Viernes de poema. Poemas de nuestros lectores

Cada semana nuestros lectores nos enviaran algunos de sus poemas. Un consejo revisará sus textos y publicaremos los mejores. Iniciamos aquí un diálogo poético con los visitantes de Círculo de Poesía.  El correo al que puedes enviar tus poemas es viernesdelpoema@gmail.com. Presentamos aquí poemas de lectores de México, Argentina, Colombia, etc. Descubre quiénes son.

 

 

 

 

Constantino Gómez Gómez

 

 

CAMINO DEL CURRO

 

Un reactor practica una cesárea al cielo

mientras voy camino del trabajo.

Las hojas, bajo mis pies, son una infinidad de naranjas.

Observo el dolor de los árboles

mientras la poesía, colibrí dorado,

bate sus almas ante mí.

Me gusta el otoño, triste y pasajero.

Me detengo a escribir un verso en un banco

sobre las carentes emociones

de las caras de los viajeros del metro.

La poesía hace diferentes mis rutinas,

Imagina las nubes de todas las mentes.

Desde que sueño como poeta

al andar

vivo la esencia de las cosas de otra manera.

Y tú, siempre presente, tienes cabida en mi pequeño universo

con tu piel de seda blanca que todo lo cubre.

Llego al trabajo y le recito, de improviso,

los versos paridos hace minutos a un compañero:

-Esta mañana la he emprendido a martillazos

contra los relojes de las paredes

y de entre sus fragmentos rezumaban

vapor de hombre y libélulas- Me callo y bebo café.

-¿Tú que desayunas? – Me pregunta. Y yo sonrío.

Mi jefe me comenta que hoy me ha visto

venir al laboro andando por la calle

mientras él iba montado en su flamante coche.

Me dice que yo iba absorto mirando al cielo.

Y una sonrisa me viene a habitar a la cara.

 

 

 

 

 

***

Nilo Andrés Corrado

Ese sonido inconfundible

que traspasa las puertas

aún retumba en mi cabeza

 

Una mujer dulce

en su estado más animal

 

El eco raspa el vacío

belleza inútil y ausencia

 

Las marcas en el cuerpo

tienen la forma de mi voz.

 

 

 

***

Delsío Evar Gamboa

Ebrio de luz, tardó en morir el día

sobre el disco cromático de fuego.

El jilguero calló, cesó el apego

del soplo vital, que el aire revivía.

 

El fulgor mutó su brillo con la umbría

y el carrusel del cielo quedo ciego.

Dijo la tarde adiós, la vida luego

se despidió del sol . . . Anochecía.

 

 

Soneto atardecido

 

Pinta el sol un edén en las alturas

y en profusión de nubes de cristales,

convierten los mil rojos siderales,

en azul escarlata, sus blancuras.

 

Los aires ven teñidas sus llanuras

por enormes volutas de rosales,

mientras brindan al sol sus funerales,

un río interminable de criaturas.

 

¡Qué bella exposición!: Naturaleza.

Un poema hecho canto sube al cielo

que me hace feliz, pero me inquieta.

 

Yo, que vivo de ver tanta belleza . . .

¿Por qué no he de seguirlo en ese vuelo

si llevo adentro, un alma de poeta?. .

 

 

 

 

***

César Fabián Bonilla Patiño

 

 

Minina

“Eres bajo la luna esa pantera

que nos es dado divisar de lejos”

 

Jorge Luis Borges

 

Ronroneas, rozas

Trenzas tu lomo entre mis pantorrillas,

Instalas tus garras en mis prendas

¡Oh gata pretenciosa!

 

Tus maullidos estremecen la noche

Anuncian la llegada de la luna,

de la luz de las estrellas

Que no se atreven a iluminar otros seres

Sin tu presencia furtiva

 

MAGA NOCTURNA

Los tejados:

Tu paraíso

El silencio:

Tu palacio

La travesura:

Tu cautela intencionada

La soledad:

Tu sueño infinito

 

¡Oh gata pretenciosa!

¿Qué escondes?

¿Qué callas?

¿Qué aguardas en tus ojos de oro,

En tus aires de misterio profundo?

 

Pretenciosa Minina

MAGA NOCTURNA.

 

 

 

 

 

***

Georgina Medina Amador

Copacabana

 

Me recibió la ciudad silenciosa

y me convirtió en su única habitante.

Intermitencias de mariposa nocturna.

Favelas agazapadas,

durmiendo en las horas marchitas de la madrugada.

Los muros de la vieja Aduana

contemplando el mar silente,

invisible, engullido por la noche y la penumbra.

Bahía:

abrupto aleteo de lámparas y luces,

efervescencia de destellos convocados.

Ciudad desierta ¡mía!

depositaria de un Cristo de piedra

que atestigua desde su atalaya

el primer parpadeo del alba.

 

Le llaman Copacabana

a una extensión de arena blanca

ocupada por huellas superpuestas

de paseantes, turistas y niños que juegan futbol.

Eso es todo.

Y como es natural en estos casos,

el estallido de las olas es constante,

infinito,

persistente.

 

Es la Avenida de Nossa Senhora de Copacabana:

más de veinte variedades de platos y buffet por kilo

platos calientes

aumento de la potencia sexual

lavado de oídos veinticinco reales

compro oro

compro joyas, brillantes, platería

hago implantes y retiro queratina

depilación de ceja, axila y media pierna —café gratis

inglés, gramática y conversación

¡No prometo, yo hago!

consiga a la persona amada en tres días

deje de sufrir y venga al Templo de la Magia

tengo cincuenta años de Santo

mantenga limpia la ciudad

no arroje este folleto a la vía pública.

 

***

Ana P. Moya

 

 

 

METAFÍSICA DE UNA INDIVIDUA CORRIENTE (Y, PARA MÁS INRI, SIN EMPLEO Y SOLTERA)

 

Habrá que continuar

Que seguir respirando

Que soportar la luz

Y maldecir el sueño

Que cocinar sin fe

Fornicar sin pasión

Masticar con desgano

Para siempre sin lágrimas.

(Idea Vilariño)

 

 

Yo no soy nadie.

 

Hay un corazón irónico y torturado,

una cuenta corriente en alarmante descenso,

una aspiración a jugar a la supervivencia en días despreciables,

a apurar madrugadas de apuntes, lágrimas y tazas calientes

– hasta arriba de asqueroso edulcorante -;

meses sin derramar versos en cuadernos garabateados

– no, no me ha abandonado la poesía:

lo siento, “queridos”, no os consentiré ese triunfo -,

porque yo estoy sin estar,

 

me ubico en un espacio idéntico

a la habitación acolchada de un psiquiátrico

– esa mancha negra, esa mancha que se nutre de temores,

que crece cuando lloras y enmudece con pastillas -,

decorada con fotografías en escala de grises

– mi calle, el parque, la oficina del INEM, el supermercado –

y reduciendo mi mundo al aroma de las hojas secas

– este maldito otoño, esta memoria traicionera que acumula recuerdos:

extraño el levantarme temprano para ganarme el sueldo,

extraño el cariño, tu cariño…

extraño a la niña que era antes -,

a tranquilos paseos con el perro por las aceras,

a repartir mi esperanza en papeles con datos académicos y formativos,

a las pequeñas labores del hogar y al escritorio desordenado

– los libros de poemas, escondidos -,

la agenda con recordatorios sobre temarios inacabados

– detesto, repudio los pasos hacia atrás –

y citas rutinarias, obligadas o nostálgicas.

 

Y todo esto es nada.

 

Nada.

 

Porque yo no soy nadie:

soy un número más,

soy un trozo de carne más,

soy una inútil más.

 

Porque no tiene sentido la batalla con las manos desnudas,

porque, por muchas lecciones de moral gratuita que nos chillen,

sabemos perfectamente que con la voluntad no basta.

 

Y, precisamente por eso,

no soy nadie

ni tengo nada:

 

el precio para escapar del fracaso

es despojarte de la dignidad,

ése que están dispuestos a pagar algunos

por una plaza ficticia en el paraíso de los necios,

 

y no puedo deshacerme de aquello que me levanta

de la cama de lunes a domingo y que me encomienda a patear

los imprecisos límites de la realidad

 

hasta que mis nudillos se descarnen

hasta que mis ovarios rabiosos estallen

hasta que mi paciencia agonice en una tumba

 

aunque conozca el final exacto de esta historia.


 

 

 

 

***

Fabián Coto

Los puentes de Lisboa

 

la primera vez que llegó

al puerto

los ojos se le llenaron

de naufragios,

de escrituras imposibles

 

el cielo se ensuciaba

de tiempo

y su boca era casi un complot

de viento y arena

 

el color rojo de las emboscadas

le puso las manos

tristes,

incapaces de adivinar

dónde el vacío se convierte en

fado y

dónde la saudade

en cintura

 

la imagen de

decenas de naos

zozobrando

le provocaba sustos de peces

en el alma

y las hordas de gaviotas

a esa hora

rasgaban

el techo de las Catedrales

 

la espuma del Mar de la Paja

le mostró todo aquello que

los marinos dijeron no

haber visto

 

entonces

supo que los atardeceres

y los puentes

de Lisboa

son naufragios escritos

en el lenguaje de la ausencia

 

 

 

***

Julio Quimbayo

 

Oda a Matsuo Bashō
Luz del poeta:
el rocío y el sauce
amalgamándose.

 

 

 

***

Adrián Román

1978

 

la selección volvía de argentina

con 12 goles en contra

y ninguna victoria.

salvador sánchez

ganó cuatro peleas por nocaut.

ese año murió julio jaramillo.

mi acta de nacimiento dice

que mi padre tenía el oficio de chofer

yo sé que no es cierto

viví en un terreno lleno de gatos y lagartijas.

tuve dos abuelos zapateros.

uno de ellos murió por cirrosis

escondido tras las esquinas

alejado de la prudencia y el decoro

murió deseando no hacerlo

para seguir bebiendo y bailando

en su trágica fiesta de todos los días

murió asomado por las rendijas

de los que saben cómo hacer las cosas bien.

nací en casa de mi abuela

que era partera

olía a vapo rub

y escondía la comida en su ropero.

mi padre me abría paso en la vida

dedicándose al alcohol y otras drogas.

mi madre tenía veintiún años

viendo la lluvia caer y

miraba pasar sus propios sueños

cansados

sudorosos

rodeados de neblina

como corredores matutinos.

tronaba yo cuetes todos los días

exigiéndole a la gente una carcajada

que se quitaran la máscara

y se pusieran a beber

que se embrutecieran de felicidad

ahora sé que sufren de prudencia

de guardarse para un mejor momento.

empecé a putear bien pronto.

con un amigo en el baño de mi casa

y luego en su casa o en la azotea

entre los tinacos

escondiéndonos

de los que postergan

siempre el placer

y lo quieren mezclar

con responsabilidad.

luego mi primo y yo

nos tallábamos

contra el cuerpo de la sirvienta

y aurora se burlaba al ver nuestras erecciones

se compadecía

nos dejaba jugar

con sus tetas y nalgas

nos permitía subirle la falda

encontrar un poco de sosiego

para tanta chaqueta.

siempre demostré quién soy

y a dónde me dirijo

aunque yo mismo no lo sepa.

encontré el modo de sobrevivir

a mis propios embates.

me daba cuenta que mis sueños no cumplidos

me tenían cercado

me habían convertido

en una isla que se iba perdiendo.

buscaba calma y respuestas

en el sensacional de maistros

quería comprobar

que tenía suficiente semen

para llenarle la boca a cualquiera.

deseaba quitarle a la vida su ridículo

letrero que dice: “no tocar.”

y quería bailar

porque la vida es un baile callejero

lo importante es mover los pies

quitar la cara de serio

menear el bote.

aquí estoy

riéndome

por pensar que soy importante

para que este planeta extraviado

llegue a donde lo tiene que hacer.

mis sueños son cenizas que viajan en el humo.

alguna vez tuve héroes

pero los olvidé al meter mi mano

entre las piernas de no sé quién

sé que no hay elección

que las apologías no sirven.

algunas mujeres

tan sólo de mirarlas

me inspiran a rascar la tierra

y tratar de esconder que soy un cabrón

al que le gusta escuchar

el llanto de sus propias tripas

escuchar cómo rechinan las vísceras

de tanto jugar los mismos juegos.

me gustan las cosas que habitan el aire

como las casualidades y el silencio.

me gusta romperme la madre.

hubo un tiempo que buscaba a quien querer

y aquello era habitar el desierto

era estar vivo y corriendo

en sentido contrario

a las manecillas del reloj

era levantarle la falda a la incertidumbre.

despierto

me doy un toque

me tiro a la borrachera

y no quiero levantarme

es muy probable que

yo sea un hijo de la chingada

pero francamente no lo sé.

 

 

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