había puesto en los muros: postales, el equipo de fútbol de Polonia (con un autógrafo del entrenador), el equipo de Francia (sin autógrafo), unos dibujos a pastel hechos por su nieto y una foto de su abuelo francés. A veces estaba gran parte del día, en el escritorio leyendo a sus preferidos, Novalis y Holderlin, ambos románticos alemanes. Cuando estaba en <em>El Molino del Ingenio</em>, sus días se repartían entre los pueblos más cercanos. En una oportunidad, nos pusimos chaquetas de cuero y sombreros, y nos fuimos a recorrer  los bares de Cabildo. Le decía a la gente que yo era una persona rica y que había comprado unos terrenos y que iba a organizar unos tijerales a los que invitaríamos a todo el mundo. Entonces nos regalaban whiskyes. En la Ligua en cambio, el bar preferido era el de Don Rocha. Curioso lugar, habitado por espejos y vieja clientela. Sobre una de esas mesas de roble, Teillier escribió: &#8220;Estoy donde Don Rocha frente a un vaso de whisky. / Sí, nostalgias del Far West, nostalgia de rebaños y trigales infinitos, de lunas azules y de un tiempo sin tiempo&#8221;. Ese bar tuvo un fin bien curioso, lo que había sido el mostrador y las mesas donde los habitúes jugaban al cacho y bebían vino tinto, se transformó en un negocio de tejidos. Don Rocha al final de sus días nos atendía en el patio de su casa bajo un parrón. Así terminan las mujeres con los hombres, me dijo de manera sentenciosa.   </p>
<p style="text-align: justify;">     Al describir el campo, donde habitaba, nos dice: “Estoy viviendo frente a un molino y una higuera, como René Char, el último de los grandes surrealistas, el lugar se llama <em>El Molino del Ingenio</em> y fue fundado por Gonzalo de los Ríos, capitán de Pedro de Valdivia, abuelo de la Quintrala, nuestra Marquesa de Sade chilena, que fuera dueña en el siglo XVII de estos dominios, situados hoy día entre La Ligua y Cabildo. La Ligua es un pueblo que vive de los dulces y los tejidos. Existe la mayor cantidad de automóviles per cápita del país, y también la mayor cantidad proporcional de diabéticos. Sólo he encontrado a dos poetas en muchos años. Cabildo es un pueblo de mineros y prostíbulos, con mucho carácter, las carnicerías se llaman &#8220;El suspiro&#8221;, &#8220;El pequeñito&#8221; y &#8220;La caricia&#8221;. Estoy viviendo frente a un molino, en una casa de madera &#8211; como el molino &#8211; que es ahora propiedad del Ejército&#8221;. La casa de campo era silenciosa, conversábamos alrededor de dos grandes chimeneas hasta altas horas de la madrugada. Me leía ediciones hechas por él mismo. Recuerdo una en homenaje a René Char y a Elvis Presley, que según Teillier pertenecía como él a un &#8220;Club de corazones solitarios&#8221;. Recuerdo poemas inéditos que leía con voz catarrosa, interrumpido apenas, por el incesante ruido de una cascada. Lo recuerdo haciendo traducciones de Pink Floyd y observando ensimismado a su gato Pedro: “Sabio budista Zen / que mira la lluvia / porque sabe que la lluvia existe&#8221;. Creo que era una persona atípica en cualquier lugar del mundo. En el prólogo al libro <em>Muertes y maravillas</em>, sostiene: &#8220;no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre. De qué le vale escribir versos a tanto personaje resentido, encerrado en una oscuridad sin puerta de escape, que vemos deambular por el mundo literario&#8221;. Muchos de sus textos los escribía al reverso de sobres de cartas, en servilletas y hasta en carátulas de viejos discos. De un poema hacía a lo menos diez versiones distintas y las corregía hasta llegar a la definitiva. Generalmente leía en las largas horas de insomnio de la noche. Su memoria era asombrosa. Recuerdo cuando les hacía las tareas de historia a los alumnos de primaria, sentado en una de las mesas del restaurante “El Parrón” de La Ligua.</p>
<p style="text-align: justify;">     En la ciudad de Santiago frecuentaba el bar <em>La Unión Chica.</em> Durante años ese lugar se transformó en punto de encuentro de numerosos poetas que buscaban refugio al interior de sus puertas. Le gustaba <em>La Unión Chica</em>, porque era uno de los pocos bares que había sobrevivido a los años de la dictadura militar en nuestro país. De esa experiencia nació la antología <em>Nueva York 11,</em> que reunía a los asistentes a las tertulias literarias de ese bar. &#8220;Somos privilegiados &#8211; decía -. Son veinte para las seis de la tarde y estamos aquí en un bar conversando hace tres horas. Sin prisa, sin necesitar nada más que un pequeño estímulo intelectual. No va a haber otros como nosotros en unos años más en Chile (&#8230;) Esto es una &#8220;aristocracia&#8221;. Todavía lo veo en la mesa de los poetas junto a Rolando Cárdenas, riendo o silencioso. Siempre con una copa de vino que hacía circular, según él, para la buena suerte. A veces también se integraba a la charla, un ex – boxeador que era su guardaespaldas y que respondía al nombre de Kid Capitán. Con frecuencia era suspendido de “La Unión Chica” por sus reiteradas amenazas de golpear a la clientela. Había un código que se debía respetar, si no estabas fuera. De todo esto, quedó testimonio: un legajo de escritos, con poemas, cartas, dibujos y solicitudes de ingreso de nuevos asistentes a las tertulias. Era el cuaderno de “Actas de la Unión Chica”, precedido por el mítico Chico Molina y Jorge Teillier. Ahí se anotaba de todo, desde la asistencia a la inasistencia de sus participantes. Recuerdo haber leído una queja en contra del poeta Rolando Cárdenas que por aquel tiempo había recibido una pequeña fortuna y la había dilapidado en “El Lagar de Don Quijote” con otras amistades, ausentándose de Nueva York 11, durante una semana. Por votación unánime fue suspendido de la mesa de los poetas, por dos semanas. Cabe recordar que “El Lagar de Don Quijote”, el “Isla de Pascua” y “La Unión Chica”, pertenecían a lo que se denominaba: Triángulo de las Bermudas, pues en cualquiera de esos lugares se podía desaparecer sin dejar rastros. Otro de los sitios visitados en Santiago, era &#8220;El refugio López Velarde&#8221; en la Sociedad de Escritores de Chile; ahí lo conocí junto a Poli Délano. Esa noche nos bebimos varias botellas de vino y se habló del escritor británico, Malcolm Lowry, en <em>Bajo el Volcán. </em>En el &#8220;Refugio López Velarde&#8221;, se juntaba con Rolando Cárdenas, Armando Rubio, Yolanda Lagos Garay y otros poetas. </p>
<p style="text-align: justify;">     En una de sus cartas – que generalmente no enviaba &#8211; hace alusión al conocimiento enciclopédico que tenía acerca del deporte y además habla de las ciudades que extrañaba: &#8220;No es raro echar de menos Madrid, Calafell, el Escorial. Aquí me consuelo leyendo revistas deportivas (1945: Argentina Campeón de S.A. De la Matta, Méndez, Pedernera, Labruna y Loustau en la delantera).  Escribo algunos poemas como quien lanza botellas al mar. ¿Seremos los últimos sobrevivientes que recojan las palabras de la tribu de Eddy, Milocz, Dylan, René Guy Cadou, Rojas Jiménez? (¡Vivan las arbitrarias mescolanzas!), Cendrars, los tripulantes de Stevenson. Aquí estoy con los niños de Dickens sometido a los padrastros que aman sólo la prosa. Bueno, un abrazo a ti y a los muchachos. No seas grasa y escríbeme. Y no silbes demasiado por las calles&#8221;.  (Santiago del Penúltimo Extremo, 29 &#8211; VI &#8211; 1976 (San Pedro y San Pablo. Temperatura máxima 14 grados. Mínima; 2, 5 bajo cero a las 2. 30 A M).                                       </p>
<p style="text-align: justify;"><em>     </em>Su opción de vida se adhería a la de poetas como: Serguei Esenin, Georg Trakl o Dylan Thomas. En ese sentido era incorregible. El poema que mejor refleja esa situación es <em>Pequeña confesión</em>: &#8220;Sí, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones. / Me amaron las doncellas y preferí a las putas. / Tal vez nunca debiera haber dejado / el país de techos de zinc y cercos de madera. / En medio del camino de la vida / vago por las afueras del pueblo / y ni siquiera aquí se oyen las carretas / cuya música he amado desde niño. / Desperté con ganas de hacer un testamento / &#8211; ese deseo que le viene a todo el mundo &#8211; / Pero preferí mirar una pistola / la única amiga que no nos abandona. / Todo lo que se diga de mí es verdadero / Y la verdad es que no me importa mucho. / Me importa soñar con caminos de barro / y gastar mis codos en todos los mesones. / &#8220;Es mejor morir de vino que de tedio&#8221; / Sin pensar que puedan haber nuevas cosechas. / Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano / cuando se gastan los codos en todos los mesones. / Tal vez nunca debí salir del pueblo / donde cualquiera puede ser mi amigo. / Donde crecen mis iniciales grabadas / en el árbol de la tumba de mi hermana.  (&#8221;Para un pueblo fantasma&#8221;,1978).                                                                                                                                                         </p>
<p style="text-align: justify;">     Fue por excelencia el guardián del mito, hasta que lleguen tiempos mejores. Fiel a sí mismo hasta el último día de su existencia &#8211; afirma &#8211; : &#8220;Mi mundo poético era el mismo donde ahora suelo habitar, y que tal vez deba destruir para que se conserve: aquel atravesado por la locomotora 245, por las nubes que en noviembre hacen llover en pleno verano y son las sombras de los muertos que nos visitan, según decía una vieja tía; aquel mundo poblado por espejos que no reflejan nuestra imagen sino la del desconocido que fuimos y viene desde otra época hasta nuestro encuentro, aquel donde tocan las campanas de la parroquia y donde aún se narran historias sobre la fundación del pueblo. La poesía es para mí una manera de ser y actuar, aún cuando tampoco pueda desarticularla del fenómeno que le es propio: el utilizar para su fin el lenguaje justo para este objeto. Mi instrumento contra el mundo es otra visión del mundo. Para mí la poesía es la lucha contra nuestro enemigo el tiempo, y un intento de integrarse a la muerte&#8221;. Otra de las formas didácticas de enfrentar su trabajo poético, era la de hacer nuevas versiones de obras de otros poetas. El poeta galés, Dylan Thomas hizo algo similar al ensayar infinitas imitaciones de autores afines a su universo. Recordemos que el poeta norteamericano Robert Lowell, publicó un libro de poemas titulado: <em>Imitation</em>, y según algunos críticos es su mejor poemario.<em> </em>Jorge<em> </em> Teillier, no estuvo ajeno a ideas semejantes. Un ejemplo sería la versión que hace a partir de un poema de Czeslaw Milosz, llamado: <em>Canción sobre fin del mundo</em>. &#8220;El día del fin del mundo/ La abeja ronda sobre los geranios, / El pescador teje una red luminosa, / En el mar juegan los alegres delfines, / Los tiernos gorriones saltan en el alero / Y luce dorada la piel de la serpiente, / Como debe ser&#8221;. Teillier después de leer este de texto de Milosz, escribe su poema: <em>El día</em> <em>Fin del mundo</em>. &#8220;El día del fin del mundo / será limpio y ordenado / como el cuaderno / del mejor alumno del curso. / El borracho del pueblo / dormirá en una zanja, / el tren expreso pasará / sin detenerse en la estación / y la banda del regimiento / ensayará infinitamente / la marcha que toca hace veinte años en la plaza. / Sólo que algunos niños / dejarán sus volantines enredados / en los alambres telefónicos / para volver llorando a sus casas / sin saber qué decir a sus madres, / y yo grabaré mis iniciales / en la corteza de un tilo / sabiendo que eso no sirve para nada. / Los amigos jugarán fútbol / en el potrero de las afueras. / Los evangélicos saldrán a cantar a las esquinas. / La anciana loca paseará con quitasol. / Y yo diré para mí mismo: &#8220;El mundo no puede terminar / porque las palomas y los gorriones / siguen peleando por la avena en el patio&#8221;. (<em>Poemas del país de nunca jamás</em>, 1963). También vertió al castellano, poemas de Robert Louis Stevenson o de franceses como Robert Desnos y Jules Supervielle, entre otros.</p>
<p style="text-align: justify;">     En varias oportunidades, encontré versos suyos al reverso de ediciones, como: <em>Alicia en el país de las maravillas</em>. Ahí se leía de su puño y letra: &#8220;Nieva / y todos en la ciudad / quisieran cambiar de nombre&#8221;. &#8220;Si el mismo camino que sube / es el que baja / lo mejor es mirarlo desde esta ventana&#8221;. (Le Monde) &#8220;Nada que agregar / a la siesta de la silla de paja / junto a la piedra redonda&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">     Era un solitario como Rilke. Se había retirado hacía tiempo de la vida literaria oficial del país y con frecuencia decía: “Prefiero quedarme en Ingenio conversando con Marchant, el cuidador del fundo. Aprendo más y no soy interrumpido con frases solemnes”.  Sólo esperaba ver de nuevo un ovni, como el que vio al mediodía del mes de enero de 1958 en Lautaro. Jugaba ajedrez y apostaba con muy mala suerte a los juegos de azar. Le hubiese gustado estar con Baudelaire, si hubiese dado muerte a su padrastro, el General Aupick, también haber hecho un viaje en velero hacia Chiloé (isla del sur de Chile), y uno en el ferrocarril de Temuco a Carahue, la <em>Ciudad que fue</em>, en homenaje a Eliana Navarro. En el prólogo del libro de Teillier <em>Para un pueblo fantasma </em>(1978), Lafourcade, describe la atmósfera que rodeaba la casa natal del poeta: &#8220;Jorge Teillier jugaba al extranjero. No había dudas. &#8211; Aquí estuvo el molino – me decía, señalándome unas ruinas &#8211; ¡fue el mejor incendio del pueblo, en muchos años&#8230;!  Jugaba al extranjero cuando todos le iban reconociendo y el: ¡Hola Jorge! se multiplicaba. Lautaro, unos tilos, unos olmos, la plaza, el Kiosco de la banda del regimiento, la novia, el camino circular de las novias, el círculo de tiza de las amadas. Como si acabara de mandarla a hacer, allí estaba otra, la niña blanca, de rasgos aymaraes, y ojos febriles, y boca de pez con sabor a manzanas ácidas.</p>
<p style="text-align: justify;">     Frío, humedad. El salón de la casa tenía su chimenea apagada. Allí hubo bautizos, santos, cumpleaños, despedidas, llegadas, horas de alegría, los hijos en el colegio, horas de inquietud, alguien enfermo, alguien que no había ido, alguien que no escribía, es <em>Jorge, mamá, que juega a irse</em>, él lo leyó en alguna parte, leyó que no era de este mundo y, mucho menos, de Lautaro. La idea le atrajo y comenzó a desaparecer. Juego peligroso, el de los niños terribles de Cocteau, y mucho antes, ya descrito por el niño poeta de Charleville&#8221;. Yo acompañé a Teillier al pueblo de Lautaro. Corría el invierno de 1994. Estábamos en Temuco, en un encuentro de escritores Chileno &#8211; Mapuche. Un día temprano, pasamos al <em>Bar el tren</em> y nos desayunamos dos whiskyes dobles y después de escuchar varias canciones en el Wurlitzer e incluso de apostar a un tema con las manos atrás y decir: &#8220;la máquina no nos vencerá&#8221;, partimos a la ciudad sagrada. El almuerzo fue en el <em>Hotel </em>de <em>France. </em>Luego la inevitable visita al cementerio donde yace su hermana: &#8220;Vivo en la apariencia de un mundo / Tú no sabes ni puedes saberlo / Tú no puedes conocer a mi hermana. / Yo mismo apenas la conozco / Porque murió antes de que yo naciera / Y esa llaga adelantó mi llegada. / Por eso crecí antes de lo debido / Y la primavera es una rápida hojarasca / Y el verano un congelado reloj de arena. / Ya sólo puedo yacer en el lecho de mi hermana muerta. / El vacío de mi hermana me sigue cada día. / Cuando yo muera habré muerto antes de su muerte&#8221;: (&#8221;Hermana&#8221; del libro de poemas <em>Cartas para reinas de otras primaveras</em>, 1985). Visitamos también, la que fuera su casa natal situada a pocas cuadras de la línea férrea. Golpeamos a la puerta principal y nos recibió la actual dueña de la propiedad; una señora de mirada afable que conocía a la familia Teillier Sandoval desde hacía muchos años. Recordó anécdotas de la infancia de Jorge, junto a sus hermanos y primos en el río Cautín. Después de tomar un refresco en el living, subimos al segundo piso para ver la pieza donde Jorge escribió sus primeros versos. Mientras conversábamos los tres, se sintió el pitazo del tren de la tarde.  Retrocedí en el tiempo e imaginé a Jorge Teillier, adolescente, leyendo en ese mismo cuarto las novelas de Julio Verne o Salgari.  La casa guardaba esa lozanía y en su silencio parecía oírse de nuevo los diálogos de sus hermanos muertos. Luego de despedirnos, pasamos por la plaza principal de Lautaro y emprendimos la vuelta a Temuco. En esta ciudad fui testigo de algo bastante curioso; vi a Nicanor Parra y a Jorge Teillier hablando en mapudungún con un escritor mapuche de manera absolutamente fluida.</p>
<p style="text-align: justify;">     El círculo se empezaba a cerrar, atrás iban quedando las charlas en su biblioteca de El Molino del Ingenio, el compartir el mismo gusto por Henry Treece y las constantes visitas a las tertulias dominicales en el Ex Club Radical de La Ligua. Atrás quedaban los gatos que deambulaban tan ociosos como nosotros por el Molino; y ese silencio que muchas veces compartimos y que solía estar poblado voces, atrás quedaba el canal de la luz y las anécdotas. Los presagios del nogal ya daban la señal. Por lo mismo, sabía que el final vendría tarde o temprano, pero no se quejaba. Un día me dijo: “Pancho: “Cuando mi voz deje de escucharse / piensa que el bosque habla por mí / con su lenguaje de raíces”.</p>
<p style="text-align: justify;">     Poco antes que muriera, en 1996, trabajábamos en su libro de poemas que se llamó: <em>En el mudo corazón del bosque.</em> Además preparaba la <em>Antología de poesía universal, traducida por poetas chilenos, </em>en colaboración con el poeta Armando Roa Vial. Su vida, como siempre, fluctuaba entre la ciudad y el campo. Lo vi una semana antes de su muerte. Pensaba viajar a la feria del libro de Buenos Aires. Con Krupskaia, mi mujer, lo acompañamos a elegir una maleta para el viaje. Nos despedimos en el metro de Santiago. Supe que a pocos días de partir para siempre, fue a visitar a  la que fuera su segunda esposa, Beatriz Ortiz de Zárate. Llevó Champagne como en los viejos tiempos. Recuerdo que una vez me dijo: &#8220;No fue el helado viento / quien marchitó las ramas. /  Quien marchitó las ramas / fui yo, que les conté mis sueños&#8221;. No nos vimos nunca más.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
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		<title>Un cuento de Kelly A.K: Re-encuentro</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Mar 2010 06:33:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 2]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento mexicano]]></category>
		<category><![CDATA[Kelly A.K]]></category>

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		<description><![CDATA[Kelly A.K es Literata por la UIA, maestra en teoría crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos, donde realizó una tesis erótica. Becaria del FONCA 2009-2010 en el área de novela, se la pasa buscando secretos para su novela gorda. Es coordinadora de información del programa de ciencia &#8220;La oveja eléctrica&#8221; de canal 22.

 
Re-encuentro
 
 
(6 de noviembre 2006)
 
Se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-8016" title="Kelly A. K" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Kelly-A.-K.jpg" alt="Kelly A. K" width="610" height="265" />Kelly A.K es Literata por la UIA, maestra en teoría crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos, donde realizó una tesis erótica. Becaria del FONCA 2009-2010 en el área de novela, se la pasa buscando secretos para su novela gorda. Es coordinadora de información del programa de ciencia &#8220;La oveja eléctrica&#8221; de canal 22.</p>
<p><span id="more-8015"></span></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Re-encuentro</strong></p>
<p style="text-align: left;"> </p>
<p style="text-align: left;"> </p>
<p style="text-align: left;">(6 de noviembre 2006)</p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Se ahoga.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo sé porque todas las palabras que debía haber emitido hace años y siglos y segundos no las dice.</p>
<p style="text-align: justify;">Olvidó</p>
<p style="text-align: justify;">cuáles eran dentro de la autoflagelación que vive en las asperezas de su devenir.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Si no respira no puede hablar, pero también olvidó lo que era respirar.</p>
<p style="text-align: justify;">El aire en algún momento tenía la textura de aceite hirviendo color azul claro, como el mar caribe arrasado por huracanes que únicamente querían platicar con las palmeras.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Eras tú así.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando te conocí no hablabas, los sonidos no tenían tu voz, y su significado era ajeno a cualquier cosa que se albergara dentro de la constelación de tus emociones.</p>
<p style="text-align: justify;">Veías las estrellas con saudade y llorabas como esos cocodrilos que conocimos juntos; esperando a que alguien llegara a hacerte reír,</p>
<p style="text-align: justify;">o simplemente a dormir a tu lado para que las pesadillas no osaran meterse entre</p>
<p style="text-align: justify;">tus párpados.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Así eras tú.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando intentaba meterme dentro de tu caparazón para ver las acuarelas desgastadas por el granizo, pintando el pavimento de tu dolor.</p>
<p style="text-align: justify;">Me veías</p>
<p style="text-align: justify;">y tus pupilas se agrandaban, invitándome a entrar, mientras tus brazos se cerraban en torno a tu pecho, huyendo de cualquier caricia que mis ojos invadieran tu ser.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">En algún momento me enamoré del fantasma que sabía que no eras tú, pero que me otorgaba la paz de saber que quizás,</p>
<p style="text-align: justify;">adentro,</p>
<p style="text-align: justify;">te podía encontrar.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Nuestras conversaciones se limitaban a los contornos de nuestros cuerpos.</p>
<p style="text-align: justify;"> Y nunca entendiste lo que mis manos dibujaban sobre tu espalda.</p>
<p style="text-align: justify;">Historias de nuestro pasado que nunca compartimos,</p>
<p style="text-align: justify;"> historias de los sueños que no tuvimos,</p>
<p style="text-align: justify;">historias del presente que se escapaba entre nuestros dedos.</p>
<p style="text-align: justify;">Te enamoraste de mi, de mi eterna búsqueda dentro de tu suspiro.                   Creo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">7 nov</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Perdí mis sueños dentro de ti.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">18 de septiembre 2006 – 9 marzo 2010</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Decidió que era momento de renacer.</p>
<p style="text-align: justify;">Había perdido palabras,</p>
<p style="text-align: justify;">buscó durante todo un día y cuatro noches;</p>
<p style="text-align: justify;">en momento de insomnio inconsciente, notó sus dedos inflamados.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> La parte de los dedos más lejana de la mano parecían ampollas,</p>
<p style="text-align: justify;">suavecitas,</p>
<p style="text-align: justify;"> cual dedos de rana buscando dónde engancharse para observarte durante varias horas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Corrió desde el tapete en el que estaba acostada,</p>
<p style="text-align: justify;">la habitación empequeñecía</p>
<p style="text-align: justify;"> y manos se arrastran por el suelo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Las ventosas inexistentes tomaron lo que buscaban:</p>
<p style="text-align: justify;">una pluma.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Y comenzó a escribir.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Todas las palabras que se habían escabullido por entre sus pensamientos acabaron en sus dedos, deseando ser escritas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">No sé si debería decir qué fue lo que escribió aquella madrugada y tres días más.</p>
<p style="text-align: justify;">Basta con decir que toda su piel quedó marcada de aquellas palabras que ella no había podido pronunciar por tanto tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Se le olvidó que también</p>
<p style="text-align: justify;"> a las palabras</p>
<p style="text-align: justify;">se les pierden cosas cuando se aglutinan así.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">19 de noviembre 2006  &#8211; 9 marzo 2010</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">en un viaje al desierto descubrió que ella también tintineaba,</p>
<p style="text-align: justify;">como las estrellas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez era un manto negro que cubría una infinidad</p>
<p style="text-align: justify;">luz,</p>
<p style="text-align: justify;">y un niño travieso con unas tijeras, comenzó a hacerle agujeros para que nosotros viéramos luces a millones de años de distancia.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> ¿Ella era un agujero, o una luz?</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Viajó en el universo,</p>
<p style="text-align: justify;">viajó en su infinito,</p>
<p style="text-align: justify;">viajó en un atardecer que parecían olas de color que se embuchaban encima de la oscuridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Se encontró a si misma,</p>
<p style="text-align: justify;">viendo cómo un arbusto</p>
<p style="text-align: justify;"> contrastaba sus espinas</p>
<p style="text-align: justify;">con los colores</p>
<p style="text-align: justify;">que las montañas presentaban ante un testigo único.</p>
<p style="text-align: justify;">                           Ella.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Kelly A.K. no cree ser poeta, pero por ahi le dijeron que su prosa es más que prosa. Literata por la UIA, maestra en teoría crítica por 17, Instituto de Estudios Críticos, donde realizó una tesis erótica. Actualmente publica por donde se puede, crónica, cuento y resulta que ahora, también poesía. Becaria del FONCA 2009-2010 en el área de novela, se la pasa buscando secretos para su novela gorda. Traductora (de lenguas, aunque le gustaría hacerlo entre personas), profesora (hace todo lo posible por (no) seducir a sus alumnos, coordinadora de información del programa de ciencia &#8220;La oveja eléctrica&#8221; de canal 22. Sus insomnios se encuentran en: <a href="http://www.parentesisk.blogspot.com/" target="_blank">www.parentesisk.blogspot.com</a></p>
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		<title>Presentación de Republicanos en otro imperio.Viajeros mexicanos a Nueva York, edición de Vicente Quirarte</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 17:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>

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Este domingo 21 de marzo a las 12 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se lleverá a cabo la presentación del libro Republicanos en otro imperio. Viajeros mexicanos a Nueva York. Los comentarios correrán a cargo de Marco Antonio Campos, José Iturriaga, Soledad Loaeza y el autor, Vicente Quirarte. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Republicanos-en-otro-Imperio.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8029" title="Republicanos en otro Imperio" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Republicanos-en-otro-Imperio.jpg" alt="Republicanos en otro Imperio" width="610" height="265" /></a></p>
<p>Este domingo 21 de marzo a las 12 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes se lleverá a cabo la presentación del libro <em>Republicanos en otro imperio. Viajeros mexicanos a Nueva York</em>. Los comentarios correrán a cargo de Marco Antonio Campos, José Iturriaga, Soledad Loaeza y el autor, Vicente Quirarte. Lectura: Elena de Haro, Guillermo Henry y Gilberto Pérez Gallardo. Dirección de escena: Eduardo Ruiz Saviñón. La entrada es libre.</p>
<p> </p>
<p><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Méxicanos-en-otro-imperio-2.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8031" title="Méxicanos en otro imperio 2" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Méxicanos-en-otro-imperio-2.jpg" alt="Méxicanos en otro imperio 2" width="548" height="480" /></a></p>
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		<title>Por una poética del cuento homoerótico mexicano</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 17:06:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Combate]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 1]]></category>
		<category><![CDATA[Alí Calderón]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Serna]]></category>
		<category><![CDATA[Fidencio González Montes]]></category>
		<category><![CDATA[Ignacio Trejo Fuentes]]></category>
		<category><![CDATA[Por una poética del cuento homoerótico mexicano]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa María Farfán]]></category>

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		<description><![CDATA[Rosa María Farfán y Alí Calderón nos presentan un acercamiento al cuento de tema homoerótico en México a través de tres autores: Enrique Serna, Ignacio Trejo Fuentes y Fidencio González Montes.

 
Por una poética del cuento homoerótico mexicano. Tres ejemplos: Enrique Serna,  Ignacio Trejo Fuentes y Fidencio González Montes
 
 
Existen muchos ejemplos en el siglo XX de buena literatura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Gaygos.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8026" title="Gaygos" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Gaygos.jpg" alt="Gaygos" width="610" height="265" /></a>Rosa María Farfán y Alí Calderón nos presentan un acercamiento al cuento de tema homoerótico en México a través de tres autores: Enrique Serna, Ignacio Trejo Fuentes y Fidencio González Montes.</p>
<p><span id="more-7991"></span></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Por una poética del cuento homoerótico mexicano. Tres ejemplos: Enrique Serna,  Ignacio Trejo Fuentes y Fidencio González Montes</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Existen muchos ejemplos en el siglo XX de buena literatura con tema homoerótico. Desde los maravillosos poemas de Salvador Novo en <em>Nuevo amor</em> a <em>El vampiro de la colonia Roma</em> de Luis Zapata o <em>Poesida</em> de Abigael Bohórquez, por ejemplo. Pero más allá de los senderos típicos que recorre la <em>dispositio</em> en estos temas, la confesionalidad al estilo “Epifania” de Novo, la transgresión y el escándalo a la manera de Juan Carlos Bautista o el tono celebratorio, solemne incluso de algunos momentos de Bohórquez, hemos advertido que la narrativa, particularmente, echa mano, con distintas intencionalidades, de un elaborado y complejo trabajo retórico que posibilita no sólo la construcción de discursos de calidad sino la emergencia de símbolos estéticos que enriquecen nuestra percepción de lo real.</p>
<p style="text-align: justify;">            En esta ocasión, habremos de considerar tres cuentos escritos en los últimos treinta años que dan cuenta de esta elaboración retórica. El primero de ellos es “Juego de ajedrez” de Fidencio González Montes, escrito en 1979 y aparecido en la antología <em>Jaula de palabras</em> de Gustavo Sainz. El segundo, “Rosa de doble aroma” de Ignacio Trejo Fuentes, perteneciente al libro de cuentos <em>Tu párvula boca</em>, de 2003 y, finalmente, “Tía Nela”, de Enrique Serna, último cuento de <em>El orgasmógrafo</em>, editado en 2001.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1)      </strong><strong>Juego de ajedrez</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Fidencio González Montes nació en 1954 en Poza Rica, Veracruz. Es autor de <em>Los sonámbulos del bello infierno</em> (1985), <em>Arqueros que apuntan al sol</em> (1988) y <em>Trágico a medias</em> (2000).</p>
<p style="text-align: justify;">            <em>Juego de Ajedrez</em> fue uno de los primeros cuentos publicados en México con el tema homosexual. Se adelantó inclusive a las novelas <em>Las púberes canéforas</em> de José Joaquín Blanco publicada en 1983 y a <em>Utopía Gay </em>de José Rafael Calva publicada en el mismo año. El cuento  apareció en 1979,  año de la publicación del <em>Vampiro de la colonia Roma  </em>de Luis Zapata.</p>
<p style="text-align: justify;">            <em>Juego de ajedrez </em>parece basado en la estructura del cuento policíaco <em>El crimen de tres banda  </em>de Rafael Solana ya que éste fundamenta su estructura en la carambola de tres bandas, una jugada clásica en el juego de billar.</p>
<p style="text-align: justify;">            A grandes rasgos, la diégesis del cuento es la siguiente. Dos muchachos de la ciudad de México, Alfonso y el narrador, viajan de aventura al puerto de Acapulco que significa en náhuatl lugar de grandes cañas. “Se deriva de acatl-caña. Pol-sufijo de sustantivo aumentativo y de la posposición locativa –co” (Guerrero; 1997: 32) El significado del lugar donde sucede la historia cobra sentido debido a que la expresión “grandes cañas” tiene connotación fálica desde la perspectiva del inconsciente freudiano.  Los muchachos están recogiendo conchitas en la playa, sin dinero, hasta que un desconocido, César, tras entablar una conversación amistosa, los invita a comer y a hospedarse con él. César les cuenta de su homosexualidad y trata de despertar en ellos el apetito sexual. El narrador se indigna y espera la misma reacción de su amigo pero, en vez de eso, Alfonso se vuelve extremadamente amistoso al grado de que es invitado a Puerto Vallarta. A partir de entonces, Alfonso vuelca su atención en César y olvida a su amigo. El narrador entonces piensa de qué manera puede ganar la atención de César. En cierto momento lo logra e incluso revierte la invitación a viajar a Vallarta. Cuando Alfonso se da cuenta de la “traición” de César, sale muy irritado de la habitación de hotel y los deja después de insultarlos. El narrador sigue a su amigo y abandona finalmente a César.</p>
<p style="text-align: justify;">            En el cuento se advierte una tensión que anima la historia y le da una razón de ser. César le ha robado al narrador la atención de su amigo y éste goza de un lugar privilegiado en aquella micro formación social.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">hasta andar caminando por la playa  buscando conchitas era preferible a depender de un puta maricón. Pero cual fue mi sorpresa que al salir del baño Alfonso y el joto estaban muy a gusto platicando. Ya se dejó agandallar este zorro, pensé. El putote había sacado toda su ropa de la mochila y se la enseñaba a Foncho: mira Foncho esta camisa, mira Foncho qué te parece esta truza. Todavía estaba encuerado el ojete. A mí ni me pelaron. Le pedí el peine a Alfonso y ni siquiera volteó a verme, lo sacó de la bolsa del pantalón y me lo dio como diciendo: ten y no estés molestando, no ves que estoy ocupado. (González Montes 266).</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Hay, al parecer, un dejo de homosexualidad que subyace en las motivaciones del narrador. Por eso dice: “De él no me dolía nada, que vaya y chingue a su madre; pero que Alfonso ni me fumara, siendo que los dos habíamos venido juntos para pasarla juntos y que ahora por un putazo de primera se cuelgue de esa manera tan vil… francamente sentía como una espinita, como un pelito que se atora en el cuello de la camisa después de la peluqueada” (267). Ante tales acontecimientos, el narrador debe actuar para recuperar su posición. A partir de entonces, el autor modelo, es decir, la inteligencia de construcción del discurso, va construyendo una alegoría que le da estatuto artístico al texto. Es entonces que las relaciones paratextuales cobran particular importancia. En concordancia con el título del cuento, cada acto del narrador se convierte en metáfora del movimiento de una pieza en el tablero de ajedrez. La partida es la existencia, la circunstancia social que se describe. Así, por ejemplo, el narrador, en la maquinación propia del juego, dice:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por poco me levanto y le parto su móder a ese jijo, se estaba pasando de listo, y es que puso a reírse, pero a reírse como loco, como burlándose. Si no me le fui encima fue por no hacerle ver que sus pinches faramallas me llegaban, El que se enoja pierde, pensé. La satisfacción que me quedaba era que fui yo quien lo mandé al carajo y no él a mí. Eso me sostenía en el decoro de hombre digno. Charros. De veras que el pinche Alfonso anda más distanteado que una brújula destartalada, pues qué –me puse a reflexionar– acaso no tiene tantita cabeza para pensar que lo está utilizando como instrumento para alejarlo de mí, para que yo reviente y me desaparezca.</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Llega el punto, incluso, en que el narrador explicita su actuar y dice: “Me creía un jugador de ajedrez que ve todas las posibilidades de cada pieza mientras su rival se ha parado a tomar un vaso de agua” (268). Así, poco a poco, el narrador hace por ganar el juego.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Moví otra pieza del ajedrez. Que les digo, hacen una pareja muy mona, me cai. El puto creyó que ya me había encontentado y que me dice: vaya, vaya hasta que habló don seriesote, ¿por qué estabas tan enojado? ¿Yo?, estuve a punto de preguntarle pero a fuerzas él me iba a responder, sí, tú. Así que le ahorré el camino y le dije casi aventándole el trozo de carne, porque ya no me pelas ni nada, como si nada más hubiera un solo hombre en el mundo. ¡Ajale! Miento al decir que se quedó con la boca abierta, lo que sí digo sin temor de ser un pinche mentiroso es que se le fue la respiración. Qué gacho, hasta dónde vine a caer, me sentí como el intruso que recapacita a tiempo y a costa de lo que sea, se lanza a recuperar lo que le pertenece (271).</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">La alegoría se completa cuando Alfonso, acaso deformación del significado Alfil, y el narrador abandonan a César, según el código cultural, el rey, es decir, cuando se le da jaque mate al rey, cuando se le vence. De esa manera, los dos amigos consiguen volver a estar juntos.</p>
<p style="text-align: justify;">                       Conjeturamos que el cuento, en el ámbito del <em>parecer</em>, muestra repudio a lo homosexual. Sin embargo, en el plano del <em>ser</em>, lo homosexual, si no se halla en acto, late en potencia, es decir, subyace como motivo central de la historia del triángulo amoroso. Por lo anterior, retóricamente hablando, nos parece muy interesante que la diégesis se desarrolle apelando a una alegoría. Como se sabe, ésta aparece normalmente cuando se pretende exponer un significado oculto u ominoso o profundo.</p>
<p style="text-align: justify;">            Por ello, parece trascendente que, para referir esta homosexualidad velada, el autor utilice la alegoría. Elementos figurativos como personajes y acciones presentan un valor traslaticio que, a final de cuentas, sugiere o devela un sentido más profundo. El cuento, además, emplea un lenguaje típico de un sociolecto más o menos identificable, la norma juvenil, el argot. Éste es ideal para referir lo velado debido a su gran carga eufemística:</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Me pidió perdón y fue a reunirse con el trompetista. (268)</li>
<li>Mientras me enjuagaba el que te platiqué. (266)</li>
<li>Claro, lo que al señorito le interesaba eran las dos cuartas –cabeza libre– tripa de gato y no esas payasadas. (270)</li>
<li>La tirada de por acá es no ser agujero de un solo ratón. (273)</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Por si fuera poco, el argot, con su gran fuerza de plasticidad y representación, apela a imágenes innovadoras<a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftn1">[1]</a> que, quizá, en consecuencia, preparen el terreno para nuevas maneras de afrontar la cuestión homosexual. Finalmente, el artificio retórico apunta en este cuento a “esconder” o “velar” la tensión homoerótica y sugerirla como importante motivo subrepticio.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><strong>2.      </strong><strong>Tía Nela</strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">            “Tía Nela” es un muy buen cuento de Enrique Serna. Esta narración desarrolla una parodia sobre el cuento feminista “La tía Daniela” quizá el mejor texto de <em>Mujeres de ojos grandes </em>de Ángeles Mastreta. La parodia se encuentra en los siguientes detalles: en el cuento feminista el personaje central es la tía Daniela y la historia tiene lugar en Puebla. El cuento de Enrique  Serna  se ubica en Puebla. Su diégesis es la siguiente. La tía Nela recoge y cría a un sobrino, Efrén, tras la muerte de sus padres. Poco a poco, y conforme el niño va creciendo, aparecen comportamientos “extraños” y poco comunes: se maquilla, besa a sus compañeros de la escuela y se afemina al grado de hacerse amante de un mecánico y travesti que ejerce la prostitución. A pesar de las reprimendas de Tía Nela, Efrén cambia su nombre por el de Fuensanta y se somete a una operación de cambio de sexo. Luego, engaña a un muchacho y, a punto de casarse, Tía Nela le revela la verdad y se rompe el compromiso. Fuensanta, en un arranque de ira, asesina a su tía y adopta su personalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">            El cuento es sumamente interesante desde el punto de vista retórico porque juega con dos elementos que permiten la emergencia del símbolo estético: el ridículo y la ironía. En primer lugar, se echa mano de lo ridículo y de la maledicencia para producir efectos cómicos. “Retóricamente, ridículos son los vicios débiles de carencia, o sea la fealdad física y la fealdad moral nocivas” (Hansen 247). Así, en el relato, que da cuenta de un caso de homosexualidad, leemos:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>“Mira nomás lo que has hecho con tu vida, con tu pobrecito cuerpo. Ya ni siquiera me das asco, ahora te tengo lástima, ¿y sabes por qué? porque estás sepultado en un abismo de oscuridad y no haces nada por buscar la luz” (Serna 223).</li>
<li>“Muy temprano descubrí tus torcidas inclinaciones. A los cinco años preferías jugar con mis figurines que patear la pelota con los niños del parque, no soportabas los programas violentos de la tele, y en cambio te quedabas hechizado con las funciones de ballet. Pero yo pensaba: cuando crezca se le pasará, lo que necesita esta criatura es un poco de rigor y disciplina para hacerse varón” (224).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">“¿Cuáles son las cosas ridículas? De modo general, las materias bajas, pequeñas, sin valor, sucias, corrompidas o podridas, en oposición a las elevadas, grandes, valiosas, limpias e íntegras” (Hansen 247).</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>“Dime infeliz: ¿cómo pudiste hacerte amante de un mecánico soldador veinte años mayor que tú, casado y con hijos, sin la menor consideración por su propia familia? Lo peor fue cuando la esposa vino a reclamarme a la mercería. Era una pelada, en otras circunstancias la hubiera echado a la calle, pero con gran dolor de mi orgullo me vi obligada a pedirle disculpas” (Serna 227).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">La retórica entiende el ridículo de la siguiente forma:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Lo ridículo es lo que merece ser sancionado por la risa, lo que se ha calificado de <em>rire d’exclusion</em>. Esta última es la transgresión de una regla admitida, una forma de condenar una conducta excéntrica, que no se la juzga bastante grave o peligrosa para reprimirla por medios más violentos. Una afirmación es ridícula en cuanto entra en conflicto, sin justificación alguna, con una opinión admitida. (Perelman 321-322)</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">De cierto modo, la conducta de Efrén, personaje del cuento “Tía Nela”, rebasa los límites de la conducta aceptada para un hombre. Así, una conducta excéntrica y, podríamos decir, desproporcionada es la que perturba y rompe la pertinencia, permite que surja el ridículo y, en consecuencia, la comicidad:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Los vagos de la calle imitaban tus andares, los dependientes de la panadería te gritaban leperadas, tu nombre estaba escrito en todas las bardas de la colonia, acompañado de albures y epítetos denigrantes: “Efrén quiere que le den”, “Efrén cacha granizo”, “Efrén se la come doblada”. Como tus modales de señorita escandalizaban al vecindario, el padre Justiniano me rogó que fuéramos a misa de siete y nos sentáramos en la última fila, para no llamar la atención. (Serna 2005).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">En la ironía y el ridículo se advierte un gradiente social que debe ser considerado. “El ridículo se manifiesta en favor de la conservación de lo que está admitido” (1988 322). «Parecerá ridículo no sólo aquel que se oponga a la lógica o a la experiencia, sino también quien enuncie principios cuyas consecuencias imprevistas lo enfrentan con las concepciones que son obvias en una sociedad dada» (323). Así las cosas, en “Tía Nela”:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Por esas fechas la ciudad esperaba con sus mejores galas la venida de Su Santidad Juan Pablo II. Será por supersticiosa, pero yo atribuí tu cambio de carácter a la visita papal. Contagiada por el júbilo de los poblanos, adorné el zaguán con los colores de la Santa Sede, y el día en que Juan Pablo paseó en carro descubierto por la calle Reforma, me fui a verlo a casa de las Fernández de Zamacona. Mi corazón se inundó de gozo cuando el Sumo Pontífice bendijo con la mano a los espectadores de los balcones […] Al cruzar el almacén de telas, donde la calle se oscurecía por las deficiencias del alumbrado, descubrí atónita que las meretrices paradas en la banqueta ya no eran hembras sino mujercitas. Me cambié de banqueta para eludirlos y entonces te descubrí: llevabas una peluca rubia con rayos, botas altas hasta las rodillas y minifalda de cuero. Tenía las piernas tan bien depiladas que cualquiera te hubiera tomado por una mujer de verdad. En ese momento un automóvil se detuvo junto a ti, cruzaste unas palabras con el conductor y te subiste al asiento delantero con aires de vampiresa. Ni siquiera me dio tiempo de gritarte. Muda como una piedra, avergonzada de haber nacido, la bendición de Su Santidad me quemaba el pecho como una marca de hierro candente» (Serna 229).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Pero el ridículo, como se ha expresado arriba, surge mediante la desproporción, retóricamente, desde la elaboración hiperbólica, cuando se tensa al máximo la cuerda de una situación. Respecto a la hipérbole, «su papel consiste en dar una referencia que, en una dirección dada, atraiga el espíritu, para después obligarlo a retroceder un poco, hasta el límite de lo que parece compatible con su idea de lo humano, de lo posible, de lo verisímil, con todo lo que admite» (Perelman 448). Continuando con el cuento “Tía Nela” encontramos:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Si hubieras seguido despeñándote en el vicio sin cambiar de naturaleza, quizá tendrías aún posibilidades de salvación. Pero ¿quién te mandó a someterte a esa costosa cirugía para cambiarte los órganos genitales? Antes de esa horrible mutilación eras sólo un alma extraviada: ahora ya no perteneces al género humano, eres un espantajo, una morbosa atracción de feria (Serna 232).</li>
<li>Como en Puebla tu reputación estaba por lo suelos, preferiste buscar un novio chilango (…) el pobre pensaba que la consumación del amor carnal sólo debe llegar con el matrimonio y tú le hiciste creer que eras virgen. Ja ja, sí lo eras, pero sólo del orificio recién abierto en tu cuerpo (…) Por eso, cuando Gustavo se presentó en la casa sin previo aviso el día que tú saliste a recoger el vestido de novia, no pude contenerme y le solté la verdad: Fuensanta no es mujer, se llama Efrén y es un joto operado (236).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El ridículo, entonces, no sólo opera a la manera de la comedia amonestando a “los peores” y exponiendo sus vicios sino que produce un extrañamiento, un choque estético que, de algún modo, se identifica con la crueldad y la supresión del otro. Antes de concluir, sin embargo, debemos considerar que el estilo Enrique Serna es altamente irónico. Irónico a todos los niveles: en la oración, en la diégesis, en la configuración de personajes, etc. Por ejemplo, Tía Nela y Efrén son excluidos y señalados por el sacerdote: “El padre Justiniano me rogó que fuéramos a misa de siete y nos sentáramos en la última fila para no llamar la atención” (226). Ironía teñida de hipérbole, sin duda, puesto que la iglesia, con un discurso de misericordia, no debería optar por la supresión del prójimo. Ironía porque, además, el sacerdote se llama Justiniano, que significa justo, y su actuación en el cuento se contrapone al nombre que lo configura.</p>
<p style="text-align: justify;">            La ironía, por su puesto, aparece a nivel diegético, a nivel dramático. Por un lado Efrén se despeña en el vicio: se amanera, se prostituye y finalmente cambia de sexo. Una vez “mujer”, Efrén o “Fuensanta” cambia su actitud, imita la conducta de la tía y endereza sus senderos: “Quién lo dijera, en el fondo la obsesión de tu vida, el sueño que habías acariciado desde la infancia era ser una joven casadera […] como buena poblana de clase media, la meta suprema de tu existencia era hacer un buen matrimonio y quién sabe si en tus locas fantasías no abrigaste incluso la ilusión de ser madre” (234).</p>
<p style="text-align: justify;">            En retórica se dice que la <em>dispositio</em>, es decir, la organización lingüística del discurso, opera en dos sentidos. El primero externo, que se enfoca en los efectos que produce el texto. El segundo interno, a nivel de la inmanencia, pero que está orientado al logro del objetivo del discurso. Por tanto, si advertimos que la ironía es fundamental en la urdimbre del cuento, debemos considerar que la ironía es también axial en su interpretación, que funciona como metalogismo y altera la lógica del discurso todo. De esa manera, el ridículo como procedimiento retórico construyó un discurso hiriente, lacerante, supresor. La ironía, entonces, abre la brecha al símbolo estético, que muy probablemente se identifique, en este caso, con el abajamiento del que habló el filósofo italiano Gianni Váttimo, es decir, con la apertura y el reconocimiento del Otro, con una interpretación que nos aproxime a la solidaridad y a la aceptación. En el fondo no se ridiculizaba y suprimía al homosexual sino que, a través de mostrar ese desprecio, se buscaba “aceptarlo”.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><strong>Rosa de doble aroma</strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">             “Rosa de doble aroma” de Ignacio Trejo Fuentes hace referencia, por el nombre, al título de una obra de teatro del gran poeta español Federico García Lorca, <em>Rosa de dos aromas</em>. Esta narración tiene como antecedente en la literatura mexicana el personaje “Venturita”, primera lesbiana de la literatura nacional, aparece en la novela <em>Baile y Cochino </em>de José T, Cuéllar.</p>
<p style="text-align: justify;">            El crítico y narrador, Ignacio Trejo Fuentes, se ha caracterizado por escribir cuentos sórdidos, tremendistas, a la manera de una nueva interpretación del artificio naturalista. La diégesis del cuento a continuación: Rosalba, la narradora, estudia periodismo en la UNAM. Ahí traba amistad con una de sus compañeras, otra Rosalba, a quien llama “maestra”. Ambas muchachas iniciaron compartiendo el nombre pero poco a poco fueron compartiendo las horas, los gustos, la amistad. Un día entraron a una <em>sex shop</em> y se detuvieron en la zona de pornografía de lesbianas. Ahí, la narradora comenzó a sentir una excitación extraña. Pensaba repetidamente en algo que había visto ahí: un pene de dos cabezas largo y curvo por el medio. Se soñó con Rosalba “haciendo el amor utilizando el falo de dos puntas” (Trejo 53). Un día, en el departamento de “la maestra”, ambas Rosalbas hacen el amor y se vuelven pareja. Rosalba narradora fue muy feliz con la relación hasta que sugiere comprar “una verga de doble cabeza para coger y saber qué se siente” (55). Rosalba maestra se indigna y termina intempestivamente con la relación. Rosalba narradora se deprime pero poco a poco sale adelante conociendo a otras muchachas, haciéndolas sus amantes y finalmente abandonándolas.</p>
<p style="text-align: justify;">            El cuento es sumamente interesante porque pareciera que prescinde del artificio retórico. Es decir, antes que ser artificioso, el autor modelo prefiere exponer el asunto de manera casi transparente, con un discurso directo que enfatiza la materia del cuento y genera las condiciones propicias para &#8220;magnificar&#8221; el escándalo. Así, por ejemplo, hay fragmentos donde la poética parece ser alejarse del “adorno”, del “eufemismo” y llamar al pan, pan y al vino, vino. De esa manera la emoción, el vértigo del cuento, aflora con gran potencia. Algunos ejemplos son los siguientes:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Y así, sin palabras, empezó a besarme en la boca, detrás de los oídos, en los senos, y cuando mi desbordada excitación lo permitió me vi totalmente desnuda y a ella lamiendo mi sexo, ávida, gozosa […] Tuve un orgasmo más grandioso que el de mis sueños y los pocos que alcancé cuando cogía con mi novio. (53-54)</li>
<li>Descubrí que podíamos tener apoteósicos orgasmos frotándonos los sexos o tan sólo besándonos, acariciándonos. Yo gozaba como desenfrenada cuando nos lamíamos al mismo tiempo. Y lo fundamental: el olor prodigioso de su vagina, el sabor indescriptiblemente seductor de sus líquidos. Que diferencia con los aromas y sabores de quien había sido mi novio: me repugnaban, y juro que la vez que él se vino en mi boca vomité larga, estrepitosamente […] En cambio, los jugos que Rosalba dejaba en mi boca me parecían paradisiacos, manjar de diosas, y le exigía que una y otra vez se viniera, conmigo en su entrepierna. (54-55).</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Este tratamiento del tema es muy interesante porque la ausencia de figura connota y es relevante en la conformación del símbolo estético. El tema se aborda de manera cruda, sin adornos. En consecuencia, se genera un extrañamiento. Pareciera que el objetivo del cuento es que aquello que podría resultar escandaloso pase por cosa convencional.</p>
<p style="text-align: justify;">            Así, el símbolo estético podría estar orientado a considerar la homosexualidad como algo absolutamente normal y nada extraordinario, no fuera de lo común.  La <em>dispositio</em> interna, la ausencia de figura o artificio de ornato, produce un texto directo, sin fingimiento, de rabioso realismo. La <em>dispositio </em>externa, considerando lo anterior, genera la impresión de desnudez, de nada que ocultar.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">            Puesto de esta forma, los tres cuentos, echando mano de diferentes procedimientos retórico-estilísticos, reformulan la realidad y ofrecen distintas interpretaciones en torno al asunto homoerótico.</p>
<p style="text-align: justify;">            El cuento de Fidencio González Montes trata de esconder la homosexualidad, por eso se echa mano de la alegoría, un metasemema que oculta u oscurece el sentido. Escrito a finales de los años setenta, quizá refracte, como quería Bajtín, el ánimo de la sociedad mexicana de aquellos días.</p>
<p style="text-align: justify;">            El cuento de Enrique Serna, echando mano del ridículo y la ironía, propone el reconocimiento del Otro y el abajamiento, la conmiseración.</p>
<p style="text-align: justify;">            El cuento de Ignacio Trejo Fuentes, por su parte, apelando a la no figura, construye un discurso que, a final de cuentas, pugna por no ocultar la homosexualidad, pugna por no aceptar la concesión social que representa el abajamiento, no mendiga la conmiseración sino que, por el contrario, afirma su identidad y la inserta en el ámbito de la <em>consuetudo</em> retórica, en la normalidad, en el mundo de lo cotidiano, tal como sucede en las distintas sociedades actuales.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">BIBLIOGRAFÍA</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">González Montes, Fidencio. “Juego de ajedrez”. <em>Jaula de palabras</em>. Sainz, Gustavo (compilador). México: Grijalbo. 1980.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Hansen, Joao Adolfo. “La doctrina conceptista de lo cómico en el <em>Trattato de ridicoli</em> de Emanuele Tesauro”. <em>Los ejes de la retórica</em>. México: UNAM. 2005.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Perelman, Ch. <em>Tratado de la argumentación</em>. Madrid: Gredos. 1989.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Trejo Fuentes, Ignacio. <em>Tu párvula boca</em>. México: Ficticia. 2003.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Serna, Enrique. <em>El orgasmógrafo</em>. México: Plaza Janés. 2001.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p> </p>
<hr style="text-align: justify;" size="1" />
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftnref1">[1]</a> * Esta vez los personajes estaban más jodidos que un carro recién sacado del corralón. (261)</p>
<p style="text-align: justify;">* Me miró como diciendo: mira buey, así se hacen los bisnes. La neta que a veces debo reconocer la capacidad genial de mi casi hermano para sacar la bandera de libre y agarrar pasaje de volada. (262)</p>
<p style="text-align: justify;">* Me cai que la estaba haciendo cansada, de una vez que lo paro: a ver chavo, empieza tu estriptis, quién eres, qué onda con nosotros, sincerízate. (264).</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Foja de poesía No. 159: Vicente Gerbasi</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 09:11:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 3]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía venezolana del siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Gerbasi]]></category>

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		<description><![CDATA[Vicente Gerbasi (1913-1992) nació en Canoabo, Venezuela. En una veintena de libros que publicó se reúne una obra poética de las más consolidadas del siglo XX en el mundo de lengua hispánica. Su relevante y largo poema Mi padre, el inmigrante fue publicado por primera vez en 1945. Fue reeditado recientemente por la editorial Laberinto.

 
 
Nueve liras
1943
 
 I
Claras horas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Vicente-Gerbasi.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8020" title="Vicente Gerbasi" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Vicente-Gerbasi.jpg" alt="Vicente Gerbasi" width="610" height="265" /></a>Vicente Gerbasi (1913-1992) nació en Canoabo, Venezuela. En una veintena de libros que publicó se reúne una obra poética de las más consolidadas del siglo XX en el mundo de lengua hispánica. Su relevante y largo poema <em>Mi padre, el inmigrante</em> fue publicado por primera vez en 1945. Fue reeditado recientemente por la editorial Laberinto.</p>
<p><span id="more-7995"></span></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Nueve liras</strong></p>
<p style="text-align: center;">1943</p>
<p> </p>
<p> <strong>I</strong></p>
<p>Claras horas del césped,</p>
<p>morada silenciosa de las flores,</p>
<p>soy el amante huésped</p>
<p>rendido a los rumores</p>
<p>y a la dorada luz de los alcores.</p>
<p> </p>
<p>Asciende la tristeza</p>
<p>ondulando en los trigos vespertinos,</p>
<p>en la dulce pureza</p>
<p>de coros campesinos</p>
<p>que hacia los cielos van entre los pinos.</p>
<p> </p>
<p>Brillan los azahares</p>
<p>en la penumbra malva del olvido,</p>
<p>bajo verdes altares,</p>
<p>adonde voy herido</p>
<p>de un anhelo vehemente y encendido.</p>
<p> </p>
<p>Vitrales del poniente</p>
<p>derraman sus fantásticos reflejos</p>
<p>sobre el orbe doliente,</p>
<p>y el ser hacia lo lejos</p>
<p>sufre el fuego de móviles espejos.</p>
<p> </p>
<p>Al descender el día,</p>
<p>la bruma nos conduce al monasterio</p>
<p>de la melancolía</p>
<p>a escuchar el salterio</p>
<p>melódico y profundo del misterio.</p>
<p> </p>
<p>Arpas de sombra fluyen</p>
<p>del suspirar eterno del follaje,</p>
<p>y las almas intuyen,</p>
<p>como arcano mensaje,</p>
<p>el eco de la muerte en el cordaje.</p>
<p> </p>
<p>¡Oh noche misteriosa,</p>
<p>encantada visión de oscura calma,</p>
<p>que siempre candorosa,</p>
<p>al pie de eterna palma,</p>
<p>enciendes las estrellas en mi alma!</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>Islas crepusculares</p>
<p>me hieren con su triste lejanía,</p>
<p>bajo enigmas solares,</p>
<p>en fuegos de agonía,</p>
<p>cual remota y doliente sinfonía.</p>
<p> </p>
<p>Son flores de oro pálido,</p>
<p>abiertas por el ángel del poniente</p>
<p>en el sereno y cálido</p>
<p>anochecer ardiente,</p>
<p>confinado a su púrpura doliente.</p>
<p> </p>
<p>Hijas de la distancia,</p>
<p>mundo del soñador y del pirata,</p>
<p>adonde va la infancia</p>
<p>en sus barcas de plata,</p>
<p>surcando el sueño azul que me arrebata.</p>
<p> </p>
<p>Sus grutas son moradas</p>
<p>de un remansado mar de oscuras olas,</p>
<p>que esconden hechizadas</p>
<p>perlas y caracolas,</p>
<p>entre brillos y frágiles corolas.</p>
<p> </p>
<p>Un aire de arpas flota</p>
<p>en el viaje ligero de la ondina,</p>
<p>y sueña la gaviota</p>
<p>sobre la arena fina,</p>
<p>mientras se abre la anémona marina.</p>
<p> </p>
<p>Oh soñar infinito</p>
<p>del alma que se eleva enamorada</p>
<p>al milagroso rito</p>
<p>de la tarde inflamada,</p>
<p>¡refúgiame en tu mágica morada!</p>
<p> </p>
<p>Eres tiempo profundo</p>
<p>y grave y solitario y olvidado,</p>
<p>más lo prefiero al mundo</p>
<p>del hombre encadenado,</p>
<p>que olvida la razón de lo creado.</p>
<p> </p>
<p>Me iré con los veleros</p>
<p>por el confín nostálgico del día,</p>
<p>y el son de los remeros</p>
<p>y algún ave tardía</p>
<p>serán en mí nocturna melodía.</p>
<p> </p>
<p>Que la noche me arrastre</p>
<p>como un leño en las aguas tumultuosas</p>
<p>de un arcano desastre,</p>
<p>y me entregue a luctuosas</p>
<p>furias roncas de formas tenebrosas.</p>
<p> </p>
<p>Y que mi ser perdido</p>
<p>en esta soledad desenfrenada,</p>
<p>al misterio rendido, como isla abandonada,</p>
<p>espere su relámpago en la nada.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>III</strong></p>
<p>Torre del mediodía,</p>
<p>bronce de una ciudad abandonada,</p>
<p>desierta melodía,</p>
<p>es mi vida asolada,</p>
<p>cuando me invade el viento de la nada.</p>
<p> </p>
<p>Oigo venir el llanto</p>
<p>por los valles oscuros de la tierra,</p>
<p>veo el triste amaranto,</p>
<p>que en su corola encierra</p>
<p>drama de soledad, sombra que aterra.</p>
<p> </p>
<p>Avanzan las legiones</p>
<p>bajo el hierro, la pólvora y la nieve</p>
<p>de lejanas regiones</p>
<p>de pinos y de leve</p>
<p>silbo de viento negro que los mueve.</p>
<p> </p>
<p>Estallan las granadas</p>
<p>sobre blancas aldeas inocentes,</p>
<p>caen enamoradas</p>
<p>vidas adolescentes</p>
<p>y niños a la muerte indiferentes.</p>
<p> </p>
<p>Un huracán de moscas</p>
<p>baja como castigo de los cielos,</p>
<p>entre las nubes hoscas,</p>
<p>entre fúnebres velos,</p>
<p>hasta el alma que gime en sus desvelos.</p>
<p> </p>
<p>Allí va solitario</p>
<p>el hombre bajo el peso del acero,</p>
<p>ascendiendo a un calvario,</p>
<p>calvario verdadero,</p>
<p>sin amor, sin vinagre, sin lucero.</p>
<p> </p>
<p>Oigo el llanto profundo,</p>
<p>el llanto solitario y silencioso</p>
<p>de las madres del mundo,</p>
<p>ascendiendo luctuoso</p>
<p>a los cielos, cual coro misterioso.</p>
<p> </p>
<p>He aquí la angustia, el duelo</p>
<p>del alma en los confines del olvido,</p>
<p>como un oscuro vuelo</p>
<p>en el malva y herido</p>
<p>cielo, que mi existir clama rendido.</p>
<p> </p>
<p>¡Horas de mis desvelos,</p>
<p>morada de la muerte y las estrellas,</p>
<p>entregadme a los cielos,</p>
<p>y dadme las centellas</p>
<p>para dar luz a mis dolientes huellas!</p>
<p> </p>
<p>¡Y si el dolor del mundo,</p>
<p>en música de llanto o fuego vivo,</p>
<p>asciende a lo profundo</p>
<p>de mi ser sensitivo,</p>
<p>dadle forma de un ángel pensativo!</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>IV</strong></p>
<p>Temblor en mí es el cielo,</p>
<p>cuando en la fronda oscura de las pomas</p>
<p>brilla una luz de hielo</p>
<p>y acoge entre las lomas</p>
<p>un vuelo solitario de palomas.</p>
<p> </p>
<p>El sol en los collados</p>
<p>y en las cumbres lejanas del poniente,</p>
<p>se difunde en dorados</p>
<p>brillos de luz doliente,</p>
<p>hiriendo de fulgor al ser ausente.</p>
<p> </p>
<p>Un dios de lejanía,</p>
<p>como montaña grave de reflejos</p>
<p>palpita en su agonía,</p>
<p>como en hondos espejos,</p>
<p>donde yacen mis pálidos festejos.</p>
<p> </p>
<p>Agitando laureles,</p>
<p>derramando en las peñas negro vino,</p>
<p>huyen raudos lebreles,</p>
<p>y el viento vespertino</p>
<p>me embriaga, y atormenta mi destino.</p>
<p> </p>
<p>Yo estuve bajo el frío,</p>
<p>heredando leyendas junto al fuego,</p>
<p>y ahora en el estío,</p>
<p>ardiente como un juego</p>
<p>de niños tenebrosos, solo ruego,</p>
<p> </p>
<p>solo y mudo blasfemo,</p>
<p>solo contemplo dioses de granito,</p>
<p>solo labro mi remo,</p>
<p>solo enciendo mi rito,</p>
<p>y entre llamas me elevo al infinito.</p>
<p> </p>
<p>Venid amigos míos:</p>
<p>he aquí la roca oscura del olvido,</p>
<p>el eco de los ríos,</p>
<p>y el fantasmal ruido</p>
<p>sobre la soledad de lo vivido.</p>
<p> </p>
<p>Os reclama la muerte,</p>
<p>y esta espiga madura junto al día,</p>
<p>y este paraje inerte</p>
<p>de gravedad y umbría</p>
<p>entregado a su negra sinfonía.</p>
<p> </p>
<p>Se abre una flor nocturna,</p>
<p>y a la sombra del alma da su lumbre</p>
<p>de magia taciturna,</p>
<p>como brillo de densa pesadumbre.</p>
<p> </p>
<p>Venid amigos míos</p>
<p>a este paraje yermo de agonía,</p>
<p>donde moran los fríos,</p>
<p>la ceniza del día,</p>
<p>y el ave de hechizada melodía.</p>
<p> </p>
<p>Precipicio caliente,</p>
<p>llanura del silencio de los muertos,</p>
<p>colmillo de serpiente,</p>
<p>huesos de los desiertos,</p>
<p>esqueletos de barcas en los puertos,</p>
<p> </p>
<p>os miro en mi delirio,</p>
<p>mientras la tierra pasa ensangrentada,</p>
<p>en fuego de martirio,</p>
<p>por la comba estrellada,</p>
<p>como un arcano signo de la nada.</p>
<p> </p>
<p>Venid amigos míos:</p>
<p>un sufrimiento anónimo os agita,</p>
<p>un huracán de hastíos,</p>
<p>en la hora maldita,</p>
<p>mientras la maravilla al ser invita.</p>
<p> </p>
<p>Os espero en mi angustia,</p>
<p>al pie de una montaña de espejismo,</p>
<p>en mi tétrica angustia,</p>
<p>gritándome a mí mismo,</p>
<p>cual si un hijo cayera en un abismo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>V</strong></p>
<p>¿Por qué voy por la noche</p>
<p>elevando mi sombra a las estrellas,</p>
<p>en un vago derroche</p>
<p>de iluminadas huellas</p>
<p>y secretas y mágicas centellas?</p>
<p> </p>
<p>De la sonora cumbre,</p>
<p>toda azul, coronada de neblinas,</p>
<p>desciende con su lumbre</p>
<p>de dolorosas resinas,</p>
<p>el tiempo a mis dolientes, graves, ruinas.</p>
<p> </p>
<p>Atrás quedan los muertos,</p>
<p>como hierro oxidado entre terrones,</p>
<p>cual agua en los desiertos,</p>
<p>que beben los leones</p>
<p>entre cálidos brillos de tifones.</p>
<p> </p>
<p>En medio del follaje,</p>
<p>junto al puma, las lianas, la serpiente,</p>
<p>oigo un grave cordaje,</p>
<p>y en el salto potente</p>
<p>de la fiera, se curva un signo ardiente.</p>
<p> </p>
<p>Oigo los blandos pasos</p>
<p>del estrellado tigre en la pradera,</p>
<p>como rasgando rasos</p>
<p>entre la adormidera,</p>
<p>el helecho, el bambú y la palmera.</p>
<p> </p>
<p>Desde negros espejos,</p>
<p>el búho con sus ojos me atormenta,</p>
<p>entre fríos reflejos,</p>
<p>y en su mirar de menta</p>
<p>me hipnotiza el misterio y se lamenta.</p>
<p> </p>
<p>La araña me aprisiona</p>
<p>en sus frágiles redes siderales,</p>
<p>y hunde la araña-mona</p>
<p>sus lamentos mortales</p>
<p>en un clima de flores minerales.</p>
<p> </p>
<p>Soy una densa sombra</p>
<p>poblada de luciérnagas ligeras,</p>
<p>y el eco que me nombra</p>
<p>en las negras laderas,</p>
<p>me agita como fúnebres banderas.</p>
<p> </p>
<p>Y miro el agua lenta</p>
<p>del río, de los lagos, de los mares,</p>
<p>mientras a mi osamenta</p>
<p>bajan brillos lunares,</p>
<p>como baja la luz a lo altares.</p>
<p> </p>
<p>La piedra no es la piedra,</p>
<p>ni el árbol es el árbol milenario,</p>
<p>si la hiedra es la hiedra</p>
<p>trepando el campanario,</p>
<p>olvidado en su bronce funerario.</p>
<p> </p>
<p>Oigo congregaciones,</p>
<p>como un rumos de tumbas removidas,</p>
<p>que con sus oraciones</p>
<p>y lumbres encendidas,</p>
<p>llorando van como almas doloridas.</p>
<p> </p>
<p>Y miro en la tristeza</p>
<p>la aldea que soporta silenciosa</p>
<p>su bíblica pobreza,</p>
<p>como hermana amorosa</p>
<p>de la eterna colina rumorosa.</p>
<p> </p>
<p>Y miro las ciudades</p>
<p>en su rumor de sombras perseguidas,</p>
<p>de llanto y de maldades,</p>
<p>mientras las avenidas</p>
<p>se olvidan de la harina y las heridas.</p>
<p> </p>
<p>Llorad vientos nocturnos</p>
<p>por la madre que pare bajo un puente,</p>
<p>y por los taciturnos,</p>
<p>y por el ser que siente</p>
<p>correr por el metal su sangre ardiente.</p>
<p> </p>
<p>Y por el solitario,</p>
<p>y el que llora implorando a mudos santos</p>
<p>de un oscuro santuario,</p>
<p>donde se elevan cantos</p>
<p>de una tristeza oculta en negros mantos.</p>
<p> </p>
<p>Y por mi calavera,</p>
<p>semejante a la muerte, al aire, al río,</p>
<p>al hijo, a la palmera:</p>
<p>forma blanca del frío,</p>
<p>del fuego, del dolor, del desvarío.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>VI</strong></p>
<p>Llanto, llanto profundo,</p>
<p>te escucho como a un salmo en lo vivido,</p>
<p>en la noche del mundo,</p>
<p>con su costado herido,</p>
<p>como un niño sangrando en el olvido.</p>
<p> </p>
<p>Alma, afán solitario,</p>
<p>eres la noche misma en los olivos</p>
<p>de un antiguo calvario,</p>
<p>hiriéndote de vivos</p>
<p>metales por los cielos fugitivos,</p>
<p> </p>
<p>La madre y el mendigo,</p>
<p>el animal doméstico y la esposa,</p>
<p>el hijo y el amigo,</p>
<p>bajan por la ardorosa</p>
<p>colina de la noche rumorosa.</p>
<p> </p>
<p>Voces, voces nocturnas,</p>
<p>oscuras frente al viento de la aurora,</p>
<p>guitarras taciturnas</p>
<p>hundidas en la hora,</p>
<p>seguidme hasta la luz que me devora.</p>
<p> </p>
<p>La tristeza abandona</p>
<p>su penumbra estrellada de violines,</p>
<p>y vuelve y se corona</p>
<p>con luz de querubines</p>
<p>en mi sereno valle de jazmines.</p>
<p> </p>
<p>Dolor, dolor del mundo,</p>
<p>que has pasado la noche en la pobreza,</p>
<p>de ti, en la sombra, inundo</p>
<p>mi inclinada cabeza,</p>
<p>y callado me elevo en tu tristeza.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>VII</strong></p>
<p>Oh tristeza nocturna,</p>
<p>herida por la estrella solitaria,</p>
<p>¿tañes, tú, taciturna,</p>
<p>el arpa funeraria,</p>
<p>al pie de la montaña milenaria?</p>
<p> </p>
<p>Junto a ti las edades</p>
<p>suenan en el abismo y en el río,</p>
<p>cual hondas soledades</p>
<p>disueltas en el frío</p>
<p>reflejo tembloroso del rocío.</p>
<p> </p>
<p>En el aire sagrado</p>
<p>flotan, entre corolas, los anhelos,</p>
<p>y al césped esmaltado,</p>
<p>desciende en vagos velos,</p>
<p>la visión melodiosa de los cielos.</p>
<p> </p>
<p>¿No es ésta tu morada,</p>
<p>oh tristeza nocturna, suspirante</p>
<p>virgen enamorada</p>
<p>del silencio sangrante</p>
<p>en el alma hechizada del amante?</p>
<p> </p>
<p>Cual las notas agrestes</p>
<p>de una flauta lejana, así me llaman</p>
<p>tus violetas celestes,</p>
<p>que las sombras derraman</p>
<p>y en el profundo azul lentas se inflaman.</p>
<p> </p>
<p>En la nada retumbas,</p>
<p>y en ti somos los ángeles caídos</p>
<p>sobre brumosas tumbas,</p>
<p>al olvido rendidos,</p>
<p>bajo una brisa negra de gemidos.</p>
<p> </p>
<p>La magia rumorosa</p>
<p>de las oscuras frondas agitadas,</p>
<p>¿no es tu voz misteriosa?</p>
<p>¿Oyes las desdichadas</p>
<p>doncellas en tus sombras desoladas?</p>
<p> </p>
<p>Eres, en la perdida</p>
<p>comarca de los pobres, la heredad,</p>
<p>y su luz encendida</p>
<p>junto a la enfermedad,</p>
<p>es estrella en tu propia soledad.</p>
<p> </p>
<p>Y eres dolor del mundo</p>
<p>en la madre que llora silenciosa</p>
<p>al hijo moribundo.</p>
<p>¡Oh, tú, doliente diosa,</p>
<p>apártale su muerte candorosa!</p>
<p> </p>
<p>Mi ser es tu vivienda,</p>
<p>perdida entre abedules olvidados</p>
<p>como en una leyenda.</p>
<p>En ella están callados</p>
<p>mis muertos, en tus arpas, extasiados</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>VIII</strong></p>
<p>¿Qué oscuridad me nombra?</p>
<p>A tientas voy llorando por la tierra</p>
<p>bajo la grave sombra</p>
<p>que a los pasos se aferra</p>
<p>y en el gusano hambriento nos aterra.</p>
<p> </p>
<p>¿Quién con silbos me llama?</p>
<p>Un relámpago cae en la mirada,</p>
<p>y en el alma se inflama</p>
<p>la resina sagrada,</p>
<p>que una mano remueve encadenada.</p>
<p> </p>
<p>He aquí la vieja puerta,</p>
<p>de hueso carcomido y tristes huellas,</p>
<p>de mi casa desierta,</p>
<p>de piedra de centellas,</p>
<p>cual la pobreza al pie de las estrellas.</p>
<p> </p>
<p>He aquí la vieja silla</p>
<p>de mi padre que duerme entre las flores,</p>
<p>bajo una cruz sencilla,</p>
<p>caída entre rumores,</p>
<p>luciérnagas, ladrillos y dolores.</p>
<p> </p>
<p>He aquí el triste retrato</p>
<p>de mi madre mirándome entre escombros,</p>
<p>hundida en su arrebato,</p>
<p>con su luto de asombros,</p>
<p>buscándome en la curva de mis hombros.</p>
<p> </p>
<p>He aquí la vieja mesa,</p>
<p>donde el pan era símbolo sagrado,</p>
<p>y que la sombra besa</p>
<p>en mi ser desolado,</p>
<p>perdido en los reflejos del pasado.</p>
<p> </p>
<p>¿Por qué estos signos graves,</p>
<p>hablándome, en la noche sin confines,</p>
<p>de mis oscuras llaves,</p>
<p>que guardo en los jardines</p>
<p>incendiados por tristes querubines?</p>
<p> </p>
<p>Descienden a mi frente</p>
<p>cuervos de soledad ensangrentada,</p>
<p>y en el sufrir ardiente</p>
<p>mi vida va callada</p>
<p>por la tierra sombría y estrellada.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>IX</strong></p>
<p>El enigma nocturno</p>
<p>en nieve de violetas baja lento</p>
<p>a mi ser taciturno,</p>
<p>y en silbos de oro siento</p>
<p>el paso del misterio por el viento.</p>
<p> </p>
<p>Sombras de soñadores</p>
<p>descienden con antorchas inflamadas,</p>
<p>como antiguos pastores,</p>
<p>modulando encantadas</p>
<p>flautas de altas nostalgias estrelladas.</p>
<p> </p>
<p>Dejé los olivares,</p>
<p>dejé el rumor oscuro de los pinos,</p>
<p>y ahora los cantares</p>
<p>de alegres campesinos</p>
<p>me llegan en los aires peregrinos.</p>
<p> </p>
<p>Dejé mi infancia sola,</p>
<p>perdida en un recuerdo silencioso,</p>
<p>como luz de corola</p>
<p>de un bosque rumoroso,</p>
<p>en donde un ángel juega con un oso.</p>
<p> </p>
<p>Dejé mi propia vida</p>
<p>al pie del arcoiris y la estrella,</p>
<p>y ahora en honda herida,</p>
<p>angustia que me sella,</p>
<p>y forma dolorosa de una huella.</p>
<p> </p>
<p>Siento llegar las ondas</p>
<p>del aire con olores de manzanas,</p>
<p>oigo las dulces rondas,</p>
<p>el son de las campanas</p>
<p>y las sencillas voces aldeanas.</p>
<p> </p>
<p>¿Dónde aquellas ovejas</p>
<p>que manchaban de blanco las colinas,</p>
<p>y las finas abejas</p>
<p>que bajo las encinas</p>
<p>embriagaban las flores vespertinas?</p>
<p> </p>
<p>¿Dónde el perro pastor,</p>
<p>fiel a la flauta mágica y agreste?</p>
<p>¡Oh profundo dolor</p>
<p>que en la noche silvestre</p>
<p>me invade con las ráfagas del este!</p>
<p> </p>
<p>Venid, vientos lejanos,</p>
<p>vientos de las nocturnas soledades,</p>
<p>y hundidme en los arcanos</p>
<p>ritmos de tempestades,</p>
<p>y entregad mi ceniza a las edades.</p>
<p> </p>
<p>Coronaré mi frente</p>
<p>de soledades, de angustia, de sonido</p>
<p>metálico y ardiente,</p>
<p>para vivir herido</p>
<p>bajo el azul follaje del olvido.</p>
<p> </p>
<p>Y a la orilla de un lago</p>
<p>viviré con la sombra de mis duelos,</p>
<p>y como un viejo mago,</p>
<p>lanzaré en los desvelos</p>
<p>mis arpas incendiadas a los cielos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Vicente Gerbasi (1913-1992) nació en Canoabo, Estado Carabobo, Venezuela. En una veintena de libros que publicó se reúne una obra poética de las más consolidadas del siglo XX en el mundo de lengua hispánica. En 1937 publica su primer poemario: <em>Vigilia del náufrago</em>. Tempranamente, en 1940, el crítico literario Humberto Díaz Casanova calificó la creación de Gerbasi con estas palabras: &#8220;&#8230;uno de los poetas más esenciales y mejor dotados de la actual lírica venezolana, poseedor de un sentido poético muy sutil y rico en impregnación musical, apto casi siempre para alcanzar la <em>transparencia de la forma</em> sin artificialismos ni acrobacias de ninguna especie.&#8221; Su relevante largo poema <em>Mi padre, el inmigrante</em> lo publicó por primera vez en 1945. Algunos otros de sus libros son: <em>Bosque doliente</em> (1940), <em>Liras</em> (1943), <em>Tres nocturnos</em> (1946), <em>Los espacios cálidos</em> (1952), <em>Círculos de trueno</em> ( 1953), <em>Tirano de sombra y fuego</em> (1955), <em>El arte de sol</em> (1958), <em>Olivos de eternidad</em> (1961). Por su libro <em>Poesía de viaje</em> en 1969 fue merecedor en su país del Premio Nacional de Poesía. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, italiano, danés, hebreo, árabe, chino, sueco y rumano.</p>
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		<item>
		<title>Foja de poesía No. 158: Alberto Blanco</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 06:00:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fojas de Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 3]]></category>
		<category><![CDATA[24 poetas mexicanos (1940-1960)]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Meléndez]]></category>

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		<description><![CDATA[De la serie &#8220;24 poetas mexicanos (1940-1960)&#8221; preparada por el poeta Mario Meléndez presentamos el trabajo de Alberto Blanco (Ciudad de México, 1951). Entre sus libros más recientes se encuentra su segundo ciclo de doce libros de poesía publicado en el 2005 (Letras Mexicanas del FCE): La hora y la neblina.

 
 
 
 
Sueño en una estación 
de trenes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Alberto-Blanco.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8006" title="Alberto Blanco" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Alberto-Blanco.jpg" alt="Alberto Blanco" width="610" height="265" /></a>De la serie &#8220;24 poetas mexicanos (1940-1960)&#8221; preparada por el poeta Mario Meléndez presentamos el trabajo de Alberto Blanco<strong> </strong>(Ciudad de México, 1951). Entre sus libros más recientes se encuentra su segundo ciclo de doce libros de poesía publicado en el 2005 (Letras Mexicanas del FCE): <em>La hora y la neblina.</em></p>
<p><span id="more-7981"></span></p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Sueño en una estación </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>de trenes al amanecer</strong></p>
<p> </p>
<p>Estoy en una estación</p>
<p>a bordo de un tren</p>
<p> </p>
<p>Camino de carro en carro</p>
<p>de puerta en puerta</p>
<p> </p>
<p>Paso gabinetes y fuelles</p>
<p>ventanas encendidas</p>
<p> </p>
<p>Pero al poco tiempo</p>
<p>ya no hay ventanas</p>
<p> </p>
<p>No hay fuelles ni carros</p>
<p>no hay tren ni estación</p>
<p> </p>
<p>Sólo la luna dormida</p>
<p>sólo el cielo y la tierra</p>
<p> </p>
<p>Y las blancas estrellas</p>
<p>que iluminan este poema</p>
<p> </p>
<p>                                               <em> </em></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Nostalgia</strong></p>
<p> </p>
<p>Allí está el cielo: ahora veo.</p>
<p> </p>
<p>Allí está el cielo abierto</p>
<p>esperando por lo mejor de mí.</p>
<p> </p>
<p>Atrás quedan los padres</p>
<p>los amigos, los consejos…</p>
<p> </p>
<p>Los juguetes soñados en la infancia,</p>
<p>el árbol de los deseos,</p>
<p>la noche al fondo de la alberca,</p>
<p>el parque del primer beso.</p>
<p> </p>
<p>Lo veo todo a la distancia</p>
<p>como un cuerpo que se despierta</p>
<p>al fondo de un paisaje.</p>
<p>Lo veo como si no fuera cierto.</p>
<p> </p>
<p>Hemos venido a la vida</p>
<p>a despedirnos de todo lo que amamos,</p>
<p>de aquello que nos fue dado,</p>
<p>de todos los que queremos.</p>
<p> </p>
<p>Pero justamente allí está el cielo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Tú</strong></p>
<p> </p>
<p>Qué voy a hacer contigo, dime,</p>
<p>a dónde quieres que te deje,</p>
<p>si a donde quiera que voy</p>
<p>tú vas conmigo</p>
<p>y me recuerdas siempre</p>
<p>mi condición de hombre</p>
<p>atado al potro de la sangre</p>
<p>y al agridulce rastro del deseo…</p>
<p> </p>
<p>Basta mirar</p>
<p>la suave curva del cielo</p>
<p>para sentirte entre mis manos.</p>
<p> </p>
<p>Sólo tú sabes de cierto</p>
<p>que mucho más que el dolor,</p>
<p>el miedo o el amor</p>
<p>al conocimiento,</p>
<p>me movió la belleza</p>
<p>de un rostro</p>
<p>en su desigual perfección:</p>
<p>la proporción exacta</p>
<p>de un cuerpo real</p>
<p>equilibrado</p>
<p>a la sombra de unos ojos</p>
<p>y al borde de unos labios.</p>
<p> </p>
<p>Tú lo sabes de cierto</p>
<p>y sin embargo callas…</p>
<p> </p>
<p>Pero, mírate, pequeña,</p>
<p>y recuerda que en ti</p>
<p>todo lo grande duerme.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Amor de Tulum</strong></p>
<p style="text-align: left;">Hermosa es la mujer</p>
<p>que de mis ojos se va caminando al mar.</p>
<p> </p>
<p>En la arena su falda</p>
<p>dibuja la pausada línea de las aves…</p>
<p> </p>
<p>Turquesa en el turquesa,</p>
<p>cadena de finas palmas y leves huellas,</p>
<p> </p>
<p>la siguen, ardientes:</p>
<p>sobre el agua se yergue un templo de sal.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>El fin de las etiquetas</strong></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p>La mosca se levanta de la mesa</p>
<p>y domina los cuartos desde el techo,</p>
<p>atraviesa puntualmente el pasillo</p>
<p>que comunica el mar con el paisaje.</p>
<p> </p>
<p>Penetrante en la luz es su zumbido</p>
<p>una burbuja más dentro del agua…</p>
<p>navegando descubre entre los botes</p>
<p>el borde iluminado del mantel.</p>
<p> </p>
<p>El fondo es sucio, lo que mira es claro:</p>
<p>esta vida que flota vacilante</p>
<p>con aire de papel, blanco de luz,</p>
<p>nada recuerda ya de las palabras.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>No pasa nada</strong></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p>La vida es una película en blanco y negro</p>
<p>donde no se alcanzan a leer los subtítulos…</p>
<p>tal parece que la muerte no descansa</p>
<p>ni a sol ni a sombra.</p>
<p> </p>
<p>Se echan a rodar pequeños mundos</p>
<p>a la orilla del sueño</p>
<p>con el viento del dolor</p>
<p>y la inclinación de los recuerdos.</p>
<p> </p>
<p>Pero no pasa nada…</p>
<p>allá en el fondo de la pantalla</p>
<p>no hay reproche posible</p>
<p>ni tristeza mortal en la pareja.</p>
<p> </p>
<p>Sólo una sed de imágenes</p>
<p>apagada dulcemente</p>
<p>en el manantial de la costumbre</p>
<p>donde las palabras toman cuerpo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Mi tribu</strong> </p>
<p>La tierra es la misma</p>
<p>         el cielo es otro.</p>
<p>El cielo es el mismo</p>
<p>         la tierra es otra.</p>
<p> </p>
<p>De lago en lago,</p>
<p>de bosque en bosque:</p>
<p>¿cuál es mi tribu?</p>
<p>-me pregunto_</p>
<p>¿cuál es mi lugar?</p>
<p> </p>
<p>Tal vez pertenezco a la tribu</p>
<p>de los que no tienen tribu;</p>
<p>o a la tribu de las ovejas negras;</p>
<p>o a la tribu cuyos ancestros</p>
<p>           vienen del futuro:</p>
<p>una tribu que está por llegar.</p>
<p> </p>
<p>Pero si he de pertenecer a alguna tribu</p>
<p>-me digo-</p>
<p>que sea a una tribu grande,</p>
<p>que sea a una tribu fuerte,</p>
<p>una tribu donde nadie</p>
<p>quede fuera de la tribu,</p>
<p>donde todos,</p>
<p>todo y siempre</p>
<p>tengan su santo lugar.</p>
<p> </p>
<p>No hablo de una tribu humana.</p>
<p>No hablo de una tribu planetaria.</p>
<p>No hablo siquiera de una tribu universal.</p>
<p> </p>
<p>Hablo de una tribu de la que no se puede hablar.</p>
<p> </p>
<p>Una tribu que ha existido siempre</p>
<p>pero cuya existencia está todavía por ser comprobada.</p>
<p> </p>
<p>Una tribu que no ha existido nunca</p>
<p>pero cuya existencia</p>
<p>podemos ahora mismo comprobar.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Alberto Blanco<strong> </strong>(Ciudad de México, 1951). Poeta, ensayista y traductor. Cursó estudios universitarios de Química y Filosofía en la UIA y en la UNAM, respectivamente, y de maestría en Estudios Orientales, en el área de China, en El Colegio de México. En 2001 recibió la Beca de Poesía “Octavio Paz”. A la fecha ha publicado 25 libros de poesía, entre los que destacan: <em>Giros de faros</em>, 1979; <em>Antes de Nacer</em>, 1983; <em>Tras el rayo</em>, 1985 y <em>El libro de los pájaros</em>, 1990. Su trabajo ha sido traducido a una docena de idiomas e incluido en diversas antologías de literatura hispanoamericana. El Fondo de Cultura Económica publicó en 1998 en su serie mayor de Letras Mexicanas bajo el título de <em>El corazón del instante</em>, una reunión de doce libros de poesía que abarca 25 años de escritura (1968-1993). En 1988 recibió el Premio de Poesía &#8220;Carlos Pellicer&#8221; por su libro <em>Cromos</em>, y en 1989 el Premio &#8220;José Fuentes Mares&#8221; por <em>Canto a la sombra de los animales</em>. En 1996 <em>También los insectos son perfectos</em> recibió en Holanda el Diploma &#8220;Honor List de IBBY&#8221;. En 2002 recibió el premio “Alfonso X, El Sabio”, que otorga San Diego State University a la traducción literaria. Entre sus libros más recientes se encuentra su segundo ciclo de doce libros de poesía publicado en el 2005 dentro de la colección de Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica: <em>La hora y la neblina.</em><em> </em></p>
<p><a href="http://www.fractal.com.mx/F25blanco.html">http://www.fractal.com.mx/F25blanco.html</a></p>
<p><em> </em></p>
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		<item>
		<title>Foja de poesía No. 157: Juan Carlos Cabrera Pons</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 06:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fojas de Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 2]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Cabrera Pons]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas de la generación de los 80]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://circulodepoesia.com/nueva/?p=7988</guid>
		<description><![CDATA[A continuación presentamos un acercamiento a la poesía de Juan Carlos Cabrera Pons (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1986). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía &#8220;Mérida&#8221; 2008 por su poemario Cuatro piezas danesas (Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, 2009).

 
Un poema y sus variaciones
 
Pues yo soy el infierno, y en las
Profundidades del abismo otro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Juan-Carlos-Cabrera-Pons.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-8003" title="Juan Carlos Cabrera Pons" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Juan-Carlos-Cabrera-Pons.jpg" alt="Juan Carlos Cabrera Pons" width="610" height="265" /></a>A continuación presentamos un acercamiento a la poesía de Juan Carlos Cabrera Pons (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1986). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía &#8220;Mérida&#8221; 2008 por su poemario <span style="FONT-STYLE: italic">Cuatro piezas danesas</span> (Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, 2009).</p>
<p><span id="more-7988"></span></p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Un poema y sus variaciones</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="right"><em>Pues yo soy el infierno, y en las</em></p>
<p align="right"><em>Profundidades del abismo otro se abre</em></p>
<p align="right"><em>Más hondo, que amenaza devorarme,</em></p>
<p align="right"><em>Comparado con el cual, el infierno</em></p>
<p align="right"><em>que padezco, parece incluso un Cielo.</em></p>
<p align="right">John Milton</p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Poema]</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p>El primer ángel cayó de las alturas, cayóse</p>
<p>de la nube más dorada; acarició su grito</p>
<p>la penumbra, hirió de grietas la oscuridad.</p>
<p>Dijo:</p>
<p>            «Hay una espina en la tierra,</p>
<p>hay una espina que hiere –dijo en esta tierra–,</p>
<p>y en la punta de la espina hay un jardín».</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p><em>Sacudiendo a la noche con las alas, así, el gallo,</em></p>
<p><em>que acostumbra aplaudir a la aurora con su voz,</em></p>
<p><em>no lo pueden resistir leones presurosos, ni mirarlo;</em></p>
<p><em>sino que huyen de él al momento,</em></p>
<p><em>porque emanan de sus miembros átomos que,</em></p>
<p><em>metiéndose en los ojos de los leones,</em></p>
<p><em> lastiman sus pupilas, y tal dolor provocan,</em></p>
<p><em>que ni su coraje y valentía lo resisten.</em></p>
<p>(Tito Lucrecio, <em>De rerum natura</em>, IV, vv. 712-719)</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p>Acarició su grito la penumbra</p>
<p>porque si luminoso el golpe, luminoso fue también el grito.</p>
<p> </p>
<p>Hirió de grietas la oscuridad</p>
<p>como los ejércitos de antaño</p>
<p>arietes arrastraban contra puertas enemigas.</p>
<p> </p>
<p>«Porque si afiladísimos los átomos de luz</p>
<p>–dijo–, afiladísima es la tierra que reflejan».</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p>Criatura, has de saber:</p>
<p>                                   quien creó el cielo</p>
<p>creo también la tierra; esta tierra morada nuestra;</p>
<p>esta tierra cuerpo nuestro lacerable. Quien creó</p>
<p>el fuego, creo también las cenizas, morada nuestra.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p> </p>
<p>El primer ángel cayó. Yo soy aquel ángel primero.</p>
<p>Yo soy Aquél, el escindido, el solitario, el egoísta.</p>
<p>Caí desde la nube más dorada. Dije:</p>
<p>«Que ahora vengas a decir a la profundidad en que discurro</p>
<p>que brillan doradas las nubes a lo lejos;</p>
<p>que vengas a creerte ahora que hay cielos a lo lejos que he perdido</p>
<p>porque se vieron alejarse lentamente en la caída;</p>
<p>que vengas a lo lejos a decirme cualquier cosa,</p>
<p>es un atrevimiento imperdonable, muchacha.</p>
<p>Pero que vengas a creerte aún haber llegado,</p>
<p>y creas haber dicho que llegaste,</p>
<p>y que puedes aún llegar acaso y aún decir, y creas haber llegado y dicho,</p>
<p>eso es sólo el resultado de tu concepción euclideana del tiempo».</p>
<p> </p>
<p>Yo soy Aquél, no puedes ya decirme nada. Dije:</p>
<p>«Muchacha, has de saber:</p>
<p>        Todo lo veo desde aquí abajo.</p>
<p>Cada fragmento del mundo es igual a la totalidad de mí.</p>
<p>En cada una de mis lágrimas –y mira si he llorado– van los mares,</p>
<p>y en cada mar el cielo, y afilados los átomos de luz rasgan el cielo.</p>
<p>Me duele la luz muchacha, y tu recuerdo, porque la luz es igual</p>
<p>en cada una de sus partes, y cada átomo de luz es una espina, y cada</p>
<p>segundo va sumándose en espina gigantesca; y toda la luz en conjunto,</p>
<p>y toda la historia acumulada, son fragmentos afilados de mí mismo</p>
<p> </p>
<p>No puedes más decirme nada muchacha,</p>
<p>porque mi furia es total en cada una de sus partes,</p>
<p>y no hay palabra que te sepas que se escape de mí mismo,</p>
<p>ni fragmento de palabra</p>
<p>que no esté lleno de mi furia espinosísima».</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Intermezzo en que el ángel hace la <em>pica</em>]</strong></p>
<p> </p>
<p>Como los ejércitos de antaño arietes arrastraban contra puertas enemigas,</p>
<p>no por amor o por odio sino por furia,</p>
<p>te haría el amor con una furia constante como el musgo en las raíces,</p>
<p>y musgo reptaría tus piernas,</p>
<p>columnas agrietadas de un templo abandonado.</p>
<p> </p>
<p>Te haría el amor, muchacha, incluso en esta hora,</p>
<p>pero mi semen negro y frío como la furia</p>
<p>helaría tus muslos en hilillos delgadísimos y fragmentados,</p>
<p>germinando un dolor oscuro entre tus piernas.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p align="center"> </p>
<p>Porque yo soy el Infierno,</p>
<p>y por dentro un otro infierno se abre</p>
<p>más ancho y amenaza devorarme.</p>
<p> </p>
<p>Yo soy el Infierno</p>
<p>aunque adentro mil infiernos se levanten</p>
<p>más anchos y amenacen devorarme,</p>
<p>porque yo soy el Infierno.</p>
<p> </p>
<p>Todos los ríos nacen de mi canto,</p>
<p>va abriendo abismos la palabra mía,</p>
<p>yo soy el Infierno,</p>
<p>vuelven hacia mí todos los ríos,</p>
<p>todo va cayendo hacia mi abismo</p>
<p>porque yo soy el Infierno;</p>
<p>y por dentro un otro infierno se levanta</p>
<p>mucho más ancho y hambriento que el Infierno,</p>
<p>pero yo soy el Infierno.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p> </p>
<p>No fui yo quién para triunfar de ti, Dios mío,</p>
<p>no fui yo quién para retarte, y ahora caigo.</p>
<p> </p>
<p>No tengo la paciencia de los héroes;</p>
<p>me urge la vida, Dios mío, ya nada en mí te busca.</p>
<p> </p>
<p>Estoy caído lejos, irreconocible;</p>
<p>yo soy aquel ángel primero.</p>
<p> </p>
<p>No puedo ya voltear las alas a la inversa, ni puedo,</p>
<p>por más arrepentirme de mí mismo,</p>
<p>ser el Euclides Redentor que me hace falta.</p>
<p>No tengo la paciencia de los héroes,</p>
<p>me urge la vida Dios mío, ya nada en mí te busca.</p>
<p> </p>
<p>No quise más reinar bajo tu manto, lo confieso,</p>
<p>y fui caído. No soy Agamemnón, no tengo</p>
<p>reyes a quien reinar, Dios mío, <em>pero sigo siendo el Rey</em>.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>[Variación]</strong></p>
<p> </p>
<p>No puedo entrar en ti, muchacha,</p>
<p>no puedes comprehenderme;</p>
<p>no tienes tú los góticos portales</p>
<p>apenas suficientes a mi paso;</p>
<p>no tienes el espacio de mis alas,</p>
<p>muchacha, porque yo soy el Infierno,</p>
<p>y yo soy el más ancho de los males.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>La gaviota</strong></p>
<p style="text-align: center;">(Rådhuspladsen)</p>
<p> </p>
<p>Como una cabra alada la gaviota desentierra Copenhague</p>
<p>hunde el cuello entre sus brazos de ceniza</p>
<p>se relíe</p>
<p>y todo si no es blanco lo devora.</p>
<p>¿La has visto al amanecer?</p>
<p>¿mareada? ¿la gaviota?</p>
<p>¿mareada desde el alba</p>
<p>en su labor insólita de oleaje?</p>
<p>la corteza del pan no la perdona</p>
<p>y las manchas soñolientas de tu rostro</p>
<p>bajo sus viejas alas blancas las esconde.</p>
<p>Mareada dando vueltas como ciega</p>
<p>–más que ciega la gaviota</p>
<p>todo lo que no es blanco lo devora</p>
<p>y todo si no es blanco contradice.</p>
<p> </p>
<p>Y Copenhague</p>
<p>la blanca</p>
<p>la blanca blanquísima Copenhague</p>
<p>el colmo de la nieve</p>
<p>desde una interior fuente se descubre</p>
<p>rompiendo los cimientos del planeta</p>
<p>elevándose en el aire</p>
<p>jalada en las alturas por gaviotas.</p>
<p>Desnuda se relíe</p>
<p>bosteza y se levanta.</p>
<p>El sol de molestarla se enrojece</p>
<p>y toda blanca de boda es Copenhague.</p>
<p> </p>
<p>Entonces lo sabíamos</p>
<p>no se puede extrañar en Copenhague</p>
<p>no</p>
<p>ni morirse</p>
<p>que la ausencia que se cae como una roca</p>
<p>sobre sus viejas torres blancas se estremece</p>
<p>y el tiempo que se baila en tus arrugas lo devora</p>
<p>y todo si no es suyo contradice</p>
<p>y no</p>
<p>no se puede morir.</p>
<p>–¿La has visto? ¿la muerte?</p>
<p>¿desnuda como un muerto</p>
<p>en su labor insólita de río?</p>
<p>Es una encrucijada como ausente</p>
<p>y no</p>
<p>no se puede morir.</p>
<p> </p>
<p>Toda blanca de boda es Copenhague</p>
<p>y todos expectantes blanquecinos</p>
<p>no despiertan al discurso pajaresco de la muerte</p>
<p>ni a las plumas de aquel pájaro inefable.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Juan Carlos Cabrera Pons (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1986), poeta y traductor. Cursa la licenciatura en Literatura y Ciencias del Lenguaje en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía &#8220;Mérida&#8221; 2008 por su poemario <span style="FONT-STYLE: italic">Cuatro piezas danesas</span> (Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, 2009). Actualmente cuenta con un estímulo del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico que otorga el CONECULTA Chiapas en la categoría Jóvenes Creadores.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Cinco poemas inéditos de Floriano Martins</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 01:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Citatorios y Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 1]]></category>
		<category><![CDATA[Floriano Martins]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía brasileña contemporánea]]></category>

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		<description><![CDATA[A continuación presentamos cinco poemas inéditos del poeta Brasileño Floriano Martins (1957) en la versión de Marta Spagnuolo. Actualmente es profesor invitado de la Universidad de Cincinatti (Ohio, Estados Unidos). Estos poemas integran el libro La efigie sospechosa (A efígie suspeita), com una edición prevista para 2010 (Ediciones Andrómeda, San José, Costa Rica).

 
 
Alicia
 
Tus besos ensayan una alegoría en mi espalda.
Los siento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Floriano-Martins.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-7998" title="Floriano Martins" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Floriano-Martins.jpg" alt="Floriano Martins" width="610" height="265" /></a>A continuación presentamos cinco poemas inéditos del poeta Brasileño Floriano Martins (1957) en la versión de Marta Spagnuolo. Actualmente es profesor invitado de la Universidad de Cincinatti (Ohio, Estados Unidos). Estos poemas integran el libro <em>La efigie sospechosa</em> (<em>A efígie suspeita</em>), com una edición prevista para 2010 (Ediciones Andrómeda, San José, Costa Rica).</p>
<p><span id="more-7975"></span></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Alicia</strong></p>
<p> </p>
<p>Tus besos ensayan una alegoría en mi espalda.</p>
<p>Los siento como árboles que danzan, llameantes</p>
<p>pétalos, constelación de árboles en plena cosecha</p>
<p>susurrando: todo hombre es una recreación.</p>
<p> </p>
<p>Señalas una ciudad  lejana en mi vértigo.</p>
<p>Vendaval de migajas, islas ciegas, viejos</p>
<p>mapas que no contaban con tu desamparo.</p>
<p>El amor gira siempre en torno de sí mismo.</p>
<p> </p>
<p>Pasa por aquí al galope tu sexo emocionado,</p>
<p>tu piedad de Dios picada de remordimientos.</p>
<p>Un castillo agitado repleto de males menores</p>
<p>y el vestido de baile de tu primera ilusión.</p>
<p> </p>
<p>Pasan máscaras como un llanto de roedores</p>
<p>y luces ahogadas en pozos de la más blanda soledad.</p>
<p>Un solo personaje en ti se atreve a hablar</p>
<p>y me acusa de no haber salido jamás del poema.</p>
<p> </p>
<p>Aquí estoy deshecho en verso, mal recreado,</p>
<p>y sin saber cómo evitar volver a ser lo que soy.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Alice</strong><strong> </strong></p>
<p> </p>
<p>Teus beijos ensaiam uma alegoria em meu dorso.</p>
<p>Eu os sinto como árvores dançando, flamejantes</p>
<p>pétalas, constelação de árvores em plena colheita</p>
<p>a sussurrar: todo homem é uma recriação.</p>
<p> </p>
<p>Apontas uma cidade longe em minha vertigem.</p>
<p>Vendaval de migalhas, ilhas cegas, velhos</p>
<p>mapas que não contavam com teu desamparo.</p>
<p>O amor gira sempre em torno de si mesmo.</p>
<p> </p>
<p>Passa por aqui a galope o teu sexo emocionado,</p>
<p>tua piedade de Deus bicada de remorsos.</p>
<p>Um castelo agitado repleto de males menores</p>
<p>e o vestido de baile de tua primeira ilusão.</p>
<p> </p>
<p>Passam máscaras como um pranto de roedores</p>
<p>e luzes afogadas em poços da mais meiga solidão.</p>
<p>Um único personagem em ti se atreve a falar</p>
<p>e me acusa de jamais haver saído do poema.</p>
<p> </p>
<p>Aqui estou eu desfeito em verso, mal recriado,</p>
<p>e sem saber como evitar voltar a ser o que sou.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Olivia</strong></p>
<p> </p>
<p>Robo los declives crispados</p>
<p>de la luz en la cavidad de tu abrazo,</p>
<p>audacia de sudores con que interrogas</p>
<p>ciertos puntos encubiertos por la breña</p>
<p>de vicios que renacen en tu cuerpo.</p>
<p>No hay mejor salida para el indicio</p>
<p>que quieres instigar en mis aguas.</p>
<p>Barajo tus caídas incompletas,</p>
<p>sus hipótesis rotas entre besos.</p>
<p>Erras de un extremo a otro de la pena,</p>
<p>revelando tus máscaras insospechadas</p>
<p>en los tejidos disipados de la escritura.</p>
<p>Rehago tus dolores mientras piensas</p>
<p>que el fuego no me quema dentro de ti.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Olívia</strong></p>
<p> </p>
<p>Eu roubo os declives crispados</p>
<p>da luz na cavidade de teu abraço,</p>
<p>audácia de suores com que interrogas</p>
<p>certos pontos encobertos na brenha</p>
<p>de vícios que renascem em teu corpo.</p>
<p>Não há melhor saída para o indício</p>
<p>que queres instigar em minhas águas.</p>
<p>Embaralho tuas quedas incompletas,</p>
<p>suas hipóteses rompidas entre beijos.</p>
<p>Erras de um extremo a outro da pena,</p>
<p>revelando tuas máscaras insuspeitas</p>
<p>nos tecidos dissipados da escrita.</p>
<p>Refaço tuas dores enquanto pensas</p>
<p>que o fogo não me queima dentro de ti.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Ángela</strong> </p>
<p>Tu cuerpo y el mío cayendo sobre el mundo:</p>
<p>noche saqueada por una caravana de relámpagos.</p>
<p>Despojos del tiempo forajido de su fuente,</p>
<p>minando abismos a la deriva, pérdidas fluctuantes.</p>
<p>El rostro deformado de la belleza que las ruinas adoran,</p>
<p>lenguaje extraviado al querer penetrarse.</p>
<p> </p>
<p>Tu cuerpo y el mío en su caída más secreta.</p>
<p>Un laberinto que fuera un desierto y un dios</p>
<p>esciente que de allí no hay retorno. Fuga de tinieblas.</p>
<p>Los disfraces fatales de la memoria ante el infinito.</p>
<p>Imparables sombras cayendo sobre el mundo.</p>
<p>Tu cuerpo y el mío: lo que queda de uno en el otro.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Ángela</strong> </p>
<p>Teu corpo e o meu caindo sobre o mundo:</p>
<p>noite saqueada por uma caravana de relâmpagos.</p>
<p>Despojos do tempo foragido de sua fonte,</p>
<p>minando abismos à deriva, perdas flutuantes.</p>
<p>O rosto deformado da beleza que as ruínas cultuam,</p>
<p>linguagem extraviada ao querer entrar em si.</p>
<p> </p>
<p>Teu corpo e o meu em sua queda mais secreta.</p>
<p>Um labirinto que fosse um deserto e um deus</p>
<p>ciente que dali não há retorno. Fuga de trevas.</p>
<p>Os disfarces fatais da memória ante o infinito.</p>
<p>Indetíveis sombras caindo sobre o mundo.</p>
<p>Teu corpo e o meu: o que resta de um no outro.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Selma</strong> </p>
<p>Tu incendio forma una cadena de laberintos,</p>
<p>despojos afligidos con sus ríos quemados.</p>
<p>Un cuerpo remando contra los delitos</p>
<p>prolongados en una y otra margen, ritos</p>
<p>cargados de súplicas y negras puertas.</p>
<p>Alfabeto de piedras recogiendo sus espectros,</p>
<p>como un estoque de dolores en armarios colgados,</p>
<p>todo allí parece quemar de modos distintos:</p>
<p>furor de salmos con pasos descontrolados,</p>
<p>cenizas maltratadas sin saber dónde caer.</p>
<p>Tu incendio funda una reserva de tumultos.</p>
<p>Un cuerpo inmerso en lágrimas volcánicas,</p>
<p>violando los nombres que dedico a sus rostros,</p>
<p>cada uno abriendo las tumbas de su testimonio.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Selma</strong> </p>
<p>Teu incêndio forma uma cadeia de labirintos,</p>
<p>despojos aflitos com seus rios queimados.</p>
<p>Um corpo remando contra os delitos</p>
<p>prolongados numa margem e outra, ritos</p>
<p>carregados de súplicas e negras portas.</p>
<p>Alfabeto de pedras a recolher seus espectros.</p>
<p>como um estoque de dores em armários suspensos,</p>
<p>tudo ali parece queimar em modos distintos:</p>
<p>furor de salmos com passos descontrolados,</p>
<p>cinzas maltratadas sem saber onde cair.</p>
<p>Teu incêndio funda uma reserva de tumultos.</p>
<p>Um corpo imerso em lágrimas vulcânicas,</p>
<p>violando os nomes que dedico a seus rostos,</p>
<p>cada um abrindo as covas de seu testemunho.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Zenaida</strong> </p>
<p>Tu caligrafía vibra en mi cuerpo,</p>
<p>suspende las distancias, recrea puertas,</p>
<p>desgastándome de tanto entusiasmo.</p>
<p>La terneza de tu escritura me vacía.</p>
<p>Me lavo con tus palabras, navego</p>
<p>la insensatez de sus virtudes: hablan</p>
<p>a través de mí en impetuoso idioma.</p>
<p>Por donde viajo hace mil años me eliges,</p>
<p>siempre el mismo hombre que relee sombras,</p>
<p>como si en trance la piel hiciese aflorar</p>
<p>otra agonía, vómito de vértigos,</p>
<p>un nuevo huésped de tu fuego, ángel tembloroso</p>
<p>con su manuscrito arrebatado y sutil.</p>
<p>De un súbito naufragio en tu ser renazco.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Zenaide</strong> </p>
<p>A tua caligrafia vibra em meu corpo,</p>
<p>suspende as distâncias, recria portas,</p>
<p>a desgastar-me de tanto entusiasmo.</p>
<p>A meiguice de tua escrita me esvazia.</p>
<p>Eu me lavo com tuas palavras, e navego</p>
<p>a insensatez de suas virtudes: falam</p>
<p>através de mim em impetuoso idioma.</p>
<p>Por onde viajo há mil anos me eleges,</p>
<p>sempre o mesmo homem relendo sombras,</p>
<p>como se em transe a pele fizesse aflorar</p>
<p>uma outra agonia, vômito de vertigens,</p>
<p>um novo hóspede de teu fogo, anjo tremente</p>
<p>com seu manuscrito arrebatado e sutil.</p>
<p>De um súbito naufrágio em teu ser renasço.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Floriano Martins</strong> (Brasil, 1957). Poeta, ensayista, traductor, artista plástico y editor. Dirige el Proyecto Editorial Banda Hispánica. Es coordinador de la colección Ponte Velha, de autores de lengua portuguesa, de Escrituras Editora (San Pablo, Brasil). Curador de la Bienal Internacional del Libro del Ceará (2008). Profesor invitado de la Universidad de Cincinatti (Ohio, Estados Unidos). Codirige la <em>Revista</em><em> TriploV</em><em> de Artes, Religiones y Ciencias</em> (Lisboa, Portugal). Autor de libros como <em>Fuego en las Cartas</em> (poesía, España), <em>A inocência de pensar</em> (ensayos, Brasil) y <em>A alma desfeita em corpo</em> (poesia, Portugal), todos publicados en 2009. Contacto: <strong><a href="mailto:floriano.agulha@gmail.com">floriano.agulha@gmail.com</a></strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Marta Spagnuolo</strong> (Argentina, 1942). Escritora, periodista y traductora. Libros publicados: <em>Historias de Maizales</em> (cuentos, 1990), <em>Tres visiones del encuentro de dos mundos</em> (ensayo sobre Ruy Díaz de Guzmán, Bernal Díaz del Castillo, Inca Garcilaso de la Vega, 1992), <em>Fray Mocho, el estilo matrero</em> (ensayo, 1992), <em>El aprendizaje del misterio</em> (ensayo sobre Felisberto Hernández, 1996), <em>Claro el afán</em> (Poesía, 1995), <em>La lectura, recurso básico para el desarrollo humano, sociocultural y económico </em>(ensayo, 2005). Contacto: <strong><a href="mailto:martaspag@hotmail.com">martaspag@hotmail.com</a></strong>.</p>
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		<title>Foja de poesía No. 156: Paz Molina</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 08:32:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iberoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Iberoamérica Fojas de poesia]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 3]]></category>
		<category><![CDATA[Paz Molina]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía chilena actual]]></category>

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		<description><![CDATA[
Paz Molina (Santiago, Chile, 1945). Estudió pintura, teatro y literatura. Ganadora del Premio Pedro de Oña con Paradero 28  [novela que se mantiene inédita]. Ha publicado los poemarios: Memorias de un Pájaro Asustado, Noche Valleja 1990, Cantos de Ciega, Neruda, aparta de mí esta sombra, entre otros.
 
 
Historia de ángeles I
Entonces fue que el ángel se acerco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Paz-Molina.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-7968" title="Paz Molina" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Paz-Molina.jpg" alt="Paz Molina" width="610" height="265" /></a></strong></p>
<p>Paz Molina (Santiago, Chile, 1945). Estudió pintura, teatro y literatura. Ganadora del Premio Pedro de Oña con <em>Paradero 28</em>  [novela que se mantiene inédita]. Ha publicado los poemarios: <em>Memorias de un Pájaro Asustado, </em><em>Noche Valleja</em> 1990, <em>Cantos de Ciega</em>, <em>Neruda, aparta de mí esta sombra, </em>entre otros<em>.<span id="more-7967"></span></em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Historia de ángeles I</strong></p>
<p>Entonces fue que el ángel se acerco y dijo:<br />
tendrás sed de mi carne y vagarás hambriento.<br />
Luego, haciendo ondular su oscura cabellera<br />
se hundió en la incertidumbre de su concepto</p>
<p>Intentaba el ingenio comprender los alcances del ángel<br />
entre fiebre y bostezo, vagas contemplaciones;<br />
pertinaz, sin embargo, se enfrascaba en conciertos<br />
de incomprensible música, salvaje y presuntuosa.</p>
<p>Tendrás sed de mi carne y vagarás hambriento.<br />
Y su cadera trascendió la condición humana.<br />
El Único, obstinado, doblegó el idioma<br />
y lo hizo parir la flecha.</p>
<p>Quiso luego ejercitar su arco inconfesable.<br />
Premunido de un cóndor se dispuso a la barbarie.<br />
Y no logró más quietud que un deambular inédito<br />
por las inmediaciones del hastío.</p>
<p>Quiso luego la forma, cogió su flecha,<br />
la cadera del ángel se apagaba a lo lejos<br />
hacia ella apuntó con intención diabólica<br />
y un alarido turbó la paz inadmisible.</p>
<p>Tendrás sed de mi carne y vagarás hambriento<br />
dijo el Único al Ángel<br />
y lo ensartó en el infinito.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Historia de ángeles II</strong></p>
<p>Yo quiero una mujer para apagar mis ansias,<br />
dijo el ángel, y un gesto obsceno le oscureció el semblante.<br />
Estoy harto de alas y miriñaques,<br />
ahora quiero deshonrar mi estirpe entumecida.</p>
<p>Quiero unos pechos vastos, formidables<br />
en extensión incierta como pensamientos humanos;<br />
que se hundan en ellos mis torpes manos pudibundas.<br />
Mis antiguas plegarias han de ser besos y saliva.</p>
<p>Quiero una inconfesable lujuria.<br />
Se subleva mi espíritu macilento<br />
mi espalda sudorosa se inclina sobre un cuerpo<br />
que parece ardorosa convulsión del infierno</p>
<p>Quiero un goce satánico<br />
dos piernas que agonicen de estertor<br />
y dos manos que perturben mi agónico sentido.</p>
<p>No recuerden mis cánticos.<br />
Mis alas están yertas.<br />
Tan sólo quiero una mujer<br />
y su nefasta dulcedumbre.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Historia de ángeles III</strong></p>
<p>He pecado se dijo el ángel y una<br />
repentina oscuridad asomó a su mirada<br />
(antes sus ojos eran dos alondras)<br />
dos pájaros muertos se asomaron a sus ojos.</p>
<p>He pecado y debo aguardar mi castigo.<br />
Mientras tanto<br />
cavaré una tumba<br />
para dos pájaros muertos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Historia de ángeles V</strong></p>
<p>No quiero tu castigo, Señor, apiádate<br />
No he de volver al mundo con este traje estúpido.<br />
Pisotearé mis alas de cartón.<br />
Escupiré la muselina barata de mi túnica.<br />
Arrojaré al infierno mi aureola plastificada.<br />
Y si has de llamarme nuevamente rebelde<br />
Quiero volver a la tierra como el más oscuro de tus hijos.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Movimiento</strong></p>
<p>Hay que mover la vida, hay que menearla<br />
como la cola de una lagartija.<br />
Hay que alzarla como un paraguas rojo.<br />
Hay que ensartarla en el tiempo<br />
como un puñal de oro</p>
<p>Y que huya la muerte con sus dientes de plástico<br />
que corra infeliz<br />
que sienta escalofríos.</p>
<p>Hay que mover la vida<br />
con un movimiento de tren imprevisible.<br />
Que cruce las fronteras de lo mágico.<br />
Que pague los pasajes definitivos.</p>
<p>Y en asiento de primera clase<br />
observe su propia carrera por la ventanilla<br />
presurosa de una premura insufrible,<br />
atareada en la perspectiva de lo último.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Huida</strong></p>
<p>Las axilas del ángel huelen a promesa rota.<br />
Se detuvo el carromato en la funeraria de la esquina<br />
bajaron una monja congelada con una gran sonrisa abierta<br />
sobre la calle como un temblor espléndido.<br />
La muerte se ha enseñoreado<br />
su peluca maltrecha perfuma los rincones<br />
paraliza el trafico<br />
interrumpe programas culturales.<br />
Se desploman inerte los poetas<br />
se cortan las venas<br />
en alaridos que silencian los ruidos de la noche.<br />
Cuelgan desnudos los cadáveres.<br />
Ya no fornicarán.<br />
Ya ninguno querrá orinar en un rincón cualquiera<br />
Toda preparación o diploma resultaría inútil<br />
en esta situación resuelta para siempre.<br />
Los deudos gimen, escriben con tiza verde<br />
sobre las paredes blancas<br />
maldiciones que a todos aturden y a ninguno<br />
alcanzan, ataques a dios, al demonio, a quien sea.<br />
Bajan las cortinas los hoteles, cuelgan carteles<br />
pidiendo conmiseración los almacenes<br />
ya nadie negocia sin antes pedir la extremaunción.<br />
Los sacerdotes empeñan candelabros<br />
las ancianas manosean relicarios<br />
y un gato gris huye sobresaltado por el callejón<br />
que conduce a una nueva geografía.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Memorias de un pájaro asustado</strong></p>
<p>Yo vivía contigo<br />
en el rincón más protegido de la sorpresa<br />
guardábamos juntos la entonación precisa<br />
de las horas.</p>
<p>Y así fue que comenzó nuestra historia de impiedades.<br />
Tu moral y la mía carecieron de la fuerza necesaria.<br />
Yo brincaba<br />
en la esperanza de conducirte de la mejor manera<br />
a otro lugar, menos definido,<br />
a un sitio perfecto<br />
para el alumbramiento de la forma</p>
<p>Y ahora suena arcaico decir ¡Ay de mí!<br />
No es vigente reclinarse desnudo contra el trébol.<br />
Se considera al borde de lo promiscuo<br />
un beso arrebatado a todo lo que dan las intenciones.<br />
Por eso, ave amiga, tengo que transitar<br />
con este aspecto de funcionario público.</p>
<p>Y yo que habría querido ser mago.<br />
Apagaste mi lámpara<br />
y me quedé colgando en tu insolencia<br />
como un pájaro asustado<br />
recordando sin motivo<br />
su peor cautiverio.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Condición y alarido</strong></p>
<p>Y me ha dado la gana</p>
<p>de ser libre de condición</p>
<p>y de alarido</p>
<p>al medio de la calle</p>
<p>hurtado el cetro a la canalla</p>
<p>oficialmente constituida en mí</p>
<p>me hago presente</p>
<p> </p>
<p>Me vierto en mi dominio</p>
<p>de lujoso desvarío virginal</p>
<p>Productores ufanos de quimeras</p>
<p>lánguidos sacristanes</p>
<p>me devoran</p>
<p> </p>
<p>Me urjo a lo contrito</p>
<p>y me doy vale de fracaso</p>
<p>triunfalmente acosada</p>
<p>sin menoscabo de lo simple</p>
<p>me convierto en gimnasta</p>
<p>me doy de golpes en el pecho</p>
<p>me transformo en ventana</p>
<p>                           y me columpio</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Datos vitales</strong></p>
<p>Paz Molina (Santiago, Chile, 1945). Estudió pintura, teatro y literatura en distintos planteles de educación superior. En 1980 ganó el Premio Pedro de Oña con <em>Paradero 28</em>  [novela que se mantiene inédita]. En 1982 hace su primera publicación: <em>Memorias de un Pájaro Asustado </em>[poesía]; a ésta, sucederán otros poemarios: <em>Noche Valleja</em> [1990], <em>Cantos de Ciega</em> [1994], <em>Neruda, aparta de mí esta sombra</em> [1996] y <em>La Boca del Miedo</em> [2002]. Obtuvo el primer lugar en los Juegos Literarios Gabriela Mistral 1982 con <em>Apuntes para una Sombra</em> [novela. Ha sido incluida en numerosas antologías en Chile y en el exterior. Ha colaborado en revistas especializadas en literatura y arte: <em>Huelén, Rayentrú, Pluma y Pincel, El Siglo, Punto Final</em>. Por sus talleres literarios [Santiago, Algarrobo, Isla Negra y El Quisco] han pasado poetas que hoy renuevan la poesía chilena. Fue directora del Ateneo de Santiago, de la SECH y trabajó para la Fundación Neruda de Isla Negra; también fue miembro del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.</p>
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		<item>
		<title>Foja de poesía No. 155: Arturo Gutiérrez Plaza</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 06:20:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fojas de Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Iberoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Iberoamérica Fojas de poesia]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 2]]></category>
		<category><![CDATA[Arturo Gutiérrez Plaza]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía venezolana actual]]></category>

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		<description><![CDATA[Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962) es Doctor en Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati. Fue merecedor del Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz (1999) y becario del Programa Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa (Estados Unidos) en 1997.

 
De, Al margen de las hojas (1991)
 
Al calor de los manteles
Realmente hay pocas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Arturo-Gutiérrez-Plaza.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-7960" title="Arturo Gutiérrez Plaza" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/03/Arturo-Gutiérrez-Plaza.jpg" alt="Arturo Gutiérrez Plaza" width="610" height="265" /></a>Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962) es Doctor en Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati. Fue merecedor del Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz (1999) y becario del Programa Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa (Estados Unidos) en 1997.</p>
<p><span id="more-7955"></span></p>
<p> </p>
<p>De,<strong> <em>Al margen de las hojas</em></strong><em> </em>(1991)</p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Al calor de los manteles</strong></p>
<p>Realmente hay pocas cosas tristes</p>
<p>en la vida;</p>
<p>quien se sienta solo en la mesa</p>
<p>lo sabe.</p>
<p>Porque no es la comida</p>
<p>desabrida del día anterior,</p>
<p>no es el olor cotidiano</p>
<p>ni la sopa recalentada.</p>
<p>Es más, mucho más.</p>
<p>No es ni siquiera</p>
<p>el hecho de saber</p>
<p>que es triste</p>
<p>que uno se siente solo a la mesa para comer.</p>
<p>Es la certidumbre de que los días</p>
<p>son obstinados  y se repiten.</p>
<p>Es la tristeza misma</p>
<p>que es triste</p>
<p>y está sola</p>
<p>posada en los platos</p>
<p>llana y pensativa</p>
<p>como ayer.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"> <strong>Hacedor de laberintos</strong></p>
<p> </p>
<p>El hombre siempre se detiene ante las puertas,</p>
<p>escruta alrededor</p>
<p>con silenciosa verticalidad,</p>
<p>sin más sabiduría</p>
<p>que un manojo de llaves y sus manos.</p>
<p> </p>
<p>Su rostro oculta</p>
<p>la cara y el revés de una misma moneda.</p>
<p> </p>
<p>Presiente al mundo</p>
<p>y en él se sostiene,</p>
<p>respirando fuerte hasta llenar sus pulmones</p>
<p>como dos habitaciones vacías sin ventanas.</p>
<p> </p>
<p>Así pasa la vida, puerta tras puerta,</p>
<p>descifrando un horizonte</p>
<p>que secretamente lo acompaña.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong>Escrito a la intemperie</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Papá, ayer al dormir</p>
<p>olvidaste cerrar los ojos,</p>
<p>quizás por eso se nos ha hecho</p>
<p>tan larga esta noche,</p>
<p>fija en tu mirada</p>
<p>como si poco a poco</p>
<p>se alejara del amanecer.</p>
<p> </p>
<p>Toda la noche hemos soñado con despertar</p>
<p>para hablarte y contarte las buenas nuevas:</p>
<p>&lt;&lt; Un geranio rojo sorprendió temprano</p>
<p>nuestro jardín, mañana —dicen las noticias—</p>
<p>ha de escampar antes de que baje el sol</p>
<p>y estrenarán en todas las salas de cine</p>
<p>una misma película muda&gt;&gt;.</p>
<p> </p>
<p>Papá, anoche olvidaste apagar la luz</p>
<p>dejando la puerta de la calle entreabierta,</p>
<p>libre de pestillos,</p>
<p>como para que entrara la noche</p>
<p>y se recostara junto a ti.</p>
<p> </p>
<p>Oye, ¿me escuchas?</p>
<p>¿por qué no me cuentas algo de tu sueño?</p>
<p>tú sabes, bajito, sin levantar mucho la voz</p>
<p>como si me hablaras con la pura mirada</p>
<p>para que los demás no despierten.</p>
<p> </p>
<p>Recuerdo que siempre dices que con ella basta</p>
<p>Porque tú y yo nos entendemos.</p>
<p> </p>
<p>Papá, ¿sabes una cosa?&#8230;</p>
<p> </p>
<p>Mejor es que sigamos durmiendo.</p>
<p> </p>
<p>Ya mañana, con calma, hablaremos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> De,<strong> <em>Principios de contabilidad</em> </strong>(2000)<strong> </strong></p>
<p> </p>
<p> <strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Telarañas</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Las telarañas desconocen</p>
<p>su propia geometría.</p>
<p> </p>
<p>Una moneda que pasa de mano en mano,</p>
<p>el vaso compartido con la boca anónima e indecisa,</p>
<p>el apartamento que custodia celoso</p>
<p>las manías de antiguos inquilinos,</p>
<p>las comunes páginas de los libros,</p>
<p>el poema leído, a una misma hora, en distantes latitudes.</p>
<p> </p>
<p>Las telarañas tiemblan</p>
<p>ante el mínimo soplido.</p>
<p> </p>
<p>Las repetidas llaves de un cuarto de hotel,</p>
<p>la primera mujer de la adolescencia,</p>
<p>la voz del otro lado: la que contesta la llamada equivocada.</p>
<p> </p>
<p>Las arañas caminan por el aire</p>
<p>caprichosas tejen</p>
<p>y entretejen.</p>
<p> </p>
<p>Hacen su trabajo silenciosas.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Historias paralelas</strong></p>
<p> </p>
<p>La lluvia desembocó</p>
<p>por un largo túnel hacia la sangre</p>
<p> </p>
<p><em>                                                    El hombre bebió agua</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>los párpados se cerraron lentamente</p>
<p>como si se hundiesen en el horizonte</p>
<p> </p>
<p>                                                    <em>bajó las cortinas</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>una aguja del reloj</p>
<p> se apoyó sobre la otra</p>
<p> </p>
<p><em>                                                se acostó a dormir</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>y ambas se detuvieron</p>
<p> </p>
<p><em>                                                 y amaneció muerto.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>De <em>Un sobre sin abrir</em> (2006)</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Saudade</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Me gustan las canciones tristes</p>
<p>en idiomas que desconozco.</p>
<p> </p>
<p>Ellas me hacen saber</p>
<p>que la tristeza</p>
<p>es un canto</p>
<p>que serenos escuchamos</p>
<p>sin afán de comprender.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Poeta de ojos encantados</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="right"><em>                         A la memoria de Juan Sánchez Peláez</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Juan lee,</p>
<p>Juan sabe que va a morir,</p>
<p>Juan escucha el resoplido</p>
<p>quejumbroso de sus pulmones.</p>
<p>Juan medita línea a línea</p>
<p>el sonido de cada vocal,</p>
<p>se imagina un bosquecito claro,</p>
<p>un río nuboso entre colinas,</p>
<p>una carta de amor,</p>
<p>una piragüita.</p>
<p>Juan lee sin distraerse</p>
<p>en lo que vendrá.</p>
<p>No le gusta</p>
<p>la poesía objetiva.</p>
<p>Prefiere arropar</p>
<p>cada palabra</p>
<p>con el tacto de un animal nocturno.</p>
<p>Respira hondo</p>
<p>pero no puede,</p>
<p>no puede ni deja de leer.</p>
<p>Se despide de las visitas</p>
<p>y llama a Malena</p>
<p>con sus ojos grandes,</p>
<p>repletos de adivinanzas,</p>
<p>henchidos de escudriñar</p>
<p>la piel de las horas,</p>
<p>de tanto palpar su enigmática desnudez.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Signos</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Hay quien besa con los ojos abiertos,</p>
<p>quien respira después de pensar,</p>
<p>quien sube las escaleras y cuenta</p>
<p>de dos en dos los peldaños impares.</p>
<p> </p>
<p>Del mismo modo, hay días</p>
<p>esdrújulos y sin tilde</p>
<p>que ignoran toda regla de acentuación;</p>
<p>días en que el agua es ajena a la sed;</p>
<p>días engendrados en madrugadas premonitorias</p>
<p>de insomnios inútiles y sin lámparas.</p>
<p>Amaneceres en que el cielo</p>
<p>es una hoja dubitativa</p>
<p>y las nubes, signos movedizos,</p>
<p>dotados de enigmática elocuencia</p>
<p>anterior a la soberbia</p>
<p>del calígrafo y las palabras.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>La comedia de las equivocaciones</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Siempre hay una ocasión en que herramos.</p>
<p>Hacemos mal uso de los tiempos verbales.</p>
<p>Decimos &lt;&lt;es&gt;&gt; en lugar de &lt;&lt;fue&gt;&gt;.</p>
<p> </p>
<p>La llave busca una cerradura</p>
<p>que ya no calza, que ha dejado de ser.</p>
<p>Una ranura que ahora tiene sustituto.</p>
<p> </p>
<p>Dudamos al llamar a los que apenas se han ido,</p>
<p>a los que todavía dilatan con su ardor</p>
<p>nuestras pupilas.</p>
<p> </p>
<p>El lenguaje también es un hábito.</p>
<p>A veces una costumbre maltrecha</p>
<p>y otras, una comedia donde los actores,</p>
<p>entre telones, suelen equivocarse.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Escritura</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Todo comienza con la ilusión de un comienzo. Estás sentado. Sabes que alguien te mira pidiendo cuentas de tu inmóvil pretensión. Los cubiertos sucios sobre el plato atrapan la veleidosa vigilancia que te acompaña. Te reconoces juzgado. Expías tus culpas sin confesor ni confesionario. Te apuras en tragar la hostia sin rezos previos. Sigues allí como si nada: tratando de decir de casi nada casi algo. El tiempo pasa y tú pasas con él, como al comienzo: con la ilusión de un comienzo.</p>
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<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Arturo Gutiérrez Plaza<strong> </strong>(Caracas, 1962)<strong> </strong>Poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Doctor en Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati.  Profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar, donde ha sido director de Extensión Universitaria y decano de Extensión. Premio Mariano Picón-Salas (1995) por el libro <em>Propósito común,</em> Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz (1999), por <em>Principios de contabilidad</em> (México: <a href="http://www.conaculta.gob.mx/">Conaculta,</a> 2000), y premio del Concurso Anual Transgenérico de la <a href="http://www.fundacionculturaurbana.org/">Fundación para la Cultura Urbana</a> por <em>Itinerarios de la ciudad en la poesía venezolana: una metáfora del cambio</em> (2009). Fue becario del Programa Internacional de Escritores de la <a href="http://www.uiowa.edu/">Universidad de Iowa</a> (Estados Unidos) en 1997. <strong></strong></p>
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