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	<title>Círculo de Poesía</title>
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	<description>Revista electrónica de literatura. Lo mejor de la poesía en español desde México.</description>
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		<title>Kôtoku Shûsui: mártir del pacifismo socialista</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 17:35:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Subversión]]></category>
		<category><![CDATA[el espectro del siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[El imperialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Kôtoku Shûsui]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Martínez Andrade]]></category>

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		<description><![CDATA[El sociólogo Luis Martinez (Puebla, 1981), doctorando de la Escuela de Altos Estudios de París, siempre a la vanguardia en el pensamiento sociologico, nos presenta una aproximación al libro El imperialismo, el espectro del siglo XX de Kôtoku Shûsui, Texto pionero del movimiento anti-imperialista japonés y aún no traducido al español o al inglés.

 
 
Kôtoku Shûsui: mártir del pacifismo socialista
L’impérialisme, le spectre du XXe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/09/Kôtoku-Shûsui.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-9987" title="Kôtoku Shûsui" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/09/Kôtoku-Shûsui.jpg" alt="Kôtoku Shûsui" width="610" height="265" /></a>El sociólogo Luis Martinez (Puebla, 1981), doctorando de la Escuela de Altos Estudios de París, siempre a la vanguardia en el pensamiento sociologico, nos presenta una aproximación al libro <em style="TEXT-INDENT: 0px !important">El imperialismo, el espectro del siglo XX </em><span style="TEXT-INDENT: 0px !important">de Kôtoku Shûsui, Texto pionero del movimiento anti-imperialista japonés y aún no traducido al español o al inglés.</span></p>
<p><span id="more-9946"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Kôtoku Shûsui: mártir del pacifismo socialista</strong></p>
<p style="text-align: center;"><em>L’impérialisme, le spectre du XXe siècle</em>, Kôtoku Shûsui, CNRS Editions, Paris, 2008, p. 188.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">Traductor al japonés de <em>La conquista del Pan</em> del anarquista Pedro Kropotkin y condenado en 1911 por crimen de Alta traición (<em>Taigyaku jiken</em>) contra Mutsuhito –el emperador Meiji–, el nombre de Kôtoku Denjerô o Kôtuko Shûsui es muy poco conocido en América Latina. Autor del famoso panfleto <em>El imperialismo, el espectro del siglo XX</em>, texto que precedió por algunos años los análisis de John Hobson, de Hilferding y de Lenin sobre el imperialismo. El trabajo de Kôtoku fue publicado en 1901 y reeditado hasta 1952. Afortunadamente ya contamos con la publicación en francés de éste que fuera texto axial en la fundación del movimiento socialista japonés. La traducción fue realizada por Christine Lévy quien además nos ofrece una excelente presentación a la obra.</p>
<p style="text-align: justify;">Contemporáneo de Lenin (1870-1924) y de Rosa Luxemburgo (1871-1919), Kôtoku nació en la ciudad de Nakamura en 1871. Desde muy temprana edad se destacó por ser un estudiante extraordinario, sin embargo por causa de un tifón que destruyó la escuela de su pequeña ciudad,  Kôtoku debió continuar sus estudios de manera autodidacta. Posteriormente, a los 16 años de edad se desplazó a Tokio donde aprendió y perfeccionó el inglés, lengua que le fue de gran utilidad en su trabajo como periodista y que le permitió seguir el desarrollo de acontecimientos  de impacto internacional como fue el “Caso Dreyfus” o el papel de la social-democracia alemana.</p>
<p style="text-align: justify;">Kôtoku apoyó la candidatura de su maestro Nakae Chômin quien, abanderado por el <em>Jiyû-tô</em> (Partido Liberal), se identificaba con los intereses de los más discriminados por la sociedad japonesa, nos referimos a los <em>burakumin</em>. No obstante a que ganó las elecciones con más de la mitad de sufragios, Chômin dimitió posteriormente puesto que avizoró el acercamiento por parte del <em>Jiyû-tô</em> hacia el gobierno. Al respecto, sostenía que: “cuando los hombres políticos monopolizan el espacio público pueden adoptar una política policial represiva sin modificar las leyes, todo ello, en nombre de la seguridad pública y, por tanto, imponer un Estado despótico” (p. 20).</p>
<p style="text-align: justify;">Christine Lévy señala que el período que comprende entre 1898 y 1902 fue crucial en las redefiniciones políticas de Kôtoku. Aunque existen diversas causas para la radicalización de Kôtoku en 1900, Lévy anota:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">1)      Su participación en las reuniones del Círculo de Estudios socialistas y que lo hicieron confrontar la teoría socialista con la realidad social y política japonesa (p. 36).</p>
<p style="text-align: justify;">2)      La mudanza ideológica y política del <em>Jiyû-tô</em> orillando a los miembros más radicales a abandonarlo (p. 37).</p>
<p style="text-align: justify;">3)      La guerra de los Bóxers que representó la intervención militar de Japón (p.38). </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">La guerra china-japonesa fraguada entre 1894-1895 fue determinante en la perspectiva de Kôtoku porque representaba la independencia de Corea. Dicho conflicto marcó, en dos sentidos, la evolución del pensamiento filosófico-político de Kôtoku. Por un lado, su desdén por la guerra se manifestó con más regularidad en sus artículos y, por el otro, la reivindicación de la noción de “voluntad popular” fue más recurrente. La crítica al imperialismo de las potencias europeas estaba articulada a la crítica del sistema económico. Kôtoku también criticó la política imperial de Japón (p. 123 y 145) y su papel de correligionario de países como Alemania, Francia o Rusia en su invasión a China. La brutalidad del ejército japonés sobre la población china fue denunciada, a partir de 1900, por Kôtoku y compartida por Takano Fusatarô quien fue el primer traductor del <em>Capital </em>al japonés.</p>
<p style="text-align: justify;">Es evidente que en los umbrales del siglo XX, aunque Kôtoku no fue testigo del conflicto que azotó a Europa entre 1914 y 1918, su diagnóstico del Imperialismo es cercano al análisis que posteriormente realizó Lenin. Debemos subrayar que Lenin publicó en 1916 su <em>Imperialismo, Fase superior del capitalismo</em>, donde sostiene que el Imperialismo es la fase monopolista del capitalismo, sustituyendo la etapa de libre competencia para dar paso al estadio de su crisis y descomposición y, por tanto, abriendo la posibilidad de una revolución socialista.</p>
<p style="text-align: justify;">Kôtoku, por su parte, en 1901 esgrime que:  </p>
<p style="text-align: justify;">“Deben estar conscientes que el contraste entre la pobreza y la riqueza de los países occidentales, la acumulación en manos de la minoría es cada vez más evidente, el debilitamiento del poder de compra de la mayoría de la población, todo ello, no es otra cosa que las secuelas del actual sistema de libre competencia y no puede sino que ser atribuido al monopolio que ejercen los capitalistas (…) Por ende, la solución se encuentra en apoyar el poder de compra de la mayoría de personas de cada país, de ahí, que dicha solución se obtendrá en la prohibición de los intereses monopolistas y, por tanto, implicará la instauración de la justicia en la distribución de los intereses de los trabajadores. Pero para establecer dicha justicia, se debe reformar radicalmente el sistema de libre mercado e instaurar el socialismo” (p. 174).     </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">En el primer capítulo de su panfleto, Kôtoku explica la relacione entre el sentimiento patriótico y el militarismo y la forma en que ambos constituyen dos puntos medulares en la configuración del Imperialismo. Acentúa la necesidad e importancia de una transformación al sistema económico. Muestra una conciencia planetaria al evocar que el objetivo del manejo del Estado se encuentra en el progreso de la sociedad representado en la felicidad de toda la humanidad, esto es, en la defensa de los intereses globales. En ese sentido, pensamos que el carácter internacionalista de la praxis política de Kôtoku debería ser asimilada por nuestros políticos que se muestran pasivos ante la crisis climática, alimentaria y social en la que nos encontramos.  </p>
<p style="text-align: justify;">El segundo capítulo versa sobre el patriotismo como forma ideológica de dominación, es decir, como instrumento de control que es ejercido por las clases hegemónicas. Analizando las experiencias de los Hilotas del Peloponeso, de los esclavos en Roma, de la guerra franco-inglesa, del ejército prusiano y de la batalla del mar Amarillo de 1894, Kôtoku concluye que el sentimiento patriótico sólo sirvió para aumentar los privilegios de las élites y, por consiguiente, aunque de distinta forma, los “vencidos de la historia” continúan bajo la opresión. De ahí que Kôtoku pugne por el sentimiento de compasión<a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftn2">[1]</a> de una ética de amor universal<a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftn3">[2]</a> que nos haría más sensibles en la resolución de conflictos tanto políticos como culturales.</p>
<p style="text-align: justify;">El capítulo tercero centra su análisis en los aspectos que contribuyen al militarismo. De un lado encontramos el interés por parte de los capitalistas y militares en acrecentar sus ganancias (p. 130) y, por el otro, el fanatismo despertado por la vanidad y la brutalidad. Contraponiéndose a la idea de que “la paz mundial no es más que un milagro o, incluso, un sueño que no contiene belleza alguna” del general Helmuth Karl Bernhard von Moltke –discípulo de Clausewitz–, Kôtoku recupera la tradición de escritores como Murasaki Shikibu, Akazome Emon, Sei Shônagon y Emile Zola para sostener que el militarismo no sólo es fútil para la civilización sino que además es un veneno (p. 145).  </p>
<p style="text-align: justify;">En el capítulo cuarto Kôtoku realiza una crítica artera a la política imperialista tanto de los países europeos como del Atlántico Norte. Para Kôtoku, la fundación de todo Imperio está basada en el robo y la rapiña  (p.160), por tanto, su grandeza está en relación a las masacres de otros pueblos que fueron sometidas a la esclavitud. Asimismo,  advierte sobre la hipocresía norte-americana que en febrero de 1898 apoya la revuelta cubana pero que, después del tratado de París, toma bajo su control Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La doctrina Monroe no pasa desapercibida por el socialista nipón. La relación entre pobreza e injustica es abordada en esta sección y para él:</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">“La pobreza surgió de los errores de la organización económica y social de nuestra sociedad. Está ligada al monopolio que realizan los capitalistas y los grandes propietarios financieros. Por consiguiente, la pobreza es resultado de la falta de justicia en la distribución de la riqueza” (p. 170)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El último capítulo es un exhorto al socialismo democráticamente organizado<a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftn4">[3]</a> y una advertencia al “peligro del siglo XX” –siglo de totalitarismos tanto liberales como soviéticos– que se avecinaba. Para Kôtoku el microbio del patriotismo fomenta el cáncer del militarismo, en este sentido, el movimiento socialista precisa de una consciencia planetaria –basada ésta en un “amor universal”– que logre incorporar las demandas de todos los oprimidos y oprimidas.</p>
<p style="text-align: justify;">Las consideraciones que realiza Kôtoku sobre la relación entre la pobreza y la migración, entre la guerra y el capitalismo o entre los políticos profesionales –en sentido weberiano– y la <em>Realpolitik </em>resultan muy interesantes no sólo para los estudiosos de las ciencias sociales sino para los militantes comprometidos con los movimientos anti-imperialistas y anti-colonialistas contemporáneos. Es evidente que, a más de un siglo de ser redactado, el texto de Kôtoku cuente con algunas limitaciones o atavismos ideológicos, por ejemplo, su noción de progreso o la contraposición entre liberalismo e imperialismo; no obstante, dicho texto es un valioso legado de la tradición libertaria del cual no debemos prescindir.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Publicado en el diario “El Columnista”, Puebla, México, 31 de agosto de 2010</p>
<p> </p>
<hr style="text-align: justify;" size="1" />
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftnref1">*</a> Sociólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla donde recibió la distinción <em>Cum Laude</em>. En 2009 recibió el Primer Premio del Concurso Internacional de Ensayo “Pensar a Contracorriente”.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftnref2">[1]</a> Resulta interesante hacer mención que, inspirado en el concepto de cuidado de cuño heideggeriano, el teólogo Leonardo Boff reivindica la pertinencia del “Principio de Compasión” en el diseño de utopías contra-hegemónicas del siglo XXI. Cfr<em>. Princ</em><em>í</em><em>pio de Compaixão e Cuidado</em>, Vozes, Petrópolis, 2001.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftnref3">[2]</a> La relación entre política y ética están presentes en la obra de Kôtoku. Las <em>Filosofías Políticas de la Liberación</em> de la periferia podrían asimilar algunos de sus planteamientos básicos en el diseño de proyectos políticos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.circulodepoesia.com/nueva/wp-admin/#_ftnref4">[3]</a> “Se debe proceder a una gran limpieza del Estado y de la sociedad, en otras palabras, se debe emprender una revolución a escala mundial. Transformar el pequeño número de Estados en un gran número de ellos, cambiar el Estado monopolizado por militares para entregárselo a los campesinos, a los artesanos y pequeños comerciantes; cambiar la sociedad donde reina el despotismo aristocrática en un espacio de autonomía política y que restituya la sociedad, actualmente secuestrada por los capitalistas, hacia la comunidad de trabajadores” (p. 187).  </p>
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		<title>4 microrrelatos de Luis Gonzalí</title>
		<link>http://circulodepoesia.com/nueva/2010/09/4-microrrelatos-de-luis-gonzali/</link>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 05:34:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 3]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de Narrativa mexicana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Gonzalí]]></category>

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		<description><![CDATA[En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea, presentamos cuatro microrrelatos de Luis Gonzalí (Tampico, México, 1982). Estudió una Lic. en Matemáticas y trabaja como Gerente de Inversiones. Según su decir, es escritor por imitación, pues uno de sus grandes placeres es la lectura. Algunos de sus microcuentos han sido publicados en Argentina y México

 
 
Finanzas personales
 
Con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a><img class="alignnone size-full wp-image-9992" title="Luis Gonzalí" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/09/Luis-Gonzalí.jpg" alt="Luis Gonzalí" width="610" height="265" /></a>En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea, presentamos cuatro microrrelatos de Luis Gonzalí (Tampico, México, 1982). Estudió una Lic. en Matemáticas y trabaja como Gerente de Inversiones. Según su decir, es escritor por imitación, pues uno de sus grandes placeres es la lectura. Algunos de sus microcuentos han sido publicados en Argentina y México</p>
<p><span id="more-9936"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Finanzas personales</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Con mis cuatrocientas voces yo canto. Veo y canto. La primera voz es para el amor más profundo; la segunda es para el amor más profundo, aunque con un ligero toque de duda. En la tercera, la duda crece un poco más, y así hasta la voz cuatrocientos, en donde canto con el odio más animal, más irracional.</p>
<p style="text-align: justify;">Los matices de mi voz responden a las pantallas en los pisos de las casas de bolsa, y los escojo según el tipo de cambio, al segundo, contra la moneda norteamericana.</p>
<p style="text-align: justify;">Soy un inversionista convertido en cenzontle; soy un cenzontle convertido en rey azteca; soy un rey azteca convertido en moneda corriente…</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>El lagar</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El proceso es lento. Después de plantar la semilla de la ilusión en ella, me retiro y la veo germinar desde lejos. Esto debe ser en temporada de lluvias para que, una vez que nazca la planta que será su deseo, se riegue con el anhelo que trae el agua que resbala melancólicamente por su ventana.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya que la planta madura, me acerco cuidadosamente y la fertilizo: un poco de ilusión satisfecha, una caricia bien acomodada, una intimidad basada en la mutua confianza. De tal fertilización nacerá el preciado fruto.</p>
<p style="text-align: justify;">En el tiempo de cosecha recolecto sus ojos para ponerlos en el lagar, ése que se ha formado por años de incompetencia para las relaciones sociales, y exprimo todo lo que se pueda. Las lágrimas resultantes deben dejarse añejar en una barrica de roble curada de tal manera que agregue al final un sabor de culpa con toques de pimienta. El líquido debe reposar durante unas tres horas antes de beber. El resultado siempre es sorprendente: la embriaguez que trae consigo es más fuerte que cualquier alcohol.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Regicidio</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Puñal en mano, la estocada fue certera y por la espalda. La habitación del rey, toda teñida de sangre, fue la única testigo del crimen.<em> </em>«<em>Sic semper tyrannis</em>», el fin de una tiranía, pensó el asesino. Seis años habían pasado y no estaba dispuesto a soportar un día más. Era tiempo de un cambio de reinado, de un cambio de tirano.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de estar seguro de haberlo matado, se levantó y sacudió mientras su pecho iba llenándose de orgullo. Había fraguado y llevado a cabo su plan maestro sin la ayuda ni el consejo de nadie. Ahora, por derecho, todo lo que alcanzaba su vista le pertenecería; su hermano mayor, el de la corona depuesta, ya no podría impedirlo. «Ha muerto el rey. Que viva el rey», gritó.</p>
<p style="text-align: justify;">El llamado materno lo sacó de golpe de sus meditaciones. «Niños, dejen de jugar y bajen a comer». El nuevo monarca sonrió. No podía esperar para decirle a su madre que ese día sobraría un plato en la mesa.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Erótico-Geográfico</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Me gustaba comparar su cuerpo con la geografía. Me gustaba decirle que su boca era como el oasis en el desierto, que sus pechos eran como montañas que me encantaba escalar. Le decía que bajar por sus senos a la meseta de su cadera siempre era una aventura y que adentrarme en la selva de su pubis era mi perdición. Mis metáforas siempre me ponían en animo de entrar en acción, pero en ella no tenían el mismo efecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Un día se cansó de mis clichés, de mis frases pre-hechas, de mi estúpida verborrea barata. «¿Te gusta recorrer mi geografía?», me gritó en tono sarcástico, «pues puedes ir olvidándote de ella». En ese momento un terremoto con epicentro en su ombligo la empezaba a borrar del mapa.</p>
<p> </p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong> </strong></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong> </strong></p>
<p style="TEXT-ALIGN: justify"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Luis Gonzalí (Tampico, México, 1982) vive actualmente en la Ciudad de México. Estudió una Lic. en Matemáticas y trabaja como Gerente de Inversiones. Escritor por imitación, pues uno de sus grandes placeres es la lectura, lo cual lo llevó a la convicción de que todo lo que vale la pena escribir ya ha sido escrito. Aun así no se amilana y escribe. Algunos de sus microcuentos han sido reconocidos en Argentina y México. Asimismo, algunos de sus textos han sido escogidos para formar parte de diversas antologías en Internet. Publica textos periódicamente desde su bitácora Reflexiones desde la buhardilla.</p>
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		<title>El poeta Juan Martínez. Voz de lo oculto, intérprete de los misterios</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 05:26:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alforja]]></category>
		<category><![CDATA[José Vicente Anaya]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Martínez]]></category>

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		<description><![CDATA[
A continuación ofrecemos el prólogo que José Vicente Anaya escribiera para adentrarnos en la poesía de Juan Martínez, que compiló en un trabajo de gran valor para la literatura mexicana. La de Juan Martínez es una obra heterodoxa que germinó a partir de un ejercicio muy personal de la mística. 
 
El poeta Juan Martínez
Voz de lo oculto, intérprete de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong><a><img class="alignnone size-full wp-image-9995" title="Juan Martínez" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/09/Juan-Martínez.jpg" alt="Juan Martínez" width="610" height="265" /></a></strong></p>
<p>A continuación ofrecemos el prólogo que José Vicente Anaya escribiera para adentrarnos en la poesía de Juan Martínez, que compiló en un trabajo de gran valor para la literatura mexicana. La de Juan Martínez es una obra heterodoxa que germinó a partir de un ejercicio muy personal de la mística. <span id="more-9994"></span></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>El poeta Juan Martínez</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Voz de lo oculto, intérprete de los misterios</strong></p>
<p> </p>
<p>El gran poeta persa Shams-ud-din Mahoma (Mahoma Sol-de-Fe), más conocido como Hafiz (1320-1390), recibió en vida los títulos de <em>Voz de lo Oculto</em> e <em>Intérprete de los Misterios</em> por la belleza y profundidad lumínicamente mística de sus poesías; e iguales títulos merece nuestro poeta Juan Martínez. El estudioso de la cultura persa y musulmana, Paul Smith, escribió: “Si Dios tomara forma de poeta. Creo que estaría muy contento de escribir como Hafiz”.</p>
<p>            También los poemas de Juan Martínez (1933-2007) serían dignos de ser tomados como modelo por el Ser Supremo. La prueba contundente la podemos encontrar en fragmentos de su poesía como éste:</p>
<p> </p>
<blockquote><p>Masticar la soledad en diminutas porciones de muerte</p>
<p>es solamente un viejo oficio</p>
<p>pero poseer pájaros medio muertos por la lejanía</p>
<p>y hacerlos cantar en el cráneo,</p>
<p>esa es una labor que sólo se encuentra</p>
<p>en las otras vertientes del cielo</p>
<p>donde los arbollones de la noche dejan escapar</p>
<p>todo el esplendoroso lujo de las estrellas nuevas</p>
<p>y el arancel para viajar</p>
<p>por el recuerdo de un sabor a metal acabado</p>
<p>es menos corrosivo, a pesar de los crueles manómetros</p>
<p>que miden el silencio de las palabras caídas en el aljibe de los sueños…</p></blockquote>
<p> </p>
<p>Pero en la poesía de Juan Martínez hay mucho más, en términos de sensaciones e imágenes que nos conducen hacia estados mentales que, fehacientemente, exploran los ámbitos del espíritu; y esto sucede por la profunda convicción que sobre el hecho poético expresó Juan al declarar:</p>
<p> </p>
<blockquote><p>Hay un gérmen generador en todo gran poema</p>
<p>que al ejercer contacto con el espíritu del hombre,</p>
<p>singulariza a través de una chispa transmisora</p>
<p>una potencia consubstancial; a partir de este momento</p>
<p>el que revive lo intuido por el poeta,</p>
<p>clarifica y extiende el paisaje diseminado en las líneas</p>
<p>mas cada espectador adapta el reino</p>
<p>a la posibilidad de su genio.</p>
<p>El mío trasciende cada oración</p>
<p>a universos heterogéneos…</p>
<p>la exactitud del Verbo ilumina la poesía</p>
<p>como un milagro donde Dios</p>
<p>glorifica por el hombre su  principio…</p></blockquote>
<p> </p>
<p>A principios  de la década  de 1950 el joven Juan Martínez se trasladó de la ciudad de Guadalajara a la ciudad  de México, donde hizo amistad con otros jóvenes poetas inquietos como Sergio Mondragón y Homero Aridjis (ellos tres serían amigos de los poetas beats y del grupos de Nueva York que por ese tiempo vivían en México: Philip Lamantia, Margaret Randall, Allen Ginsberg, Jerome Rothenberg, Diane di Prima, Marge Piercy, Lawrence Ferlinghetti, Jack Kerouac, Ray Bremser y otros). En aquel ambiente nació la revista que editaron Sergio Mondragón y Margaret Randall, <em>El Corno Emplumado</em>, en la que Juan publicó sus primeros poemas. Tiempo después, en 1959, aparecerían sus poemas en la <em>plaquette</em> titulada <em>En las palabras del viento</em>, en las ediciones Cuadernos del Unicornio que publicaba Juan José Arreola. Unos años más tarde Juan estaba en la ciudad de Tijuana, donde en mi adolescencia lo conocí como un yogui cabal, disciplinado, y descubrí su entrega mística antes de tener noticias de sus poemas.</p>
<p>            Por 1986 Juan regresó a vivir en la ciudad de México y tres años después volvió a Guadalajara, donde falleció el pasado 18 de enero del 2007, habiendo estado como interno en un hospital psiquiátrico, donde se intuye que recibió los tratamientos típicos de esas instituciones como son las drogas inhibidoras del ánimo y los electrochoques, paralelismos de Juan Martínez con Antonin Artaud.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Vate de vates</strong></p>
<p>Mientras vivió, este poeta estaba y no estaba entre nosotros porque había decidido retirarse del mundo, a la manera (aunque también en versión muy propia) del Príncipe de los Poetas, el alemán Friedrich Hölderlin. Sobre todo, Juan Martínez se retiró del ahora llamado <em>mainstream</em> de la liteartura mexicana, es decir la farándula “cultural”, “intelectual”  de la capital de México, de la que había sido constante crítico en una praxis festiva y directa al corazón (si es que lo tienen) de los literatos simuladores diestros en acaparar posiciones de poder. Y no fueron escasos los que, por la década de 1950, recibieron alguna frase sarcástica de Juan, que los puso a rabiar en su nadidad. Con sarcasmo y risa, una noche en que caminábamos por las calles de Tijuana, me comentó: “Allá en México, ahora me quieren hacer justicia los intelectuales”.</p>
<p>            La inclinación mística hinduísta de Juan lo hizo pensar que el <em>samsara</em> del relativo éxito literario en la capital del país era sólo ilusión. Y decidió vivir en retiro, una especie de autoexilio. Para su retiro no escogió ninguna ciudad acogedora, que hay muchas en nuestro país, ni ningún centro ceremonial y de poder místico, que también abundan en el <em>México Profundo</em> (ese sería el caso de Yaxchilán, Huautla, Tónachic, Macuiltianguis o Basíware, por mencionar  algunos). Para su retiro y búsqueda espiritual Juan escogió la ciudad  más antiespiritual, pragmática, materialista, utilitaria (sobre todo a principios de la década de 1960): Tijuana (la que hoy día con sus contradicciones está bendecida por el <em>yin-yang, </em>por el arribo de yoguins poetas como Juan y artistas de toda índole que han experimentado importantes búsquedas). Habiéndose alejado de los círculos intelectuales de la ciudad de México, tampoco le interesaron éstos ni los frecuentó en Tijuana, salvo tres o cuatro poetas con quienes cultivó la amistad (pero nunca hizo “corrillo literario”).</p>
<p>            Cuando yo tenía entre 15 o 16 años frecuentemente veía a Juan Martínez en el centro de la ciudad de Tijuana (sin saber nada de quién era él) cargando un balde con agua en mano, detergente y trapo en la otra mano, limpiando automóviles y esperando con humildad unas  monedas que  muchas veces no le daban. Era costumbre, como ahora, que ese trabajo de desocupados lo desempeñaran niños desarrapados, así es que Juan era un contraste en aquel escenario, y no fue poco el rechazo que recibió. “No limpie mi carro, váyase a trabajar en algo útil, está usted muy fuerte y anda bien vestido. ¿No le da vergüenza andar haciendo el trabajo de los chavalos?” Frases que se alternaban con improperios. Juan no respondía, actuaba como si estuviera transparente ante los ojos de la altanería con que pretendían insultarlo. A sus espaldas algunos lo compadecían: “Pobre muchacho, no está en sus cabales”. Nadie atinaba a ubicarlo en lo que realmente era y hacía. Juan se retiraba unos pasos, ensimismado, casi siempre vistiendo su abrigo  negro largo hasta debajo de la pantorrilla, botas, cabellera larga amarrada en cola de caballo (recordemos que por 1960 era inconcebible ver a un hombre con cabello largo). Yo lo veía como a un Joven Werther o un Zarathustra perdido en el tiempo.</p>
<p>            Cuando yo estudiaba la preparatoria en la Nocturna de Agua Caliente, por sugerencia de una compañera visitamos a Juan en su casa. Así empezó mi trato directo con él. Nuestras conversaciones eran sobre hinduísmo, tema en  el que yo tenía algunas lecturas pero con sus acotaciones aprendí mucho. Lo dejé de frecuentar porque a mediados de 1967 me trasladé a la ciudad de México para estudiar en la UNAM. En aquel tiempo nunca me dijo que él fuera poeta ni que le habían publicado en “importantes” revistas o en Cuadernos del Unicornio de la capital, pero sí pude apreciar los dibujos y pinturas que ejecutaba con trazos precisos e imaginativos. Fue en el D F y al paso del tiempo que leí la poesía dispersa de Juan Martínez. Años después, en uno  de mis regresos a Tijuana, sin que yo se lo preguntara, Juan me dijo que se había dedicado a limpiar automóviles porque había hecho un voto de humildad, sin esperar ninguna recompensa, y que para él había sido una prueba en el encuentro de la espiritualidad.</p>
<p>            La calidad de verdadero vate Juan la expuso en muchísimo hechos y  escritos, este fragmento <em>de En las palabras del viento</em> es uno de los mejores ejemplos:</p>
<p> </p>
<blockquote><p>&#8230;encontré la sangre esparcida del alma de los pobres y de los inocentes,</p>
<p>y no la hallé precisamente en excavaciones</p>
<p>sino en todas estas cosas que tocamos a diario con nuestra mirada,</p>
<p>mis entrañas encendidas clamaron y guardé su enojo para siempre,</p>
<p>la amargura de mi corazón penetró hasta mis tuétanos,</p>
<p>las aguas en lo alto detuvieron su paso y la lluvia faltó,</p>
<p>miré la Tierra y he aquí que estaba  asolada y vacía,</p>
<p>los montes temblaban de pánico, los cielos oscurecían,</p>
<p>y los andamios de mi cerebro como jaula de pájaros, se encontraban de engaño,</p>
<p>mis ojos no vieron ni mis oídos oyeron,</p>
<p>entonces  subí hacia el mediodía y cabalgué llanuras como la sombra de la tarde</p>
<p>y he aquí lo que encontré y traigo para vosotros:</p>
<p>no os alegréis todavía, simplemente es, un sepulcro abierto&#8230;</p></blockquote>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Zarathustra perdido en el tiempo</strong></p>
<p>Cuando no había carretera directa para ir de Tijuana a la playa, es decir, cuando esa playa era una zona silvestre, despoblada, y a la que después de horas se llegaba caminando a campo traviesa subiendo y bajando cerros entre matorrales, conejos y víboras de cascabel que pasaban en estampidas; Juan se construyó una cómoda cueva a la orilla de ese mar donde vivía por temporadas, vale decir que sin las molestias ni los gastos que ocasionan tener que rentar o acumular riqueza para llegar a ser dueño de una casa o de un departamento. Cualquiera diría que eso no es creíble, pero la vida  de Juan estuvo llena de sucesos increíbles, que sólo quienes los llegamos a presenciar podemos confirmarlos. Juan ahí meditaba, corría o hacía caminatas, conseguía sus alimentos del mar, nadaba&#8230;</p>
<p>            Tal  vez nadie  se aficione a bañarse en agua muy fría, esa de la corriente gélida que del Polo Norte pasa frente a las costas de Tijuana; y todavía acumular esa agua en una tina y agregarle hielos, durante el húmedo invierno californiano (esto es decir que el frío penetra y traspasa los huesos); pero eso justamente hacía Juan Martínez. Y es que Juan se hizo un hombre fuerte, curtido en la ardua disciplina del yoguismo indio, en la que fue tan a fondo que logró verdaderamente el dominio mental de su cuerpo (conviene hacer la aclaración de que los yoguis no son <em>showmen</em> que hagan esas cosas como espectáculo ni para impresionar; para ellos se trata de ejercicio de disciplina mental, tal vez usted sepa que en el Tíbet algunos monjes, vistiendo un simple taparrabo de tela de algodón, se sientan en posición de flor de loto para meditar sobre pleno campo nevado, pasan el tiempo en una especie de estado “ausente” y después de horas a su derredor la nieve se va derritiendo&#8230;).</p>
<p>            Desde muy joven Juan Martínez empezó a practicar disciplinas y su misticismo hinduhísta, en una versión tan personal que él fue su propia religión de sacerdote único y feligrés al mismo tiempo.</p>
<p>            Cuando vivía en su cueva de vez en cuando iba a la ciudad, como dicen los rarámris cuando van a Chihuahua o el mismo Zarathustra cuando se asomaba  a la ciudad, “para ver cómo viven los hombres equivocados”. Tiempo después en Tijuana se rumoraba que Juan hacía “cosas” extrañas, como recuperar comida de la nada, sosteniendo la certeza de su crítica en la praxis contra la sociedad del desperdicio, efecto de la gente equivocada.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Presencia y permanencia de la poesía de Juan Martínez</strong></p>
<p>Durante casi cincuenta años Juan Martínez y su poesía han sido descartados por el <em>status</em> cultural de México, y es por esto que para el público lector ha sido un desconocido. Sobre este poeta y su  obra se desplegó un largo silencio (silenciar es el arma favorita de los envidiosos con poder) que ni siquiera pudo ser roto por la constancia de su poderosa obra poética, que como ya dijimos tempranamente editó Juan José Arreola en <em>Las palabras del viento</em> (1959), de sus poemas que le publicaron Sergio Mondragón y Margaret Randall en la década de 1960 en <em>El Corno Emplumado</em>, de los libros  <em>Ángel de fuego</em> (1978) y <em>En el valle sagrado</em> (1986) que prepararon Alberto Blanco y Luis Cortés Bargalló, de los ensayos que varios amigos publicamos en revistas (<em>memoranda</em>, del ISSSTE) y libros (vg. <em>Poetas en la noche del mundo</em> [de mi autoría], Universidad Nacional Autónoma de México, col. Diagonal, México, 1997). Todo eso pasó desapercibido seguramente por ciertas imposiciones que suelen dictar (dictadores al fin) rumbos determinantes como el camino “bueno de la poesía”, la supuesta “ruptura” que no rompió nada, el cliché tardío de la “tradición moderna”, los que defendieron la “disidencia” en tanto su derecho a expresarse pero luego acallaron a los disidentes; y otros prejuicios más. Es triste detectar que hasta hoy en día los grupos del poder cultural con sus actos siguen proclamando “no hay más ruta que la nuestra”. Y en la literatura de esos vicios hizo gala, por ejemplo, la famosa antología  <em>Poesía en movimiento</em>, pues consta en el libro <em>Cartas cruzadas. Octavio Paz / Arnaldo Orfila</em> (siglo XXI, 2005), que en 1966 (¡siete años después de publicado <em>En las palabras del viento</em> y de sus poemas en  revistas) el mismo Paz comenta con pedantería que excluyen a Juan por no cumplir con obra publicada: “&#8230;habría que conocer más cosas de ese muchacho” dice O. P.,  pág. 76 /  “&#8230;Juan Martínez y Octavio Cortés no tienen obra suficiente como para justificar su inclusión” Orfila citando a Pacheco, Chumacero y Aridjis, pág. 53.</p>
<p>            Por lo antes comentado, resulta de suma importancia rescatar y dar a conocer toda la poesía de Juan Martínez que se había publicado y la que había permanecido dispersa. Conocer la poesía de Juan (y la de otros autores que han sido suprimidos por el <em>status quo</em>, como Concha Urquiza, por mencionar otro ejemplo) es llenar parte de un vacío en nuestra historia literaria, pues el periodo de su creación es en realidad más rico de lo que los divulgadores “nos han permitido ver”.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;">                         *          *          *                         *          *          *</p>
<p> </p>
<p>Esta recopilación titulada <em>Toda la poesía reunida</em>, incluye toda la poesía de Juan Martínez antes publicada y ya inconseguible, además de valiosos poemas inéditos, es el caso de algunos textos dispersos que llegaron mis manos gracias a Rodrigo Martínez y Claudia Ramírez Martínez, sobrinos de Juan; así como el poemario <em>A las puertas del paraíso</em>  que desde 1985 estuvo bajo el resguardo de Alberto Blanco (ver nota al final). A ellos mis agradecimientos. Quiero también agradecer a los autores de los ensayos aquí reunidos a manera de prólogos, que se suman no sólo como homenajes muy merecidos por Juan, sino también porque confirman, con sus diferentes puntos de vista, la importancia de este poeta en las letras mexicanas de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;">                                                                                                       <strong>José Vicente Anaya</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>                                                                                                       Coyoacán, 2007</strong></p>
<h3 style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2009/06/galeria_todalapoesiareunidajuanmartinez.pdf"><span style="color: #ff0000;">Al seguir este enlace, podrás descargar gratuitamente </span><span style="color: #ff0000;">la poesía completa de Juan Martínez desde nuestra Galería de Armas.</span></a></h3>
<p style="text-align: right;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong> </strong></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Lectura de Poesía, SOGEM Puebla</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:32:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[
Los alumnos de la Sociedad de Escritores de México te invitamos a la lectura de poemas ineditos este viernes 3 de septiembre a las 4 de la tarde en el Instituto de Arte y Cultura del Municipio ubicado en la 3 norte entre 2 poniente y av. reforma junto a parisina
 

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #800000; font-size: x-small;"><span style="color: #800000; font-size: x-small;"><a><img title="María Emilia Cornejo" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2009/04/María-Emilia-Cornejo.jpg" alt="María Emilia Cornejo" width="610" height="265" /></a></p>
<p><font size="2" color="#800000"><font size="2" color="#800000">Los alumnos de la Sociedad de Escritores de México te invitamos a la lectura de poemas ineditos este viernes 3 de septiembre a las 4 de la tarde en el Instituto de Arte y Cultura del Municipio ubicado en la 3 norte entre 2 poniente y av. reforma junto a parisina</p>
<p></font></font></span><font size="2" color="#800000"> </p>
<p></font></span></p>
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		<title>Dos cuentos de Óscar Alarcón</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:14:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 2]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de Narrativa mexicana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Óscar Alarcón]]></category>
		<category><![CDATA[Ultracostumbrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea de Círculo de Poesía, Presentamos dos cuentos de Óscar Alarcón (Puebla, 1979).  Autor del volumen de cuentos Polimastia (BUAP, colección Alejandro Meneses, 2008), es miembro de &#8220;Los ultracostumbristas&#8221; desde 2001. Recientemente terminó la Maestría en Historia del Arte en la UNAM.

 
 
Cero la Vieja del Basurero
 
Puta. Mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Óscar-Alarcón.JPG"><img class="alignnone size-full wp-image-9924" title="Óscar Alarcón" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Óscar-Alarcón.JPG" alt="Óscar Alarcón" width="610" height="265" /></a>En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea de Círculo de Poesía, Presentamos dos cuentos de Óscar Alarcón (Puebla, 1979).  Autor del volumen de cuentos <em>Polimastia</em> (BUAP, colección Alejandro Meneses, 2008), es miembro de &#8220;Los ultracostumbristas&#8221; desde 2001. Recientemente terminó la Maestría en Historia del Arte en la UNAM.</p>
<p><span id="more-9902"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Cero la Vieja del Basurero</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Puta. Mi madre dice que es puta.</p>
<p style="text-align: justify;">Doña Graciana, la vieja sucia y cochina que todas las mañanas empuja el diablito con bolsas de basura, es puta. Y me dice que no me le acerque, que corra si intenta abrazarme. Su imagen me ronda la cabeza. Doña Graciana recorre la calle pepenando el desperdicio, busca botellas de plástico, utiliza el cartón para forrar las paredes de su cuarto y así no pasar fríos. Todo el día empuja su diablito oxidado, detrás de ella siempre camina <em>el</em> <em>Usuario</em>, su perro.</p>
<p style="text-align: justify;">Nalga pronta, culo caliente, tiene dinero porque se coge a los borrachos. Yo la veo llamar a los chamacos, les enseña sus piernas gordas y peludas. Les grita: “ven niño, que te va a gustar”. Tiene dinero porque los cargadores del mercado le pagan, los mete en su casa y nomás se oyen los quejidos del catre. Date cuenta, cuando el foquito amarillo con caca de moscas se apaga, es porque tiene a un teporocho metido en las entrepiernas, me dice mi hermano cuando nos mandan a dormir. Doña Graciana la apestosa tiene dinero.</p>
<p style="text-align: justify;">A las cinco de la mañana sale con su perro recogiendo la basura. Graciana cotorrea con los vendedores que comienzan a poner sus puestos. Después de casi una hora de argüende sigue su camino hasta toparse con la señora que le regala tamales y atole: lunes, de mole; martes, de rajas y arroz con leche; miércoles, champurrado y torta con doble tamal de dulce; jueves otra vez de mole; los viernes repite el champurrado y cambia el tamal: salsa verde; los sábados sólo se toma un jugo, y cierra la semana religiosamente los domingos con una última torta de tamal de dulce y un atole.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de desayunar, sigue su camino. La gente la identifica por su suéter roído y sin botones, falda verde, calcetas enormes arriba de las rodillas y los zapatos con un hoyo en la punta por donde se asoma el dedo gordo del pie.</p>
<p style="text-align: justify;">A mí me gusta Doña Graciana. Todas las noches sueño que apaga mi lámpara y entonces su cara redonda llena el cuarto. <em>El</em> <em>Usuario </em>siempre me ladra, no deja que me le acerque. Maldito perro, ojalá y te maten, que el taquero te pesque por el cuello y te cocine, ojalá y te sazone, y después te coma sin que yo me dé cuenta cuando te sirvan en mi plato, dios quiera que te disfrute y después te cague, que te vayas por el hoyo de la letrina y nunca más me molestes.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Esta noche doña Graciana me llama cuando yo venía de regreso de la escuela. Tengo que ir a su encuentro deprisa para que mi mamá no me regañe. Las clases quedaron atrás, mi uniforme verde mayate denuncia la secundaria a la que asisto.</p>
<p style="text-align: justify;">Doña Graciana me arrincona. Piernas peludas. Sonrisa chimuela. Puedo sentir su aliento enfermo que proviene del hígado. <em>El</em> <em>Usuario </em>me ladra. ¡Cállate!, le grita.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué chulo y qué grandote estás mijito! Entra, tócame. Así, pon tus manos en mis muslos, acaríciame la espalda, anda, prueba mis chichis, así. ¿A poco no te gusto, mi güero? Pronto estoy arrinconado entre la pared y el cuerpo de Graciana.</p>
<p style="text-align: justify;">Se quita el suéter roído, la blusa con manchas y la falda mugrosa, su panza se desparrama, se viene abajo. ¡Los tamales, encontré los tamales! Están en sus pechos, en sus enormes tetas de marrana que todas las noches un hombre distinto prueba.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi cuerpo se convierte en su masa; el suyo, ha perdido los límites: no hay distinción entre la espalda y las nalgas. La raya que dividía las dos enormes esferas carnosas está perdida. Grasa, Grasa, Grasita, Graciana, Grasa, me encantas, déjame tocar tu enorme panza, deja que mi ser se pierda en la manteca que escondes en el cuerpo y que tienes para mí. Enciérrame en tu amasijo de piel, de carne y pelos, quiero encontrar la salida a tu laberinto de estrías. Bésame, Grasita, Graciana, acaríciame, Chana, cómeme, devórame como a tus tamales cotidianos.</p>
<p style="text-align: justify;">Me gusta sentir la compañía de los hombres y de los niños, no les cobro por meterlos a mi catre donde apenas cabemos tú y yo, me dice entre resoplidos mientras me acaricia el pelo. Sigue, Graciana, llévate esta virginidad que me estorba y escóndela en la masa que te cubre entera, anda, Graciana, piérdeme en tus gigantes brazos, arrópame en tu vello púbico extinto, vamos, Graciana, déjame estar encima de ti y después duerme tranquila.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Los pedos de Graciana me despiertan.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Graciana, Graciana!, ¡hay hojas grises de papel lloviendo en el cuarto! Mira cómo caen, parecen gotas pintadas en la pared, vuelan sobre mí, caen en tu cabello y en tu panza, abre los ojos Graciana, Grasita, Chana.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Despierta apurada, se mueve lento, las hojas grises siguen cayendo y no dice ni una sola palabra. Graciana se me pierde en los ojos.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>El Usuario</em> ladra toda la noche. Le gruñe a dos figuras chamuscadas y de humo. El tizne del piso me confunde, estoy agotado.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Trece el rabo te crece en la boca de ese</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">El Usuario había tenido varios dueños. Pero un niño que murió atropellado por un camión mientras jugaba futbol, fue con quien más tiempo pasó. El niño se divertía mucho con él y lo dejaba dormir en su cama.</p>
<p style="text-align: justify;">Como era lógico, sus padres lo echaron a la calle cuando su dueño falleció. Durante una temporada vivió en un depósito de llantas viejas, pero cuando se incendió tuvo que vagar sin encontrar una nueva casa.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces tomaba por asalto algún parque para que la gente le lanzara comida, le ladraba a los gatos cuando se paseaban sobre las bardas, pero los felinos, poseedores de una gran templanza y acostumbrados a los ladridos, no le hacían caso y proseguían su camino. Por supuesto uno de los sueños recurrentes del Usuario era atrapar a un gato.</p>
<p style="text-align: justify;">En esos parques se reunían varios niños a jugar, el Usuario parecía un miembro más del grupo que atacaba los nidos de los pájaros a pedradas. Ahí, entre ellos, conoció su crueldad cuando todos esos ojos abiertos se llenaban de sangre al arrancar la cabeza de algún pájaro muerto. El Usurario era capaz de arrancar la testa de una sola tarascada. Alrededor del perro los niños gritaban extasiados, a veces con miradas de asombro y en otras, hasta lanzando espuma por la boca al ver el hocico del Usuario lleno de sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">— ¿Y si después ataca a uno de mis hijos? Imagínense lo que esas fauces atascadas pueden hacer en el cuello de uno de los chamacos, mejor hay que correrlo. Se decía entre los padres de algunos de los niños, quienes se dieron cuenta del criminal en potencia que tenían en el vecindario.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El Usuario no tenía pedegree, era un perro fuerte pero corriente, nadie pensaría que pertenecía a una familia de perros con raza, lo que sí tenía era una placa con su nombre colgada al pescuezo: <em>Usuario</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de salir huyendo del parque llegó hasta un puesto de tamales donde la señora que lo atendía le dio de comer por algunos días. El Usuario vio que una señora gorda, vestida con harapos y haciendo ruido con la nariz frecuentaba a la vendedora de tamales y poco tiempo después decidió que debía seguirla.</p>
<p style="text-align: justify;">Se cayeron bien desde un principio, la señora gorda lo llevó a su casa donde le dio de comer y le puso unos cartones afuera para que ahí durmiera. El Usuario veía cómo los hombres entraban y salían de la casa de la señora a quien con insistencia repetían su nombre: Graciana, Chana, Chanita, voy con la vieja del basurero. Por fin Graciana tenía un acompañante que no cambiaba. Y el Usuario nuevamente había elegido otro dueño. Pronto se les vio caminar juntos por la calle pepenando los botes de basura.</p>
<p style="text-align: justify;">El perro como siempre, se quedaba afuera cuando Graciana se metía con sus amores efímeros a la casa. Entonces tomaba otra vez camino acompañado de su sombra sin perderse nunca. Recorrió las calles hasta convertirse en el ojo de ese pequeño universo: todo lo veía y todo lo sabía.</p>
<p style="text-align: justify;">Flaco, astuto, no se fiaba de las vueltas en la esquina, a veces lo sorprendía un borracho gritándole groserías: “Ora pinche perro, me espantaste, cabrón”, entonces sabía que era momento de salir corriendo. Otras veces se encontraba con las amas de casa quienes le echaban agua para bañarlo, o los niños lo ahuyentaban con piedras. El Usuario creía que estaba pagando lo que antes había hecho con la horda que atacaba los nidos de los árboles.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que más le gustaba era pasearse peligrosamente por los puestos de tacos que había en la ciudad, olfateaba el peligro, sabía que podía caer en manos de cualquier taquero, sin embargo, era un deporte que el perro practicaba a diario. Se escondía entre los botes de la basura y estaba al acecho de cualquier pedazo de carne que caía del plato o de la boca de uno de los clientes. Varios vendedores habían intentado agarrarlo para que sirviera de materia prima pero siempre había logrado escapar de todas las trampas.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Una noche, al regresar a la casa, doña Graciana le cerró la puerta en las narices. El perro se asomó por una ventana, no veía nada, el interior de la casa de cartón estaba a oscuras, el foco amarillo cagado por las moscas, que era el único que alumbraba la habitación, se había apagado.</p>
<p style="text-align: justify;">De pronto, el perro alcanzó a ver dos lucecitas rojas que se movían como luciérnagas. La nariz del perro se puso alerta: olía a hierba quemada, no era la primera vez que la casa de la vieja olía de esa manera, el Usuario ya se había acostumbrado.</p>
<p style="text-align: justify;">Las lucecitas rojas se movían de un lado a otro a lo largo del cuarto, hipnotizando al perro; el olor era intenso, comenzaba a marearlo pero no podía dejar de observarlas hasta que se convirtieron en una espiral roja que ganaba profundidad a la vista, crecía y después reducía su tamaño hasta casi desaparecer. El Usuario mantenía fija la mirada en aquella espiral escarlata hasta que el humo que se le había metido en los pulmones lo hizo toser, entonces se alejó solitario, caminando tranquilo pero con la mirada confusa. Atrás, la casa de su dueña comenzaba a arder.</p>
<p style="text-align: justify;">La escala de grises que percibía su visión comenzó a hacerse más clara y más nítida. El blanco y negro se cubrió de una capa de bromuro de plata la cual se revelaba en los ojos del Usuario. Los gatos en las bardas se sulfataron con espectros argentosos, los postes amigables en los que orinaba triplicaron su tamaño y se cubrieron de carbón, el Usuario recordaba los dibujos de su antiguo dueño hechos con tiza; el cielo de la noche enmudeció más y se puso azabache y las estrellas brillaban en alto contraste, los faros de los coches y las lámparas eran como soles encerrados en una mesa de luz. El Usuario era un hombre flaco caminando a cuatro patas atravesando el silencio de la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque no había colores en la visión del perro, todo se magnificaba como en un estereograma, en alto relieve, sus ojos eran una realidad que superaba a la tercera dimensión, ahora comprendía lo que tantas veces escuchó de Graciana: “los ojos de los animales son lo mismo que los ojos de dios, revelan el mundo perpendicular del gallo, la humedad del pez”, pese a ello no comprendía por qué tantos de sus amigos, incluido su dueño, habían muerto atropellados con estas imágenes, tal vez era porque los ojos de dios no se fijaban en los pequeños destellos. No sabía si los ojos de dios tampoco, al igual que él, distinguían el color de los semáforos.</p>
<p style="text-align: justify;">La exquisitez del negro al cien por ciento y del blanco en plata que resalta, elevada a la infinita potencia tenían al Usuario maravillado, no sabía por qué le estaba sucediendo esto.</p>
<p style="text-align: justify;">Escuchó las voces de los niños ir y venir en sus orejas, se acercaba a las luces de las calles transitadas, esquivó varios coches, su nariz se detuvo frente al olor de unos tacos sudorosos, la adrenalina estaba corriendo por el cuerpo del galgo. Era momento de intentarlo una vez más.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahí estaba detrás de un bote de basura, la nariz no podía fallar esta vez aunque la visión estuviera duplicando el tamaño de las cosas y aumentando las tonalidades del mundo. El Usuario estaba al acecho de un pedazo de carne, abrió el hocico todo lo que pudo, se lanzó sin pensarlo…</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">¡Pásele jefe, pásele, allá adentro tenemos más mesas, pásele!, ¿de qué se los vamos a servir?</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Óscar Alarcón Nació en la heroica Puebla Ultracostumbrista el 11 de junio de 1979. Forma parte de los ultracostumbristas (movimiento literario nacido en Puebla) desde el año 2001. Al igual que a los otros dos ultracostumbristas, le gusta el agua de horchata y las tostadas de pollo. Tiene un libro publicado que se llama <em>Polimastia</em> (BUAP, colección Alejandro Meneses, 2008). Profesor de tiempo completo de literatura en la preparatoria “Emiliano Zapata” de la BUAP. Licenciado en Lingüística y Literatura Hispánica por la BUAP; terminó recientemente la Maestría en Historia del Arte en la UNAM. Le gusta la música y el cine (prefiere el rock). Actualmente está enfrascado en tres proyectos: su primera novela, un libro de entrevistas y la tesis de maestría.</p>
<p style="text-align: justify;">Puedes leer más acerca de este autor: <a href="http://www.ultracostumbrismo.blogspot.com/">www.ultracostumbrismo.blogspot.com</a></p>
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		<title>Lectura de Híkuri, de José Vicente Anaya</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 03:43:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Alforja]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 1]]></category>
		<category><![CDATA[José Vicente Anaya]]></category>

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		<description><![CDATA[
A continuación, una lectura amplia de Híkuri, de José Vicente Anaya. Poema que incorpora varias influencias de la poesía norteamericana a la lírica mexicana, cuya primera edición apareció en 1987. El video es cortesía de la revista &#8220;Rancho Las Voces.&#8221;
 

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a><img class="alignnone size-full wp-image-9960" title="Híkuri" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/09/Híkuri.jpg" alt="Híkuri" width="610" height="265" /></a><a></a></p>
<p>A continuación, una lectura amplia de <em>Híkuri</em>, de José Vicente Anaya. Poema que incorpora varias influencias de la poesía norteamericana a la lírica mexicana, cuya primera edición apareció en 1987. El video es cortesía de la revista &#8220;Rancho Las Voces.&#8221;<span id="more-9958"></span></p>
<p> </p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="610" height="482" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/ug9vrBQQY4M?fs=1&amp;hl=es_MX&amp;color1=0xcc2550&amp;color2=0xe87a9f" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="610" height="482" src="http://www.youtube.com/v/ug9vrBQQY4M?fs=1&amp;hl=es_MX&amp;color1=0xcc2550&amp;color2=0xe87a9f" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always"></embed></object></p>
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		<title>4 minicuentos de Alberto Chimal</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 04:40:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portal de Soares]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Chimal]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de Narrativa mexicana contemporánea]]></category>

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		<description><![CDATA[En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea de Círculo de Poesía presentamos cuatro minicuentos de Alberto Chimal (Toluca, 1970), autor fundamental de nuestro tiempo. Alberto Chimal mereció el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí por el libro Éstos son los días (2004). Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal.jpg"></a><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal.jpg"></a><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal.JPG"></a><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal1.JPG"><img class="alignnone size-full wp-image-9922" title="Alberto Chimal" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal1.JPG" alt="Alberto Chimal" width="610" height="265" /></a>En el marco de la Antología de Narrativa Mexicana Contemporánea de Círculo de Poesía presentamos cuatro minicuentos de Alberto Chimal (Toluca, 1970), autor fundamental de nuestro tiempo. Alberto Chimal mereció el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí por el libro <em>Éstos son los días</em> (2004). Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2007-2010) y es profesor universitario y de creación literaria.</p>
<p><span id="more-9905"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Altísimo</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Crece tan pero tan alto que alcanza la bóveda de lo inefable.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por un agujero, está lleno de estrellas, no le gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero, sale por entre tierra húmeda y es una lombriz, tampoco le gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero, se encuentra un ojo que todo lo ve, lo pica con la nariz, tampoco le gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero, es un túnel oscuro, se ve una luz en el fondo, en la luz está un ginecólogo, tampoco le gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero, se ve la textura de la palabra &#8220;paralelepípedo&#8221;, se oye un intersticio en Lausana, no entiende (yo menos) y tampoco le gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero, es oscuro y fétido, se retira con algo de asco. (No, tampoco le gusta).</p>
<p style="text-align: justify;">Mete la cabeza por otro agujero y está viendo para abajo, desde lo alto, y ve sus piernas que tiemblan y el suelo tan pero tan lejos, y siente vértigo. Se agarra de los bordes del agujero, se domina, y de pronto, de entre todo lo posible, escupe.</p>
<p style="text-align: justify;">Caray.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Fideo</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando Miguelín tenía tres años, un demonio lo poseyó, pero nadie se dio cuenta porque la inmunda criatura no forzó al pequeño a hacer maldades, hablar con voz de bajo ni vomitar de modo no natural. Por el contrario, Miguelín se volvió, bajo el mando férreo que le anulaba la voluntad y la conciencia, el niño más amable y avispado que la familia hubiese conocido, luego el estudiante más ingenioso y aplicado, luego el graduado de más mérito en la carrera que se le escogió, luego el novio más cariñoso, el esposo más fiel y preocupado, el mejor padre. Además dedicó su tiempo libre a ayudar a los pobres y a apoyar numerosas causas justas, fue bueno con sus vecinos, nunca fue avaricioso ni toleró la corrupción, acudió a misa y santificó las fiestas…</p>
<p style="text-align: justify;">            Esta vida ejemplar terminó hace dos minutos, con una muerte relativamente veloz, indolora y nada amarga porque coronaba (al menos, desde el punto de vista de los deudos) muchos años de plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">            Y ahora el alma de Miguelín, pobrecita, todavía de niño por falta de ejercicio, consumida, vuelta casi nada por tantos años de ser propiedad de otro, se eleva tímidamente, incapaz de separarse de quien tanto la acompañó y la procuró. Y el demonio está satisfecho, pero también muy nervioso, porque sabe que de lejos los dos se ven como uno, de tanta costumbre y tanta bondad que los ilumina, pero son dos y el Ojo que todo lo ve no siempre está mirando para otro lado, y se pregunta (el demonio) si todo valdrá la pena y si podrá llegar hasta tan alto como se merece Miguelín. Y piensa en rosas místicas, piensa en nubes blancas y estrellas frescas sobre cielo claro, y piensa en los pozos negros del Infierno, en las llamas y las picas de tortura. Y además ya se le olvidó para qué deseaba subir hasta acá, qué propósito maléfico y magnífico lo animaba, y ¿qué será peor, que lo descubran, que no lo descubran, que lo echen abajo a lo mejor con todo y niño, fracasado y caído una vez más, o que pase la eternidad en la contemplación de lo divino, cada vez más ajeno a su natura de diablo? (También a él lo ata mucho tiempo, y siente mucho miedo al imaginar que lo separan del pobre niño, ese fideo de espíritu, esa cosa tan triste…)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">(<em>Grey</em>, 2006)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Ciencia ficción</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">El doctor Kreseepurson, desde luego científico loco, inventó un &#8220;Rayo Sirenizador&#8221; y quiso probarlo. Pero le fue peor que al famoso Krackelgruber y su aparato para transformar a las personas en ángeles: algo no salió bien y las ciudades se llenaron de pobres diablos con colas de pez en lugar de manos, colas de pez en lugar de ojos, colas de pez en lugar de narices, espaldas, dientes, cerebros, cabellos, órganos de la generación pero <em>nunca en lugar de las dos piernas</em>, de tal suerte que ninguno parecía realmente una sirena y nadie creyó que el tiempo de la razón hubiera pasado y estuviera cerca, destrucción, cataclismo, una nueva edad de mitos eternos.</p>
<p style="text-align: justify;">(Y tal era el objetivo último de Kreseepurson, a quien su padre había forzado a dedicarse a la ciencia en vez de a la tarjetería española, con el rencor y odio consiguientes.)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Ciencia ficción 2</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Homuncular, sicalíptica, estúpidamente, las sirenititas comenzaron a pelear dentro de la retorta: todas querían llegar al cuello del recipiente e hicieron muy feliz a su creador, el doctor Yakitito, quien no sólo vio que podría controlarlas con facilidad (el cuello estaba tapado con un corcho enorme): también advirtió que, liberadas en el agua corriente —o infiltradas en las botellas y los garrafones de agua purificada— sus criaturas llegarían a todas las casas de clase media baja en adelante y espantarían a los niños con sus palabras atroces; a las señoras con su actitud obscena; a los señores y curas con su belleza física perpetuamente inasible, y a los críticos literarios con su belleza perpetuamente inasible y, además, no sólo física, sino artística, miniaturizada, de cosa levemente nueva y a la vez muy antigua, del todo imprevista por la mediocridad y abulia de la época.<strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><em>La ciudad imaginada</em> (2009)</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Alberto Chimal es narrador y ensayista. Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí por el libro <em>Éstos son los días</em> (2004). Ha publicado también los libros de cuentos <em>Gente del mundo</em> (1998), <em>El país de los hablistas</em> (2001), <em>Grey </em>(2006) y <em>La ciudad imaginada </em>(2009), así como la colección de ensayos y artículos <em>La cámara de maravillas</em> (2003), la novela <em>Los esclavos</em> (2009) y la antología <em>Viajes celestes. Cuento fantástico del siglo XIX</em> (2006). Textos suyos se han traducido al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2007-2010) y es profesor universitario y de creación literaria. Se mantiene muy activo en internet y su sitio web es la bitácora literaria <a href="http://www.lashistorias.com.mx/" target="_blank">www.lashistorias.com.mx</a>. Recientemente publicó su traducción de <em>Poliziano</em>, la única obra de teatro escrita por Edgar Allan Poe.</p>
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		<title>Poemas de Ilya Kaminsky, por Gustavo Adolfo Chaves</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 04:37:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[En el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Adolfo Chaves]]></category>
		<category><![CDATA[Ilya Kaminsky]]></category>
		<category><![CDATA[Traducción]]></category>

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		<description><![CDATA[A continuación presentamos poemas del ruso norteamericano Ilya Kaminsky (1977). Ha ganado el Ruth Lilly Fellowship de la revista Poetry, y su primer libro, Dancing in Odessa, recibió el Premio Dorset en el 2007. Las traducciones corren a cargo del poeta, traductor y editor costarricense Gustavo Adolfo Chaves (1979).

 
POEMAS de Ilya Kaminsky
(Selección del libro: Bailando en Odesa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Ilya-Kaminsky.JPG"><img class="alignnone size-full wp-image-9932" title="Ilya Kaminsky" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Ilya-Kaminsky.JPG" alt="Ilya Kaminsky" width="610" height="265" /></a>A continuación presentamos poemas del ruso norteamericano Ilya Kaminsky (1977). Ha ganado el Ruth Lilly Fellowship de la revista <em>Poetry</em>, y su primer libro, <em>Dancing in Odessa</em>, recibió el Premio Dorset en el 2007. Las traducciones corren a cargo del poeta, traductor y editor costarricense Gustavo Adolfo Chaves (1979).</p>
<p><span id="more-9840"></span></p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>POEMAS de Ilya Kaminsky</strong></p>
<p style="text-align: center;">(Selección del libro: Bailando en Odesa [<em>Dancing in Odessa</em>. Vermont: Tupelo Press, 2007.])</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Músicos viajantes</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el principio fue el mar—escuchábamos el oleaje al respirar, seguros de que llevábamos agua marina en nuestras venas.</p>
<p style="text-align: justify;">            Una ciudad famosa por sus sastres borrachos, sus enormes mausoleos de rabinos, sus dueños de caballos y sus ladrones de caballos, y ante todo, por su pescado asado relleno. En Odesa el lenguaje siempre involucraba gestos—era imposible preguntarle a alguien por una dirección si sus manos estaban ocupadas. Yo lo hice una vez: a un hombre que sostenía dos enormes melones, uno en cada brazo. Pero como yo hacía más preguntas, su cara se enrojeció hasta que, ¡ah!, uno de los melones cayó al suelo cuando él intentó gesticular en la conversación. Él no estaba molesto. Tendría unos cincuenta años, y miraba la jugosa carne del melón tirada ahí, en la acera. Se rió como el niño más serio que he conocido, mientras me contaba sobre el país donde todos eran sordos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Paul Celan</strong></p>
<p> </p>
<p>Él escribe con sus dedos</p>
<p>en dirección a tu boca.</p>
<p> </p>
<p>Él ve lodo bajo la luz, árboles mordidos por el viento,</p>
<p>ve hierba que aún sobrevive a esta hora, la página</p>
<p> </p>
<p>endurecida como un campo quemado:</p>
<p><em>La luz fue. Salvación</em></p>
<p> </p>
<p>suspira. Las palabras dejan un sabor a suelo</p>
<p>en sus labios.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Paul Celan</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">De joven trabajó en una fábrica, aunque todos decían que parecía más un profesor de lenguas clásicas que un obrero.</p>
<p style="text-align: justify;">            Era un joven hermoso con un cuerpo delgado que se movía con una mezcla de gracia y aguda precisión geométrica. Su cara llevaba impresa una huella de risa, como si ninguna otra emoción tocara nunca su piel. Incluso a los cincuenta, las muchachas de diecinueve le guiñaban en el tranvía y le pedían su número.</p>
<p style="text-align: justify;">            Siete años después de su muerte, vi a Celan en su vieja bata bailando solo en su cuarto, zumbando un paso tras otro. No le importó ser un personaje en mis historias en un lenguaje que él nunca aprendió. Esa noche, lo vi sentarse en el techo y buscar a Venus, recitando Brodsky para sí mismo. Preguntó si su pasado había existido del todo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Elegía por Josef Brodsky</strong></p>
<p> </p>
<p>En dos platos, puesto que la dulzura</p>
<p>entre líneas ya no es importante,</p>
<p>a lo que vos llamás inmigración yo lo llamo suicidio.</p>
<p>Te envío, detrás de la puntuación,</p>
<p>noches desplegables de Nueva York, avenidas</p>
<p>que se deslizan hacia el cirílico—</p>
<p>el invierno enrolla palabras, arroja nieve en el viento.</p>
<p>Vos, en medio de una oración no escrita, te detenés,</p>
<p>exiliado a un lugar más lejos que el silencio.</p>
<p> </p>
<p><strong>*</strong></p>
<p> </p>
<p>Me fui para siempre de tu Rusia, con poemas cosidos en mi almohada</p>
<p>apurándome hacia mi propio entrenamiento</p>
<p>para vivir con tus líneas</p>
<p>en el filo de una historia puesta contra sí misma.</p>
<p>Para vivir con tus líneas, esas donde se levantan las velas, las olas</p>
<p>golpean contra el granito de la ciudad en cada vocal,—</p>
<p>páginas abiertas por sí mismas, y una voz tranquila</p>
<p>habla del sufrimiento, del agua.</p>
<p> </p>
<p><strong>*</strong></p>
<p> </p>
<p>Decís que regresamos a donde hemos cometido</p>
<p>un crimen, no a donde hemos amado;</p>
<p>tus poemas son lobos que nos nutren con su leche.</p>
<p>Traté de imitarte por dos años. Se siente como quemarse</p>
<p>y como cantar sobre quemarse. Me levanto</p>
<p>como si alguien me hubiera escupido.</p>
<p>A vos te avergonzarían estas líneas de madera,</p>
<p>cómo no me imagino tu muerte</p>
<p>aunque está aquí, prendiéndole fuego a mis manos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Josef Brodsky</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">Josef se ganaba la vida dando clases de todo, desde ingeniería hasta griego. Sus ojos eran soñolientos y pequeños, su cara dominada por un enorme bigote como el de Nietzsche. Murmuraba. ¿Te gusta Brahms? No te puedo oír, le dije. ¿Qué tal Chopin? No te puedo oír. ¿Mozart? ¿Bach? ¿Beethoven? Tengo problemas de audición, ¿podría repetir lo que dijo, por favor? Vas a tener mucho éxito en la música, dijo él.</p>
<p style="text-align: justify;">            Para conocerlo, me voy de vuelta al Leningrado de 1964. Las calles están endiabladamente frías: nos sentamos en el pavimento; él inicia abruptamente (una risa seca, un cigarrillo) para contarme la historia de su vida. Mientras hablamos, sus palabras se convierten en carámbanos. Yo las leo en el aire.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Isaac Babel</strong></p>
<p> </p>
<p>¿Qué es la felicidad? Rembrandt, Petrarca</p>
<p>los sirvientes de la luz</p>
<p>protegidos por gansos y pinos.</p>
<p> </p>
<p>Isaac Babel lo sabe: él inventa un género de silencio,</p>
<p>un hombre preciso cuyo silencio vive</p>
<p>en los cuerpos</p>
<p>de los otros. Un hombre preciso:</p>
<p> </p>
<p>lleva un cigarrillo tras su oreja, bebe</p>
<p>junto a un jefe de la policía y le pide dinero</p>
<p>a su querida, escribe líneas—</p>
<p>difíciles—hay fuego en medio de ellas.</p>
<p> </p>
<p>Está haciendo un recuento de su vida,</p>
<p>todavía estoy dentro de mi cuerpo, él alaba</p>
<p>a los muertos: Gorki, Maupassant.</p>
<p>En momentos de duda</p>
<p>él bebe frente a sus retratos.</p>
<p> </p>
<p>¿Qué es la felicidad? Unos pocos cuentos</p>
<p>que han burlado a los censores. Él no llevará</p>
<p>el silencio como una candela,</p>
<p>él le dirá a una muchacha fea: <em>sos bella,</em></p>
<p><em>caminarás sobre la tierra a la altura de los ojos</em>.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Isaac Babel</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: justify;">No hubo mitología. Odiseo se ahorcó a sí mismo. Homero bebió hasta morir y apestaba a lodo.</p>
<p style="text-align: justify;">            Isaac Babel lo sabía. “Soy un profesor de baile”, decía al presentarse. “Conozco diferentes bailes—polka y tango y flamenco, y un baile de lujuria y gozo, con esposa o sin esposa.”</p>
<p style="text-align: justify;">            “Odesa está en todos lados”, dijo. “Pero sólo Odesa puede mover sus caderas mejor que Odesa”. Él bailaba descalzo para poder “conservar la mercancía”. Cuando estaba borracho, Isaac se paraba en el pavimento y pedía un taxi.</p>
<p style="text-align: justify;">            “¿Estás libre?”, preguntaba mientras abría una puerta.</p>
<p style="text-align: justify;">            “Sí”, respondía el taxista.</p>
<p style="text-align: justify;">            “¿Sí? Bueno. Entonces, ¡sal del taxi y ponte a bailar!”</p>
<p style="text-align: justify;">            Era un hombre cansado. Cuando se reía parecía estar absolutamente solo en la Tierra. Cuando ciertas mujeres pasaban por la calle, él se daba vuelta y decía por lo bajo, “¡Qué tajada de pan que es ella, qué caliente tajada de pan!”</p>
<p style="text-align: justify;">            “¿Qué piensa de Marina?”, le pregunté muchas veces.</p>
<p style="text-align: justify;">            “¡Creo que es una mujer maravillosa!”</p>
<p style="text-align: justify;">            “¿En serio? Ella siempre dice que usted es un idiota”.</p>
<p style="text-align: justify;">            “Bueno, quizá los dos nos equivocamos”.</p>
<p style="text-align: justify;">            Por muchos años, mis labios sellados guardaron la intoxicante historia de su locura. Cuando él contaba sus chistes, yo me reía con mis labios fuertemente apretados.</p>
<p style="text-align: justify;">            “¿Isaac estuvo bebiendo anoche?”, preguntaba Marina.</p>
<p style="text-align: justify;">            “No estoy seguro. Pero cuando volvió a casa, pidió un espejo para ver quién había llegado”.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p align="center"><strong>Marina Tsvietáieva</strong></p>
<p> </p>
<p>En la extraña sílaba de cada línea: ella despierta</p>
<p>como una gaviota, partida</p>
<p>entre el cielo y la tierra.</p>
<p> </p>
<p>Yo la acepto, me pongo de su lado, cara a cara.</p>
<p>—en este sueño: ella luce su vestido</p>
<p>como una vela, corre tras de mí, se detiene</p>
<p> </p>
<p>cuando yo me detengo. Se ríe como una niña</p>
<p>que habla consigo misma:</p>
<p>“<em>alma = dolor + todo lo demás</em>”.</p>
<p> </p>
<p>Yo me doblo torpemente por las rodillas</p>
<p>y ya no peleo más,</p>
<p>todo lo que quiero es una ventana humana</p>
<p> </p>
<p>en una casa cuyo techo sea mi vida.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>Marina Tsvietáieva</strong></p>
<p> </p>
<p>Durante el primer año de mi sordera, la vi con un hombre. Ella lucía una bufanda púrpura anudada alrededor de su cabeza. Medio bailando, ella tomó entre sus manos la cabeza de él y la puso sobre sus pechos. Y ella empezó a cantar. Yo la observé con devoradora atención. Me imaginaba que su voz debía oler a naranjas; me enamoré de su voz.</p>
<p>            Ella era una mujer que vivía como un conspirador que envía señales contradictorias. “No te comás las semillas de las manzanas”, me amenazó. “Las semillas de manzana no. ¡Te van a crecer ramas en el estómago!” Me apretó la oreja con un dedo.</p>
<p>            No sé nada sobre su esposo excepto lo del fatal ataque al corazón en un bus en movimiento. No había tensión en la cara de ella, pero al verla entendí la dignidad del dolor. Al regresar del funeral, ella se quitó los zapatos y caminó descalza sobre la nieve.</p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>ALABANZA </strong></p>
<p align="center"><strong>(Fragmento)</strong></p>
<p> </p>
<p>Nací en la ciudad que tomó su nombre de Odiseo</p>
<p>y no alabo nación alguna—</p>
<p> </p>
<p>al ritmo de la nieve</p>
<p>las torpes frases de un inmigrante terminan en discurso.</p>
<p> </p>
<p>Pero vos pediste</p>
<p>una historia con final feliz. Tu soledad</p>
<p> </p>
<p>tocó su lira. Yo me senté</p>
<p>en el piso, mirando tus labios.</p>
<p> </p>
<p>El amor, una pájaro cojo que compré de niño</p>
<p>por cuarenta centavos y luego liberé,</p>
<p> </p>
<p>regresa. Mi alma en plumas atolondradas.</p>
<p>¡Oh, el lenguaje de los pájaros</p>
<p> </p>
<p>que carece de palabra para queja!—</p>
<p>los balcones, el viento.</p>
<p> </p>
<p>Es así como, mientras la oscuridad</p>
<p>dibujaba mi perfil con su dedo meñique,</p>
<p> </p>
<p>he aprendido a ver el pasado como lo vio Montale,</p>
<p>con los más oscuros pensamientos de Dios en descenso</p>
<p> </p>
<p>entre los golpes de tambor de un niño,</p>
<p>sobre vos, sobre mí, sobre los árboles de limón.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong><em>Datos vitales</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ilya Kaminsky nació en Odesa, en la antigua Unión Soviética, en 1977. En 1993 se mudó con su familia a los Estados Unidos. Ha ganado el Ruth Lilly Fellowship de la revista <em>Poetry</em>, y su primer libro, <em>Dancing in Odessa</em>, recibió el Premio Dorset en el 2007.</p>
<p style="text-align: justify;">Gustavo Adolfo Chaves (Costa Rica, 1979) ha publicado <em>Cuentos etcétera</em> (2004). Próximamente aparecerá su poemario <em>Vida ajena</em>. Ha editado la poesía selecta del costarricense Carlos de la Ossa. Mantiene un blog con traducciones de poesía: cafeverlaine.blogspot.com. Edita, junto a Silvia Piranesi, el capítulo Costa Rica del proyecto internacional de poesía <em>Afinidades Electivas</em>.</p>
<div id="attachment_9841" class="wp-caption alignnone" style="width: 209px"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Chaves.JPG"><img class="size-medium wp-image-9841" title="Chaves" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Chaves-199x300.jpg" alt="Gustavo Adolfo Chaves" width="199" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Gustavo Adolfo Chaves</p></div>
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		<title>6 microrrelatos de Rogelio Guedea</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 14:03:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Portada 1]]></category>
		<category><![CDATA[Portal de Soares]]></category>
		<category><![CDATA[Antología de Narrativa mexicana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[microrrelatos]]></category>
		<category><![CDATA[Rogelio Guedea]]></category>

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		<description><![CDATA[El poeta, ensayista y narrador Rogelio Guedea (Colima, 1974) nos presenta seis microrrelatos. Con ellos inauguramos la &#8220;Antología de Narrativa mexicana contemporánea&#8221;. Guedea ha merecido reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía Sonora  y el Premio Adonáis, en España. Es autor de la novela &#8220;Conducir un trailer&#8221; (Premio Memorial Silverio Cañada, mejor novela española publicada en 2008) y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Rogelio-Guedea.jpg"></a><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Alberto-Chimal1.JPG"></a><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Rogelio-Guedea.JPG"><img class="alignnone size-full wp-image-9920" title="Rogelio Guedea" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Rogelio-Guedea.JPG" alt="Rogelio Guedea" width="610" height="265" /></a>El poeta, ensayista y narrador Rogelio Guedea (Colima, 1974) nos presenta seis microrrelatos. Con ellos inauguramos la &#8220;Antología de Narrativa mexicana contemporánea&#8221;. Guedea ha merecido reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía Sonora  y el Premio Adonáis, en España. Es autor de la novela &#8220;Conducir un trailer&#8221; (Premio Memorial Silverio Cañada, mejor novela española publicada en 2008) y &#8220;41&#8243;, ambas publicadas por Mondadori.<span id="more-9892"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>El hombre y su destino</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Las he estado observando desde el ángulo de la puerta toda esta mañana. Puedo alcanzar con la vista su destino final, el que muchas de ellas, por cierto, apenas conoce. Una detrás de la otra: avanzan. Algo les dicen las que regresan a las que van. O viceversa. Su lenguaje es intraducible, diáfano, como la gota de luz al interior del ojo. Sobre la espalda llevan un pedacito de madera, un trocito de hoja, una basurilla que, a veces, les arranca el viento. Como están hechas de futuro, ninguna –ni las que van ni las que vienen- miran hacia atrás. Han construido un solo camino para no extraviarse. Dios mismo lo aprendió de ellas: toda la vida se reduce a encontrar un ritmo.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Futbolito</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Cuando mi hijo y yo empezamos a jugar futbolito, me puse como firme propósito dejarlo ganar de vez en cuando.  Pensé que dejándolo ganar hoy sí y mañana también se le arreciaría el interés. De  manera que empezamos a jugar apenas regresaba de la escuela, un juego o dos, y a veces la revancha. No encuentro la forma de describir la expresión de su rostro cuando ganaba, sabiendo yo que en realidad lo había dejado ganar. Levantaba ambas manos en señal de triunfo y arrojaba un espumarajo de felicidad por las narices. Todos los días, regresando de la escuela, nos encerrábamos en su habitación para jugar. Conforme pasó el tiempo, empecé a darme cuenta de que cada vez era más fácil dejarlo ganar y más difícil hacerlo perder, hasta que llegó el momento en que ganarle se me hizo prácticamente imposible. Pasaron semanas o meses para que pudiera realmente adquirir la destreza que me permitiera darle la batalla. Sudaba mares para conseguir meterle un gol, pues sus defensas eran murallas infranqueables y sus medios tenían la habilidad de conectar muy bien con sus delanteros, que no había forma de hacerlos errar. Sin embargo, aproveché una debilidad en su portero para hacerme al triunfo, y fue entonces que las partidas empezaron a emparejarse y puede conseguir ganarle hoy sí y mañana también. No encuentro la forma de describir la expresión de mi hijo cuando yo ganaba: levantaba ambas manos festejando mi triunfo y arrojaba un espumarajo de felicidad por las narices, tal como si desde algún remoto día se hubiera puesto justamente como firme propósito dejarme ganar -nunca he sabido si por amor o por piedad- de vez en cuando.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Cuestas</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">Mientras subía la cuesta hacia el acuario –una cuesta empinada que me pareció la espalda de un animal enorme-, reparé en los que venían ya de vuelta: mujeres, niños, ancianos, hombres con sus perros. Un poco después, me detuve en sus manos, en sus piernas cortas o largas. Luego en sus ojos, en sus miradas. Yo seguía subiendo la cuesta mientras las imágenes o rostros de los que venían (chinos, neozelandeses, tal vez africanos o franceses) se iban mezclando con otras imágenes o rostros que vi en otros países o cuestas como ésta. Sin quererlo, es decir involuntariamente, me di cuenta de que estos rostros vivían ajenos a los otros rostros que había visto ya alguna vez, y que, pese a ello, también se acostaban, sufrían o se alegraban con la faena diaria y, en ocasiones, también, tenían deseos imposibles o tardes ligeramente en pie, como la lluvia. Aunque yo sabía que nada unía estos pasos con los que, en otro lugar, otros hombres y mujeres estaban dando, gente desconocida que quizá subía o bajaba otras cuestas, no pude evitar la tentación de ir hilando sus orillas, uniendo sus sueños, entretejiendo sus afanes o tristezas, y así, mientras subía, reintegrado con mis pasos, ligero de equipaje, vi cómo mis huellas, en el polvo, fueron adquiriendo poco a poco la forma del camino.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>La mujer que compraba botones  </strong><strong>para la camisa rosada</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align: justify;">Cuenta la fábula (que no es de Esopo ni de Monterroso, sino de un escarabajo apellidado Kafka) que en aquel pueblo fantasma vivía una mujer con carita de garza que, un día, conoció a un hombre fornido con ojos de sapo, quien, a la menor provocación, le preguntó a la mujer con carita de garza que, de no tener inconveniente, le gustaría saber a dónde se dirigía, porque a él, es decir no al escarabajo apellidado Kafka, inventor de esta fábula, sino al hombre fornido con ojos de sapo, le gustaría acompañarla. La mujer con carita de garza, que caminaba como una garza y era elegante como una garza y que por eso a veces la confundían con un cisne, le dijo al hombre fornido con ojos de sapo que iba a comprar botones para la camisa rosada, y que, si él quería, podía acompañarla. Sin más preámbulo, la mujer con carita de garza cogió del brazo al hombre fornido con ojos de sapo, que ese día llevaba un sombrero amarillo y un saco de lana, y, más o menos con estas palabras, cuenta la fábula, le dijo que se sentía este día la mujer más dichosa y más por su manto de amor necesitada, por lo que, en lugar de ir a la tienda a comprar botones para la camisa rosada, fueron a un motel que estaba muy cerca de la casa del escarabajo apellidado Kafka. Lo que hicieron después de cerrar la puerta de la habitación 33, cuando la mujer con carita de garza se quitaba las medias y el hombre fornido con ojos de sapo se deshacía la corbata, no lo cuenta la fábula.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Supermercados</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Ayer en la noche fui al supermercado. Suelo ir por la mañana, muy temprano, porque la fruta y la verdura preservan mejor el olor de su frescura. Pero esta vez fui por la noche. Cogí el carrito y empecé, como siempre, por la sección de frutas y verduras. Al lado mío estaba una mujer de cabello largo, rubio, que usaba pans y tenis blancos. La miré de reojo mientras escogía jitomates. Cuando iba por las mandarinas, vi que la mujer de cabello largo ponía en mi carrito una bolsa de zanahorias. Pensé que se había equivocado, pero luego vi  que fue a su carrito y lo empujó hacia la sección de ensaladas. Minutos después, mientras echaba cebollas en una bolsa, vi que la mujer ponía en mi carrito media arpilla de naranjas, para luego avanzar hacia los betabeles y los puerros. Entonces no pude evitarlo. Llené media bolsa de papas y, aprovechando que la mujer estaba desatando un manojo de betabeles, puse en su carrito una piña y un racimo de plátanos. Luego, me di la media vuelta y fui hacia la sección de aderezos. Cuando volví con un par de ellos, me di cuenta de que había en mi carrito una bolsa de betabeles y dos pimientos rojos. Entonces avancé lentamente hacia el carrito de la mujer, mientras ella hurgaba entre las lechugas variopintas, y al paso cogí media sandía, que puse en su carrito en una posición estratégica para que no le costara trabajo descubrirla. Lo mismo sucedió en la sección de cereales, en la de carnes, en la de vinos. Ella ponía en mi carrito pechugas de pollo y yo en el suyo carne molida. Ella una botella de vino tinto y yo una de espumoso. Avena ella. Café yo. Así hasta que salimos del supermercado, ya bastante noche esta vez, subimos al mismo automóvil  y durante el trayecto a casa nos fuimos convirtiendo, otra vez, en el marido ejemplar que era yo y en la esposa intachable que nunca ha dejado de ser ella.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>Maneras de perder</strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;">El viejo maestro le daba a su joven alumno libros malos con apariencia de buenos para que aprendiera el oficio de mala manera pero con apariencia de buena. Así, mientras el alumno aprendía el oficio con los libros malos con apariencia de buenos que le daba su maestro, el maestro seguía su avanzada con libros buenos con apariencia de malos que él mismo mandaba traer de Francia o Alemania. Mañanas, tardes y noches, con tesón y ahínco, el alumno daba a corrección a su maestro la obra que le quemaba las pestañas, y el maestro, después de leerla minuciosa y metódicamente, tachaba aquí y allá lo que consideraba bueno pero que hacía aparecer como malo y agregaba aquí y allá lo que consideraba malo pero que hacía aparecer como bueno. Dos o tres o cinco años pasaron hasta que por fin la obra del alumno fue publicada por una modesta editorial. Contrario a lo que esperaba el maestro -que tenía siempre una risa de hiena al fondo del rostro- la obra de su alumno empezó a tener un éxito incomparable. Pronto encontró a un crítico que la aplaudió, a un lector que la recomendó y a un teórico que la puso como ejemplo en nuevos campos de investigación filológica. Como no terminaba de salir del asombro, el alumno fue donde el maestro para agradecerle todo lo que había hecho por él. Estuvieron conversando horas sobre esto y aquello, hasta que, poco antes de despedirse, el alumno le entregó un ejemplar autografiado de su obra al maestro, quien, después de cerrar la puerta tras de sí, no hizo más que colocarlo, descuidadamente, en el estante de libros buenos con apariencia de buenos que nunca, por cierto, solía leer. </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Algunos de sus poemarios son <em>Los dolores de la carne</em> (1997), <em>Testimonios de la ausencia</em> (1998), <em>Senos sones y otros huapanguitos</em> (2001), <em>Mientras olvido</em> (Premio Internacional de Poesía Rosalía de Castro 2001), <em>Ni siquiera el tiempo</em> (2002), <em>Colmenar</em> (2004), <em>Razón de mundo</em> (Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2004), <em>Fragmento</em> (Premio Nacional de Poesía Sonora 2005), <em>Borrador</em> (2007), <em>Corrección</em> (2008) y <em>Kora</em> (Premio Adonáis 2008).</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Geo Bogza, poeta rumano, por Omar Lara</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 03:29:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Círculo de poesía</dc:creator>
				<category><![CDATA[En el mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Portada 2]]></category>
		<category><![CDATA[Geo Bogza]]></category>
		<category><![CDATA[Omar Lara]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía rumana]]></category>

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		<description><![CDATA[
El poeta, traductor y editor chileno Omar Lara (Nueva Imperial, 1941) nos presenta tres poemas del poeta, teórico de la vanguardia y periodista rumano Geo Bogza (1908-1993), figura fundamental de la poesía de aquel país durante el siglo XX.

 
 
XIII
In toamna aceea, Ioana Maria,
am trait cele mai triste seri din viata mea.
Seri,
cand ceata patrundea pe furis in [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2009/11/Omar-Lara.jpg"></a></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Geo-Bogza.JPG"><img class="alignnone size-full wp-image-9927" title="Geo Bogza" src="http://circulodepoesia.com/nueva/wp-content/uploads/2010/08/Geo-Bogza.JPG" alt="Geo Bogza" width="610" height="265" /></a>El poeta, traductor y editor chileno Omar Lara (Nueva Imperial, 1941) nos presenta tres poemas del poeta, teórico de la vanguardia y periodista rumano Geo Bogza (1908-1993), figura fundamental de la poesía de aquel país durante el siglo XX.</p>
<p><span id="more-9912"></span></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>XIII</strong></p>
<p>In toamna aceea, Ioana Maria,<br />
am trait cele mai triste seri din viata mea.</p>
<p>Seri,<br />
cand ceata patrundea pe furis in oras.<br />
Greu se scurgeau orele pana la ziua<br />
si mie mi-era dor de tine, Ioana Maria.</p>
<p>Au fost seri cand imi era dor de tine<br />
cum le e dor somnambulilor de luna,<br />
dar tu erai mereu in alta parte,<br />
greu se scurgeau orele pana la ziua<br />
si ceata patrundea pe furis in oras.</p>
<p>Seri,<br />
cand mi-a fost dor de tine, oana Maria.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>XIII</strong></p>
<p>Ese otoño, Ioana María,</p>
<p>he vivido las tardes más tristes de mi vida.</p>
<p> </p>
<p>Tardes,</p>
<p>en que la niebla penetraba furtivamente en la ciudad.</p>
<p>Difíciles corrían las horas hasta el día</p>
<p>y yo te echaba de menos, Ioana María.</p>
<p> </p>
<p>Hubo tardes cuando te echaba de menos</p>
<p>como echan de menos los sonámbulos a la luna,</p>
<p>pero tu siempre estabas en otra parte,</p>
<p>difíciles corrían las horas hasta el día</p>
<p>y la niebla penetraba furtivamente en la ciudad.</p>
<p> </p>
<p>Tardes,</p>
<p>cuando te he echado de menos, Ioana María.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong>Recuerdos de Polonia</strong></p>
<p style="text-align: center;"> </p>
<p style="text-align: center;"><strong>I</strong></p>
<p> </p>
<p>En Varsovia, una muchacha hablaba así:</p>
<p>si quieres acariciarme, yo no me opondría</p>
<p>si quieres besarme, te lo permitiría</p>
<p>te permitiría que me desnudes los senos.</p>
<p>Pero debes saber que a papá lo fusilaron los alemanes</p>
<p>y a un hermano mío lo quemaron en los hornos.</p>
<p> </p>
<p>Si quieres acariciarme, yo no me opondría</p>
<p>pero debes saber que todos estos muertos aúllan en mí</p>
<p>y yo toda, toda soy de cenizas.</p>
<p>Bésame, pero que no te sepa amarga.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>II</strong></p>
<p> </p>
<p>En Cracovia, una muchacha hablaba así:</p>
<p>si quieres puedes abrazarme</p>
<p>si quieres puedes acariciarme los senos</p>
<p>pero no me compres nunca abalorios.</p>
<p>Tenía trece años cuando los alemanes</p>
<p>ahorcaron a mamá, de un árbol en la calle.</p>
<p> </p>
<p>Si quieres podemos atravesar nadando el Vístula</p>
<p>pero no me digas que tengo el cuello blanco y bello</p>
<p>y no me compres nunca abalorios.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;">(Traducción del rumano de Omar Lara)</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><strong>Datos vitales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Omar Lara (Nueva Imperial, Chile, 1941), en 1964, siendo estudiante de la Universidad Austral de Valdivia, fundó y dirigió el Grupo TRILCE de Poesía y la Revista de Poesía TRILCE, publicación que, en su tercera época, se edita actualmente en Concepción, siempre bajo la dirección de Lara. Además de su obra de creación literaria es traductor del rumano, labor que ejerció a partir de su exilio en Bucarest, entre 1974 y 1981 (exilio que lo llevó antes a Lima y luego a Madrid). Editoriales rumanas, españolas, chilenas y peruanas han publicado varias de sus traducciones.</p>
<p>Otras distinciones recibidas por el poeta son: Premio Concurso de Poesía, I. Municipalidad de Valdivia, 1967 y 1969; Premio Cuento Concurso Zona Sur, U. Austral, Valdivia, 1969; Primer Premio Poesía Concurso Zona Sur U. Austral, Valdivia 1969; Premio Municipal de Extensión Cultural, Valdivia, 1972; Premio de Poesía Casa de las Américas, La Habana, 1975; Premio Internacional Fernando Rielo, por traducción de El Ecuador y los Polos, poemas de Marin Sorescu, Madrid, 1983; Beca de Creación de la Fundación Guggenheim, 1983; Premio Municipal de Arte, Concepción, 1992; Diploma de reconocimiento como Director de la Revista TRILCE; Universidad Mayor, Santiago, febrero de 1999; Medalla Mihai Eminescu, Rumanía, 2001 (la más alta condecoración cultural para extranjeros que concede el gobierno rumano); Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda, 2004; Premio Regional de Artes Literarias &#8220;Baldomero Lillo&#8221;. Concepción, 2004; Premio de la Sociedad de Escritores de Chile como Director de la Revista Trilce, 2006; Primer Premio Concurso Nacional de Poesía Fernando Santiván. Valdivia, 2007; Premio Casa de América de Poesía Americana. Madrid, 2007 y Premio Internacional de Poesía/Trieste. Italia, 2007; 2008: Hijo Ilustre de Nueva Imperial.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Omar Lara ha traducido del rumano al español</strong>: Poesía popular tradicional rumana (en col. Con Victor Ivanovici), Ed. Minerva, Bucarest, 1979; Poemas de Mihai Eminescu, Ed. Minerva, Bucarest, 1980; Poemas de Alexandru Macedonski, Ed. Minerva, Bucarest 1980; La estación discreta, poemas de Stefan Agustin Doinas, Ed. Eminescu, Bucarest, 1980; El cielo azul de la muerte, relatos de Marin Preda, Ed. Cartea Romaneasca, Bucarest, 1981; Juego Segundo, poemas de Ion Barbu (en col. Con Victor Ivanovici), Ed. Minerva, Bucarest, 1981; Las Bodas Efimeras, poemas de Mariana Banus. Ed. Eminescu, Bucarest, 1980; La juventud de Don Quijote, poemas de Marin Sorescu, ed. Visor, Madrid, 1982; Poemas de Mihai Cantuniari. Ed. Revista Harahui, Lima, 1982; Orion, poemas de Geo Bogza. Ed. Minerva, Bucarest, 1982; Estado de Sitio, poemas de Dinu Flamand. Ed. Literatura Americana Reunida, Madrid, 1983; El Ecuador y Los Polos, poemas de Marin Sorescu. Hiperion, Madrid, 1983; La Estación Discreta, poemas de Stefan A. Doinas. Ed. Cuadernos Lar. Concepción 1985; Poemas, de Lucian Blaga. Ed. Tiempo. Concepción, 1991; El Lucero y otros poemas, de Mihai Eminescu, Ed. Tiempo, Concepción, 1994; Seis Poetas Rumanos, Ed. Pluma y Pincel, Santiago, 1993; Alma para todo servicio, poemas de Marin Sorescu, Ed. Lar, Concepción, 1994; Poemas, de Mihai Eminescu, Ed. LAR, Concepción, 1995; La sonrisa de Hiroshima, poemas de Eugen Jebeleanu, Ed. U. De Concepción, 1995 y Tesoros, poemas de Aurel Rau. Ed.Limes, Cluj-Napoca (Rumanía), 2005; El Centinela de la Galaxia, poemas de Marin Sorescu. Ed. Universidad Autónoma de México (2007).</p>
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