ColimaIntegrada por Nadia Contreras, Cristóbal Barreto, Jetzabeth Fonseca, Carlos Ramírez Vuelvas, Josué Solís, Yuliana Valle, Gabriel  Govea, Krishna Naranjo Zavala, Indira Isel Torres, Oscar Robles, Miguel Ángel León Govea y Claudia Olmos,  ofrecemos una Muestra de poesía colimense joven que selecciónó Guillermo Clemente.

 

 

Muestra de poesía colimense joven

(1976 -1987)

 

Selección de Guillermo Clemente

  

 

Nadia Contreras (1976)

 

***

 

He visto oscurecerse repentinamente

el alba.

Así, dentro de mi sangre

me oscurezco,

me voy a pique.

Yo estoy en el lugar de la noche,

al lugar donde llego.

 

Todo me desvanece,

todo rompe la película del aire,

donde antes éramos,

donde el nosotros era un breve itinerario.

           

Ve. Estoy vencida.

Mañana, cuando mi ataúd sea doble cerradura,

podrás entonces comprender mis travesías.

 

 

 

***

A Guillermina Cuevas

 

Si me vieran sentada aquí,

a la mesa de las bebidas ardientes.

            Hay tanto asombro prolongado,

            cuerpos de aquí para allá,

             cigarros que se encienden,

 

             se apagan

                                   en un suspiro.

 

¿Me vieron ya?

¿Atestiguan mi presencia, mi soledad fundida 

al temblor de la silla?

 

             ¿Podré sostener mi nombre

             como los árboles sus encendidos frutos?

 

 

 

***

  

Tú que sabes del miedo,

de una maleta que se rehace cada noche

como una batalla

perdida de ante mano.

 

Él es mi padre.

Digo padre y un adolescente se juega la vida.

 

Sé que mi madre lo deseaba,

se enamoró como ninguna otra mujer

y su cuerpo fue el cuerpo de la herida,

la sangre, el pulmón roto por el llanto.

 

Nadie lo ve partir, nadie

abordar ningún barco.

Sólo yo: la niña desfigurada por el tiempo.

 

 

 

Cristóbal Barreto (1980)

 

 

Si fuera un chango enorme con la bravura encajada en el esternón,

con el instinto en las tripas enredado.

Si fuera un orangután con alas y pudiera brincar de casa en casa

y ver a las viejitas lavarse los pelos con agua de la pila

                                                                                                         a jicarazos chas chas chas.

Si pudiera ver por las ventanas de los hombres a sus mujeres,

a las chichis de sus mujeres,

a sus chiquillos viendo la tele

a sus hijas adolescentes extraviadas en la belleza del Chat.

Si tuviera los pelos suficientes,

la suficiente nariz,

los brazos tan largos, los pies

                                                    y en los ojos los ojos de una bestia infantil

                                                                                                                   que no crecerá jamás.

Si todo esto me pasara y me crecieran las uñas y los colmillos

y pudiera tirarle de mangos a los policías

changuita mía,

macaca de mis piojitos,

de todas formas usaría sombrero,

de todas formas te traería una fruta o una flor o un versito changoso

                                                                                                                    en la noche.

De todas formas me pondría la camisa que me regalaste.

 

Si fuera gorila por el contrario te cargaría en la espalda,

te llevaría a ver las casas más pobres de la ciudad

y las más ricas

y nos reiríamos de ambas por igual

y asustaríamos a los niños pobres y a los niños ricos

y a los locos los veríamos desde la torre de catedral

y a los taxistas los veríamos besar travestis

y a los travestis violar rancheros.

 

Por eso perdí un día la costumbre de quitarme la barba,

pienso,

dejé de alejarme del primate

                                                        y de su bestialidad.

Por eso dejé de comer en la mesa un día

y tiré todos los tenedores a la calle

y aunque después te enojaste y fui a recogerlos

y los volví a su lugar

y si me puse a bailar para hacerte reír

lo hice para dejarnos de humanidades

para siempre

ya

de una vez por todas.

 

 

 

Que alguien pesque a ese mandril.

Ese, el que se va escabullendo entre la multitud

                                                                                            como si bailase,

el mandril que gira incontrolablemente.

Ese, el bailarín que rasca y se eleva,

el insaciable mandril.

 

Que alguien detenga su danza,

la armoniosa,

la bendita danza inacabable,

la eminente, la iracunda danza..

 

Sólo es un mandril que gira

inhumano e insolente.

Un mandril sobre un cubo traslúcido e impreciso,

una tela que se extiende tenue y alzada,

la vivaz manera en que los inconscientes

                                   o los locos se fugan, así nomás,

                                                                                     de la responsabilidad

                                                                                                                                que les tocó.

 

Que le pesque alguien,

que no se dan cuenta que la perfección no existe,

es una ilusión que se desata ante nosotros,

una víbora,

es un mandril víbora,

un mandril víbora arriba de una hoja,

un mandril víbora arriba de una hoja hablando inglés,

una encarnación que se descarna.

 

Es un hombre vencido ese mandril.

Que le pesque alguien ya

y se haga con él un sombrero o una bufanda.

 

Es un baile que nos infecta,

es la ceguera.

Mandril iracundo, endemoniado, desprovisto;

incontable mandril.

 

Visto desde arriba es un caballo con esparaván

o es sólo un mandril…

el que baila

que alguien le pesque,

que alguien pesque a ese mandril.

 

 

 

Jetzabeth Fonseca (1980)

 

Los silencios de las lágrimas 

 

Todo es respuesta hecha contra la nada,

es una voluntad de gritos y de gestos breves.

 

Navajazos de una vida

cubren sus palmas blancas y manchadas con sal.

 

Sus andanzas, como caídas que se anidan en el alma,

sobresaltos de instintos de supervivencia

guardados y callados en las seniles horas.

 

En su boca hay una guerra seca

entre las grietas de palabras asesinas

donde los reclamos hondos del alma habitan.

 

En sus tiempos corroídos

disimula un secreto atestado de prejuicios

y conserva en su conciencia una pena.

 

En su mirada prisionera se han parido los dolores de este mundo

y en sus lamentos lastimeros

se duermen los silencios de cada lágrima.

 

Tiene la muerte encadenada

-como la tenemos todos-

pero él la lleva como tempestad de alcohol en la sangre.

 

Continuamente en desesperación,

cierra sus desgraciados puños para evitar el miedo de extraviarse

y de perder aquello que lo sostiene.

 

Toma sus tres gotas de serenamiento

y vuelve su rostro hacia allá,

donde sus ojos verdes saben que está el porvenir.

 

 

Mujer sin país

 

En el maldito espejo está mi doble tristeza.

 

Miro la lágrima que se detienen en la comisura de mis labios,

es la queja de un fuego lento.

También sufre el que se va, yo me fui.

 

Extranjera del mundo donde habito,

me quedé sin huellas, sin camino,

perdida entre las piedras que llevan hacia algún lado,

miré de nuevo en el reflejo de unos ojos sin rumbo.

 

Son la arena sin tiempo de una isla sin visitas,

vivo adentro de un sol que no se ha descubierto,

en el escollo del mar al que tanto le he llorado.

 

Soy una playa virgen sin nombre.

 

Y amo la lluvia porque sabe lo que siento,

porque la nube se derrama navegando dentro.

 

Tengo un último cerillo entre mis dedos,

mi mirada se desvía cuando tienen la luz entre sus manos,

pero esta oscuridad viene del norte,

más allá de los abismos turbulentos y asombrados.

 

Emerge del dolor del vacío profundo porque la soledad es viento en el fuego.

 

La pena es la tierra en mis ojos secos.

 

No puedo volver el tiempo, olvidar el desierto que soy,

corromperlo y regresar a la noche poblada de anhelos,

dejar de ser la profanada,

dejar de ser la mujer sin país que soy.

 

Soy ese verso que soñé en la madrugada del océano,

palabras que ya no recuerdo.

 

 

Mi casa

 

 

Abro la casa de mis ocho años con una llave sin dientes,

el eco ha hecho un señorío entre los espacios de techos y puertas

y soy la primera sombra que humedece la oscuridad suelta de las esquinas

 

Sopla un tiempo marchito y a voluntad quedo ciega

escucho una risa a tonos de caramelo

es una niña descubriendo un pequeño arcoíris

que se va espolvoreando sólo para ella.

 

Lo mira crecer con calma sentada

y piensa por cuál color caminar primero.

 

Corriendo

                        ube por el azulado camino

y sabe que encontrará  aviones de papel

                                                                                            para volar alto y lejos.

 

 

 

Carlos Ramírez Vuelvas (1981)

 

 

Brazo de sol

 

I

 

Escribo en nombre de esta ciudad

fundada en el quinto lustro del siglo mil quinientos

 

La mar del sur tiene un pergamino

para nombrar con sal las heridas de esta tierra

Un bosque de parotas en el norte

                                                                    para invocar la precisión del rayo

                                                                                                                                         Erupción del este

Un henchido corazón de árbol

                                                                   El valor del fuego en la boca

para que en mi pecho hierva

la duda incandescente

 

Venga a mí la dulzura vertical de la caña

Que cante en mí el oeste

y no sepa decir ni muerte ni mentira

 

En nombre de esta ciudad

a la que ahora injurian tus hijos

llamándola ramera enferma

Enciendo estas palabras y las clavo en el pecho de tu descendencia.

 

 

V

 

Cuando estoy frente al valle viendo pasar el tiempo en la cañada,

en mis adentros lloro como un niño

cuando a lo lejos

escucho a la tormenta cabalgar en la ciudad.

 

Digo con palabras quebradas,

con sonidos tan parecidos al silencio:

                                                                             Ya no estaré aquí?  Ya no veré todo esto?

 

Junto a los arboles veo pasar un momento de lo que fue la infancia,

y sobre mis hombros la bruma me acongoja como a la ciudad.

Debo que decir que no, que ya nada palparan mis manos.

Que tempestad entonces sobreviene, que premonición es todo esto que me duele.

Desde la altura del valle todo se disipa bajo un velo de sal brotando de mis ojos.

Contengo la respiración sólo para respirar dentro de mí.

 

Pero esta es mi casa. Este árbol. El rio rompiendo la tierra,

y la tierra y el sol y el viento alevoso de la lluvia

y el rayo y la cascada de los sueños sobre verde.

Como yo vendrán más hombres para nombrar el mundo,

como yo alguien más, parado en lo más alto del valle,

dirá con sus palabras las cosas más sencillas.

Otro como yo, que aún no ha nacido, ya está cantando.

 

 

X

 

Con un puño de sal

escribo tu nombre sobre la tierra

Para que la mano bienhechora del sol

lo vuelva agua que nunca ha de tocar

los labios del sediento.

 

 

 

Tabla rasa

 

Sobre esta mesa

                                    asentada en la ventana del horizonte

veo pasar el Tiempo detenerse

 

Saltan astillas del calor interno que el azogue olvido en la madera

 

Yo escribo sobre el tenue resplandor de mi mesa

Doy gracias al olvido que me cobija

y a lo que toco y a lo que siento y nada se

 

Ah la soledad del hombre como una constancia de la bruma

sobre los troncos de los arboles seculares

Todos los hombres que ahora dicen lo que escribo

con la certeza de tener en la boca una fogata

Ellos que también dejan en el horizonte una ventana al corazón

Escuchan claramente el leve crujido

de mi lápiz sobre la hoja

y la respiración de mi cuerpo sobre la mesa

 

Y las cosas sencillas que ahora podemos decir

y las ligeras brasas de nuestro aliento

encienden los pulmones de la noche

como un metal a punto de cambiar su apariencia

por la invocación del fuego

 

Ah los hombres que caminan en su corazón

como yo camino por la piel que he dejado a lo largo del día

Ellos saben a lo que me refiero cuando digo

que el dolor es una insinuación de la muerte

que el agua de la muerte está en todas partes

Aspira y respira la muerte en las cloacas

 

Todo se hace más grande sobre la mesa

Las manchas de humedad como dos rostros o palabras

que antes de mi fueron de otros hombres

 

Es tan sencillo todo esto

Tan claro y transparente

Sólo dejen que el fuego interno los consuma

Sólo dejen que los ilumine la vela del alma

Ignoren mis palabras trozos de madera

y láncenlas al fuego del que hablo

 

Vean como todo es claridad

Sientan como todo ya no arde

y hay un color de plata en lo que miran.

 

Ah que pequeños somos y que grandes

Allá a un lado de la ventana verán al sol

y todo flotara en sus cabezas

Cómo un sueño que les han contado

desde una mesa y una hoja blanca.

 

 

 

Josué Solís (1982)

 

 

99/100

 

Un día, no hace mucho tiempo, buscando la verdad cristalina de los ojos, cortejando el beso tibio en las sonrisas, incliné mi cuerpo sobre la gran marmita del verso. Soñaba con ditirambos de cien, y escribía poemas de noventa y nueve noventa. ¿Pero qué verso era mi verso, si ni puñal, ni puño y ni siquiera flor? Una lámpara sin aceite colgaba en mi habitación, la oscuridad se distendía sin miedo por los pasillos de mi casa hueca; pasaban horas así, hasta que una luz muy leve tocaba el vidrio opaco de mi única ventana para fingirme el día y obligarme a despertar; mares de cartón azur servían como escenografía exterior a mi comedia del verso; y yo me sentía el poeta más libre, cabalgando por las ganas de escribir a como diera lugar. Con las ideas llenas de humo, mutilaba sin piedad el cuerpo candoroso de mis palabras simples, y respiraba aire puro, y recitaba puro aire:

 

 

 

Un día,

no hace mucho tiempo,

buscando la verdad cristalina de los ojos,

cortejando el beso tibio en las sonrisas,

yo también incliné el cuerpo

sobre la gran marmita de los versos,

y -soñando con ditirambos de cien-

escribía poemas de noventa y nueve noventa.

 

 

 

*

Hoy los colores no tienen escala; el arcoíris es un solo golpe en mi sentido. Me domina el sueño, me arroba el pensamiento. Mis dedos son el silencio y mi palabra un parpadeo. Es la noche aquí, mientras allá es de día. Vivo en una tierra húmeda que celebra la fértil llegada de la primavera, pero el terror hace rondas de patrulla alrededor de mis sueños; el frío acaricia mis plantas y no puedo despertar. Era una vez un diente de león oscuro que nunca fue tocado por el viento.

 

 

 

*

Por la noche se levanta un rumor en la tierra. Un murmullo contenido trepa hasta las copas de los árboles. Viene para el norte, sobre una ruta perfecta. Pasos tras las sombras atraviesan los umbrales en su plena oscuridad. Nadie duerme; abiertos como la ventana, los ojos buscan el foco de las estrellas desde la almohada. Ningún animal levanta la garganta, ningún bicho se mueve bajo la hierba. El rumor proviene de la misma noche; son las sombras que caminan. Sombras, sombras, sombras, sombras, sombras sobre las sombras. Hay quienes han escuchado la guadaña de la muerte entre las matas, chasquidos como de rifle por el río, aullidos de coyotes donde nunca los ha habido. Nadie ha visto nada; entre cortinas de las ventanas cerradas, los pasos se van de largo, buscando los rincones oscuros del olvido. Pronto llegará la luz.

 

 

 

Yuliana Valle (1983)

 

 

Amores imposiblles

 

 

   II
 
 
 

 

    No lo sabrás
    Te deseo
    como a serpiente del paraíso
    Quiero cazarte en el vuelo
    Quiero que al volar nuevamente
    con tu cuerpo enjuto
    antes planeado por mí
    me pienses

    

    III
 
 
 

 

    He navegado en islas extrañas para sentir que vives
    he poblado lugares consumidos por un volcán
    he vuelto verde lo seco sólo para enamorarte
    muté 
    soy especie nueva para alcanzarte
    y sin saberlo pasas de largo
    

    

    VII
 
 
 

 

    Los duendes se habían ido
    no los recordaba
    el amor era un halo lejano
    pero hoy quiero besarte
    tengo hombre y sed de hombre
    quiero besarte como la luna quiere a la tierra
    imposible
    quiero ser cursi y tierna como la arena bajo tus plantas
    como las olas que arrastran basura a las playas
    quiero amarte en verano aun si te vas
    hay tantas cosas que quiero
    quiero que toques mi mano sudorosa
    que me abraces con brasas y vino
    te quiero detrás de la puerta
    y espero que me quiera

 

 

 

Gabriel Govea (1983)

 

St. Clair West Avenue

 

Aquí donde el vacío rebota con mi nombre

entre signos de admiración

tan definitivos como postes de luz,

en este nuevo imperio de la Gran Urbe

donde el ídolo metálico

también me señala con todos sus dedos de concreto

y me condena como a uno más

entre esta masa anónima y permanentemente muda,

yendo en procesión al último grito de la moda,

haciendo sonar unos cuantos centavos en la bolsa

para sentir como que otro le habla.

 

 

 

Escupitajo al Sena

 

Ya me cansé de ver que no figuro entre tus líquidos

-porque ya no tengo en las manos

otras aguas para darte nombre-, entre tus líquidos

no va esta voz de antaño que se inclina a ti,

piadosamente, lanzando una segunda bendición,

pues la primera la he de reservar

para los verdaderos cauces.

 

 

 

*

 

Empiezo,

y cada vez como empezar a lo mismo,

a no hacer nada y repetirme.

Afuera sólo hay piedras

(acaso también sombras hambrientas)

y pensar en ti es caer en mí.

¿Quién eres tú,

Narciso en mis espejos carnívoros,

que no acabas nunca de abarcarte

y mi luz te parece insuficiente?

Tu estancia en mi alcoba

ya es un muro fino de hielo y vidrio

que impide a mis ojos mirar hacia afuera,

porque ahí ya no queda nadie,

pero tú tampoco hablas,

y yo soy apenas una estatua enterrada

/en el corazón del Ártico.

 

 

 

 

Hay una flor vacía en medio del camino

vacía de ojos que la vean

vacía de hombres que la corten

y mujeres que le den agua

vacía de Dios

hasta de sí misma vacía.

 

 

 

 

Krishna naranjo (1984)

 

 

Los amigos

 

He tenido la voz ancha como un pozo húmedo

para gritar auxilio, para gritar mi nombre

y sólo mis letras sobrevuelan las geometrías

cuando los amigos me reciben.

Son moradas los doce meses, doce puertas,

arcángeles y demonios distintos.

La carcajada es dolorosa

porque el dolor nos ha cobijado desde el hígado.

Como el que pasea en bicicleta por la carretera de esperanzas,

cuando los días no recuperan el rostro de su madre

y el cielo es un metal que estorba en las espaldas.

Como aquél que observa los sinsentidos de los días

convirtiéndolos en barco de papel, en obra de arte

mientras ella recupera su nombre,

con espejismos sobre el asfalto,

 al final compone una canción con los frutos de la vida.

Voces hondas, rumores con salitre milenario

por eso jugamos con el destino y nos besamos,

el roce significa transparencia

y los he visto sin camisas, sin vestidos

con la desnudez de quien toca la armónica

y ofrenda versos.

Pronuncio esa desnudez

sus danzas en  el relieve emocional de la tierra.

Probamos mundo a todas horas

y aliviamos la tempestad cardiaca

cuando aquí emergen mundos terroríficos

 cuando deseo amar con la palabra

y mi palabra o la palabra de nadie

 o la palabra del mundo llega a ser voluta,

pájaro profético en el corazón de los amigos.

A todas horas nos vamos,

no sin antes compartir el temblor del mar adentro.

Adentro no resisto al tiempo, a la ausencia

 entonces toco puerta

y hay un árbol fuerte, desprendido,

engendrándose como yo en este sitio,

entre la tierra y el cielo.

No sé sabe con exactitud a dónde vamos

 pero tatuamos la tersa piel de las semillas, de los frutos,

para escribir los manuscritos

y ser amigos nada más.

 

 

 

Siento un golpe profundo cuando despierto

 

En mis sueños se ensanchaba el mar oscuro

mostrándome la mierda de estos tiempos

eclipsando mi deseo más humano

por tu sublime transparencia,

por tu vocación de marfil y de ángel endemoniado.

 

Pude despertar sintiéndome vacía,

flotando como pajarraco en aire gris

sin atreverme a llamar al corazón de tu inocencia.

 

Hoy estás,

mi presentimiento llama a tu puerta para refugiarnos,

hombres líticos que saben de la rabia de sus dioses.

 

Te soñaba en una lucha mortal,

era la oportunidad de sembrarme en ti

durante el canto de las aves que resuenan vida.

 

Podía también desterrarme,

pero sé que hay sendero por recorrer

para no aprisionarnos alejados de nosotros,

en esta tramposa visión de los colores del mundo.

 

Cuando eras blanco de la furia femenina

despertaba con tambores fuertísimos sobre el pecho.

 Mi vientre me dolía

mis piernas se inflamaban de amar duramente.

 

Los frutos se secaron,

negaron su alimento como el néctar de tu voz

que trae la sabiduría a mi ciudad perdida.

Y si te vas, me voy, no sin ti.

Puedo seguir tu sombra,

Si te vas, montaré un caballo invisible,

entre la negrura y el miedo del territorio vacío,

alejada unos pasos 

que van a miles de kilómetros de mí.

 

Pero te pido me despiertes cuando el sueño

me apriete el cuello

y te reduzca a un fantasma inasible

un reflejo angustiante de mi misma,

lejanísimo como la penumbra

que existe pero que es intocable.

He creído que en el sueño tenemos que resolvernos,

decidir de qué somos, si de mar o de fuego

porque cruzamos umbrales

 en la cotidianidad de los días más salvajes

y andamos sensibles con la flor en las espaldas,

lastimándose por los rayos

de inmensa realidad de fuego.

 

Soñar que te pierdo de vista

me arroja a una vastedad insoportable

donde extravío toda huella humana,

pero soy feliz cuando siento la almohada

porque me hace tangible y al despertar te veo,

en la travesía de llegar a casa,

en este lecho

y en este cuerpo que tiene proporciones

tan reales como las del sueño.

 

 

 

Indira Isel Torres (1984)

 

Herida

 

Vengo  a guardarme contigo

como quien saca las manos

No tengo más que abrir los ojos,

tú y yo  no somos bandeja completa,

pero sí banquete intacto.

No sé de qué manera estás hecho,

si lo supiera,

no sé de qué manera me enredo;

pero mira, conozco algo  de flores, de bugambilias

de ciertos colores con que pintan esta balada,

conozco en mi ignorancia,

y me estremezco en tu arrojo;

Esta es una  andanza de deslumbres,

yo me deslumbro en tu paso,

como si fuera un dibujante,

un barco que habla de océanos;

como si el camino fuera de agua,

voy  acercarme a tu oído,

a ser papel  en mariposa,

Camino para que tú me veas,

para que tú te des cuenta,

que esta historia podría ser unión:

sin astilla

sin centella

con herida.

 

 

 

El globo rojo y el barco amarillo

 

De cuántos pensamientos estamos hablando

/a los veintiséis maravillosos años

estampados en el asfalto

 en cada temporada calurosa

-Seguir el camino de la sabiduría-

-Escuchar la enseñanza de la verdad-

El calor, mi  bestia insoportable

/me abraza en la colonia Juan José Ríos

en la calle mirlos número veintitrés

Este quehacer corrosivo subraya lugares exactos.

Me pregunto si hoy seguiré escribiendo instrucciones

me pregunto si debo anotarlo en la libreta

-Alguien me dice-

-No hagas caso de tus apuntes, no los releas-

lo que se te quedó en la cabeza, se te quedó,

verás cómo es lo único certero.

Tengo sueño en este sol

este  13 de abril.

Ayer mi  padre me desveló,

 se enfermó en la madrugada,

no quise acompañarlo al hospital;

estoy cansada de su próstata

de su sonda y de los dos mil pesos que paga por que lo revisen.

Él está cansado de mí

¿De qué?

de confiar en algunas  aventuras  tempestivas.

Dijo que debería marcharme,

así,

por la buena,

que me buscara un globo rojo

que me subiera a un barco amarillo

que confiara en mí

¿Confiar en mí?

Sí, tú  puedes nadar en el agua  y en el aire,

tú puedes descansar en lo  negro y en lo brumoso

-Hija, súbete a todos los cielos que puedas

antes de que el vacío  te ahogue,

antes de que te maten los hambrientos.

 

 

 

Oscar Robles (1985)

 

 

Soy ciudadano de mi cuerpo

                                    de la sombra y del aliento

Soy ciudad:

                   luz

                          gota

                                   lago frente al sol

Soy cuerpo:

                   árbol que crece en los caminos de la sangre

 

Soy sueño:

alero:

cuerpo de memoria

                                   que edifica

                                                           palabra por palabra

el imperio del silencio…

 

Mis ojos han viajado:

                                  son palabras al altar del cuerpo

                                                                                      ala soy

                                                                                               y labios solos

                                   (como sombreros del viento)

solo sol

            lo solos

                        labios que platican

frente al círculo de luz

 

           ente lento

           lento ente

                             entre lenta luna

                                                         entre lenta luz

 

                                                el ente lento

                                                el lente lento

                                                                          que es mi ojo

y su mano líquida

                              levanta una ciudad de reflejos

                                                                               lentos como la acústica de su brillo:

 

Litros de palabras en el viento…

 

 

 

*

Hoy es un día rojo,

mi corazón

libera su tinta

 

y el tiempo lo exprime

sin remedio… hasta

mi vaso de cristal

 

tiene venas:

encima de la mesa

es roja su sombra

 

 

*

Entró al kentucky

y pidió unas tiras

bañadas de una salsa

 

tan rosa como sus

ojos. comía silencio

más que pollo

 

y miraba de cuando

en cuando el trasero

de la cajera.

 

al salir a la calle

abrió sus alas y se

fue volando

 

 

Sin título

 

El crujido de un relámpago y una tolvanera que podaban la atmósfera me obligaron a salir: Dios había chocado y todavía su carruaje de palomas lloraba de la risa.

 

 

*

Después de un día ácido, donde el cielo en lugar de portar pájaros transpira miasmas, y la risita de Dios no se rubrica en la consciencia; llego a verme al espejo: y en el lugar donde estilaban mis ojos sólo hay dos nervios despeinados.

 

 

*

El catedrático estaba medio sentado sobre el escritorio, con un pie tocaba el suelo. El ojo del ventilador de techo casi veía el centro de su cabeza calva y sudorosa. Uno de los alumnos ofreció iniciar el artefacto. El impulso eléctrico estalló en inercia eterna: cayó un relámpago y un nuevo manco cuenta su historia en un prostíbulo.

 

 

 

Miguel León Govea. (1985)

 

El jaguar

 

El jaguar duerme. Sus ojos pueden ser la montaña; las palabras, su respiración. Él mismo es su sombra, y él mismo no sabe de su existencia.

Dicen que a quien escucha su rugido se le paraliza el corazón: El jaguar es el perfecto cazador de instantes.

Poseedor de una luz imposible, encuentra su reflejo en el alma de mujeres y hombres, y no huye, pero los deja ir sin que lo sepan.

Miro al jaguar esta tarde y no le temo.

Escucho su rugido y no invade mi silencio.

Es de barro,

está sobre mi mesa.

 

 

 

Todo acá es lluvia

e inicio de soles

que se consumen 

en el intento.

 

Todo es agua

y ríos que nacen

sobre la corriente

-a contracorriente-

 

pan mojado

las goteras

             sus grietas

por donde la lluvia

entra en busca de una casa.

 

Es la luz la que hace

la claridad del agua

y aquí está claro

que no vendrá el día

a secar los sillones

                la cocina

a mi cuerpo

 

Sólo acá es lluvia

y la alegría

y la tristeza

                  En la calle

el cielo está en escombros.  

 

 

 

Para los que buscan a un tal Pedro Páramo

 

A mi amigo Álvaro Arribas Miguélez

I

 

Pedro.

Mira tus calles

Miel de sol derramada

Mira el tizne en parvadas que avecina el cerro.

 

Mujer de luna media, tus días son.

 

Y no te das cuenta, Pedro              no te acuerdas, páramo

no te alcanza

Si tu piel es igual a tu tierra:

                        Todos cruzamos los brazos el día de nuestro entierro.

 

 

II

 

Dos  cuatro     tres…                  …y el más lejano.

Cada sendero un paso

y cada paso certero entierro..

Vine a Comala incierto,

      

vine y no me dijeron.

 

El miedo anduvo en burro.

Llegó a este pueblo.

III

 

(Habla el padre Rentería en Comala)

 

Cristo:

Con tus brazos abiertos

¿Qué nos obliga a cruzar los nuestros?

 

 

 

Claudia Olmos. (1987)

 

*

Dentro de mí

vibra tu voz

tu grito tempestuoso

tu canto armonioso y suave

abundante mar

loco debatiente, guerrero

 

Yo soy caracol

con tu voz,

       tu grito

       tu canto

en mi húmeda guarida

en mi casa corazón.

 

Llévame contigo

como a la arena, debajo de ti y revolcada

o como al aire que te acaricia,

        te sacude y

        te despeina.

 

 

**                                                                                                                                         

 

Hay una carretera

entre tú y yo

 

Un camino con curvas

bordeando los cerros

que nos separan

 

En el punto medio del camino

nos separa una laguna espejo

de los cerros que la encierran

 

Soñé con la laguna

 

En ella estaban tus ojos

y quise tanto estar contigo

que cerré mis ojos

y dentro del sueño

soñé que te abrazaba

y no había laguna

cerros o carretera

entre tú y yo. 

 

 

Datos vitales

Nadia Contreras. (1976. Quesería, Colima). Poeta y ensayista. Entre sus libros están Figuraciones, (Editorial Paraíso Perdido, 2005)  Cuando el cielo se derrumbe (Tucán de Virginia, 2007); Presencias (Mantis editores, 2008), El pulso de la Memoria (Universidad de Colima, 2009), entre otros libros. Ha sido antologada en Árbol de Variada luz, antología de poesía mexicana actual. 1992 -2002. (Universidad de Colima, 2003). Recibió mención honorifica en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2010. Obtuvo el Premio Estatal de la juventud, Colima 2002). Es catedrática de la Universidad de la Laguna en Torreón.

Cristóbal Barreto. (1980. Villa de Álvarez, Colima). Artísta multidisciplinario. Ha publicado (Poesía) Los Síntomas del Desconocimiento (Colección Exordium, Universidad de Colima, 2007); Manifiesto Mandrilista. (Colección Charangay, SCC, 2011). Ha sido antologado en Teatro de la Gruta VII (Tierra Adentro, 2007).

Jetzabeth Fonseca. (1980. Zacatecas, Zacatecas). Ha publicado con anterioridad en Navegaciones Zur, Mujer Colima, entre otras. Primer lugar del Certamen de Poesía Manzanillo 2008. Ha sido incluida en la compilación “Manual para escapistas”. Participó también en el Festival de Poesía  en Manzanillo en el 2008 y 2010 y, asimismo, en el Encuentro de Jóvenes Escritores Tlaxcala 2011.  Letras índigo (Instituto de Cultura de Manzanillo, 2009) es su primer libro.

Carlos Ramírez Vuelvas. (1981. Colima, Colima). Egresado de la licenciatura en Letras y Periodismo de la Universidad de Colima y la maestría en Letras Mexicanas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha publicado el cuaderno de poesía Calíope (SCC, 2001) y los libros Brazo de sol (SCC, 2002), Cuadernos de la lengua y el viento (en coautoría con Avelino Gómez Guzmán) (2007) y El poeta ebrio y otras tormentas de verano (2007). En el 2002 recibió el Premio Estatal de Poesía y  mención honorífica del 35 Concurso Nacional de Poesía Punto de Partida (2003). Además ha sido distinguido con el Premio Estatal de la Juventud 2003 y la beca del FECA (1999-2000). Algunos de sus poemas se incluyen en las antologías: Un orbe más ancho (UNAM, 2005) y La luz que va dando nombre (SCP, 2007). Recientemente obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Caja de Madrid (2011, España) Con el libro Mexican Drugs. Variables latinoamericanas sobre el sistema del narcotráfico de próxima publicación en Lengua de Trapo.

Josué Solís (1982. Colima, Colima.). Ha publicado en el Diario de Colima, Milenio Colima). Ha sido antologado en Muertos en espera y otros cuentos (Ucol, Colima, 2006), En El fin de las palabras y otros cuentos (Funcas, Madrid, 2009). Es autor de la plaquette Parte uno de mil (Colección Ouroboros, Ucol, Colima, 2009).

Yuliana Valle (1983. Colima, Colima.). Es licenciado en Letras y Periodismo por la Universidad de Colima. Ha participado en congresos nacionales e internaciones. Ha publicado en revistas como Tragaluz, Reverso y Ágora. Ha sido antologada en el Anuario de poesía Mexicana (FCE, 2004), Los mejores poemas mexicanos, (Joaquin Mortíz, 2005). Es autora de la plaquette De Rosa y gris (SCC, 2005). Obtuvo el Premio Estatal de la Juventud en el área de literatura en el 2004.

Gabriel  Govea (1983. Guadalajara, Jalisco). Es licenciado en Letras y Periodismo por la Universidad de Colima, donde ha impartido clases de Español a extranjeros y coordinado el suplemento literario “Destellos”, del periódico El Comentario. Ensayos y poemas de su autoría han aparecido en los periódicos Diario de Colima, Ecos de la Costa, y El Comentario y GénEros. Ha publicado el cuaderno Breviario de mar (Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima, 2008) y Al reverso del Fuego (SCC, 2011). En 2005 cursó estudios de periodismo en Humber College, Toronto, Canadá. En 2009 fue Becario por la Fundación Carolina para cursar el posgrado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Cádiz, España. Ha participado en congresos de crítica literaria y festivales literarios en Morelia, Playa del Carmen, Yucatán, Colima, Manzanillo y Tepic (México); así como en Tres Ríos (Québec, Canadá) y Rosario (Argentina).

Krishna Naranjo Zavala (1984. Colima, Colima.). Egresada de la licenciatura en Letras y Periodismo y de la Maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Colima. Autora de los poemarios Para morir en rojo (Colección Exordium, Universidad de Colima) y Letanías Mestizas (Secretaría de Cultura de Colima). Ha participado en festivales nacionales e internacionales de poesía. Actualmente ejerce la docencia y desarrolla proyectos encaminados hacia el fomento de la lectura y la literatura infantil. En la investigación, se interesa por la poesía indígena contemporánea.

Indira Isel Torres (1984. Colima, Colima.). Egresada de la Licenciatura en Letras y Periodismo. Ha publicado en diarios locales. Ha sido antologada en Los trabajos del Mar (SCC, 2010). Ha publicado De la fractura la festín (Colección Exordium, Universidad de Colima, 2009)

Oscar Robles (1985. Colima, Colima,). Egresó de la Licenciatura en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Colima. Ha participado en el taller de Efrén Rodríguez Tablero, en el Taller de poesía impartido por Víctor Cárdenas. Ha publicado poesía en Zafra y Andante, y desde el 2006 ha publicado poesía y artículos en los suplementos Destellos y Altamar. Es parte de la antología local de poesía titulada Los trabajos del mar (SCC, 2010). Participó en la 24 edición del Festival de Poesía, en Trois-rivières, Canadá. Su primer cuaderno de poesía se titula Caleidoscopios.

Miguel Ángel León Govea  (1985. Colima, Colima). Estudia la maestría en Literatura Hispanoamericana. Ha publicado A dios se le hizo tarde (Universidad de Colima, 2009) y Verbi Gratia (SCC, 2011). Participó en la XXV edición del Festival Internacional de la Poesía, en Tres Ríos, Quebec, Canadá, en el Festival de poesía joven Colima 2008; en la presentación de poesía escénica Alumbrado público: doce poetas en escena, presentado en el Teatro Hidalgo de la ciudad de Colima. Fue integrante del curso intensivo de metáfora, organizado por la poeta Dora Moro. Ha participado y organizado diversas lecturas de poemas.

Claudia Olmos (1987. Colima, Colima). Ha participado en  publicaciones como la Red Músical de México y Altamar. Antologada en Los trabajos de mar  (SCC,2010).