Poesía y manipulación. Sobre el duelo público.



La poeta y crítica Sandra Gilbert piensa, a propósito de la exposición en torno al atentado de las Torres Gemelas, la relación de la poesía y el duelo público. Se pregunta: ¿Cómo podemos formular una poética del dolor público sin reprimir o negar el dolor y sin ser cooptados por la propaganda manipuladora? Acompañamos el texto de Gilbert con el poema “Fotografía del 11 de Septiembre” de Wislawa Szymborska en traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. La versión del texto de Gilbert es de Brenda Muñoz.

 

 

 

La poética del duelo público: un epílogo

 

Mi primera reacción a la historia que surge de la discusión de Jenny Holzer con John Yau y Shelley Jackson es el arrepentimiento: una obra de arte que pudo haber sido luminosamente elegíaca, en un sitio donde la catástrofe reformuló la historia, ha sido cooptada por lo que parece un ejercicio de boosterism de la Gran Manzana. Holzer señala que la carta de amor de White a la ciudad, Here Is New York, aparece en su totalidad como parte del texto en streaming de su instalación, y está muy bien tenerla allí, dado el deseo de todos de rendir homenaje a una comunidad querida y a su supervivencia después de una terrible experiencia. Pero ¿Qué pasa con la melancólica colección de fotografías, también titulada Here Is New York: A Democracy of Photographs, un libro cuyas imágenes están en línea y es también una exhibición itinerante que lleva imágenes del colapso de las Torres Gemelas a todo el mundo? El encantador tributo de White lleva a los lectores a un viaje alrededor de una ciudad que ahora parece una reliquia de un pasado lejano. Sí, es la Nueva York donde crecí, viajando en el tren E y en el tren F, paseando en el Washington Square e incluso, en las noches cálidas, navegando por el agua en el ferry de Staten Island. Pero ¿Dónde está la Nueva York que ha tenido que aceptar un dolor repentino, la ciudad que ha tenido que llorar, la ciudad que vio, junto con la poeta Wislawa Szymborska, personas vivas catapultadas por el cielo? ¿Es esta la ciudad de la que Octavio Paz hablaba cuando dijo que “La palabra muerte no se pronuncia en Nueva York, en París, en Londres, porque quema los labios”? Holzer claramente formula su propio arrepentimiento: “el poema de Symborska no está en la colección porque pudo haber sido una adquisición adecuada a lo que es una descripción realista de la vida en Nueva York”. Hay poemas sobre lo gloriosa y amigable que puede ser la ciudad [pero] el de Symborska habría sido uno sobre la tragedia. Es una pérdida real no tenerlo precisamente porque su omisión nos priva del dolor del que debe surgir el verdadero duelo. Y su omisión subraya, también, las formas en que el horror que acompañó al cataclismo extraordinariamente espectacular del 11/9/01 ha sido, y continúa siendo, utilizado para propósitos sorprendentemente distintos del duelo que inevitablemente suscitaron esas muertes masivas.

La ansiedad por la cooptación del duelo parece, de hecho, ser un tema común en todos los comentarios aquí incluidos. Aunque la propia Holzer lamenta la sustitución de un alegre optimismo por un reconocimiento de la tragedia, muchos de los que respondieron a mi declaración inicial se preocuparon por las formas en que, como dice Marilyn Hacker, “Los estadounidenses se han animado actualmente…por el gobierno actual para llorar a gran escala pública, no escribiendo elegías, sino sancionando o participando en el asesinato, mutilación y despojo organizado de otras personas “. Mark Doty señala que “El dolor público es…fácil de manipular y…fácilmente se convierte en hipocresía “, mientras que Martín Espada nos recuerda que “Frases como armas de destrucción masiva desangran el lenguaje de su significado”. En una línea ligeramente diferente pero comparable, Rafael Campo advierte que “En esta era de conmoción y asombro, debemos ser aún más cautelosos para evitar [la] fácil y a menudo convenientemente pública Siento tu dolor noción de empatía [que realiza una] especie de desconexión de las verdades de la guerra y el sufrimiento”. Y más irónicamente, James Tatum refiere la “Fuerte disposición de los organizadores y comentaristas del duelo público para acorralar a los transeúntes”, casi como P.T. Barnum, para fines que poco tienen que ver con la pérdida. Al mismo tiempo, todos los encuestados creen que debería ser, y debe ser, en palabras de Alicia Ostriker, “Posible llorar por los soldados” (y otras víctimas de la catástrofe) “sin estar inspirado patrióticamente por ellos y sin representarlos como sagrados mártires”. Como señala Eavan Boland, “Si la poesía no aborda el dolor público de alguna manera, corre el riesgo de abandonar uno de sus grandes roles”. Sin embargo, finalmente, como escribe Jahan Ramazani, las “elegías contemporáneas” inevitablemente “lloran sin sanar” porque “Cualquier cosa más reconfortante correría el riesgo de servir a una…lógica de sustitución, en la que las vidas individuales se redimen en la vida de la nación, institución u obra de arte”.

Por tanto, la cuestión central sigue abierta aquí: ¿Cómo podemos formular una poética del dolor público sin reprimir o negar el dolor y sin ser cooptados por la propaganda manipuladora? Como insiste Gail Holst-Warhaft, necesitamos una “Poesía capaz de enfrentar la creencia fanática que derribó las Torres Gemelas” sin reemplazar esa creencia por otro fanatismo. El maravilloso poema de Szymborska es un ejemplo de tal trabajo, ya que expresa lamentación pública marcada por lo que Doty define con perspicacia como un “Incompleto [que] es un acto de misericordia”. 

 

 

 

Wislawa Szymborska

 

Fotografía del 11 de septiembre

 
Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:
uno, dos, todavía unos cuantos
más arriba, más abajo.

 
La fotografía los mantuvo con vida,
y ahora los conserva
sobre la tierra, hacia la tierra.

 
Todos siguen siendo un todo
con un rostro individual
y con la sangre escondida.

 
Hay suficiente tiempo
para que revolotee el cabello
y de los bolsillos caigan
llaves, algunas monedas.

 
Siguen ahí, al alcance del aire,
en el marco de espacios
que justo se acaban de abrir.

 
Sólo dos cosas puedo hacer por ellos:
describir ese vuelo
y no decir la última palabra.