Fernando Botero

Rose Marie Berger, editora asociada de la revista Sojourners (www.sojo.net) en Washington, D.C., entrevista  a Fernando Botero en el marco de la exposición de sus dibujos y pinturas de  Abu Ghraib en el Museo de  American University en Washington, D.C.

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En Noviembre del  2007, Fernando Botero visitó el Museo de  American University en Washington, D.C. con motivo de la primera exposición que se ha hecho en el mundo de la serie completa de las 79 obras de sus dibujos y pinturas de  Abu Ghraib. Botero fue entrevistado por Rose Marie Berger, editora asociada de la revista  Sojourners sobre las implicaciones políticas y religiosas del arte. Al mismo tiempo se llevó a cabo una lectura de poesía de los poetas de Washington contra la guerra, a la cual asistieron cerca de 400 personas. En la lectura participaron poetas de Estados Unidos, de Irak, de Palestina y Colombia, país que estuvo representado por la poeta Consuelo Hernández.

BERGER: Quisiera leer una cita de Marc Falkoff, uno de los abogados que está trabajando con los prisioneros de Guantánamo. El hizo un comentario sobre esta exposición de su arte…

BOTERO: ¿Él vino a verla?

BERGER: Él vio su obra en la red y nos permitió incluir algunos poemas escritos por los prisioneros en Guantánamo en esta colección de poesía titulada Cut Loose the Body: An Anthology of Poems Responding to Torture and Fernando Botero’s Abu Ghraib Paintings.(Corta y libera el cuerpo: una antología de poemas que responde a la tortura y a la serie Abu Ghraib de Fernando Botero). “En este maravilloso proyecto,” -escribe el abogado de los derechos humanos Marc Falkoff, editor de  Poems from Guantanamo: The Detainees Speak, (Poemas desde Guantánamo: los detenidos hablan)-  “Botero y los poetas empiezan a restaurar nuestra humanidad haciéndonos visibles las víctimas de nuestra complacencia. Vivimos en una época donde nuestros líderes han declarado  -en nuestro nombre- que el sofocamiento simulado no es tortura, que los suicidas detenidos son “actos de asuntos de Guerra asimétricos” y que nuestros campos de prisión están más allá de nuestras cortes. En tiempos como estos, nosotros tenemos que depender del arte – el gran vehículo de  empatía— para restaurar nuestra compasión humana… y movernos hacia la protesta y el compromiso.” ¿Piensa usted que estos cuadros confrontan o evocan la compasión?

BOTERO: Bueno, sabemos que estas pinturas… no funcionan para el arte en la situación actual. El arte es completamente inútil en el sentido de que en el momento en que sucede carece interés. Pero lo que es importante es que con el tiempo llegan a ser un medio para recordar. Cuando los periódicos ya no hablen más de una situación, el arte estará allí justo para recordárnosla y eso es muy importante. 

BERGER: Usted creció en  Colombia rodeado del arte barroco colonial del catolicismo y de las expresiones religiosas mestizas de la gente del pueblo. Se ha sumergido en la iconografía cristiana de Europa Occidental. Cuando miro estas pinturas, yo veo la Vía Dolorosa, las estaciones de la Pasión de Cristo. Veo los Salmos bíblicos llenos de agonía. ¿Ve usted estos cuadros como parte de su viaje espiritual? 

BOTERO: Bueno, digamos que sí. Yo crecí en Colombia en una atmósfera religiosa con la Iglesia y todo. Pero, créame, yo no soy muy religioso. Más que religión tengo un buen conocimiento de la historia del arte porque viví tres años en Italia y, claro, estoy muy familiarizado con todas estas imágenes de Cristo, del sufrimiento y la tortura que, demás, están en la historia del arte. En el momento en que hice estas pinturas, no pensé en esas cosas. Pero estoy seguro que esto me vino, porque como usted sabe todo lo que uno ve (en su vida) regresa transformado. Entonces de alguna manera yo no estaba pensando en Cristo, pero cuando alguna gente menciona que estos cuadros tienen algo que ver con Cristo, entonces veo que realmente hay una relación entre la Pasión de Cristo y estas pinturas.

BERGER: Usted encarna una gran cantidad de iconografía religiosa en su trabajo. ¿La religión todavía toca su espíritu como artista o usted sólo la ve intelectualmente como parte de la historia del arte?

BOTERO: ¿Está hablando de la religión o de la estructura?

BERGER: Estoy preguntando sobre los aspectos espirituales, no sobre la institución de la iglesia.

BOTERO: Bueno, yo no tengo un sentimiento por la iglesia. Yo soy una especie bastante diferente de la religión. Es decir, yo creo en Dios, por supuesto. Pero no soy una persona practicante de la religión.

BERGER: En estas pinturas usted decidió enfocar las víctimas y en la mayoría dejó a los torturadores afuera, a los lados. Cuando usted acerca tanto el espectador a la víctima, destruye el mito de que la violencia es redentora. Así desenmascara el mecanismo del chivo expiatorio y revela que no es Dios el que manda la violencia para lograr el orden y la seguridad, sino que Dios ha llegado a ser nuestra víctima. ¿Llamaría usted estos trabajos “arte religioso”?

BOTERO: Bueno, le diré la verdad cuando terminé esta serie de pinturas y la gente empezó a decir que había dejado los perpetradores fuera, entonces me di cuenta que era cierto. Yo sólo pintaba y pintaba. Bueno en algunos cuadros usted ve una mano o la bota del torturador. Algunas veces ve el soldado real manipulando al prisionero. Pero la verdad es que yo no me di cuenta que estaba plasmando sólo las víctimas hasta que alguien me lo señaló. Y no sé por qué lo hice. Tal vez era más interesante desde el punto de vista de la pintura  hacer estos desnudos que hacer estas insignias y uniformes.

BERGER: Cuando usted eligió los colores, particularmente los colores asociados con las torturas –el azul de los guantes y las botas, ¿qué estaba pensando?

BOTERO: Bueno, hice dos cosas aquí. Hice cuadros muy luminosos. Hay cuatro o cinco que son muy luminosos, haya o no haya el mismo drama que está en los cuadros más oscuros.  Sabe, yo empecé con los cuadros más oscuros primero. La imagen que  tenía en mi mente era la que había visto en las fotos, era la imagen de este corredor…Aparentemente muchas de estas torturas ocurrían durante la noche. Había una cierta oscuridad, allí en el corredor que vi en las fotos. Las fotos fueron muy útiles para mí para poder ver la atmósfera en la cual todo esto estaba ocurriendo. Pero no copié ninguna foto porque esto no tenía sentido. No hay un solo cuadro aquí que reproduzca una foto. Yo solamente imaginé las cosas en esa atmósfera. Esa es la razón por la cual los colores son un poco oscuros. Luego lentamente dije como pintor probablemente, voy a hacer esto en un color más luminoso. Ve usted, entonces tuve un problema: cómo hacer los cuadros luminosos tan dramáticos como los cuadros en colores oscuros. Esa fue la razón que tuve para elegir los colores.

BERGER: En muchos de estos cuadros sólo hay el borde de una ventana con un pequeño rayo de luz externa que penetra.

BOTERO: Bueno, sí. Eso es así… Cuando usted hace un cuadro oscuro tiene que tener blanco. En cada pintura al final debería haber un punto blanco y un punto negro, como sal y pimienta. El negro llega a ser negro porque tiene el blanco cerca. Entonces usted tiene la sensación de que el negro realmente es negro.  Luego, hay también la cuestión de la interpretación, porque la gene ve la libertad reflejada en esa pequeña ventana, allí vieron la libertad. Pero yo no estaba pensando en esto, sólo pensaba en pintar.

BERGER: ¿Podría leer uno de los poemas que están aquí en español? Este que está aquí.

BOTERO: [lee “Mi Tierra Se Desangra” de Consuelo Hernández de la antología titulada Cut Loose the Body: An Anthology of Poems Responding to Torture and Fernando Botero’s Abu Ghraib Paintings.]

 

 

 

Mi tierra se desangra

 

Del sur

de ese trozo de tierra yo les hablo,

de caminos destruidos,

de hermanas que marchan como hormigas

por predios sin amparo,

de campesinos acribillados

entre las balas del (para)militar y el guerrillero,

de obreros que caen como fruto desgajado

por un huracán inoportuno.

 

En esta tarde triste de Noviembre

se me torna opaca la mirada

me voy quedando ciega

en este desfile de desastres

con el miedo que roba la alegría

caminamos contando los difuntos.

¿Dónde enterrar este horror

esta violencia siamesa de la vida,

abrir el cielo a esta luz de otoño

y descubrir el palacio de buenas intenciones?

¡y no más!

¡No más guerras en la América mía!

 

Mientras camino sobre esta cuerda floja

me acecha un tropel de muertos descompuestos

de fosas comunes

de desaparecidos que me espantan

a plena luz del día.

Mi tierra del sur está sangrando

y el corazón se siente fatigado

pero no está vencido todavía

porque esta estrella que en mí explota

esta tarde fría de ceniza

conjura con un grito las manchas de la sangre.

 

BOTERO: ¡Una Colombiana! ¡Qué bueno!     

 

Traducción de Consuelo Hernández, poeta colombiana  y profesora de American University.

 

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