Presentamos, en el marco del dossier de Poesía y Guerrilla en El Salvador, algunos poemas de Alfonso Hernández (San Vicente, 1948). Se sumó a las fuerzas de la RN. Publicó Poemas, 19744; Cartas a René, 1975; Del hombre al corazón del mundo, 1976; País, memoria de muerte, 1978; León de piedra (Collage), 1981. Ejerció el periodismo en el periódico El Pueblo y en la revista Taller. Se transformó en el comandante Gonzalo. Hernández fundó el Frente de Acción Popular Unificada (FAPU), un importante grupo de movimiento social.

 

 

 

Álbum

Esta es la ciudad a la que tanto amé como si reposara
Interminablemente en el ombligo de tu cuerpo.
Detrás de su pasado la sensación de las paredes
Torturando la infancia.
Los años cambiaron de lugar y con ellos iniciamos un
Modo de vivir junto a los que nos rodeaban. Después
Vino el invierno. La adoración sublime de tu sexo. Tus
Prepucios ilustraron los caseros piedra sobre piedra.
Ciudad que conoció tu orgasmo. Tu pubis impecablemente
Rodeado por mi cuerpo.
Aquellos años esencialmente destinados para amarte
Subsisten todavía.
No obstante seas la prostituta del barrio…

 

 

 

 

Arte poética

 

En cualquier pedazo de papel escribimos el poema,

En él plasmamos vida, vísceras, sueños.

Una piedra puede ser el poema,

Un niño, una madre,

Un caído con sus agujeros inundados de pólvora,

Una tumba

O una calle con su caminante lanzando su

Corazón más allá del amor.

 

 

 

 

En la cárcel

 

Eso que la cal nos comió

No eran ya rostros

Bertold Bretch

 

Este muro tiene las mismas heridas de mi carne,

Sus huesos son los míos y de mis predecesores,

Un día le crecerán alas para soñar, preferiría

Mejor unas garras…

Muro, hermano mío,

En tus entrañas se desdibuja un jardincillo de

Mi infancia,

Correré como niño en tus pedregosas manos,

Son idénticas a las mías, tus arrugas, tu dolor

Veo en el fondo de tu pupila la noche con sus rejas,

El rostro de los asesinos,

Pero tu voz que es el silencio reconforta.

Buenas noches, hermano mío,

Mañana cantaremos junto al pueblo.

 

 

 

 

 

Vañi

Es doloroso creer que la poesía puede rescatarnos

En el momento oportuno,

Sobre todo cuando los años se alargan sin apartar la

Vejez de nuestras ropas.

Ayer escribí tu nombre en una cajetilla de cerillos

Bajo una noche expiatoria, interminable, según creo,

/en tus ojos…

Y sin embargo, pensé, eres tan misteriosa como esos

Raros personajes de Durrell…

 

 

 

 

 

Pequeña Antígona

Ciertamente mi corazón late sobre tu piel abortada

/en la noche.

Nunca habría bajado hasta tus pies, sino por estas manos

/estrujadas en tu sexo.

Mi último poema suspendido entre tus muslos

/descubiertos al deseo.

Prueba esa ternura, mientras mis ojos desparraman

/el argumento donde culmina el poema…