Presentamos, en versión del poeta y traductor español avecindado en México José Luis Justes Amador (1969), algunos textos de la poeta norteamericana Rebecca Lindenberg, pertenecientes a su primer poemario  Love, an index (Macsweeney’s, 2012). Lindenberg obtuvo PhD in literature and creative writing en the University of Utah. Fue becaria del Provincetown Fine Arts Work Center. 

 

 

 

“En un mapa del mundo del tamaño del mundo. En serio”, respondió Rebecca Lindenberg en una entrevista reciente a la pregunta de sus planes próximos. “A las manos llegan / muchas cosas. En tiempo de problemas // una exultación salvaje”, con esa cita de Robert Creeley abre la Lindenberg su Love, an index (Macsweeney’s, 2012). Entre ambas ideas se encuentra su poesía, el intento inútil de atrapar el mundo en su totalidad y la exultación incluso en tiempo de problemas, la desaparición de su amado, y también poeta, Craig Arnold a quien está dedicado el libro.

Enfrentarse a la poesía de Rebecca Lindenberg, en estos tiempos de poemas o demasiado fáciles o demasiado oscuros, es redescubrir uno de los mayores placeres como lector, el de saber que el lenguaje es, antes nada, un medio de comunicar la experiencia, la emoción, todo aquello que nos hace humanos.

 

 

 

LA NIÑA CON LOS OJOS DE MÁQUINA DE ESCRIBIR

 

forma un signo de exclamación marfileño

            en el negro                  círculo

 

de su pupila                cada vez

            que él le dice

                        hermosa.

 

 

En la llave oscura del otro ojo

            aparece un signo de interrogación –

 

y desea a menudo                  que sus pensamientos

 

no estuviesen tan inscritos

 

            en sus expresiones.

 

 

 

 

 

VERSUS

 

Hombre vs. Ave

 

El hombre envidia al ave.

El ave jamás ha de enamorarse

y decir no puedo.

 

El ave se acelera

en círculos sobre el nido

se sorprende del susurro de las hojas.

 

El hombre, que no puede habitar

la ansiosa mente del ave, piensa

 

ojalá pudiera volar.

 

 

 

 

 

 

Ave vs. Nieve

 

El ave sabe que la nieve

no tiene antónimo.

 

No lo es mar, ni máquina,

ni desesperanza.

 

El ave no sabe

que es la única criatura

en saber eso.,

 

por eso no intenta decírselo

al hombre, a la mujer,

 

al brillante cielo no roto.

 

 

 

 

 

 

Ave vs. Farola

 

La farola se prende,

el cielo aletea como sábana.

 

Las sombras se apresuran

de vuelta a sus objetos.

 

Una polilla-

el rasgado y húmedo

dobladillo de un vestido-

tiembla en el cristal.

 

El pájaro se lleva la polilla.

 

Se comerá el diminuto cuerpo,

Adornará con sus alas el nido.

 

 

 

 

 

 

Mujer vs. Nieve

 

La mujer en la nieve

 

esculpe alas

enormes a su alrededor.

 

El pájaro se lanza en picada.

 

 


 

 

Hombre vs. Mujer

 

La mujer está tumbada sobre su espalda

como a veces hacen las mujeres.

 

El hombre intenta hablar con el ave

en su lenguaje

pero el pájaro escucha

 

un ligero acento humano

y se lo lleva hasta las ramas.

 

La mujer se imagina a si misma cayendo

en el cielo

 

mientras que el hombre cae lento

en sí mismo

 

quieto y esperando y temeroso.

 

 

 

 


 

Mujer vs Ella misma

 

Su piel es fría

y húmeda como una ventana.

 

Se mira a si misma en el espejo

y piensa .

 

Tengo esto para entregar.

 

El sol disminuye

la escarcha en la ventana.

 

Afuera, suena el hielo.

 

 

 

 

 

LA CHICA CON LOS DIENTES MANCHADOS DE TINTA

 

sabe que es famosa

            de un modo diminuto, trágico.

                                                           No es

 

sorda,                          después de todo.

 

 

Ha estado bebiendo

tinta

            de pluma fuente,                    esperando

 

que no parezca                                   suicidio.

 

 

En la fiesta borracha

            anunció

 

que si iba a marchar

            lo haría como escenificación

 

            de algo suficientemente         loco

como para compararlo

                                               con lo del hombre alto

que se había esfumado, dejándola

 

con nada                                            ni siquiera

                                               su propio nombre.

 

 

 

 

 

LA CHICA CON EL ROSTRO DE MICROFILM

 

            despierta

prepara café                            se ducha

                                                           a cámara lenta

 

            incluso cruzando la calle

parece que se esfuerza                       por empinadas colinas

 

ve las historias desarrollarse

            mientras recita, de nuevo

 

entrevistas:                             la última cosa

que él le dijo, porque

 

            él seguí yéndose

a los volcanes                         de todos modos

 

la evidencia                                        de que él no

            desaparecería intencionalmente

 

titulares:                                 ¡EQUIPOS DE RESCATE!

 

Después, obituarios.

 

            Ella regresa a la regadera, lenta

intenta de nuevo

 

quitarse la impronta                           de la piel

                                               sin darse cuenta

 

de que es una proyección:                  todo lo que tiene que hacer

            es pararse en la luz.