Doris Kareva: “El deber del poeta es mantenerse en vigilia”
Entrevista con Dimitris Angelís
¿Cuál era el entorno intelectual cuando empezó a escribir poemas?
A los tres o cuatro años solía columpiarme en un columpio de madera entre las ventanas de dos habitaciones. Por la noche, se encendía una lámpara en una de las habitaciones, donde había gente sentada alrededor de una mesa, mientras que la otra habitación permanecía a oscuras. Al columpiarme de la oscuridad a la luz y de regreso, me encontraba tarareando al ritmo de la música, y pronto sentí que tenía que encontrar palabras que se ajustaran a la melodía que llevaba dentro. Mis padres transcribían mis primeros versos, pero a partir de los cuatro años los empecé a escribir yo misma, y nunca dejé de hacerlo.
Leer y escribir eran pasatiempos seguros que mis abuelos aprobaban. Me impresionaba mucho la mitología griega y, al mirar el fuego de la estufa, a menudo me encontraba presenciando las guerras de Troya. Todos mis animales de juguete llevaban nombres de héroes griegos. Mi juguete favorito, un osito de peluche llamado Antíloco, perdió trágicamente la cabeza en una batalla.
El número de libros publicados en Estonia cada año era cien veces menor que
ahora. Los censores vigilaban y el ambiente era opresivo. Afortunadamente, en aquella época muchos escritores de talento se concentraron en la traducción, por lo que hemos tenido buen acceso a la mayoría de los clásicos europeos y a algunos de otras culturas. Con el poeta polaco Jan Brzezchwa y las rimas sin sentido encontré una libertad poética
muy inspiradora.
A principios de los 60 había tres revistas literarias: "Estrellita" (Täheke) para niños, "Juventud" (Noorus) para adolescentes y "Creación" (Looming) para adultos. Escribí una carta a la revista Täheke, pero lo más probable es que mi abuela nunca la enviara, ya que nunca recibí respuesta. Mis primeros poemas, sin embargo, fueron descubiertos accidentalmente por un editor y publicados en Noorus cuando tenía 14 años, con una errata. En el verso "soltando letras al viento" aparecía la palabra "zapatos" en lugar de "letras". ¡Qué catástrofe! Unos años después empecé a publicar en "Looming", la revista literaria más antigua de Estonia, que recién celebró su 102 aniversario. Ahora soy editora de poesía en "Looming", y a veces también publico poemas en la también legendaria "Täheke". Pero también hay varias revistas literarias más.
Al repasar su obra ¿ve una continuidad, distingue periodos o temas que prefiera?
En mi primera juventud escribía sobre cualquier cosa; el mundo cantaba a mi alrededor, dentro de mí. Luego vinieron años de tensión y drama, fluctuaciones entre la vida y el sueño, el amor y la muerte. ¿Tiene esto algo que ver con oscilar entre la oscuridad y la luz cuando era niña? Posiblemente. Desde hace varias décadas colaboro de cerca con muchos músicos, tanto en mi país como en el extranjero. Lamentablemente, no recuerdo el nombre de ningún compositor griego que se haya inspirado en mis escritos. Pero sigo estando agradecido.
¿Cómo es el panorama literario de Estonia en la actualidad? ¿Qué leen los lectores? ¿Quiénes son, además de usted, los escritores de prosa, poetas y ensayistas más importantes? ¿Sigue habiendo influencia rusa?
Yo diría que el panorama literario de Estonia es rico, sobre todo gracias a la impresionante cantidad de traducciones de buena calidad de muchos idiomas. Tenemos tanto clásicos mundiales como autores contemporáneos traducidos al estonio, y eso es sin duda una poderosa inspiración. La mayoría de los estilos y corrientes literarias están bien representados, hay ávidos lectores de novela histórica y ciencia ficción, documental, romántica y policíaca. Entre los sonetos clásicos y el rap salvaje hay innumerables matices de poesía; además, la slam poetry y el spoken word hablada se han hecho extremadamente populares.
Es bastante difícil dimensionar la importancia de los artistas. La popularidad —o las ventas— es una cosa, los premios otra. Además, la relevancia cambia con el tiempo. Andrus Kivirähk es probablemente el escritor estonio vivo más prolífico, conocido y querido por lectores de todas las edades. Tõnu Õnnepalu, Viivi Luik y Hasso Krull son autores, poetas y ensayistas muy leídos. También se percibe un cambio en el ambiente: cada vez son más las escritoras jóvenes que saltan a la fama y ganan premios, como Maarja Kangro, Triin Soomets, Lilli Luuk y Sveta Grigorjeva, por nombrar solo algunas.
No estoy segura respecto a la influencia rusa en la literatura estonia contemporánea. Las influencias inglesa, francesa y finlandesa son más evidentes. Pero hay algunos autores estonios de habla rusa que escriben en ruso y son traducidos inmediatamente al estonio, como Andrei Ivanov o P. I. Filimonov.
Usted vivió la transición del régimen soviético a la república estonia. ¿Qué significó para usted, para su poesía, para el mundo tal y como lo conocía?
Fue sin duda uno de los periodos más profundamente transformadores de mi vida. Hubo un momento en que no sabía qué palabras utilizar para expresarlo. Sin embargo, el poemario que publiqué en 2014, "En lugar del mundo" o "En la cama del mundo" (Maailma asemel), escrito cuando casi era sonámbula, ganó el premio más importante de Estonia. Me sentía incómoda aceptando elogios oficiales por un libro tan personal y doloroso, y utilicé el dinero del premio para poner en marcha un estipendio para poetas debutantes. En aquella época ninguna editorial se arriesgaba a publicar a poetas jóvenes y desconocidos. Pero, por supuesto, la retroalimentación en esa etapa de casi-madurez es crucial para el desarrollo posterior de cualquier artista. Un amigo editor y yo facilitamos diez debuts poéticos y dos de esos jóvenes autores son ahora poetas importantes.
Vivimos en una época de rápida agitación, la extrema derecha está en alza, la visión europea está dando paso al cinismo internacional, hay guerras, genocidios, etc. ¿Cuál es el deber del poeta (si es que existe)?
Identificar el deber propio es una cuestión profundamente personal. Creo que, como cualquier ser humano, un poeta debe ser fiel a su propio corazón, a sus valores más íntimos, a la llama que lleva dentro. Y actuar en solidaridad con los demás, como una abeja en un enjambre. El deber del poeta es permanecer despierto y consciente, en vigilia. Siempre existe la posibilidad de que una palabra clara, pronunciada en el momento oportuno, provoque un cambio.
![Epafrodito [o de la poética oscura]](https://circulodepoesia.com/wp-content/uploads/2024/03/Epafrodito_Miniatura.jpg)



