Cuento mexicano joven: Juan Carlos Hernández



Presentamos un vertiginoso cuento del joven narrador Juan Carlos Hernández (Estado de México,  1992). Cursa el séptimo semestre en la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario del Festival Interfaz Acapulco 2015.

 

 

 

 

 

 

LA CEREMONIA DEL FUEGO NUEVO

 

“Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer”
Carlos Fuentes

 

Llegamos como a las diez de la mañana, entramos por la avenida Nezahualcóyotl, ahí al ladito de la catedral. Los lobos ya nos esperaban, unos estaban parados frente al palacio, otros estaban arriba, en la azotea, esos fueron los que nos dieron miedo porque estaban encapuchados y traían palos y tubos; los de abajo eran como nosotros: señoras, viejos y chamacos. Nomás nos vieron llegar y empezaron: ¡Arriba la loba! ¡OPC! ¡OPC!. Ana, que era nuestra líder, comenzó a gritar: ¡Fuego Nuevo! ¡Fuego Nuevo! ¡Ramón, Ramón! Y pues como yo, la comadre y los demás de la colonia íbamos con ella, le empezamos a hacer segunda. Nos dijo que nomás teníamos que venir a hacer bola, en lo que el ese señor tomaba protesta como presidente municipal y ya después nos íbamos. Nos ofreció la comida y el transporte. También prometió que cuando Fuego Nuevo ya gobernara nos iban a dar unos terrenitos en este municipio. Cómo decirle que no, si yo nomás estoy de arrimada en la casa de mi mamá, además el centro queda más cerca de aquí.
El camión llegó ahí a la colonia tempranito por nosotros, a las siete y media, venimos desde Ixtapaluca. Nos bajaron por allá, unas calles atrás de la catedral. Vimos que había muchos camiones más, unos decían ‘Toluca’ ‘Chalco’ ‘Los Reyes’ hasta había unos que venían de Puebla. Era mucha gente, Ana estaba bien animada “N’hombre, comadre, somos un montón, ya la hicimos”. Nos repartieron playeras y banderas, unas re grandotas, todas rojas. Alcancé a ver que un grupo iba con mochilas y entre ellos se enseñaban lo que traían, se dijeron algo y se dispersaron entre todos. Ya cuando éramos muchos más, empezamos a caminar hacia el palacio municipal. Unos llegamos hasta ahí por la Nezahualcóyotl y otros se dieron la vuelta que por la Venustiano Carranza. Así llegamos todos de a montón al jardín del palacio. Nos hicimos de palabras con los otros, los que no dejaban al Ramón ser presidente. Nosotros éramos más, qué nos iban a hacer. Así andábamos y de repente se escuchó un tronido de nuestro lado, fue un petardo que nos aventaron los de la azotea, a una señora se le enterró una moneda en el chamorro, le empezó a escurrir mucha sangre por el pie. ¡Uy! Pero el petardito no fue nada, porque después empezaron los disparos de pistolas…
Con pistolas los lobos empezaron a disparar desde arriba. Yo pensé que iba a ser como todos los eventos que había aquí, en los jardincitos del palacio. Entonces saqué mi changarrito de quesadillas. De saber lo que iba pasar ni salía de mi casa, es más, ni hubiera estado en mi casa. Pero no, me paré bien tempranito a preparar mis cosas para nada. Yo nomás vi que desde la mañana ya había gente en el palacio, la gente de la loba, me dijeron. Un montón de policías llegaron desde la semana, hasta unos del ejército, decían. Entonces, viendo esto, toda confiada saqué mi puestecito ahí en la esquina. Como a eso de las diez empezaron a llegar los de Fuego Nuevo, ¡úchalas, eran retehartos! Yo pensé que ya qué le hacían los lobos, si eran menos. Unas señoras se acercaron a comprarme quesadillas que porque a ellas ya no les había tocado de los lonchs que habían repartido y sus chamaquitos ya traían hambre. Mientras despachaba escuché que en el jardín empezaron a gritar cosas. Nomás de la nada escuché un estallido. Yo y mis clientas nos quedamos paralizadas y de pronto… “¡Balazos, córranle¡” Ni recogí nada de mi puestecito, me eché a correr pa’arriba, pa’mi casa. Unas gentes se escondieron conmigo, venían de lejos, unos ni sabían a qué venían. Salimos hasta que no escuchamos más balazos…
“¡Balazos, comadre, córrale, nos van a matar!” Le gritaba a Ana pero ella nomás se quedó ahí, paradota. Todos corrían a donde podían, había gente en el suelo, muchos de las noticias también andaban por ahí. Unas señoras corrían con sus niños, otros ayudaban a los heridos, los arrastraban. Los responsables de las colonias de Fuego Nuevo nos gritaban que no nos rindiéramos, que diéramos lucha; pero cómo, si sólo traíamos las banderas, algunos traían palos, pero ni así ¡cómo! Se oían los balazos por todos lados. ¡Méndiga Ana, como pude la jalé! Parecía piedra la condenada. ¡Ay, gracias al cielo no nos pasó nada! Pero ¡ay, Dios mío! Pasamos junto a un viejito al que le dieron un balazo en la panza. Ahí estaba, tiradito, con la bandera bien agarrada, pobrecito, ni cómo ayudarlo si apenas y podía yo con la mensa esa; con trabajo llegamos a los jardincitos de la parroquia y ahí nos tiramos boca abajo…
Abajo de las costillas, ahí me dio el balazo, no alcancé a esconderme en la jardinera. Una muchachita que llevaba a sus hijos trató de ayudarme “¡No, hijita, córrele, tú sálvate, cuida a tus niños, déjame aquí, yo ya estoy viejo, cuídalos a ellos, ándale!” le dije pa’que no la fueran a alcanzar por mi culpa. Condenado pancho, nos dijo que viniéramos a echar mitote nomás, que por qué aquí no juntaban a mucha gente, que después nos ayudarían con unas laminitas pa’ la casa que tanto nos hacen falta, parece regadera nuestro techito cuando llueve. Pero pancho cuando lo buscamos, fue de los primeros que se peló. Ya me decías, vieja, me decías que no viniera, te hubiera hecho caso, ahorita me estuvieras dando mi café y mi pan. Ay viejita, te vas a quedar solita y todo por mi tarugada de venir. Esos desagradecidos de nuestros hijos, seguro ni harán caso que ya no estoy, si vivo ni me pelaban, ‘ora muerto… Te van a dejar sola, viejita. Te vamos a dejar solita, solita. Ya quedé aquí por tonto, y ni soy de aquí, vine a morirme a quién sabe dónde ¡Ay! qué tonto soy de veras…
De veras que yo ni sabía qué onda aquí. Yo estaba con la bandita ahí en la esquina, en la tiendita. El Lucas trajo la grabadora, estábamos escuchando puro rock&roll y ya sabes: unas chelas, unas morritas; otros weyes le andaban haciendo a la mona, a mí ni me late esa madre, yo pura cheve. Luego el don nos cerró la tienda, que ya era noche, pinche don si ya sabe que nos portamos re bien. No nos quiso prestar unas caguamas ¡qué apretado! Nomás porque el chucky le quedó a deber un cartón, pero pus si se lo ajusticiaron antier allá por el canal, cómo le va a pagar, bien dicen que sí se muere el que debe, pus ahí muere también la deuda ¿no? Pero pinche don, ni quién le haga entender. .Entonces ahí nos quedamos viendo qué hacíamos cuando llegó doña pelos, que si queríamos para unas caguamas, que nos ponía hasta tres cartones. Supo cómo comprarnos la doña. “¿Para qué somos buenos, jefecita?” le pregunté. “Ustedes vénganse, síganme, agarren todos los palos, piedras y fierros que encuentren en el camino” Nos dijo, y nos vimos entre todos “Pues si es de putearse a alguien, yo puedo solo, doñita, nomás dígame quién es el culero” le dije, porque sí, soy re bueno para los chingazos. “No que, vénganse todos órenle” Nos dijo, y pues la seguimos. Nos llevó caminando hasta las torres, donde habían varios chimecos, caminó hasta uno y le dijo a un wey que estaba en la puerta: “órale, te traigo a éstos, son de mis rumbos, son bien desmadrosos” La doña nos hizo señas que nos trepáramos. Arriba había otros morrillos. Empezaron a circular unas guamas y unos cigarros entre los que estábamos ahí. El chimonstruo arrancó, ni nos importó a dónde nos llevaba, traíamos una fiestota. El camión se detuvo en Chimalhuacán, en el centro, yo nomás había venido aquí a pasear una vez, con mi mamacita, pero estaba bien morrito. Nos bajaron y dijeron que nos metiéramos al edificio ese, que si alguien venía, le pusiéramos en la madre. Nos dieron unas poquitas más de caguamas. Ahí la amanecimos. Luego llegaron unos rucos acá, trajeados, nos dijeron que nos trepáramos a la azotea, que iban a llegar unos vatos, que no los dejáramos pasar. Nos prometieron un varo. Nos dieron bolsas con petardos y unos pañuelos para taparnos la cara, pero en eso llegaron otros encapuchados que traían morrales gordos, eran los de las pistolas, y se subieron con nosotros a la azotea. Ahí nos quedamos esperando quién sabe qué. Ya cuando el solecito estaba más arriba, empezó a llegar un chingo de gente por las calles. Eran los que teníamos que esperar. Medí fuerzas, no, pues nosotros éramos menos, mucho menos, ni qué hacerle, nos iban a chingar. Miré a mis camaradas y les hice señas de ‘nel, nosotros de aquí nos pelamos’. Ya estábamos reuniéndonos para bajar cuando ¡pam!, un vato arrojó algo a la gente de abajo y luego otros empezaron a disparar. No pues yo y mis camaradas nos bajamos a escondernos en los cuartos del edifico. Ya cuando nos quisimos salir, que llegan los puercos, y que nos trepan a todos…
Todos van a valer verga por culeros, más ese pendejo de Ramón, ¿Quién se cree? Yo le dije, le advertí que no quisiera hacerse el listo conmigo. Ya habíamos quedado con lo de finanzas, el agua y la repartición de candidaturas. Pero ahora el muy pendejo anda diciendo que no me va a dar ni madres. Ahora va a ver quién soy, va a saber quién es la loba. Me vale madres, no me importa ya nada, le voy a armar un lío grande ¿Eso quería no? No lo voy a dejar gobernar, le va a doler para tomar posesión. ¡El cabrón ni tiene gente de huevos, va a ver si yo no sigo teniendo poder. Seguro el cabrón va a traer gente. Pero y qué, me los voy a chingar a todos cuando se reúnan!
Reúnan a sus jefes de Zona, díganles que quiero a toda su gente en la mañana aquí, en el palacio, a toda, cada colonia de donde tengamos poder. Y no me refiero de aquí nadamás, traigan de otros municipios, del DF, hasta de Puebla si se puede. Me dijeron que la loba ya mandó gente a tomar el edificio y que van armados. Yo tengo que tomar protesta mañana y quiero hacerlo con toda la gente que se pueda, que se vea que me respaldan, que todos los medios vean que hay gente que me quiere de presidente. No daré nada a la loba, nosotros llegamos aquí para tener el poder, no nos vamos a dejar amedrentar por nadie, llegamos para quedarnos. Nosotros la organización Fuego Nuevo vamos a gobernar. Hasta el gobernador nos dio preferencia por sobre la loba. Le conviene que quedemos nosotros, a él y al partido. Ustedes ni se acerquen al palacio, puede que se arme una trifulca, yo no me acercaré hasta que vea que no hay gente de ella. Que los encargados de colonias se hagan cargo, algunos que vayan armados por si las dudas.
Aunque, pensándolo bien, es mejor si se pelean. Fundaremos nuestro mandato en el mito de lo que pase este día. Díganle al procurador que no quiero que intervengan los policías si hay pelea, ya lo recompensaré. También armen a gente nuestra, ya no por si las dudas, que disparen a la menor provocación. Ya después me las arreglaré para que todo se vea como una cosa orquestada por la loca esa, si quiere pelea, la va a tener, pero yo voy a ganar. Lo bueno es que ha habido mucho escándalo estos días y hay muchos medios de comunicación por aquí, ellos van a reportar todo…
Todo lo que quieren, vienen y nos hacen. Nos tratan como quieren. Pero aquí no somos nada, siempre sirviendo al centro. Llevando trabajadores para allá. Como al principio, que fuimos sometidos, pagábamos tributo y formamos parte de la triple alianza, más a huevo que queriendo. Los de aquí ni importamos. Los cabrones nomás se agarran que de presidente, que de diputado, pero para ellos mismos, para ellos mismos y su familia. Pero a sus mítines y eso, hay que ir. La loba, la cacique, nos cortaba el agua, la luz si no le hacíamos caso. Los de la zona baja vivían entre puro lodo. Pero Nomás nos cambiaron a la dueña del corral por otros. Porque el corral sigue igual. Si han hecho cosas éstos, pero tenemos que sumarnos a su organización para que pavimenten las calles y pongan la luz. De todos modos la loba y los del Fuego Nuevo son de un mismo partido, a ellos los usan los peces gordos para sus cosas de poder y ellos nos usan a nosotros. Estamos condenados (desde que se fue la sirena). Aquí siempre hace calor, el sol lo decolora todo, nada dura. Estamos rodeados de basura y agua sucia, traídas directamente de la ciudad. Los patos ya casi ni vienen. Estos del nuevo gobierno ya hasta vendieron los terrenos, ahí donde mi abuelo decía que había pirámides y todo, yo tengo unas vasijitas que se encontró él cuando sembraba. Ya no encontraremos lo que fuimos. Seremos así, siempre usados, acarreados para pagarnos con miserias, los demás van por lo grande, y para llegar a lo grande tienen que usarnos, como usaron a esa pobre gente. Los echaron a pelear y otros se quedaron el botín. Ahora los muertos, que fueron diez quesque son mártires, les dieron sepultura casi de estado. Muchos, o todos, o la mayoría ni eran de aquí, vinieron a pagarla. Una señora viene cada año a recordar a su hijo. Dice que ni le importa que la loba ya esté enrejada, que eso no le resucita al muchacho. Pero el Ramón se lavó bien bonito las manos. Y se ve que van para largo, mucha gente ya cayó en sus palabras. Pero yo sé que al final siempre vamos a estar así, igual de fregados. Acostúmbrate hijo.