El poeta español Juan Domingo Aguilar está leyendo poesía ecuatoriana y comparte, en Círculo de Poesía, un dossier de autores a seguir: María Auxiliadora Balladares, Roy Sigüenza, Gabriela Vargas Aguirre, Juan José Rodinás y Kevin Cuadrado. Aquí leemos algunos textos de Juan José Rodinás (Ambato, 1979). Ha publicado los libros de poemas Los rastros (2006), Viaje de la mansedumbre (2009), Barrido de campo (2010), Cromosoma (2011), Los páramos inversos (2014), Cuaderno de Yorkshire (Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, Pre-Textos, 2018 y Premio Jorge Carrera Andrade) y Un hombre lento (Diputación de Salamanca, 2019). Además, ha reunido su trabajo en antologías personales como Los páramos inversos (2014), 9 grados de turbulencia interior (2014) y Koan Underwater (traducción al inglés de Ilana Dann Luna, Phoenix, 2018), Yaraví para cantar bajo los cielos del norte (biografía no autorizada de un Banksy sudamericano), con el que obtuvo el Premio Casa de las Américas, 2019, reeditado por la editorial Sudaquia en 2020 y Fantasías animadas de ayer y alrededores (Premio Aurelio Espinoza Pólit, PUCE, 2021).
Infinito de septiembre
En una plaza sin estatua,
dibujo varios nidos,
mientras oigo el disco de Tom Waits
que tanto te gustaba.
Un viaje del corazón al cerebro
cuyo sentido sea la muerte de las cosas
y duelan menos las palabras que duelen.
Antibalada de un hombre que mira al River Aire
En mi país, las mujeres de helio se elevan por el cielo.
En ocasiones se llaman Dinah o muchacha que extrae
pastillas de los árboles que le crecen en el carrusel del pecho
y los obsequia a la gente que no sabe soñar en globos amarillos.
En mi país, el universo cabe en la mano de un mendigo
que explica su pobreza con la casa que no hay en su mano.
Un carnaval de partículas se mueve sobre su palma.
La gente cruza la calle y deja unas monedas en un cesto.
Aquí, el río Aire no crece para que alguien lo mire
sino porque el tiempo persigue sus detalles en mandalas de nieve,
un dictado de pétalos de agua suspendidos del tiempo.
Aquí, es necesario el orden, la simetría, el equilibrio.
Todavía no dibuja el invierno, pero pueden mirarse varias huellas,
en futuros antiguos, sobre la piel del agua.
Son 8 de la noche y miro las estrellas de incógnita
en un país de amaneceres negros y casas victorianas.
Un pozo y la luz sobre una cancha donde juegan fútbol.
El mastodonte del movimiento eterno
es una ambulancia que se lleva a un inglés a mejor vida.
Al menos así parece ahora que lo sacan del hospital
con un amor secreto y silencioso.
Esto no es un espectáculo. Si te quedara algo de humano dirías:
esa luz del gorrión que come un tiesto de semillas.
¿Cuántas cosas horribles suceden sin que el gorrión se entere?
(Imitaciones de realidad- diría el naturalista ebrio).
Tampoco tú te enteras. Aunque aprecias el milagro de la física.
El otoño en Yorkshire dispone la mente en un papel periódico.
I don’t know how to say this- le digo al vendedor,
señalando un paquete de espinacas.
El Río Aire está a dos cuadras.
Yo camino hacia el puente donde los niños tiran
pequeñas latas hacia la carretera.
Historia universal de un hombre que hablaba con las cosas
¿Por qué Borges no manejaba una Harley Davidson?)
Y empiezo a creer que soy
los objetos
que
no puedo
mirar:
un lápiz me contiene,
el grafito de su punta
es
mi casa.
Los hombres de verdad son lentos como las flores
(¿Para qué la lentitud es un ejército de alucinaciones?)
¿Recuerdas esta imagen?
Sobre mi ojo izquierdo, un código de barras.
Sin embargo, estoy vivo.
¿Cuántas historias hay en mi interior?
¿Hay en tu corazón varios cometas Halley?
Pesadillas, moléculas, triste mundo del alma.
Soy algo similar a un frasco:
estoy dentro de mí, pensando, asceta del vacío.
Afuera, esas hojas de almendro son el apocalipsis.
Afuera, los hombres de verdad son lentos como las flores.
¿En qué consiste ser un don nadie ligeramente místico?
(¿Banksy también inspecciona las flores?)
No me dejes solo: medítame
pero
estoy
solo
pero
estoy
entre las tazas por lavar.
Hallo
límites para esta figura.
Soy un vaso despedazado.
Soy un vaso desproporcionado.
Mi desesperación
es
de figuras firmes.
Los instantes más terribles se transmiten en directo
(¿Qué se puede pintar cuando caes al abismo a gran velocidad?)
Te hubiese dicho que nos amemos siempre,
pero eso hubiera sido una película siniestra.
Improvisamos el guión
en lados diferentes del ilegible gesto.
Aquí estamos, ilegibles: celebrando la ilegibilidad.
¿Qué habrá sido de aquellos que tanto se querían?
¿Qué habrá sido de aquellos que bla-bla-blá?
¿Qué habrá sido de aquellos que nunca se quisieron?




