Un recuento parcial de los incendios. Nueva antología de Mijail Lamas



El poeta Mijail Lamas (Culiacán, 1979) publica su nueva antología Un recuento parcial de los incendios en la Serie ExLibris del Instituto Sinaloense de Cultura. Mijail Lamas es poeta, traductor y crítico. Es maestro de escritura creativa por la Universidad de Texas en El Paso. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) reditado por la editorial argentina el suri porfiado en 2014; Un recuento parcial de los incendios (2009), Trevas. Canción del navegante de sí mismo (2013) y El canto y la piedra (2017). Editó cinco volúmenes de poesía internacional para Valparaíso Ediciones México y Círculo de Poesía Libros. Editó y tradujo las antologías Lluvia oblicua. Poesía portuguesa actual (2018) y ¿Lo diría mejor el tiempo? Un siglo de poetas portuguesas (2020). Fue editor de Rio Grande Review, revista del Creative Writing Program de la University Of Texas at El Paso. Es uno de los editores de la revista Círculo de Poesía. Fue incluido en El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985) de la editorial española Visor Libros.

 

 

 

Aprendo del poema que se destroza en silencio
como el oleaje que golpea mi cráneo.
Todo poema es una bala que deja su fulgor en la imposible trama del cerebro

y hunde cada letra en el costado más doloroso de la inteligencia.
Aun sitiado por paredes
el poema va entre tempestades implorando el arrebato,
la visión memorable,
el golpe, el grito, el insulto.
Todo poema es un arma que corta
el último latido,
el hondo aliento.
Todo poema es una trampa,
un desafío.
Es el rostro de mi mujer que grita
las cinco letras de su nombre en el poema.
Todo poema es el desierto en el que clama,
es el jardín en que se pierde,
misterio de los siete rostros de la noche.
El poema es la tormenta,
la carga detonante,
la voz en el filo de su daga,
palabra de valor atada al miedo,
fuego y devoción,
rabia que maldice.
A veces el poema fracasa como el horizonte
y se queda en el fondo como los naufragios
o como aquellos autobuses azules
en esa canción de los Doors,
esos que se alejan sin nosotros
y nos hacen maldecir el camino de regreso.

De Cuaderno de Tyler Durden

 

 

 

XVIII

Te propongo que hagamos del amor cosa sencilla.
Pensemos que debe adquirir una abierta disposición a obedecer.
Será necesario acariciarle el lomo,
para que aprenda de sus dueños la suavidad del tacto.
Dejémosle tranquilo andar por nuestra casa.
Tengamos fe.
Pero no olvidemos su condición de perro,
siempre muerde la mano que lo alimenta.

Él es quien nos cuida,
quien guarda con esmero nuestra casa.
Prisioneros de nuestra propia bestia,
vivamos temerosos de abandonar su rabia.

De Fundación de la casa

 

 

 

 

A Rafael y Roberto Orozco

Por larga distancia te cuenta tu madre
que hoy podrías cocer un huevo en el toldo de algún carro si quisieras,
que no es conveniente salir a la calle al mediodía,
que hay 50 grados de un resentimiento para todos.

Te cuenta que el periódico de hoy señala
que este año ya hay más muertos por el narcotráfico
que caídos en la guerra del Irak.
No sabes si decirle que exageran
o que al final, tal vez, tengan razón.

Será sólo el verano rugiendo sus bromas.

Otro día la voz de tu madre tiene algo de gladiolo y tierra,
todo porque no sabe explicarte
cómo a veces la vida  es un espejo que duplica la muerte.
Entonces la voz de tu primo Rafael desde su tumba
te sigue preguntando:
¿Qué es lo que hacen los poetas para ganarse la vida?
Pero él ya no vive para poder explicarle
que un poeta no se gana la vida,
que la vida nos gana con trampas el juego
y es un lugar común decir que es injusta como la muerte.

De Contraverano

 

 

 

 

 

Quieto, la oscuridad anida en mí
y no hay mañana.

Sólo el pensar es lince,
aguja que se hunde entre los ojos.
La tristeza del puerto es un pañuelo que se agita,
el muelle es un latir en mi cabeza.

John Keats el canto acaba;
hermanos en la muerte y el desprecio,
tú y yo vamos dejando magros cuerpos quebrados.
El canto acaba, ruiseñor
¿despierto estás o duermes a mi lado?

No ha mucho yo fui un hombre
de empresas comerciales.
¿Dónde ha quedado aquella pragmática elocuencia
que mi pluma trazaba?
Los barcos descargaron en el puerto
mercancías que yo traté en negocios.
Telégrafos monótonos cantaron mi alabanza…

[Escribo la palabra Naufragio
con la punta del lápiz
voy tocando un silencio que se hunde:
aquí todo aguanta la respiración.]

Y el mar enorme ruge y me amedrenta,
pues nunca es conquistado por completo,
pues nunca se resigna;
vigila y no descansa en su rencor.
Puedo sentir su pulso
mientras me estoy quebrando por el pecho.

¿Dónde queda el valor, altivos navegantes?
¿Dónde estarán los héroes sin descanso
de una nación llevada entre sus velas?

Vivir nunca es preciso,
mas navegar es lo único
que ahora es necesario

Ulises inflexibles os saludo:
leyendas de bajeles y arcabuces,
tesoros del oriente al abordaje,
sus cuerpos hace tiempo
se pudren en lo hondo.

No he sido un navegante,
soy apenas resuello.
Sólo un dolor estólido
es lo que queda oculto ya tan lejos del mar.
Soy esta tierra firme que caerá sobre mí.
Los muelles se retiran,
el aire prende fuego
y el corazón se yergue en un aullido.
Cada respiración es un incendio.

De Trevas. Canción del navegante de sí mismo

 

 

 

Tres imágenes
(A partir de un poema de Álvaro Mutis)

I

El día se vuelve piedra en la oficina, la luz enferma. Hemos quedado casi ciegos: sólo podemos ver la vida a través de la pantalla. En los cubículos el aire es la frustración que nos respira. La mujer del aseo pega una imagen de San Judas Tadeo en el cuarto de las escobas, después ofrenderá su paga en el casino. En el umbral de una sala de juntas, un hombre calvo trata de esconder su erección y una secretaria lo mira de reojo, recordando la partida de su amante. En los baños, media hora antes salir, un hombre reza arrodillado, para que todo estalle.

 

II

Esta calle por la que han paseado las víctimas y sus asesinos, donde dos hombres se besan bajo el amparo de la diosa fortuna; es una línea recta donde nadie encuentra a nadie, sólo la lujosa decadencia de los héroes y su herrumbre. Acaso sea el telón de fondo para los derrotados, última ruta que conduce al sueño.

 

III

Nadie está seguro del origen de este canto. Se inició en el tiempo de los grandes milagros y las soberbias herejías. Algunos otros creen que nació como una voz entre los cafetales, en el pecho de una mujer habitada por demonios, o antes, a la orilla de un río donde moran los hombres que sólo cubren su sexo con la corteza exacta. Acaso en un bosque donde un padre abandonó a su hijo un instante previo a la tormenta, o mucho antes todavía, en el monte Sinaí como un mandamiento ignorado. En ninguno de esos lugares quedan dioses que confirmen su existencia.

Un día vino a instalarse frente a mí y se quedó en mi cuarto. Hoy ha salido a posarse junto a la torcaz, en los cables del teléfono, donde cuelga también la tarde y lo precario.

De El canto y la piedra