Poesía mexicana: José Carlos Castañeda Rivera



Leemos poesía mexicana. Leemos tres poemas de José Carlos Castañeda Rivera (Culiacán, 1992). Poeta. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas e Ingeniero Industrial. Ha publicado en la revista Timonel.

 

 

 

ORACIÓN FINAL

Señor, que no sé si existes,
que ellos no saben si existes,
reposa tu espera en el fuego que entregamos,
permanece en él, como un fruto nuevo,
conservado en la guirnalda del único hijo.
Dejaremos que bajen las primeras hojas,
dejaremos que lleguen hasta el viento,
y precedan, sin renuncia, el umbral de esta noche.
Los campanarios han mudado, Señor,
lávase la madera del tiempo en manos misericordiosas.
Cae la casa con sus lirios, las aguas
con sus sombras, para siempre.

Desciende a nuestro yerro,
sobre las prendas postergadas,
prolonga la fiebre de tus armas en nosotros,
que devolvemos el grano,
que no tenemos la luz,
la ofrenda de su resurgir grave.
Aguarda más allá del ruido silvestre,
no hemos llamado todavía,
ella es el camino que no retornará,
germen de las desdichas
y las desolaciones incurables.
Ella, que ha erguido su frente en la condenación
de los silencios tras la ruta de los pájaros
y el hundimiento de los calvarios,
no vendrá a colmar la gracia correspondida,
la potencia de nuestros levantamientos superiores.
Por eso, Señor, te rogamos.
Concluye pronto esta hora, llena de dioses,
que recomienza.

 

 

 

PRUEBA DE ESPERANZA

Ahora que declinan las rutas esenciales,
que nuestras manos se abren sin límites,
ahora que sostienes, antes que la noche,
la evidencia de lo que es breve, dentro de ti, fuera de ti.
Ahora tú, que postulaste lo azul de la perdurable vida,
que ascendiste al hogar de un alto viento,
hacia las aguas descubiertas,
y del que no quedó ningún origen para vencer,
pues él fue la levedad, el morir incontenible.
Tú, en todas las cosas, en todos los vigores de la unión única:
recibe esta prueba de esperanza.

 

 

 

REMEMBRANZA

Puerta de roble, ¿quién te sacó de los goznes?
Mi tierna madre no puede venir.
Paul Celán

Luna de Urano
en la alta niebla,
la casa de mi madre era blanca.

Fúnebre carmín,
hijo de la añoranza,
mi dolorosa madre reza en la noche.

Región de la nieve,
larga umbría,
mi triste madre duerme lejos del verano.

Velo callado,
alcoba de luz,
mi enferma madre envuelve la herida copla española.

Rezo del agua,
dorada caléndula,
el vientre de mi madre no tuvo la paciencia de las islas.

Rueda migratoria,
Virgen sumisa,
el jazmín de mi madre se perdió entre las zarzas.

Mirlo del prado,
umbral del ave,
la guirnalda de mi madre no tendrá piedad.