Los tres poemas de Adrienne Rich que he traducido abordan los temas de identidad, sexualidad y la historia de la mujer. La autora, a lo largo de su trayectoria, ha explorado dichos temas en diversas ocasiones. Los dos primeros poemas pertenecen a la obra Twenty-one Love Poems (1976) y refieren a una pareja lésbica. En “Poema II” se presenta el deseo de mostrar sin miedo y sin prejuicios a su pareja sentimental. El segundo ahonda de forma bella y metafórica un encuentro sexual entre dos mujeres, donde persiste la duda sobre lo que pueda pasar entre ellas al vivir en un mundo heteronormativo, donde su relación no es aceptada.
El tercer poema, “Buceando hacia el naufragio”, relata el viaje de una mujer buceadora a la profundidad del mar, siendo este escenario una metáfora que emplea para explorar la posición de las mujeres en la sociedad, la represión que han sufrido durante años que incluso llega a excluirlas de la historia.
Azul López
Veintiún poemas de amor [Poema II]
En tu cama despierto. Sé que he estado soñando.
Desde antes, la alarma nos había separado,
llevas horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:
la poeta, nuestra amiga, entra en mi habitación
donde he escrito durante días:
esbozos, virutas, poemas dispersos por doquier
y quería enseñarle un poema
el poema de mi vida. Pero dudo
y despierto. Has besado mi cabello
para despertarme. Soñé que un poema eras tú,
dije, un poema que quería mostrarle a alguien…
y reí y continué soñando de nuevo
sobre mi deseo de querer mostrarte a los que amo,
movernos juntas en libertad
empujadas por la gravedad, que no es simple,
que lleva la hierba plumosa por
el aire que nos abraza.
Veintiún poemas de amor [(El poema que flota, sin número)]
Lo que sea que ocurra con nosotras, tu cuerpo
perseguirá el mío—suave y delicada
tu forma de hacer el amor, como la hoja casi rizada
de los helechos violín en los bosques
apenas acariciados por el sol. Tus muslos, recorridos y generosos,
entre los cuales he puesto una y otra vez mi rostro,
la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado
entre ellos,
la viva danza insaciable de tus pezones en mi boca,
tu manera firme, inocente y protectora de tocarme, buscándome
tu lengua fuerte y finos dedos
alcanzando el lugar donde por años te he esperado
en mi caverna húmeda y rosa… Pase lo que pase, aquí es.
Buceando hacía el naufragio
Lo primero; haber leído un libro de mitos,
cargar la cámara,
y revisar el filo de la navaja del cuchillo,
visto
la armadura de caucho negro
las absurdas aletas
la máscara seria e incómoda.
He tenido que hacer esto
no como Cousteau con su
diligente equipo
a bordo de una goleta bañada por el sol
sino aquí, sola.
Hay una escalera.
Siempre está ahí
colgada inocentemente
en la orilla de la goleta.
Nosotros sabemos para qué es,
nosotros, quienes la hemos usado.
De otra forma
es solo algo más de la goleta
algún elemento cualquiera.
Bajo.
Escalón tras escalón y todavía
el oxígeno me alcanza
la luz azul
los átomos visibles
del aire que respiramos.
Bajo.
Las aletas me vuelven inútil
Me arrastro sobre la escalera como un insecto
y no hay nadie
para decirme cuándo comenzará
el océano.
Al principio, el aire es azul y luego
más azul y después verde y enseguida
negro me desvanezco pero
mi máscara es milagrosa
bombea mi sangre con fuerza
el mar es otra historia
el mar no es cuestión de poder
tengo que aprender por mi cuenta
a voltear mi cuerpo sin fuerza
en la profundidad.
Y ahora: es fácil olvidar
mi propósito
entre tanta gente que siempre
ha vivido aquí
ondeando sus abanicos almenados
entre los arrecifes
además
respiras diferente aquí, en lo profundo.
He venido a explorar el naufragio.
Las palabras son propósitos.
Las palabras son mapas.
Vine a ver el daño causado
y los tesoros que aún prevalecen.
Acaricio con la luz de mi lámpara
suavemente el costado
de algo más persistente
que un pez o un alga
la razón por la que vine:
el naufragio y no la historia del naufragio
la cosa en sí y no el mito
el lado ahogado siempre mirando
a la luz del sol
la evidencia del daño
desgastado por la sal y el oleaje, convertido en belleza deteriorada
las costillas del desastre
todavía resistiendo
ante los posibles acechadores.
Éste es el lugar.
Y estoy aquí. La sirena cuyo cabello oscuro
baila con el oleaje, el tritón en su cuerpo blindado.
Rodeamos silenciosamente
el naufragio
buceamos entre la bodega.
Yo soy ella: yo soy él
cuyo rostro ahogado duerme con los ojos abiertos
cuyo pecho todavía tolera la presión
cuyo cargamento bermellón, cobrizo, plata reposa
oscuramente contenido en barriles
a medio encajar, dejado a pudrir
somos los instrumentos a media destrucción
que alguna vez tuvieron un rumbo
la madera carcomida por el agua
la brújula dañada
somos, soy, eres
por cobardía o coraje
los que encontraron su camino
de regreso a esta escena
cargando un cuchillo, una cámara
un libro de mitos
en el cual
nuestros nombres no aparecen.



