Pintura- Luis Barreto

El poeta Iván Cruz (Ciudad de México, 1980) nos presenta una muy valiosa selección de poetas venezolanos de las últimas promociones, la poesía que se ha escrito durante el gobierno de Hugo Chávez. Asimismo nos ofrece una nota introductoria para acercarnos a esta importante tradición lírica.

 

 

Yo venía envuelto con el manto de iris, desde donde paga su tributo

el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas

fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del universo.

 

Simón Bolívar, Mi delirio sobre el Chimborazo.

 

 

Dibujar un panorama de la poesía venezolana reciente es ya indisoluble de la coyuntura política que guarda el país. A partir de 1999 con la llegada de Hugo Chávez al poder, en las elecciones electorales de 1998, comenzó un proceso en la República Bolivariana de Venezuela donde convergen la política social y una revisada ideología bolivariana (inspirada en la vida y obra del libertador Simón Bolívar) interpretada de forma general en términos de republicanismo, humanismo y unidad latinoamericana, nutrida a partir de autores clásicos del pensamiento latinoamericano como Simón Rodríguez, Andrés Bello, José Vasconcelos, José Enrique Rodó, José Martí, José Carlos Mariátegui. Todo esto dentro del llamado Socialismo del siglo XXI, a partir de las ideas Heinz Dieterich plasmadas en su obra Socialismo del Siglo XXI. Hugo Chávez ha manifestado que se trata de un socialismo en construcción, aunque hay pautas como desarrollo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y las organizaciones de base, las cuales contienen una fuerte influencia marxista. Con este proceso se agudiza la polarización social en Venezuela, entre la clase alta y media contra las clases pobre y media baja, cabe resaltar que el apoyo hacia este proceso ha sido mayoritario pese a la oposición de la iglesia, y los medios de comunicación. 

            Bajo este contexto empieza a escribir esta nueva generación de poetas venezolanos, quienes, mucho o poco, incorporan el contexto social y político a su obra poética. Este proceso revolucionario ha producido decenas de obras literarias, que aún no podrían clasificarse con alguna etiqueta o dentro de una generación, como en Cuba, que gracias al triunfo de la revolución, se tuvo a la generación poética de los 50 ó como en México, donde surge la Novela de la Revolución. Pero es indudable que a la brevedad podrá surgir algún título para esta nueva generación de autores. Hay que apuntar que varios de estos autores participan dentro de las distintas misiones sociales y editoriales emprendidas por el gobierno bolivariano como la misión Robinson de alfabetización y la editorial El Perro y la Rana; lo cual nos indica la activa participación de los escritores con la sociedad. La presente muestra intenta dar un panorama de la poesía venezolana reciente, la cual a grandes rasgos se encuentra en la práctica de una poesía conversacional, donde el poema breve y el poema de largo aliento buscan exponer las vivencias de los autores. Una poesía vivencial, que si bien denota ecos de poetas latinoamericanos como Pablo Neruda, César Vallejo, Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Fayad Jamís, Roberto Fernández Retamar; también tiene bien enraizada a su propia tradición: la voz simbolista de José Antonio Ramos Sucre (1890-1930), las voces intimistas de Andrés Eloy Blanco (1897-1955) y Vicente Gerbasi (1913-1992), la actitud crítica y vanguardista del movimiento El Techo de la Ballena, y la posición contestataria de Rafael Cadenas (1930) y Víctor Valera Mora (1935-1984).

            Los autores que aquí se presentan fueron seleccionados tras una estadía en Venezuela, la cual me llevo a la lectura de decenas de poemarios, además del contacto directo con autores y críticos. Así que esta muestra se trata de una lectura personal de la poesía venezolana reciente. Confío en que las voces presentadas dialogan perfectamente con el resto de las voces de los países latinoamericanos. La particularidad de estas voces en el contexto de Nuestra América radica en que hay voces llenas de fervor y autocrítica, una combinación que es difícil de observar. No tengo duda en que estos autores representan con dignidad su tradición y sus vivencias.

 

Iván Cruz Osorio       

 

 

 

Julio César Borromé (Valera, Trujillo, 1972)

 

A relámpago puro

 

Vivo en una parte del mundo

donde algo indestructible

aviva en los habitantes otros sueños

luz aire y golpes del corazón.

 

Quien sube al lomo del caballo

asalta temprano y prende fuego al silencio.

Quien sube a las comarcas

baja pájaro sabio y mediodía.

Quien alza la mano

pone un ladrillo de esperanza.

Quien junta colibríes

llena de victorias el aire.

 

Hacemos un país de urgencias

cada hombre va lejos

a escarbar la patria

como si ella quisiera hablarle de lo que nunca hollado.

 

Todo el que regresa

arde en su interior.

Los ojos han visto yéndose

en lo que aún no termina de abrazar.

 

Hay que asestarle una cuchillada a la historia

que sangre la mal contada

que se extienda la caída de los farsantes

que huyan a sus guaridas de cagatintas por encargo.

 

La aurora va creciendo por donde quiera

no hay tiempo para encogerse de hombros.

Ahora la calle

la construcción de la escuela

los libros en la plaza

la historia descampada

el camino andando a relámpago puro.

 

 

 

 Norys Saavedra (Barquisimeto, Lara, 1972) 

 

Rezo

 

Que me voy

y no dices más hija

amatista de aires

Quédome

en nidos lejanos

con este sopor

de los palomos

Sin calentarme los pezones fríos

desde el toque de cuernos

de esa muerte sin día

en madrugada

 

En duermevela

aprendí a caminar de revés

altos pasos de un cactus suave

brasa de leña verde

inundación de la quebrada

 

Marrón iguana en combate

Y el murciélago anda de cabeza por mi rastro

                         en las puertas

No voy a delatarlo

no diré más el encanto

 

Sólo me siente de nieblas

de lobos sin voz

 

Resguárdame en tu regazo

imposible

 

escóndete en el cerro

                      en la mata de algarrobo

no quieras jugar con serpientes

 

dale a la comadrona que te trajo

                     el santo y seña

que voló escondido entre mis senos

 

Y te guardo el corazón entre mis tetas

 

Para que no se quiebre

 

 

 

Alejandro Silva (Caracas, 1972)

 

Vengo de la república de los ciegos

donde Mickey y Santa Claus ahuecan el ala

y se salvan mintiendo

y el Marine color de tierra

arrasa memorias

con la lejana tecnología del llanto

detractor miserable de su origen.

Vengo de la tierra maravillosa de la farsa

donde las guerras imperiales eran para otras lenguas

otros acentos

y el malo se inclinaba ante dioses extraños

y el buen hombre caucásico resiste la tortura

gracias al Cristo blanco y supremo

que le cuelga del pecho

De donde vengo

el silencio es la continuidad del grito sanguinolento

de los niños que la fashion olvidó

porque les ofende la ropa de cuero humano

De la tierra de donde vengo

entre hamburguesas y carros Ford

se mataba alegremente al hambre

¡y viva el llanero solitario!

y el Tom y el Coyote

eternamente jodidos por sus presas

vida al revés

Tierra rara de la que provengo

esa en la que el aliento

estaba perdido en un cajón sofocante

con razones de Walt Disney

y musiquita MTV

y premios Oscar de la academia idiota de otros

ciegos más siniestros

Pero hoy

en esta tierra que es la misma

pero al revés de aquella

vi la catarata de luz

que me enseñó que cada lengua

cada acento

cada niño que llora ante el estruendo que lo ausenta

cada dios que no se crucifica

en las mejillas inconsolables

de madres sin hijos

pero con hermosas banderas

y donde cada dios es mío porque es tuyo

y la tecnología es pa´ sembrar de pan

la danza de los chamos que se acostaron sin rezar

y partieron el vidrio de la casa

de quién sabe qué dios

todo esto es fibra de mi angustia

Aquí en esta mi tierra nueva y vieja

todo me pertenece y soy yo mismo

como el ardor de seguir vivo

mirando a mi hijo correr libre de explosiones

por los campos de mis ojos
 

 

 

 Ramón Alirio Contreras (Caracas, 1974)

 

Calle 11

a la memoria de Salvador Allende

 

hay una calle que no me atreví nunca a transitar

tenía esquinas invisibles

perros salvajes que saltaban de la nada

mis hermanos se armaban de palos y piedras

pero al menor ladrido todo se estrellaba contra el piso

los corazones latían a mil

y la respiración devenía crisis de asma

esa calle muerde la memoria

se instala con sus dientes como perro a las piernas frágiles de un niño

tiene un nombre extraño

que muchos se empeñan en ver de otro modo

es una fecha de septiembre

de un año anterior al mío

en ella todavía suena un silbido

que rompe el aire

una sombra la cubre siempre

la hace venir a menos

todos callan cuando la cruzan

y cambian la mirada

en esa calle van y vienen

los nombres

            los disparos

                        los golpes

las rejas de las casas

que no volvieron a abrirse

en esa calle habitan

sueños rotos y pesadillas

la inocencia de un hombre

que quiso creer que se podía

por ella desfilan las manos vacías

van y vienen los afiches amordazados

con rostros que se fueron

con nombres que ya nadie puede pronunciar

pero que están escritos en las paredes de la calle

            para siempre en el silencio

                        en la memoria.

 

 

 

Francisco Ardiles (Valencia, Carabobo, 1974)

 

Corre la cortina

y siéntate a esperar

como una viuda

para que veas

cómo llega la gente

a empolvarte el suelo

con sus desgranadas

palabras gratificantes

del que se sabe salvado del entierro

Asume tu duelo con ascetismo

y recibe esos saludables apretones

con resignación

para que los días

dejen de azotarte con sus desvelos

No te queda más que dar

algún pormenor

una media sonrisa

o en su defecto la mano

no te queda más que esperar

el silencio.

 

 

 

 Kattia Piñango (Caracas, 1975) 

 

Al fin la lluvia dejó su parranda

                                   interminable

secándose sobre los techos de zinc

 

En aquella parte de la ciudad

hay un hombre que avisa

que ya las bombonas de gas llegaron

los perros lanzan ladridos para combatir el fastidio

la gente baja el cerro,

algunas mujeres terminan de lavar y de tender la ropa

―como siempre, día agitado para ellas―

los niños aún en la escuela se despiertan a otras inquietudes

los que trabajan procuran desterrar el doceavo bostezo del día.

 

Y no hay desolación.

 

En esta parte de la ciudad,

los techos de zinc suenan con las gotas de la lluvia,

las niñas se divierten soñando a ser grandes

los niños juegan hasta despuntar la noche

 

También, en esa misma ciudad,

hay gente que bebe en algún bar trasnochado

Algunos deambulan por las tiendas observando vitrinas de plástico

A otros el repicar de su celular los envuelve

la corneta del carro, modelo reciente, encalla su ego

enfilando su alma hacia lo que no conocen

empujando su desidia con propagandas de televisión

 

Una radio también busca su lugar en el día,

y en la mitad del corneteo, empuña su navaja al oído de los pasajeros

En otra parte del mundo,

lejos de esa ciudad,

los techos estallan con bombas

las niñas desparecen de sus sueños

los niños se rompen como juguetes

los radios son pájaros de mal agüero

las cornetas son alarmas de ataques

 

No hay tiempo para enfilar el alma a ningún lado

No hay tiempo para pensar en la desidia

Apenas se alcanza ―con suerte― empuñarse a la muerte

 

Allí, una vasta desolación resplandece

La metralleta muestra sus dientes

asfixiando el canto de los gallos.  
 

 

 

 

Freddy Ñáñez (Petare, Miranda, 1976)

 

Ícaro

 

Hay un hombre cayendo

 

constantemente

 

en el ascenso del pájaro.

 

Es cierto

 

Hay,

            en el vuelo del pájaro,

 

                   en su aleteo infatigable,

 

un hombre

tocando

fondo

 

Pero nunca ocurre lo contrario

 

Cuando el pájaro

expande

en

ausencia

 

Y

como

puño

cerrado

encuentra

el

polvo

 

se detiene de golpe

                   para siempre

en su sombra

 

             Nadie sube

                              Nadie cae

                otra vez

 

Todo se porta

         inmóvil

               Como

                la

 

                V

                E

                R

                T

                I

                C

                A

                L

                I

                D

                A

                D

               .

 

 

 

Dannybal Reyes (Araure, Portuguesa, 1976)

 

Rito 18

 

un niño monta un perro

una nevera hace de ataúd

arrastrándolo todo

            bajo el agua

 

a tres cuadras pasó esta mañana

se llevó al loco del pueblo

abrazando a la evangélica que tanto me gustaba

esta tarde pasó por aquí

llegó al segundo piso

tomó café

los canarios sonrientes

aferrados a una pequeña estampida religiosa

que no sirvió como tabla de salvación

 

ellos se fueron también

iba de prisa

cruzó mal en la esquina

se estrelló en la pared de enfrente

donde días antes se estrelló una moto

adormilado

casi ebrio

sembré un cactus en el balcón

hice cruces de sal

seguí durmiendo

porque yo espanto el agua

con cactus y cruces de sal

 

 

 

Inti Clark (Punto Fijo, Falcón, 1977)

 

Y volver, volver

 

Mi único tiempo es descubrir contigo

la alegría de goma que tienes agazapa

 

Todo tu llanto también es esta ciudad  

la calle tiene ese olor

ese sudor

inventado por la cama

 

Busco tu pelo

pero es la boca

la que se atraviesa en la soledad

como si fuera una bailarina

 

Me voy pronto y puedo ver

todo el mar arruinando mi tristeza,

cada quien busca el punto exacto

del país suyo, imbatible, eterno

entonces queda decirte

que soy tambor y Venezuela

caribeño y que cree en un proceso político

 

dentro, tengo otro pasaporte

y es el abrazo con toda su ebriedad

 

Tantas cosas

pero sólo las palabras

guardan el cofre sagrado

la otra música

 

Se van bajando los días

en el resto de la Internet

no ven cómo alumbro yo

relampagueando

desde el ombligo hasta la fiesta

gritando a los cuatro vientos que me moldeaste

 

 

 

 Carlos Duque (Caracas, 1977) 

 

Santo oficio

 

yo que me burlo de los templos

de los santuarios

con sus curas y monjas que huelen a polilla

yo que me persigno antes de entrar a los burdeles

y sólo ante las putas confieso mis crímenes

y convierto el vino en sangre

y leo el futuro en los muslos de aquellas dulces damas

que sueltan barbaridades de su boca

mordiendo las sábanas

 

escribo nuevos testamentos

reformulo los viejos

en canciones de misa

escribo mandamientos para las secretarias

que fornican en las oficinas

multiplico los pecados por todas las ciudades

y se vuelven capitales

abro círculos para que todos

quepan en este dulce infierno

 

si me crucifican

no me pongan entre ladrones

porque seguro no resucitaré

entre los muertos

me quedaré allá abajo sonámbulo

y en éxtasis

oliendo el perfume del entresuelo

 

 

 

Daniela Saidman (ciudad Guyana, Bolívar, 1977)

 

Ángeles despedidos

 

Andenes repletos de despedidas

manos augurando sueños

y una boca nombra los olvidos

 

maíz azúcar tabaco

trenes despoblados

mañanas tentadas de sudores

 

así siento-veo este siglo que se pierde

entre edificios desplomándose

entre niños que matan niños

y ángeles derroteros

convencidos de dios y wall street

 

 

 

Eduardo Viloria (Valera, Trujillo, 1977)

 

En esta hora del mundo

(canto al pueblo venezolano)

 

Está naciendo otro mar en e1centro de la tierra:

tiene rostro de árbol que aletea cuando llueve adentro de su tallo

y un grito de fervor en la pureza con que viene al mundo

Los viejos huracanes tienen bahías nuevas como destinos de sol

y habrá de llover entonces la altura para poblar sus islas

A la rosa de los vientos le creció el plumaje

y toda su expansión ocurre ahora hacia otro centro

Ah, torrente exacto de los astros, se te hizo más encanecida la mirada

y más anchos los contornos de tu cauce guía

 

El corazón humano atento permanece en el centro de sus ramas

y siente hacerse más amplia su estatura en cada pulso

mientras brota sacrosanto todo sembradío

El rocío es también una forma del cielo para florecer

y una forma dispersa del sol para acercarse a escuchar

Florece de niñez abierta el patio

Cada día se hace más can cántaro el fogón

Y la casa campesina se entrega desceñida para amamantar la Patria

toda henchida

de terrestres anhelos labradores coronada

 

Cuánto oro descansaba envilecido en nuestro nombre

Cuánto cuerpo de luz

Cómo caminábamos sin rastro y doblegados

Fuimos siempre luz de socavón

Veta frondosa pero extenuada en el desierto

Un árbol con mucho llanto se irguió en el centro de la palabra y la oración

Ahora crece verde nuestra casa desde el barro

Fulgurante comienza a prodigarse nuestro patio

Y de aire soleado cuajan sus paredes

 

El río todo era un camino seco y sin embargo florecimos

 

Hablamos, y se detiene la profundidad para escucharnos

Suspendidos sin fronteras con lo abierto

somos honda corona para la frente del mundo

En una ciudad que suda llamarada de manos

sonora embarcación de lumbre vegetal orienta en la marea nuestro día

Y nos gusta el abismo porque lo sabemos de arcilla

 

Gira lenta la osamenta de la tierra y somos brisa

canto también

flor sonora que amanece con angustia en nuestra lengua

 

Está naciendo otro mar en el centro de la tierra

Y casi todo su oleaje fue llorado en el silencio del despojo

 

Altas cumbres de piedra y desiertos quemando de soledad son nuestra efigie

Múltiple casa de agua y verdor nuestra insignia

Denso monumento de ojos tendidos al abismo nuestro nombre

Pura mina luminosa de sangre enamorada

y grande cifra de carne humana entrelazada en el esfuerzo

Toda arteria nuestra se teje para taladrar el horizonte

y morir latiendo allá donde crece impasible el infinito

 

He visto miles de manos trabajar juntas una palabra nueva

He visto cómo se borra el silencio entre los cuerpos

He visto cómo se fundan carcajadas honestas en el centro de los huesos

Y cómo una canción se queda sin contornos para que se haga canto nuestra sombra

He visto a una mujer erguida a la altura de su altura

Y a todos los cielos callados escuchando la emoción de su mirada

 

Que muera la poesía entonces si no cae de rodillas y agradece

Que muera el verso si no hace tibio y parturiento el grano de maíz

Y retoña surco abierto para el abrazo crecer

Que muera si no es vientre también y espuela fecunda

Y que el lápiz amanezca como en su edad de puente o de arado

y sea rama que se cruza a sí misma para sembrar su fe

Si somos catarata reventando en el medio de todas las ciudades

cómo no ser también prolongación sonora de su trueno

Escuchemos entonces cómo cae el aguacero con nuestro canto adentro

 

 

 

Luis Ángel Barreto (Maracaibo, Zulia, 1979)

 

Pertenencias

 

Tienes un obús humeante

tienes unas calles

tienes tres ciudades a oscuras

tienes un muerto, un cadáver persa.

Tienes una gota de agua en la cara

tienes varios peldaños de una escalera.

Tienes todos los ojos cerrados.

Tienes la madrugada con todas sus horas cortas

tienes una infinidad de días.

Tienes un iluso soplador de Murano.

Tienes la lluvia, todas las lluvias.

Tienes un clarín que no suena

tienes prisioneros de plomo

la desesperación estática del ajedrez

la manía de mirar al cielo.

Tienes la verticalidad de un susto

tienes todos los jardines.

Tienes una perla debajo de la lengua.

Tienes la lejanía.

Pero, a pesar de todo eso

eres bastante parecida a las batallas perdidas.

 

 

 

María Alejandra Rojas (Caracas, 1980) 

 

a Yanuva León

He querido regresar a la legalidad cruzar la pierna en el

bus estornudarme encima he querido llegar a casa una y otra

vez las llaves en la idea obsesiva de volver a verme inclinar el

rostro frente a los señores del aseo he querido ser legal con mi

cara de pendeja frente a un largo camino he preferido

descolgar el retrato vomitar en los lavamanos apresurar el

paso para dispersar y huir a mis propias flatulencias he

pensado que detestándole desaparecerá y se llenará de cosas

de solicitudes de balas y patadas quiero oír un tropezar quiero

saberlo todo quiero cerrar el puño estrangular la palabra que

recojo cuando apresto hasta el cubo de hielo fumo un filtro

recién seco y me prometo parir y volver pedir permiso a la

pierna y reír del que se ahoga tirar la reja en la cara y para qué

te ves el camión pasa por la noche silbarle he evitado silbarle

a la muchacha que pide el martillo luego limpiar y disimular

todo acto desleal y pagadero a crédito con las botas llenas de

tierra cierro la boca y aguanto el dedo en el ascensor he

querido otras casas y otros pensamientos para cuando me

animo a decir mi nombre me desplomo estoy cansada del olor

a sangre y sol que destilan los alientos de nosotros los

sabedores.

 

 

 

Lyerka Bonanno (Valencia, Carabobo, 1981)

 

Me contagio con tus enfermedades

escucho entre quejas

deseos de mejor vida

tus palabras que se clavan en la culpa

de los errores típicos de mis años

 

pido colar el café para que descanses

mientras busco en el agua caliente

alguna palabra de consuelo

 

 

 

América Martínez (Caracas, 1981)

 

No encontrarás el camino de vuelta

Tus huellas se fundirán con el sendero

trazado por los que ya se fueron

 

Los alcanzarás

Abrevarás tu sed como ellos lo hicieron

 

Te inclinarás ante su orilla

y lo que soy se ahogará en el Leteo

 

Después de beber olvido

seguirás andando

 

Yo permaneceré aquí

Con este irresoluto juego de memoria disperso en la mesa

 

Repitiéndome

-mientras develo cada carta-

que siempre fue igual

que nunca vi a nadie volver de ahí

que al olvido se va

como se va a la muerte.

 

 

  

Víctor Manuel Pinto (Valencia, Carabobo, 1982) 

 

Ella sospecha

que él siente lo mismo

y lo espera junto al budare

para que coma caliente

 

al llegar

él ve el sueño de los hijos

y ella entra al cuarto

a reconstruir los suyos sin hablarle

cuando la cama es puro descanso

ella duerme de cara al ventilador

 

y él

mira un rato en el techo

el parpadeo de una luz de la calle

 

que no sabe si quemarse

o seguir encendida

 

 

 

Yanuva León (El Hatillo, Miranda, 1983)

 

Tengo norte de cangrejo y una ridícula sonrisa fuera de

tono, esta cápsula comprada a fuerza de párpados cerrados

es un grosero perfume para vomitar flores plásticas, detrás

la tierra andrajosa se llena de piojos, rastro de uñas en la pared,

agua sucia en las miradas, niños al ajillo en el último banquete

imperial, mar abierto al pez muerte, ajedrez perpetuo en el

jaque, carroña esperanza en muebles de rey, detrás dios abierta

la boca se ríe de Chaplin, tosen los pájaros con rigor de fin en las

plumas, un televisor con piernas de hembra coquetea con las

últimas neuronas y aquí burbuja procaz estos cuentos repulsivos

de palabrotas acartonadas, una promesa envejecida vierte talco

en la letrina, fórmulas de tinta resuelven la ecuación-mundo en

treinta tomos, es mejor un brocado luengo grita sin pudor un

maldito sabio parapeto, óperas, gritos, gaudeamus, pan roto.

Mientras la realidad huele a majada yo pensé en mariposas y en

ti, que no me conceda nadie el perdón.

 

 

 

Diego Sequera (Caracas, 1983)

 

Como arte poética para Inti Clark

 

Se acabó la poesía de rosas. ¡Venid a oler esta mierda!

Jaime Jaramillo Escobar

 

¡Qué vaina poeta, poesía inocente no hace nadie!

  1. C. 

 

Que el verso sea una bala

Que se haga tren matagente rompedestino

Devastar los segundos, orgullosos,

y no hacer nada.

 

Sin embargo a pesar suyo

(y se merece):

explosión fuera de serie

saber que no van a ser los tuyos quien nos salve

 

memoria

memoria para un retrato

 

un tiro-palabra

metra fulminante quisiera ser

(defender en los que crecen

que a esta hora los ahogan)

(cantarle si no a su negra, a su chamo

y a uno mismo)

pero decíamos

 

Como la palabra verbo echando tiros

Matizar el yodo del vocablo

-hermano

Verso-bella-bala-que matiza-la-memoria

Verso bueno para preservar un pueblo

Verso bobo por mencionarlo

 

Asesinos en acción (pasivos por lo más bello)

con cara condescendiente

y sin saberlo

en silencio,

o bien callados

 

nos callamos

 

 

 

José Miguel Casado (Caracas, 1985) 

 

Para no entrar en polémica

 

nosotros defendimos el puente de los franceses

tomamos el palacio del Reichstang

tumbamos a Pérez Jiménez

desembarcamos en el Granma

y sacamos a los gringos de Vietnam

 

nosotros pusimos el primer hombre en el espacio

dimos la vida en cada patria

no alcanzarían todos los periódicos

y revistas del mundo para nuestros obituarios

 

nosotros escribimos Canto General

y pintamos Guernica

Te recuerdo Amanda

y Techos de Cartón

son de nuestra autoría

 

¿usted sinceramente puede creer

mi doña

que entre tantas obligaciones

nosotros tengamos tiempo de mantener

el exótico hobby culinario

de comer niños?

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