Cruz

En esta época en que la poesía puede ser todo y nada, no está de más regresar a los textos esenciales de nuestra tradición. En este caso, presentamos “La noche oscura” de San Juan de la Cruz. Recordamos, asimismo, el segundo de los avisos y sentencias espirituales del santo, a propósito de los días que corren.

 

SUBIDA DEL MONTE CARMELO

La noche oscura

 

 

  En una noche oscura,

con ansias en amores inflamada,

(¡oh dichosa ventura!)

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada.                     5

 

  A oscuras y segura,

por la secreta escala disfrazada,

(¡oh dichosa ventura!)

a oscuras y en celada,

estando ya mi casa sosegada.                     10

 

  En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz ni guía                              

sino la que en el corazón ardía.                 15

 

  Aquésta me guïaba

más cierta que la luz del mediodía,

adonde me esperaba

quien yo bien me sabía,

en parte donde nadie parecía.                    20

 

  ¡Oh noche que me guiaste!,

¡oh noche amable más que el alborada!,

¡oh noche que juntaste

amado con amada,

amada en el amado transformada!                  25

 

  En mi pecho florido,

que entero para él solo se guardaba,

allí quedó dormido,

y yo le regalaba,

y el ventalle de cedros aire daba.               30

 

  El aire de la almena,

cuando yo sus cabellos esparcía,

con su mano serena

en mi cuello hería,

y todos mis sentidos suspendía.                  35

 

  Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el amado,

cesó todo, y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.                     40

 

 

 

Avisos y sentencias espirituales

 

2) “El primer cuidado que se halle en ti, procura sea un ansia ardiente y efecto de imitar a Cristo en todas tus obras, estudiando de haberte en cada una de ellas con el mismo modo que el señor se hubiera”.