JUAN CARLOS GARAY

En el marco del dossier “Nueva narrativa colombiana”, presentamos un fragmento de “La canción de la luna” de Juan Carlos Garay (1974). Es miembro del consejo editorial de la revista Rolling Stone. Ha publicado las novelas La nostalgia del melómano y La nostalgia de la luna.

 

 

 

Fragmento de La canción de la luna
 
 

Una tarde, Leopoldo experimentó tensiones feroces sobre su espalda, desde la nuca hasta los riñones. A la hora de hacer el kin hin lo atacó un calambre en la entrepierna que casi no lo deja levantarse. Se sentía como un lisiado de guerra. Pero luego, al volver a sentarse, la voz del maestro fue tan certera que alcanzó dulcemente su espíritu y aligeró el peso de su cuerpo. Sus palabras fueron éstas:

 

–Recuerden que a la hora de meditar los ojos no están cerrados ni abiertos. Están relajados, no enfocan nada, y los párpados descienden naturalmente hasta la mitad. Esto es muy importante pero muchos no saben por qué. Algunos dirán que es para no mirar el mundo externo, otros que es para no mirar el mundo interno. No se trata de lo uno ni de lo otro. Hay que soltar toda intención. Hay que soltar los conceptos de adentro y afuera. Entonces aparece el mundo tal cual es. La naturaleza que nos rodea y la naturaleza de nuestro ser son lo mismo. Siempre lo han sido. El maestro Ikkyu Sojun dijo alguna vez estas palabras: “Antes de aprender la doctrina y los sutras, el monje debe saber leer las cartas de amor que escribe el viento”.

 

Desde ese día, Leopoldo concentró su atención en las múltiples sensaciones que le llegaban del aire. Los primeros días sintió en su rostro las borrascas que agitan el mar, rompen contra la roca y aún tienen energía para subir la pendiente desde el oeste, filtrarse entre los árboles gigantes y terminar su soplo en el jardín del monasterio. Pero luego, casi pasada una semana, empezó a notar que cuando el ventarrón del oeste amainaba, llegaba suavecita una brisa del sur haciéndole cosquillas en la oreja. Esa brisa no tenía el empuje fiero de las tormentas, pero sin duda era más persistente: parecía venir de muy lejos, bordeando el litoral, repartiendo sus bienaventuranzas sin prisa. La madrugada en que escapó del monasterio había compuesto en su cabeza, con ayuda de ese viento, un estribillo enigmático que danzaba a la perfección sobre la armonía del tema grabado por Jimmy Rushing:

 

Hay un niño que me llama

en el desierto de Atacama 

 

 

 

Datos vitales

Juan Carlos Garay (1974). En principio quiso ser intérprete de la guitarra eléctrica, pero luego de aprender varios acordes y tomar un par de clases de solfeo, desistió misteriosamente. A cambio se decidió por las letras. Estudió periodismo en la Universidad Javeriana de Bogotá, después cursó estudios de posgrado en periodismo cultural en American University de Washington. Durante ese tiempo trabajo como corresponsal del Magazín Dominical de El Espectador y fue traductor y realizador de espacios musicales para “Voz de América”. Desde comienzo de los noventa desarrolla una labor musical en  la radio bogotana. Se encarga de la sección de música de la revista Semana, es colaborador de la revista El malpensante y miembro del consejo editorial de la revista Rolling Stone. Ha publicado las novelas La nostalgia del melómano y La nostalgia de la luna