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CÍRCULO DE POESÍA

 

Una telenovela mexicana

25 Ago 2009

Narco

Luis Martínez Andrade cede su espacio para que aparezca este texto de Rafael Toriz acerca de los rasgos del narcotráfico mexicano y la banalización a la que es conducido por los medios de comunicación.

 

 

Una telenovela mexicana

Entre los múltiples referentes culturales que ha compartido Latinoamérica durante décadas, destacan con especial fulgor sus programas televisivos, que han configurado un potente y reconocible imaginario colectivo dado principalmente a través de sus comedias y telenovelas. Así, no es de sorprender que una ingente cantidad de rioplatenses rían a mandíbula batiente con las peripecias del “Chavo del ocho” y que legiones de mexicanos recuerden con lujuria y alegría los pegadizos acordes de “Las gatitas de Porcel”.

      Durante los años ochenta y buena parte de los noventa –para contribuir al narcisismo de pequeñas diferencias– cuando los casos de narcotráfico eran hechos esporádicos que condimentaban el paisaje nacional, el ingenio popular aseguraba que México no era un territorio en manos de la delincuencia organizada sino apenas un país “en vías de colombianización”.

     Hoy en día, cuando las mafias mexicanas controlan el mercado de drogas con Estados Unidos y buena parte del país se encuentra en llamas por las luchas intestinas entre los distintos cárteles y por una batalla desigual e inoperante dirigida por el gobierno, es un hecho que los delirios sanguinarios de El Mariachi de Robert Rodríguez son ampliamente superados por una realidad inmisericorde que si bien puede asustar a algunos hace que otros expresen con abulia que “esa programa ya lo hemos visto”. En mi opinión ése es uno de los rasgos sustanciales del conflicto: pensar que la realidad es una comedia, algo que no nos compete directamente o que sucede más allá de nosotros, mediada por la pantalla.

     A todas luces el narcotráfico en México es un escollo grandísimo que compromete no sólo a los implicados inmediatos sino a la sociedad global en su conjunto, puesto que el flujo de mercancías en el que nos encontramos permite que la coca sembrada en Colombia sea procesada en México y distribuida como dulces para infantes en los Estados Unidos.

     Juan Villoro ha dicho que “el narcotráfico suele golpear dos veces: en el mundo de los hechos y en las noticias”; lo que nos lleva encarar el problema por dos flancos. Por una parte los inherentes a la delincuencia organizada: asesinatos, extorsiones, corrupción y secuestros. Por otro, lidiar con una realidad enrarecida por los medios que ocasiona, en el mejor de los casos, miedo, y en el peor, una irresponsable indiferencia.

     Pese o precisamente por ello, desde los legendarios tiempos de Pablo Escobar –fue él quien acuñó la costumbre de tener jirafas, cocodrilos y elefantes vagando por el jardín– la influencia del narco ha crecido a niveles exponenciales y ha gestado manifestaciones en distintos ámbitos culturales que vienen mereciendo la atención de sociólogos e investigadores desde hace algunos años. El narcotráfico posee un universo propio de configuraciones estéticas y simbólicas que ha derivado, en ocasiones, en francas mitologías, como el caso de su santo patrono Jesús Malverde, protector originario de Sinaloa cuya historia es semejante a la de Robin Hood (sus fieles se cuentan por miles y posee un puñado de templos consagrados a su culto). Entre algunas de las más destacadas expresiones del abanico mexicano destaca el narcocorrido, que es un subgénero de la música norteña –predominante en los estados del norte de la República– que consiste en relatar los momentos clave y las principales hazañas de las figuras del narco, una suerte de épica que muestra el aspecto humano de los implicados y los exalta hasta tornarlos héroes: historias de paradójicos justicieros venidos de las clases populares que intentan sobrevivir en un mundo injusto y contradictorio (el Cid Campeador ataviado con efedrina).

     Otro detalle característico han sido las narcopelículas, producciones de bajo presupuesto que con relativa fortuna han intentado retratar la realidad de una vida delincuencial con escenarios que van de lo desértico a lo ganadero, mostrando armas de grueso calibre, conflictos morales, fastuosos aposentos y mujeres de fantasía. En un principio las películas contaron con un éxito insospechado que poco a poco fue menguando debido a la baja calidad tanto de la dirección como de las actuaciones, puesto que en ocasiones eran los mismos narcotraficantes no sólo los patrocinadores de las mismas sino también sus protagonistas.

     Queda claro que una telenovela como la que ahora se vive en México es prueba no sólo de la descomposición de las instituciones, de la erosión del tejido social y de la voracidad de un mercado que está exigiendo, por sus dinámicas propias, un debate contundente con miras a una legalización de las drogas, sino también que Latinoamérica es un lugar idóneo para la exportación de un agudo conflicto que a todos no atañe.

    Mientras otra cosa no suceda, nada queda sino arrellanarse en el sillón y acostumbrarse a la novela.

 

 

Datos vitales

Rafael Toriz (Xalapa, México, 1983) ha sido becario de la primera generación de la Fundación para las Letras Mexicanas y Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes 2004. Publicó un par de volúmenes en el límite del ensayo y la narrativa Animalia (Universidad de Guanajuato) y Minificciones (Difusión Cultural, UNAM).

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  • Sigifredo Esquivel Marín

    1. La violencia mediática no puede ni debe ser confundida con la violencia humana tout court. Tampoco, aunque sea su apariencia o fin estratégico, las telenovelas o realidad mediática agota la realidad social. no debemos dejar que los medios se apoderen del espacio público y social.

    2. Naturalizar los conflictos sociales, económicos y políticos equivale a justificar el estado de cosas existente. Ahora que el conformismo generalizado nos invade por doquier no podemos permite que anomia social y la fragmentación cotidiana alimenten el desencanto, y esperar que “otra cosa suceda” es como esperar algún tipo de redención divina.

    3. El hecho de que la situación de la sociedad entera no dependa de nosotros, no significa que no podamos ni debamos hacer algo, que no seamos responsables, cuando menos, de nuestras vidas. Así que decir que “no podemos hacer nada queda sino arrellanarse en el sillón y acostumbrarse a la novela” lejos de aportar claridad sobre nuestro entorno actual, podría servir como coartada para justificar la cultura de la violencia.

    Un abrazo fuerte a Fay (alias Toriz).

  • Norberto Martínez

    Yo opino que tanto Toriz como Esquivel están equivocados y que la violencia forma parte de nuestra humanidad, cultura y sociedad. Y que el narcotrafico es una plaga necesaria, batos: toque y rol. Además que México está podrido (pinches mexicanos: son corruptos por naturaleza), y que no queda otra que cosa que esperar el APOCALIPSIS, lo demás son consejitos de abuela.

  • Sigifredo Esquivel Marín

    1. La violencia mediática no puede ni debe ser confundida con la violencia humana tout court. Tampoco, aunque sea su apariencia o fin estratégico, las telenovelas o realidad mediática agota la realidad social. no debemos dejar que los medios se apoderen del espacio público y social.

    2. Naturalizar los conflictos sociales, económicos y políticos equivale a justificar el estado de cosas existente. Ahora que el conformismo generalizado nos invade por doquier no podemos permite que anomia social y la fragmentación cotidiana alimenten el desencanto, y esperar que “otra cosa suceda” es como esperar algún tipo de redención divina.

    3. El hecho de que la situación de la sociedad entera no dependa de nosotros, no significa que no podamos ni debamos hacer algo, que no seamos responsables, cuando menos, de nuestras vidas. Así que decir que “no podemos hacer nada queda sino arrellanarse en el sillón y acostumbrarse a la novela” lejos de aportar claridad sobre nuestro entorno actual, podría servir como coartada para justificar la cultura de la violencia.

    Un abrazo fuerte a Fay.

  • claudia Alejandra Vargas Quiroz

    ¿Serà posible que el cansancio provocado por la ceguera y la falta de conciencia històrica que caracteriza a la mayorìa de la poblaciòn estè minando la tarea de aquellos que sì pueden, al menos en parte vislumbrar situaciones como las que se mencionan?

    La carga mediàtica con la que cargamos todos, los Latino americanos en especial y particularmente Colombianos y Mexicanos no se queda en los medios, si, lo ha dicho Fay; el asunto es que se ha arraigado culturalmente, tanto que influencia la manera en que nos estructuramos, si otro Colombiano lee este artìculo probablemente su primera reacciòn sea precisamente esa: reaccionaria. Pero no por que estemos en desacuerdo con lo dicho no, simplemente por que “hemos” luchado mucho tiempo para que las palabras “Colombia” y “narcotràfico” no volvieran a encontrarse nunca y ojalà nunca se encontraran unidas a ningùn otro paìs o apelativo como latino.

    Los medios nos han educado de tal forma que un Colombiano no aceptarà el narcotràfico como lìnea primaria de conocimiento hacia su paìs, el principal problema de Colombia ahora es el terrorismo. Esto puede verificarse fàcilmente. Solo tienes que ver la tele.

    Si acaso este pequeño comentario (por supuesto creado a partir de la lectura del artìculo) logra algo es que pasamos a ver las cosas como nos las muestran: someras, por encima. y estoy de acuerdo con Sigifredo esquivel la respuesta no puede ser somera.

    El problema no es que exista un problema, eso todos lo sabemos. El verdadero problema radica en el què. ¿Què hacer? me sorprende que despuès de tanta evidencia todavìa no se encuentre la respuesta en la educaciòn.

    Pero la educaciòn no es solo tarea de los educadores, es tarea de conocedores. Espacios como este son herramientas que propenden por educar, crear conciencia històrica y aùn no se reconocen como tal; principalmente por que nisiquiera quienes los crean o los administran (no digo que siempre) se dan cuenta de la labor educativa que estàn realizando. Educar es tarea de todos entonces tarea a la cual me aboco con pasiòn y orgullo, tarea que sè, crea en aquellos a mi alrededor a fortalecer o crear un espìritu crìtico absolutamente necesario, no para que otros opinen como yo lo hago, sino precisamente, para que se den cuenta que tienen opiniòn. y que esta trae consigo responsabilidades de actuaciòn.

    Fay, un besote.

  • Silvia Loustau - Argentina

    El problema de la telenovelas sufre en toda América. A Argentina llegan todos estos, más los que se producen aca, a pesar que hace dos o tres años ha habido algunos que tocaron problemas sociales,los demmas muestran una irrealidad que enoja, nunca se sabe de que trabajan los personajes, cómo pueden vestir a la moda, o vivir en habitats alos que sólo pueden acceder el 5% fr los Argentinos, desde mi punto de vista , este género deforma la vision de lo televidentes . Muy bueno el artículo. Un saludo desde Argentina,

    Silvia Loustau

  • carlomagno zapata

    EL PROBLEMA? no hay solucion sin problema, y para encontrara la solucion al problema creado sobre el narcotrafico, a mi particular punto de vista se deberia empèzar por tener un cambio personal hacia la percepción de las personas sobre q tanto tienes, materialmente hablando, tanto vales como persona; esto es, que en todas las sociedades el poder adquisitivo esta por sobre encima del poder integro de la persona. ( en la mayoria de los casos).
    Dejemos de lado, que el 5% de las personas q estan mezcladas en el trafico de drogas esta por el placer de utilizarlas.
    El resto como cualquier negocio que se precie de serlo, es muy muy muy rentable, en todos los niveles, pero enfoquemonos en los altos niveles, que estan inmizcluidos personajes de alta “alcurnia”, y poder politico.
    Y de aqui el punto de vista, sobra la narco novela, y el porque siempre ha convenido manejarla en forma novelezca en las televisoras particulares o de gobierno, en las cuales las mayoria enzalza el poder q confiere el dinero y la posicion social, q se logra por el mismo, sin muchas veces cuestionar la forma de ganarlo. Puesto porque la gran mayoria de nosotros condenamos al narcotraficante jodido, el que trae solo unos gramos , el pandroso, mientras que muchas veces si se llegan a enterar de vecinos, o personajes con solvencia ecoonomica ya de trasendencia, no se reporta? no se segregan? no se le niegan los servicios? o saludos de la sociedad comun? .
    Respondiendo a la responsabilidad personal. es base, pero preguntale a los q son padres de hijos adolecentes que desean conocer mucho mas, y sobre todo lo que es prohibitivo.hasta donde llega la responsabilidad personal para con ellos cuendo por propia mano decidan probar las drogas?.y sobre todo donde llegarioa tu responsabilidad personal, si un hijo tuyo es detenido por consumir las mismas?.
    La satanizacion sobre el consumo de drogas “ilegales” comenzo , como se fue criado y te han dicho “si te portas mal vendra el coco y te comera”. El consumo de drogas ilegales, es mas facil decir como padre no lo hagas porque son malas, tratando de evitar las consecuencias , sociales y legales q su uso descuebierto por las autoridades conllevaria. Hablando especificamente de latinoamerica. en la mayoria de nuetras sociedades sin enbargo el alcohol y el cigarrillo son vistos como drogas suaves y bastante permisisivas. (ve mi hijo ya se tomo su primera cerveza jaja q gestos hace). Terminando y tratando de responder sobre la responsabilidad personal. si me parece perfecto es personal, y familiar. Pero tambien es libre albedrio, de poder escoger en esta vida en la vida adulta, todo lo bueno o malo, (segun el punto de vista particular) que desemos probar, sin correr el riesgo de ser satanizado por ello, ni castigado cuando no se ha hecho daño a tercera personas.
    ¿Porque no legalizarla?¿A quien se afectaria si se hiciera, realmente?

  • Juan Ángel Torres Rechy

    Una forma precisamente de contribuir a la sanidad social son gestos como estos comentarios con base en el artículo de Rafael Toriz. La indiferencia o la flojera inmovilizan, crean un anonimato, el valor de las cosas se modifica en una proporción directa a la apatía del sujeto. En esta frecuencia cantidades de seres viven día a día, resignados, frustrados o entumecidos… ser víctima de las circunstancias es fácil, pero el dolor provocado por esto es difícil, cada día mayor. Carlomagno, Silvia, Claudia Alejandra, Sigifredo, Norberto, Rafael, adelante. Esta máquina de palabras, palabras y palabras no es solamente de palabras.
    Un abrazo.

    Juan Ángel Torres Rechy

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