Poesía joven de México: Iván Palacios Ocaña



Presentamos cinco poemas de Iván Palacios Ocaña (Oaxaca, 1992) Estudia literatura en la UNAM. En 2015 asistió a un taller de creación literaria para jóvenes (f,l,m,) en Xalapa. Obtuvo el segundo lugar en Punto de Partida (2016).

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En general

 

Me gusta que algunos poetas aceptan lo inútil

que puede ser nuestro trabajo,

lo inútil que es nuestra alegría

momentánea.

Pero a la gente nos gustan las cosas inútiles:

como oler cafeterías

o dibujar en la arena.

 

También sufrir es inútil

y nadie sabe para qué o quién soñamos

aunque eso no signifique nada.

Al poema tampoco le interesa significar

y su inutilidad lo asemeja

a las cosas de la vida.

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Miley Cyrus & her dead petz

 

Cuando Floyd murió, empezó a parecerse a muchas criaturas,

su cadáver era el de todos los perros:

como si Floyd hubiera sido el perro universal

o cada uno lo fuera.

 

La muerte de Floyd se extendió

a otros animales e insectos: cada criatura era mi mascota

y no las podía salvar.

 

La carne empaquetada de los supermercados

me hace llorar desde entonces

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La belleza de todo lo creado

 

Están hablando de los desaparecidos de Veracruz

y otras formas del terror.

No es que no me importe,

pero mientras hablan

prefiero ver las nubes.

 

Sobre los desaparecidos de Veracruz

también se mueven maravillosas

e indiferentes.

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El Aarón

 

Aunque te embriagaste,

el taxista y sus cómplices

hicieron de ésta, una noche equivocada.

La madrugada estiró las calles.

Ensangrentado, nadie te quiso recoger.

Antes de amanecer hubo un efecto extraño

en tu piel morada:

esos pájaros

y lo azul de la mañana

eran el fondo perfecto

para un ebrio derrotado.

Te imagino hinchado a orilla de la carretera:

un hombre perdido

frente al día que se mueve.

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C/2012-s1 (Satellite of love)

 

                           “Tal vez toda el agua del mar vino de los cometas que impactaron con la Tierra”

 

Sería el cometa del siglo;

a un millón 200 mil kilómetros,

brillaría más que las mujeres al sol

de cualquier verano.

 

Todos en el documental estaban emocionados,

en especial los niños y científicos;

sabían que un cometa es algo para sentirse orgullosos y agradecidos

con el sistema solar

 

(Lou Reed también escribió algo sobre los cuerpos celestes

que de vez en cuando pasan por TV

y le hacían pensar en el amor:

 

tal vez porque ambos, de alguna manera, nos hacen tocar el cielo,

tal vez porque (según el documental) la ondulación y simetría de las mujeres

empezó a formarse en el agua de cometas así,

hace 4 mil millones de años –eso explicaría la fugacidad

de algunos tobillos

y la estela que dejan a su paso).

 

C/2012-s1 se habría visto desde cualquier ventana

durante cinco noches.

Pero un mes después que Lou Reed,

se evaporó.

La realidad tiende a desaparecer.