Poesía ecuatoriana: Kevin Villacís Larco



Leemos poesía ecuatoriana. Leemos textos del ganador del Premio Nacional de poesía Paralelo Cero 2022, Kevin Villacís Larco (Sangolquí, 1997). Es Mediador de lectura, periodista, productor de artes literarias y multimediales. Fundador de La Calamita Producciones. Autor de los libros: Extrañas Costumbres del Ser (El Ángel Editor, 2021) y Mi amigo murió en la celda de al lado (Premio Nacional de poesía Paralelo Cero 2022). Sus poemas y escritos aparecen en: Antología del XI Encuentro de Poesía en Paralelo Cero 2019, Espacio, Me Has Vencido – Antología de poesía hispanoamericana, Uni-di-versos (El Ángel Editor, 2020); Voces Indelebles, antología de poesía erótica (2021); Brevestiario, antología de minificciones. (Revista Brevilla – Cl. 2021); Antología de Microficción en pequeño formato. (Editorial EOS Villa – Arg. 2021); Tras la Huella y El Legado del Bombardeo de Gernika (Fundación Ramón Rubial – Esp. 2022). Y en las revistas digitales: Círculo de Poesía, La Cintura de la Luna: Poesía Ecuatoriana Contemporánea (Revista Liberoamérica. Esp. 2021); La Raíz Invertida, entre otras.

 

 

 

 

Las hojas más bellas

Nota de prensa
12 de diciembre de 2021

 

A la cárcel de Tulcán
han llegado 900 libros de poesía contemporánea.
Doce años de historia que reposaron en cuatro
esqueletos llamados repisas.
Cuando un preso abrió la caja
se vio reflejado en un mundo de libertades
olvidado hace tres cadenas perpetuas.
Leyó en la portada: “Misiva para el adiós”,
“Cactus en los ojos” o “Los pasos de una ciudad que muerde”.
Se vio rendido a otro dios de papel
que había llegado en forma de Ángel
y con tantos misterios flagelados por las tintas.
Cumplió el sueño de sentirse liberado de penas
e inevitablemente se llevó un libro a su celda.
Dentro esperó a que la luna le leyese
los primeros textos con su blanca voz.
A la media noche, tomó la hoja más bella
y se cortó las venas.

 

(Corrección de prensa:
Editorial dona 899 libros
a la cárcel de máxima seguridad,
afirma el director de la Penitenciaria)

 

 

Enfermedades (Análisis de situación)

 

Estos seres, enfermos de despedida.
A estos seres se les ve el adiós en la cara.
Estos seres, tan nuncas tan adioses tan chaos.
Estos seres, preñados de bastas, de jamases.
Estos seres, tan lejanos tan huidos.
Estos seres, consternados e incoloros.
Estos seres, con el hedor del silencio
devorándoles los profundos ojos.
Estos seres, tan tristes que llueven
y se nos hacen aguas las bocas,
y se nos hacen fuego las palabras
y se nos van y no sabemos dónde.

 

 

Por las rendijas

 

Quedan doce años,
uno por cada dedo encontrado en mi cuarto,
justo encima del velador de mi madre.

Quedan más de cuatro mil días,
uno por cada diente que mezclé con
         leche, azúcar y avena,
y por el resto que guardé en la caja de cereal
sobre la nevera, en la cocina.

Queda más de un cuarto de millón de minutos,
uno por cada ojo durmiendo en las repisas
de mi estudio; ojos que me miran llegar
y partir con el alma goteando
a través de fundas de basura rojas.

Quedan quince millones de segundos,
uno por cada grito ingenuo que va solo
por la noche jugándose la vida
hasta que se encuentran con mis cuerdas
en el parque de las torturas,
en el país de los hechos
                   a medias.

Quedan siglos para la salida.
Desde mi catre observo las hormigas
en fila, entrando y saliendo,
sin el permiso de los guardias
ni de los comisionados.
Entrando y saliendo
con sus picos y sus antenas,
con sus patas envenenadas de libertad,
con sus negros ojos plegados de viruela,
con sus infinitos pelos siguiendo
el infinito hilo de la ceguera.

Veo millones de hormigas que cambian
su rumbo y ahora toman mi mano,
para la noche: mi brazo y mi hombro;
y a la madrugada se llevan mi lengua,
mis ojos, mi cerebro y todo lo demás.

Han dejado mis dientes
para que las placas dentales digan quién soy.
Me han llevado afuera,
en millones de pedacitos
que cada una de ellas devora
a los pies de la hormiga reina.

Han tomado doce años en llevarme
y al amanecer los guardias llaman a criminalística:
¡Ese bastardo, se ha escapado!
Chillan las sirenas
y ellos no saben… No saben…

 

 

 

***

 

Texto leído en la presentación del libro “Mi amgio murió en la celda de al lado” de Kevin Villacís

Quito, noviembre 2022

Freddy Peñafiel Larrea

 

 

“¿Dónde queda la cárcel más cercana?

Necesito encontrar a mis amigos,

rescatarlos del viento que viola

el perpetuo paso del aire por los barrotes”

Los libros viajan llevando secretos, silencios, alcanfor y pastillas para soñar.

Los libros atraviesan sin decirlo las paredes más gruesas

Del cerebro

Del corazón

Los libros atraviezan sin decirlo las propias paredes de la poesía.

Kevín Villacis, en un viaje al centro de los miedos

De las certezas

De la luz

Busca la cárcel más cercana en la que sabemos viven los amigos, como viven los ruiseñores que en otoño escapan de las caídas de las hojas suicias de los árboles suicidas.

Kevin constuye con su palabra barrotes que luego vaa  destruir para permitir que se fuguen los recuerdos

Las metáforas

Y las ganas de estar más allá de lo alcanzable

“Hoy comienza la cadena perpetua

para todos

y la viviré desde la eterna escena

que se repite por el infinito tiempo

de los muertos,

los amantes que llegaron al averno

y no sabemos por qué nuestro amor

nos cortó el cuello con sus filosas manos.”

El amor,

Esa extraña sombra que nos conena y nos libera

Es también una constante en la obra de Kevin, aparewce detrás de los barrotes, pero a veces a parece también como los propios barrotes

Que limitan

Cierran la visión y nos dejan con ganas de salir corriendo en busca de una nueva metáfora que nos salve…

“Cuerpos nublados, ennubados, cerrados

para el público general que quiere

entrar tarde al amor, como tarde al teatro.”

Ese mismo amor como nostalgia y como certeza de lo inasible

En esa misma prisión cotidiana en que andamos

En la que caminamos

En la que escribimos desde la propia nostalgia del diluvio universal o de la muerte

Lo que suceda primero

Kevin nos confronta

Desde esa misma soledad poética con esa misma voz certera y artera

“No conocí el amor,

solo el sol antes de llover e inundarnos,

solo el patio que una vez se hizo piscina

y los tiburones se comieron al más joven,

a mi amigo que murió en la celda de al lado.”

En esa celda que es contigua a nuestra propia celda, a nuestro propio encierro, a nuestra propia nada.

El tiempo

Otra cosntante de llibro que nos congrega es la referencia al paso y al no paso del tiempo,

A ese tiempo detenido dentro de celdas reales o no, que no dejan más que mirar al filo de las paredes.

Quedan quince millones de segundos,

uno por cada grito ingenuo que va solo

por la noche jugándose la vida”

Ese tiempo mezquino y esquivo que nos enreda y nos condena.

Dentro de las celdas que no sabemos si son imagianrias o son más reales que nuestra propia imaginación, Kevin se enreda también con su voz poética desesperada, tratando de deternlo, de abrir las paredes, de corroer los barrotes para encontrar una salida.

Y esa salida no siempre es posible

No siempre es certera

No siempre es

Y el poemario también convoca personajes tan variados que podemos nosotros mismos en otra piel, en otro cuerpo, dentro de otras hormigas

“Hoy te encontraron, Stalin,

tus cenizas llenaron de pena la tierra.”

A quien quemaron por supuestamente haber cometido algún delito o no…

O quien mató a su hija

O quien se equivocó al tomar una decisión que los demás, los de fuera, evaluaron como no correcta.

Kevin les da voz a quienes dentro de las celdas reales o no también construyen una vida que merece ser contada con el baño poético de la verdad

“Pondré un zoológico para el hambre:

Su mayor atracción será mi pequeño león.

Sí, un diente de león

que aprendió a rugir.”

Y la pregunta nos retumba entre los ojos, los oídos las ojeras

¿dónde queda la cárcel más cecana?
¿dónde el encierro del que solamente la palabra del poeta nos puede liberar.

¿Dónde está la voz de Kevin?

¿Dónde su sonrisa?

¿Dónde su abrazo sincero, libérrimo, más allá de lo que marcan los libros, los versos, las normas?

Y uno lo encuentra

Aparece

Escribe

Lee

Toma fotografías y se arriesga.

Sobre todo se arriesga

A tomar un mundo ajeno y hacerlo propio, a romper las paredes del silencio y de la cárcel cotidiana y a creer en la poesía y las posibilidades de liberar todo y a todos

“Cuando un preso abrió la caja

se vio reflejado en un mundo de libertades

olvidado hace tres cadenas perpetuas.”

Pero también en espacios de la sonrisa entre líneas aparecen rasgos de ¿humor? Sobre la muerte

“El muerto no puede llegar tarde

y los conductores

no entienden el porqué de la velocidad.

Corchan su paso, lo limitan

y alguien golpea la tapa del ataúd:

«¡Muévanse! Que ya inició la misa,

que me pudro y el tráfico no me deja volar.

¡Muévanse! Se enfría el canelazo

y tengo que repartir caramelos

para que los niños no molesten

cuando toquen el réquiem».

Pero el tráfico sigue lento

por la autopista general Rumiñahui.

Hace frío

y todos van en procesión hacia El Trébol.

Llegan tarde al funeral

y el muerto ha muerto de espera.”

Estos espacios permiten comprender que el libro sigue un derrotero entre el llanto, la esperanza, la muerte y el amor ¿humor? Que deja al lector desarmado, o desamado al llegar a las palabras finales.

En la mesita de afuera pueden llevarse su ejemplar

En la noche,

Con la lámpara del velador, y un vaso de agua,

Entren al libro como quien entra a una celda que tiene barrotes de algodón y acero, solo que uno no sabe cuál barrote es el siguiente en la lectura…

Al final el poeta, como todos, escapa, letra a letra, hormiga a hormiga, silencio a silencio

Las hormigas

“Han tomado doce años en llevarme

y al amanecer los guardias llaman

a criminalística:

¡Ese bastardo, se ha escapado!

Chillan las sirenas

y ellos no saben…

No saben…”

Y así sale uno del libro.

Silencioso, sin que el mismo Kevin Villacís se entere que ya acabamos la lectura,

Dentro de la panza de las hormigas,

En la sonrisa amatoria de una antis religios,

Y Kevino no lo sabe, no lo sabe.

Muchas gracias