Cuento joven mexicano: Rebeca M. Aragón



Cuento joven mexicano: Rebeca M. Aragón

Presentamos un cuento de Rebeca Medina Aragón (Zacatecas, 1994) es Licenciada en Letras por parte de la UAZ (2012 – 2017). Becaria Interfaz (2018). Ganadora del primer lugar en el concurso estatal de “Ensayo literario Beatriz Gonzales Ortega” (2017). Ponente en congresos literarios alrededor de la república mexicana desde 2014. Ha publicado cuentos en: “La Gualdra”  suplemento del periódico La Jornada Zacatecas; en revistas electrónicas como Página Salmón. Colaboró en  dos antologías una de ficción breve peruana Plesiosaurio (2017); la otra de escritoras zacatecanas Y son nombres de mujeres (2018).

 

 

 

 

Calla

 

Oh! My shaking heart,

you got me from the star, you got me good.

You aimed and then you shot,

now I’m coming apart

like I knew I would

Impossible Tracks, The Kills

 

That fucking piece of shit! Buey, pero no te enojes, ¿por qué chingados no? Si el puto nomás me trae dando vueltas como su pendeja. Lo que más me caga es que no se da cuenta que me afecta todo lo que haga con “su vida” o sea no es “su vida”, buey, es NUESTRA vida. Bueno sí, buey, pero pues tú también tienes TU vida, ¿me explico? Claro que sí, si pendeja no soy. Tampoco te pongas así, qué hueva. Además el tipo ni es tu esposo ni nada, o sea. Pues no, buey, por eso me emputa, porque no soy su guanga esposa. Se supone que a mí me debería de tratar diferente, ¿qué no? Pues igual y ya le aburriste… Extracto de una conversación de Mariana con Sofía, Mariana es la chica sensata que no ha tomado tanto y Sofía la impertinente que ya está un poco ebria y se ha enterado que su amante, por llamarlo de alguna manera, ha salido solo de vacaciones sin invitarla a ella y aparentemente a nadie. Lo que Mariana no sabe es que su amiga Sofía tiene la razón, porque lleva saliendo con el mismo tipo desde hace como un mes, y éste no sabe cómo quitarse a Mariana de encima, sabe que podría costarle su matrimonio traer a una chica como Mariana atrás. Sofía le dijo: “ignórala, hasta que ella se aburra de tanto esperar, de eso me encargo yo.” Y estaba funcionando hasta ese día.

Después de la pequeña discusión Sofía le pidió a Mariana que le explicara porque quería seguir con el tipo si le provocaba más disgustos que placeres. Pues no sé, buey, por puro orgullo, quería yo dejarlo a él y no que fuera al revés, supongo. Tiene lógica, entonces por orgullo deberías de dejar de hablarle tú también, te aseguro que un día de estos te extraña y te pregunta y ya, ahora sí, lo mandas bien a la Chingada y listo. Mmmmm tal vez debería de hacer eso… definitivamente podría. ¡Salud por tan buen plan! ¡Salud!

Unos tragos después Mariana estaba en el baño, vomitando, para variar. Sale. Se enjuaga la boca. Ve su reflejo y en él ve cómo poco a poco su boca se le despega de la cara y se va, la muy hija de su puta madre muy contenta, del rostro de Mariana. Ella quiere gritar pero no puede, no tiene con qué. Rápido traba la puerta del baño. Y empieza a buscarla, sabe que no se salió del cuarto, pudo ver clarito cómo la descarada se iba dando brinquitos muy lentos apartándose de ella. Fue cuando Mariana se abalanzó contra la puerta que la perdió de vista. “¿Dónde está mi boca?” Pensaba Mariana. Se puso en cuatro sobre el asqueroso piso del baño, le daba asco el pensar que su boca iba a estar llena de toda esa porquería una vez de regreso en su rostro, porque obvio tenía que regresar.

Pasaron cuatro minutos y no tardó otra ebria en tocar la puerta del baño, y luego otra y luego otra… se escuchaban como cinco mujeres fuera del baño mentando madres y pidiendo a alguien que por favor tumbaran la puerta. Ninguna de esas chicas era su amiga Sofía; ella estaba… digamos… ocupada. La pobre de Mariana comenzó a llorar, ahora que ya se había resignado a que no encontraría su boca no podía abrir la puerta. Cuando giró por enésima vez la chapa, PLOCK su mano se cayó. Envuelta en desesperación comenzó a golpear la puerta con piernas mano y muñón, brazo y muñón, hombro… luego con piernas y muñones, seis muñones… Los golpes se confundían con los de afuera.

A uno de los meseros le dejó de parecer graciosa la escena de las mujeres enojadas e incompetentes para abrir la puerta después de media hora, las ayudó. Empujó una vez, nada… Otra vez, nada. A la tercera pidió ayuda a alguien más. Fueron tres los que empujaron al mismo tiempo. En cuanto se destrabó la puerta un hedor infestó la nariz de todos los presentes, terminaron de abrir con miedo pero adentro no había nada salvo un labial rosa sobre el lavabo.

 

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