Poesía portuguesa del siglo XX: José Gomes Ferreira (1900-1985)



Presentamos tres poemas del poeta portugués José Gomes Ferreira (1900-1985), en versión del poeta Mijail Lamas (Culiacán, 1979). José Gomes Ferreira fue director de la revista Ressurreição, en donde trabajó junto a Fernando Pessoa. Su carrera poética empezó con su poema Viver sempre também cansa, escrito en 1931 y publicado en la revista Presença. En 1948, publicó su primer libro, Poesia I. Activo políticamente durante toda su vida, su poesía combina un fuerte sentido de la imaginación y el compromiso social.

 

 

 

 

José Gomes Ferreira

(1900-1985)

 

 

 

Vivir siempre también cansa.

 

El sol es siempre el mismo y el cielo azul

ahora es azul, nítidamente azul

ahora ceniciento, negro, casi verde…

Pero nunca tiene un color inesperado.

 

El mundo no se modifica.

los árboles dan flores,

hojas, frutos y pájaros

como máquinas verdes.

 

El paisaje tampoco se transforma.

No cae nieve roja,

no hay flores que vuelen

la luna no tiene ojos

y nadie va a pintar ojos en la luna.

 

Todo es igual, mecánico y exacto.

Por otra parte los hombres son los hombres.

Sollozan, ríen y beben

sin imaginación.

 

 

V

(Encontré en la Brasileira do Rossio a Manuel Mendes,

la primera persona a quien leí estos versos)

Nunca encontré un pájaro muerto en la floresta.

 

En vano anduve toda la mañana

buscando entre los árboles

un cadáver pequeño

que diese la sangre a las flores

y alas a las hojas muertas…

 

Los pájaros cuando mueren caen al cielo.

 

 

VII

(Un muerto cualquiera, asesinado por la policía en cualquier parte.)

 

No insulten a este muerto con flores.

 

Entiérrenlo así desnudo, con peso de raíz,

desamparado de lágrimas y canciones,

el cuerpo rasgado del infierno de los hombres

y la boca aún abierta en el último grito,

largo hasta la risa de las calaveras del futuro.

 

¿Flores para qué?

¿Para cubrir de música lo rojo de Otro Frío?

 

Antes arrójenle cardos o espinas,

ásperos de esta cólera sagrada

donde su alma continuará ardiendo

hasta el fin de la eternidad de los hombres,

en el brillo común

de nuestros ojos de bandera.