Poesía colombiana: Christian Rincón



Estamos leyendo poesía colombiana. Leemos poemas de Christian Rincón (1992). Es director de la Pájara Pinta y ganador del XXII Premio Internacional de Poesía Aranda Arenasil en España. Ha publicado el libro de poemas Cánsate Cuerpo (2020) y varios articulos en revistas de México y Argentina.

 

 

 

 

 

 

Love in progress

 

La mañana es un animal ciego que avanza tocando. Abre. Trastabilla contra la puerta, distribuye su peso en cada nombre.      Un hilo de baba atándonos por la parte contada. Abre. ¿Quieres desayunar ahora? La mañana es un animal sordo que se limpia frente a todos. Se sacude, te caes de la silla. Abres.          ¿Qué es lo que más extrañas? Una pregunta, la mano abierta, quieta sobre la espalda. Cierra.       La mañana es un animal mudo junto a la puerta. ¿Es de madera? Sí, es de madera. Música de castores. Cierra. ¿Por qué ahora? Abre.

 

 

 

 

Prueba y error

 

Hay que preparar el papel deslizar la mano        para honrar         la caída presentir el bosque anticipar la raíz. Mi sistema nervioso extendiéndose hasta el sistema           nervioso de la hoja. Trazar, ensayar la letra, todo atestigua la ramificación. Dar inicio es dejar caer. Despejar las hojas para entrar al bosque, avanzar        en el libro. A veces huele a eucalipto.

 

 

 

 

Así es como la pierdes

 
A veces dices cosas, pero cada palabra
es un bloque suavecito que se acumula
sobre la parte más honda
y al final te queda hecho un muro vergonzoso
que divide o sostiene,
pero no se puede trabajar en el lugar
en el que se ha tenido miedo
y entonces abres un agujero con el dedo,
ves a tus amigos allá afuera
y el pecho te queda abierto como una rana.
compras un martillo
te robas una planta
y empiezas de nuevo.

 

 

 

 

Líneas de parentesco

 
 
Una célula pierde identidad de tanto repetirse a sí misma
y acaba desapareciendo en ese largo viaje del rostro.
A mi gata le sucede lo mismo.
Envejece.
De tanto ser como ha sido
es distinta y vomita
y se queda quieta
y ensucia el piso
y ya no se lame
y envejece con ella los objetos:
la esquina de la silla o las cortinas,
mis piernas, la esquina de la cama.
Le paso la mano por el lomo
para repetirme con ella
y acabo desapareciendo
en ese largo viaje del tacto.
La gata me mira y vomita.
Ambos estamos perdiendo
nuestra identidad
de tanto parecernos
a nosotros mismos.

 

 

 

 

Escapismo

 
Anoche me quedé un rato
mirando a mi papá dormir en el sillón
y tuve la sensación de que ya se había marchado
y había dejado sus cáscaras para distraerme mientras huía.
Hundí mi dedo en su barriga
para insistir en su cuerpo,
pero un sacudón nos devolvió a ambos
a la indiferencia del tacto.