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CÍRCULO DE POESÍA

 

La legitimación de la poesía en México en los últimos treinta años

13 Jul 2009

Mario Calderón 2

Mario Calderón (Gto., 1951) es poeta, narrador y ensayista. Es creador de un método para la lectura del entorno individual. A continuación, un ensayo que reflexiona acerca de los procedimientos que un poeta sigue para volverse “imprescindible”.

 

Leemos textos de escritores con prestigio en revistas, suplementos culturales de periódicos o leemos poemarios en editoriales importantes y frecuentemente esas manifestaciones literarias no nos satisfacen porque las encontramos insulsas y carentes de un contenido trascendente. Ante esa decepción, en muchas ocasiones nos hemos preguntado como sujetos lectores ¿quién ha legitimado la poesía en la sociedad mexicana contemporánea y cómo sucede esa legitimación? Conocemos jóvenes poetas que buscan el reconocimiento, pero no saben la manera de obtenerlo ni a quien acudir. Consecuentemente, muchos de esos jóvenes terminan olvidando sus inquietudes artísticas y se dedican a otras labores más objetivas para solventar sus necesidades primarias.

            En las librerías conseguimos autobiografías de escritores sobresalientes que inclusive han recibido el reconocimiento del Premio Nobel. Cuentan muchas anécdotas, pero nunca orientan señalando el camino que ellos han recorrido para acceder al sitio en el que se encuentran.

            Naturalmente, nosotros nos hemos planteado el problema de la validación de la poesía en el México actual y el procedimiento para conseguirlo. Como respuesta, hasta el momento, tenemos únicamente indicios de ese proceso de legitimación. Esos elementos parecen ser los talleres de creación literaria, las editoriales, las becas para creadores, la crítica literaria, las revistas y suplementos culturales, los premios, las antologías, los grupos, los diccionarios bio-bibliográficos y críticos, los puestos de poder cultural, la relación del poeta con la cultura extranjera, los títulos universitarios, la oferta y la demanda, la intervención de las academias y organismos colegiados y las corrientes estéticas.

            Casi todos estos elementos son ramas o ganchos de un árbol denominado poder gubernamental donde los intelectuales, al formarse, se van enganchando y asumiendo compromisos con el sistema. Esto implica, de algún modo, acallar su conciencia y su posibilidad crítica para ser aceptados en el medio e impulsados por el poder cultural. Y en esa situación, nos preguntamos ¿Cómo pueden surgir intelectuales verdaderamente independientes y críticos? ¿Existirán editoriales u organismos que promuevan a estos escritores? ¿Cuál es la visión de mundo de las dos clases de intelectuales? ¿Cuáles son las propuestas de ambos?

            Las categorías más importantes para el desarrollo de este problema parecen ser el lector, la literatura, el poder, la preceptiva, la legitimidad y el conocimiento sujeto a la colonialidad de la que, según el sociólogo y semiólogo Walter Mignolo, debe partir toda investigación seria en Latinoamérica.

            En el fondo de este problema de legitimación de la literatura se halla la categoría de la colonialidad del conocimiento ya que las políticas culturales tienen relación o son una consecuencia de la resignificación de la globalización que indudablemente en este momento está sucediendo en México con el gobierno de Felipe Calderón.

            El problema que se plantea es el siguiente: un creador desconoce cómo o quién dará la validación o declarará su obra “de calidad” para los lectores en la sociedad mexicana contemporánea. Para dar cuenta de él, es necesario partir de otros conceptos que, aunque evidentes, es preciso acotar:

1)      Lector es el sujeto pasivo de la obra literaria, el receptor, a quien está dirigido el pretendido mensaje.

2)      La literatura es la manera de expresar la subjetividad a través de la construcción lingüística de ella.

3)      Preceptiva es el conjunto de reglas de redacción literaria que un creador debe cumplir para construir un texto.

4)      La legitimidad consiste en probar o justificar la calidad de algo, en este caso una obra poética, con base en determinadas reglas sociales y estéticas.

5)      Poder es la facultad para declarar la calidad o conveniencia de que un texto literario sea leído por el pueblo.

            Importancia de estas categorías

La categoría “legitimación” constituye el centro del problema planteado, es el objeto buscado o perseguido por el sujeto.  El lector tiene importancia porque es el destinatario final a quien se desea llegar a través del proceso de legitimación.  La categoría “poder” es axial porque constituye el árbol que cobija, un cómplice o perverso oponente de quien dependen los premios, las becas, las editoriales, las revistas, etcétera.  La preceptiva tiene importancia ya que es un peldaño más en el proceso de legitimación. La literatura, concretamente la poesía, es categoría de primordial importancia por ser el objeto que se pretende validar, al propio tiempo, es el medio de expresión para llegar al lector.

            Este trabajo parte de la necesidad que se tiene en nuestra sociedad de que se desarrolle este tema para orientar a los jóvenes en su proceso de formación como intelectuales y busca la manera de obtener una comunicación real entre poetas y lectores.

            Pero ¿Qué se entiende por validación de la poesía? En pocas palabras, el hecho de que se considere “aceptable” o “digna de ser leída” la literatura o la expresión del pensamiento de algún joven escritor o un nuevo practicante de la poesía, literatura, que es un arte que manifiesta o contiene la categoría de subjetividad, ya que muestra los diversos modos en que el sujeto percibe la realidad, sus sentimientos, sus deseos y sus creencias. Al propio tiempo, mediante la literatura se puede construir u orientar la subjetividad social mostrando a los sujetos posibles caminos del presente para alcanzar el futuro. El proceso de legitimación o validación de la literatura en la sociedad mexicana contemporánea contiene también en su centro la categoría de “comunicación humana”, por tanto, es importante el circuito de la comunicación con todos sus elementos constitutivos: El emisor o escritor, el mensaje codificado en una lengua bella o artística y, por supuesto, un receptor.

            Este circuito de la comunicación, entre el escritor y los lectores, no se establece de manera primaria o natural, a través de la oferta y la demanda, sino que se ve alterado o intervenido por agentes auspiciados por la categoría de poder de quien penden, como ya se expresó, las editoriales de prestigio, las becas, los premios, etcétera.

            Por otra parte, es verdad también que el simple mecanismo de la oferta y la demanda es engañoso ya que en casos de obras de autores como Carlos Cuauhtémoc Sánchez es consumida por una gran cantidad de lectores, pero ese consumo no garantiza la legitimidad o el prestigio dentro de la cultura mexicana hegemónica. Se observa que, para que la obra literaria sea absolutamente legitimada en la sociedad, se requiere también una educación del pueblo, para que las masas lectoras tengan acceso a la gran literatura. Se sabe que actualmente el nivel de educación en el país es insuficiente para desarrollar competencia para la recepción de la literatura. Por supuesto que se requiere incrementar el nivel de educación en la sociedad mexicana para que la mayoría de los lectores pueda darse cuenta de la realidad y actúen como sujetos libres y activos. Los lectores ideales para disfrutar la literatura serían los capaces de apreciar los mensajes, inclusive los metafóricos y que al mismo tiempo puedan dar cuenta de la estructura del texto y la belleza de la articulación de los pensamientos, lectores no ingenuos sino de segundo nivel.

            El sentido de escribir es primeramente la expresión del pensamiento del sujeto intelectual y el para qué estará ligado siempre a la comunicación a las masas, los receptores, el modo de captar la realidad, la construcción y orientación de la subjetividad así como las posibilidades de futuro con el fin de mover la conciencia de los receptores.

            La poesía definitivamente es un arte; la literatura, el arte de la palabra. Como toda manifestación artística, debiera estar sujeta al mecanismo de la oferta y la demanda, pero en Latinoamérica, concretamente en México, ese mecanismo es alterado por el fantasma del poder. Este fantasma puede impedir que la expresión de un artista independiente que procede de núcleos sociales empobrecidos no llegue nunca al gran público, por su carencia de educación, porque no es promovido por editoriales de prestigio o porque no recibe el apoyo que dan las becas de creadores o el espaldarazo que da el ser ganador de premios instituidos por el poder del Estado. En algunos casos se ve que llegan al “gran público” las obras de algunos autores que valen poco estéticamente hablando pero que están apoyadas por el poder. Quizá el bajo nivel educativo que impera en la sociedad mexicana facilite que se pueda promover a escritores poco amenos o poco dotados y se margine a los escritores procedentes de los grupos sociales no privilegiados. Existen, como pruebas de este fenómeno, los casos de la mayoría de los poetas de la generación de los cincuenta o el caso de algunos narradores como Emiliano Pérez Cruz o Gonzalo Martré.

            Pienso que la literatura debiera ser crítica, que en todos los casos encierra siempre una visión de la realidad y un compromiso, en el menor de los casos, con el núcleo social al que pertenece el escritor.

            La producción literaria en México es muy abundante. En el momento actual quizá sea una de las más importantes de Latinoamérica puesto que aquí han vivido varios de los escritores latinoamericanos más importantes como Álvaro Mutis, Juan Gelman, Carlos Illescas, Hernán Lavín Cerda, Augusto Monterroso, Gabriel García Márquez, etcétera.

La poesía en México en los últimos treinta años se ha legitimado pues a través de talleres de creación, becas a creadores, revistas y suplementos literarios, editoriales de prestigio, premios, crítica, grupos, diccionarios bio-bibliográficos y críticos, puestos de poder cultural, títulos universitarios y oferta y demanda.

            El objetivo de este trabajo es precisamente analizar la legitimación de la poesía en México en los últimos treinta años.

 

            Talleres de creación literaria

La formación de los escritores en México invariablemente comienza en los talleres de creación literaria de todo el país. En esos talleres se ubica al joven escritor en su realidad, generalmente llega escribiendo como si estuviera en el siglo XIX con influencia de Amado Nervo, Manuel Acuña o del español Gustavo Adolfo Béquer. En el taller se le sitúa en la subjetividad contemporánea y se les enseña a emplear el español actual y a desechar el lenguaje ya gastado así como las reglas de redacción y el modo de obtener la literariedad.

            Se trata de reuniones auspiciadas por universidades dentro de sus planes de estudios o reuniones semiacadémicas en las casas de cultura como parte de las actividades de difusión cultural de las delegaciones o de los gobiernos estatales.

            Los antecedentes de los talleres literarios fueron las tertulias del siglo XVIII donde se leían y juzgaban fábulas o poemas. Para la aceptación o el rechazo se basaban en las reglas derivadas de la preceptiva española de Ignacio Luzán. Este preceptista, a su vez, imitaba la preceptiva o el libro de reglas del francés Nicolás Boileau. Este libro imitaba la poética de Aristóteles y recomendaba principalmente copiar la realidad.

            Los talleres de creación literaria de pronto tuvieron gran auge en los años setenta en México. Eran reuniones de jóvenes poetas auspiciadas por una institución, la UNAM, Bellas Artes o el Centro Mexicano de Escritores. Estas reuniones estaban coordinadas por un instructor quien dirigía los trabajos del grupo.

            Es evidente que tras los talleres de creación se hallaba el poder en la contratación del instructor y en la disponibilidad de los espacios.

            Estos talleres estaban conectados directamente con las revistas y las editoriales así como con los premios pues frecuentemente los instructores recomendaban la publicación de los mejores textos y fungían como jurados de los principales concursos que solicitaban anonimato de los participantes, pero a pesar de la intención de rectitud, los trabajos presentados eran conocidos por los maestros. Esta situación originó que los premios fueran obtenidos por los jóvenes y no por las generaciones anteriores.

            En los talleres de creación poética se manejaba una preceptiva literaria oral y tradicional pues no se encontraba escrita en ningún texto. Posteriormente, sobre todo en narrativa, comenzaron a aparecer instructivos o manuales para escribir un cuento. Algunos autores han sido Guillermo Samperio y Oscar de la Borbolla. En poesía se consideraba que no deberían existir estos manuales, hablándose con cierto desprecio de la época neoclásica donde los autores debían ceñirse rigurosamente a reglas de preceptiva. Las normas de esta preceptiva oral que los jóvenes estudiantes debían observar eran, en el plano de la expresión, el ritmo, la eufonía, la uniformidad del lenguaje, la precisión eliminando los ripios y los lugares comunes o términos lingüísticos gastados o triviales y recomendando escribir versos realmente literarios o polisémicos. Nunca se ha penetrado a conciencia en el asunto de los acentos quizá por desconocimiento de los propios coordinadores de talleres. Tal vez por influencia norteamericana se eliminó el artículo sin considerar que esta palabra pertenece a la tradición española.

            En el plano del contenido, únicamente se exigía la coherencia y, como se vivía en México una etapa de cultura de tendencia marxista en los años setenta, los textos producidos debían estar lejanos al idealismo y mostrar a un poeta comprometido con su sociedad para despertar la conciencia del pueblo miserable y explotado por la burguesía. Después de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, los escritores mexicanos regresaron al idealismo negando y avergonzándose, en la mayoría de los casos, de su etapa marxista.

            Algunos de los coordinadores de talleres en los años setenta fueron Oscar Oliva, el chileno Hernán Lavín cerda y el guatemalteco Carlos Illescas. Ya en los años ochenta, se destacaron Evodio Escalante, el norteamericano Sandro Cohen, el argentino Luis Mario Schneider, el panameño Enrique Jaramillo Levi, el guatemalteco Otto Raúl González.

            Una generación memorable de poetas en formación fue la de 1978 en el taller de Carlos Illescas quien coordinaba dos cursos de Bellas Artes, el de los becarios del INBA-FONAPAS constituido por Eduardo Langagne, Héctor Carreto, Vicente Quirarte y Coral Bracho, y el taller abierto al que asistían, entre otros, Rolando Rosas, Isabel Quiñones, Víctor Manuel Mendiola, Nelly Keoseyán y Mario Alberto Mejía.

            En los años posteriores hubo gran auge de los talleres de creación poética tanto en la Ciudad de México como en el interior del país. Algunos de los instructores notables han sido José Vicente Anaya, Héctor Carreto, Efraín Bartolomé, Saúl Ibargoyen, Hermínio Martínez, Verónica Volkow, etcétera.

           

            Editoriales

La poesía en México en los últimos treinta años ha sido publicada por editoriales universitarias y de gobiernos estatales, por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes o por el Fondo de Cultura Económica. Joaquín Mortíz, Oasis y Era, que son de las escasas empresas editoriales que se han ocupado de publicar poemarios. Los libros de poemas generalmente se distribuyen obsequiados por los propios autores ya que no existe un público consumidor.

            Atrás de la publicación de los libros de poemas se encuentra también el poder gubernamental que, para la elección de los autores, se fundamenta en la afinidad política o en el juego del “yo te doy, tú me das” y pocas veces en la calidad estética o en el gusto de la mayoría de los lectores. En los años setenta y ochenta aparecieron las llamadas editoriales marginales como la máquina de escribir, la máquina eléctrica, caballo verde para la poesía y el cuento, libera sumaria[1], etcétera. En varios casos, la marginalidad, igual que la rotura de los pantalones de mezclilla de esa misma época resultó únicamente una máscara del poder y de la opulencia para disfrazarse de miseria. Resultó un peldaño de los jóvenes para ascender al poder cultural donde hoy se desenvuelven.  De esta manera, para un poeta independiente es imposible acceder a la publicación de sus poemarios en alguna colección del Fondo de Cultura Económica, de CONACULTA o inclusive en las editoriales de los gobiernos estatales. De no corregirse esta situación, probablemente, con el paso del tiempo, se pueda hablar de dos clases de poetas: los reconocidos por las instituciones de poder y los marginados que son la mayor parte de los poetas.

           

            Las becas para creadores

Las becas modernas han sustituido a los antiguos mecenas. En México el antecedente más remoto del sistema de becas se remonta al mundo Azteca donde todos los poetas eran sostenidos por el Estado

            En los últimos treinta años, han existido becas para poetas por parte del gobierno federal a través de Bellas Artes, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y de los gobiernos estatales con colaboración del FONCA. Las becas consisten en otorgar una cantidad de dinero mensual al poeta becario durante un año o inclusive durante tres a cambio de escribir un libro de poemas anual que al publicarse contenga en el principio la leyenda de que el libro fue escrito con el apoyo de una beca concedida por el organismo beneficiario. Otros organismos han concedido becas a los jóvenes como el Centro Mexicano de Escritores, el poeta Salvador Novo y la Fundación para las Letras Mexicanas constituida por grandes empresarios de la iniciativa privada mexicana. A partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari hubo una relación más estrecha del gobierno con los artistas e intelectuales. Se creó el Sistema Nacional de Creadores. Desde entonces, los artistas mexicanos aspiran a obtener una jugosa beca del Sistema Nacional o por lo menos una beca estatal, aunque ésta únicamente se conceda por un año con un monto aproximado de la quinta parte de las nacionales que tienen opción a repetirse y que casi siempre disfrutan los mismos poetas, que además radican en la Ciudad de México quitando la oportunidad a la mayoría de los artistas del interior del País. Detrás del sistema de becas y becarios se puede encontrar otra vez al poder y a los poetas confabulados en el juego del “yo te doy, tú me das”. Es evidente que un creador que disfruta de una beca o que pertenece al Sistema Nacional de Creadores no puede ejercer la crítica como intelectual independiente. Generalmente las instituciones otorgantes de becas organizan también talleres de creación donde se trabajan o pulen las obras que entregarán los becarios.

 

            La crítica

La crítica al texto poético ha sido muy escasa en los últimos treinta años en México. Para leer la obra de un poeta o un poemario, el público lector se ha guiado más por la técnica del rumor popular tan importante en México, que por el análisis y comentario crítico de los especialistas del área. Los críticos, casi siempre, han sido los propios poetas quienes se han ocupado, al mismo tiempo que producen sus obras de creación, de comentar los libros de sus amigos, atacar los de sus enemigos y olvidar los poemarios de quienes no tienen ninguna relación cercana con ellos.

            Resulta necesario aclarar también que la crítica sobre poesía publicada en revistas, suplementos culturales e inclusive en tesis y libros sobre el género han sido, en la mayoría de los casos, temática, anecdótica, impresionista, sin empleo de método. Esta situación parece comenzar a cambiar con algunos jóvenes ampliamente conocedores de la teoría literaria que actualmente revitalizan la estilística derivada de la práctica crítica de Dámaso Alonso y el conocimiento pleno del estructuralismo y la semiótica. Algunos de los críticos más notables que se han ocupado de la poesía son Octavio Paz, Efraín Huerta, Marco Antonio Campos, Evodio Escalante, José Francisco Conde Ortega, Samuel Gordon, Israel Ramírez, Armando Oviedo, Arturo Trejo Villafuerte, Juan José Reyes, Armando González Torres, Ricardo Muñoz Munguía, Juan Domingo Argüelles, José Homero, Alejandro Palma, Sandro Cohen, Oscar Wong, Alejandro González Acosta, Víctor García Vázquez, Alí calderón, Jorge Mendoza Romero y  Ernesto Herrera entre otros.

 

            Revistas

Las revistas y los suplementos culturales han desempeñado una labor muy importante en México en los últimos treinta años tanto por la creación literaria como por la crítica que han publicado.

            Algunas de las revistas más importantes en el área de poesía han sido Plural, en su primera y segunda época, Vuelta, Letras Libres, La palabra y el hombre, la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, Crítica, Dos Filos, Texto crítico, Cultura de Veracruz, La Cultura en México de Siempre!, Periódico de poesía, Alforja, La semana de Bellas Artes, Sábado de Uno más Uno, El gallo ilustrado de El Día, La jornada semanal, El Búho de Excélsior, Arena también de Excélsior, México en la Cultura de El Nacional, Semanario Cultural de Novedades, El Diorama de la cultura de Excélsior, La Onda de Novedades, etc.

La importancia de estas revistas y suplementos culturales se debe al prestigio adquirido debido a las personalidades que han escrito en ellos y a la cantidad de lectores con los que han contado. La mayoría de las revistas y suplementos culturales publican obras de creación así como reseñas y ensayos críticos.

 

            Premios

Existe una gran cantidad de premios en México organizados por el gobierno de la República a través de Bellas Artes o, más recientemente, a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Existen otros también organizados por universidades y gobiernos estatales y otros, como el Villaurrutia que organizan escritores en favor de otros escritores. El premio más importante otorgado a la poesía y organizado por Bellas Artes, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Gobierno del Estado de Aguascalientes es el Premio Nacional de Aguascalientes otorgado cada año a un poemario.

            Sobre el tópico de los premios, destaca que hay poetas que han obtenido gran cantidad de los premios existentes y que no convencen con su obra a la mayoría de los lectores. Esta situación hace pensar que los premios, en muchas ocasiones no se ganan por la calidad estética sino que se puede pensar que son conseguidos a través de relaciones del poeta con los jurados o los organismos organizadores.

            Existe también el Premio Nacional de Ciencias y Artes que otorga el Gobierno de la República a las personalidades más destacadas que gozan de un prestigio ya obtenido a través de las instituciones de legitimación. (Pereira Armando, 2004: 406-422)

 

            Antologías

Las antologías constituyen otro medio de legitimación en México. Se han hecho antologías regionales y estatales que legitiman a los poetas locales. Algunos ejemplos son Quinientos años de poesía en el valle de México de Aurora María Saavedra. Se han elaborado también antologías temáticas como Poesía erótica mexicana de Enrique Jaramillo Levi, Sol de mi antojo, antología de poesía gay de Víctor Manuel Mendiola, Poesía de desamor, de José Vicente Anaya, etcétera.

            Han aparecido además antologías que se centran en el criterio de generaciones como Asamblea de poetas jóvenes de México de Gabriel Zaid, Poetas de una generación (1940-1949), selección y notas de Jorge González de León y prólogo de Vicente Quirarte, Poetas de una generación (1950-1959) con selección y prólogo de Evodio Escalante, Eco de voces, sobre poetas de la generación de los sesenta de Juan Carlos H. Vera, Poetas de Tierra Adentro I de Héctor Carreto, Poetas de Tierra adentro II y III de Thelma Nava, El manantial Latente de Ernesto Lumbreras y Hernán Bravo, Árbol de variada luz de Rogelio Guedea y La luz que va dando nombre 1965-1985 Veinte años de la poesía última en México de Alí Calderón.

            La antología sobre los poetas de la generación de los cuarenta dejó fuera a poetas tan importantes como José Vicente Anaya y Herminio Martínez.

            La antología sobre los poetas de la generación de los cincuenta quizá ha sido la de irrupción más violenta ya que, después de veinticinco años de su aparición, representó más un estorbo que una contribución para la historia de la literatura ya que constituyó sólo un esbozo pues incluyó aproximadamente a la mitad de los poetas dado que una gran cantidad de ellos no fueron incluidos y éstos, más tarde, inclusive fueron ganadores del Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes. No fueron incluidos Juan Domingo Argüelles, Baudelio Camarillo, Eduardo Milán y Jorge Valdés Díaz-Vélez además de otros poetas que han tenido gran desarrollo o han obtenido otros premios como Víctor Manuel Mendiola, Ethel Krauze, José Francisco Conde Ortega, Rolando Rosas, Gerardo Sánchez, Demetrio apolinar, Ángel José Fernández, Enrique de Jesús Pimentel, Víctor Rojas, Mariano Morales, etcétera.

            Sin embargo, las antologías que han despertado mayor polémica son las que han pretendido, sin criterios o argumentos convincentes, decir cuál es la lista de los verdaderos poetas mexicanos merecedores de trascendencia. Son las antologías de Eduardo Milán y Juan Domingo Argüelles que, según la mayoría de los poetas, resultaron sólo tangenciales.

Otro aspecto importante en la legitimación de la poesía en México es el asunto del padrinazgo. Los padrinos han existido a lo largo de toda la historia de la poesía mexicana. Sobre este tema podría escribirse una investigación exhaustiva que daría argumentos y páginas suficientes para una tesis de licenciatura o maestría. El Padrino es una persona, generalmente escritor, un poeta, que ayuda a otro poeta joven corrigiendo sus textos, orientándolo en sus relaciones y colaborando para que publique sus poemas, sobre todo sus primeros libros. Un ejemplo y una cadena de padrinazgo sería el caso del dominicano Pedro Henriquez Ureña quien fue padrino de Salvador Novo, entre otros. Este poeta contemporáneo, a su vez, fue padrino de César Rodríguez Chicharro, entre otros. Chicharro continuó la tradición ayudando a varios poetas de la generación de los cincuenta, corrigiendo sus textos y colaborando para la publicación de sus primeros libros.

 

            Grupos

Otro mecanismo de legitimación es la formación de grupos. Estos se constituyen por varias razones: políticas, estéticas, sexuales, o de afinidad debida a la procedencia socioeconómica de los miembros.

            Se advierte claro que ha existido una asociación o un grupo de escritores pertenecientes tal vez a una logia o a un partido político. Se ayudan mutuamente y de esa manera adquieren vigor y promoción en la sociedad. Integrantes de esta asociación de otras épocas son validados y mantenidos vigentes en la sociedad contemporánea. Algunos Casos son Ignacio Manuel Altamirano y Guillermo Prieto que hoy siguen siendo estudiados y continúan vigentes.

            Los escritores asociados por este criterio, suponemos, ingresan fácilmente a organismos colegiados de gran prestigio como el Colegio Nacional. Parece ser ésta también la razón por la cual existen escritores que sin una gran obra de creación o crítica que los respalde han recibido homenajes y doctorados honoris causa y gozan de gran prestigio.

            En México, se reparó por primera vez en la relación de poesía y sexualidad en el siglo XX con la aparición, por un lado, de Los Poetas Contemporáneos y, por el otro, con el grupo de los estridentistas. Los Contemporáneos escribieron por primera vez en México poemas abiertamente homosexuales. Los estridentistas notaron que existía una sensibilidad homosexual opuesta a la suya, masculina y, por supuesto, que pueden distinguirse claramente tanto en el estilo, como en el plano del contenido fundamentalmente tres tipos de sensibilidad: la masculina, la femenina y la gay.

            Se advierte pues otro grupo de escritores en torno a la idea de la homosexualidad que parece tener inicio con Sor Juana. Se continuó la tendencia con la generación de los contemporáneos y hoy aquellos son mantenidos vigentes por otros escritores de gran prestigio.

 

            Los diccionarios bio-bibliográficos y críticos

Los diccionarios bio-bibliográficos y los diccionarios enciclopédicos así como los diccionarios críticos constituyen otro recurso que ha legitimado a los poetas en los últimos treinta años. Cumplen la función de registrar los poetas con sus obras y proyectarlos hacia las nuevas generaciones. Han existido los siguientes diccionarios: El diccionario biobibliográfico de escritores contemporáneos de México de Josefina Lara del Instituto Nacional de Bellas Artes, dirección general de publicaciones y medios de la SEP y Brigham Young University editado en 1988. Cubrió la presencia de escritores nacionales entre 1930 y 1960; El diccionario biobibliográfico de escritores de México 1920-1970 de Josefina Lara Valdés y Russell M. Cluff del Centro Nacional de Información y promoción de la literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Brigham Young University publicado en 1993; El diccionario de escritores mexicanos publicado por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM dirigido por Aurora M. Ocampo en el cual han colaborado Myriam Jarmy Sumano, Pilar Mandujano Jacobo, Laura Navarrete Maya, Aurora M. Ocampo, Rocío Olivares Zorrilla, Patricia Ortiz Flores, Armando Pereira, Aurora Sánchez Rebolledo, Angélica Arreola Medina, Rocío González Serrano, Carlos Rubio Pacho, Eduardo Serrato Córdova, Marcela Quintero Ayala, Horacio Molano Nucamendi, Jesús Gómez Morán, Ivonne Córdoba Chávez y Elina Hernández Carballido.        El diccionario consta de nueve tomos y abarca desde las generaciones del ateneo y novelistas de la revolución hasta nuestros días. El primer tomo apareció en 1988 y el último durante el año 2007. Este diccionario es esencial para el estudio de algún autor ya que registra datos biográficos, la obra de los autores y las citas y referencias que se han escrito sobre poetas, autores de teatro, ensayistas y narradores mexicanos. Este diccionario es continuación del Diccionario de escritores mexicanos de Aurora M. Ocampo y Ernesto Gómez Prado Velázquez con un panorama de la literatura mexicana de María del Carmen Millán. Esta obra registró a los autores de poesía, teatro, novela, cuento y ensayo. Algunos colaboradores fueron Francisco Monterde, José Rojas Garcidueñas, J. M. González de Mendoza, Huberto Batis e Inés Arredondo. Abarca desde la época prehispánica hasta 1967. Ya incluye a los autores de la Espiga Amotinada y a Homero Aridjis, nacido en 1940 así como a Eraclio Zepeda, José Agustín y Gustavo Sainz; el Diccionario enciclopédico Milenios de México en tres tomos de Humberto Musacchio, publicado por Hoja casa editorial en 1999; Diccionario de Literatura Mexicana siglo XX coordinado por Armando Pereira con la colaboración de Claudia Albarrán, Juna Antonio Rosado y Angélica Tornero editado por la UNAM y Ediciones Coyoacán el año 2000. Hubo una segunda edición corregida y aumentada el 2004. Este diccionario contiene en forma alfabética los autores, las principales editoriales, los premios, los grupos y asociaciones literarias, revistas, movimientos y tendencias literarias, etc. El libro es perfectible. En él no se encuentran, por ejemplo, las editoriales marginales como La máquina de escribir y Liberta Sumaria. Diccionario crítico de la literatura mexicana (1955-2005) de Christopher Domínguez Michael del Fondo de Cultura Económica publicado el 2007. En esta obra se advierte un espíritu elitista que se afana en eliminar la inclinación popular de la poesía a pesar de que, su tendencia pretendidamente culta, es la menos rica en matices imaginativos y en creatividad. Los sectores elitistas definitivamente hacen daño a la poesía mexicana.        Este daño se nota en las exclusiones y opiniones del crítico Christopher Domínguez quien, ante las críticas de la mayoría de los escritores, contestó que para la elaboración del diccionario se basó únicamente en su gusto personal. Con este criterio invalidó de hecho el sentido crítico de su obra.

            La editorial Fondo de Cultura Económica se ha confabulado con la tendencia elitista dejando de lado a grandes artistas de tendencia popular. Con esta actitud, el Fondo de Cultura Económica adquiere una deuda con el pueblo de México. Ojalá que sea capaz de reaccionar ya que esta editorial pertenece al pueblo y no únicamente a un sector social. Su reconsideración de rumbo lo agradecerían escritores como los autores de la onda y los post onderos en narrativa, así como muchos de los poetas de tipo popular.

 

            Puestos de Poder Cultural

En medio de este juego del “yo te doy, tú me das” que se vive en el ambiente de los escritores es importante obtener un puesto de poder cultural pues quienes lo detentan pueden distribuir el dinero de la cultura, editar libros, contratar personal en puestos culturales de confianza, etcétera. Algunos de estos puestos pueden ser Secretario de cultura estatal, director de una editorial, revista o diario, jefe o representante de alguna fundación cultural, etcétera.

            El poder cultural ha dado origen a la aparición de una especie de cacique cultural que se observa tanto en  la capital del país como en la provincia. En cada estado se ha erigido un cacicazgo que es fácilmente identificable.

 

            La relación del poeta con la cultura extranjera

Tal vez por la máxima aquella de Freud sobre que “infancia es destino”, igual que en la época de la conquista, en México seguimos sobrevalorando al opinión de los extranjeros sobre nuestra cultura. Por esta razón, muchos escritores buscan denodadamente el reconocimiento extranjero para que éste tenga repercusión en nuestro país. De hecho, Octavio Paz, por ejemplo, fue reconocido después de que sus amigos en Europa comenzaron a valorarlo.

Buscando el reconocimiento extranjero, los poetas que tienen posibilidades buscan publicar sus poemarios en el extranjero, aparecen en antologías del extranjero, obtienen premios en el extranjero, publican en revistas extranjeras y pertenecen a organismos culturales de otros países.

 

            Títulos y grados universitarios

Desde los años ochenta, el poeta y crítico Arturo Trejo hacía notar que había surgido una nueva generación de poetas y licenciados, (Trejo, 1996:114) los miembros de la generación de los cincuenta que por fin eran egresados de alguna universidad y por eso se desempeñan generalmente en el área de letras como profesores habiendo dejado atrás la miseria padecida por los poetas de otras épocas. Poseer un título universitario implica además ciertos conocimientos de teoría literaria y como consecuencia el abandono de la improvisación.

            Hemos sabido después que hay varios poetas que poseen título de Doctor, generalmente graduados en el extranjero. Esto hace sospechar  que es más fácil acceder a un doctorado en una universidad extranjera que en la UNAM. Una lista de poetas Doctores es la siguiente:

Rogelio Guedea, Luis Vicente de Aguinaga, Pedro Serrano, Verónica Volkow, Sandro Cohen, Vicente Quirarte, Luis Roberto Vera, Víctor Toledo y Alejandro Palma. Existen muchos otros poetas con grado de Maestría y la gran mayoría con título de Licenciatura.

            Los conocimientos adquiridos durante los estudios universitarios, aunque se crea en la inspiración, garantizan el empleo de la teoría literaria en el momento de la escritura. Con esta situación casi han quedado atrás los poetas autodidactas y tiende a desaparecer el desprecio de los artistas por lo académico. En este contexto, es importante hacer notar que, en los años ochenta se observó el fenómeno de escritores autodidactas como Juan José Arreola, quien sin un título universitario, fue profesor de la licenciatura en la UNAM o Antonio Alatorre que inclusive fue profesor en el posgrado de la misma universidad sin contar con un título universitario. Lo mismo sucedió con Emmanuel Carballo quien también impartía cursos en el posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en los años 80. Los tres eran excelentes e ilustres profesores formadores de las nuevas generaciones de críticos y creadores

 

            La oferta y la demanda

Se habla de poesía en un núcleo muy reducido de personas quienes ofertan su propia obra y demandan otras obras poéticas para su retroalimentación. Sin embargo, esta situación no preocupa demasiado a los creadores mexicanos pues durante el modernismo la población era aproximadamente de quince millones de habitantes con un gran porcentaje de analfabetismo y hoy son muy valorados los poetas modernistas como Amado Nervo, Enrique González Martínez, José Juan Tablada o Ramón López Velarde.

 

            Corrientes estéticas

Las tendencias artísticas parecen agrupar a un gran número de poetas que por su coincidencia con una concepción estética y un modo de escritura se fortalecen y adquieren importancia en la sociedad. En los últimos treinta años se advierte, en cuanto a corrientes se refiere,  un grupo de poetas pretendidamente cultos como Verónica Volkow, Eduardo Hurtado y seguramente Eduardo Milán.

            Se percibe en el otro extremo, quizá sin que se mantenga nexos de amistad, otro grupo de poetas con arraigo popular como Arturo Trejo, Rolando Rosas, Ricardo Castillo, José Francisco Conde y tal vez Daniel Sada.

 

            En los últimos treinta años, no se puede hablar de corrientes claras de la poesía en México. Tal vez puedan referirse varios tipos de lenguaje poético. “Existen muchas maneras de concebir la poesía y precisamente esos diversos modos de comprenderla dan origen a los diversos lenguajes poéticos” (Calderón, 2005: 89). Entre los que se encuentran el neobarroco, el lenguaje de surrealismo automático con aliteraciones y juegos de palabras, el lenguaje con términos propios de la naturaleza, el lenguaje surrealista basado en Los símbolos de la interpretación de los sueños de Freud, el lenguaje de humor e ironía, el lenguaje poético de norma coloquial, entre otros.

 

            Conclusiones

Es posible que un poeta reconocido carezca de premios o que nunca haya disfrutado de una beca para creadores, pero es seguro que habrá tenido relación con los otros elementos legitimadores que aquí he mencionado.

            En Conclusión, un joven poeta debe primeramente aprender el oficio en los talleres de creación exponiendo su poesía a la crítica del tallerista y de sus compañeros recordando lo que escribió Efraín Huerta: “sólo a fuerza de poesía se deja de ser poeta a fuerzas”. Se debe intentar la publicación de sus textos en las revistas y suplementos culturales con más prestigio en México. Ha de buscar, como la mayoría de los poetas jóvenes lo hace, conseguir apoyos económicos o becas para la creación poética. Al ver concluido un poemario deberá enviarlo a los concursos o premios existentes en el país y en el extranjero, y una vez publicados sus libros, deberá buscar la opinión de los críticos y si desea conseguir la legitimación y el prestigio, definitivamente debe acceder a un puesto de poder cultural como el que ostentan actualmente algunos de los poetas más reconocidos de México.

 

 

 

 

Bibliografía

 

Calderón, Mario

2005                “Poesía y algunos lenguajes en la generación de los cincuenta” en Poesía              mexicana reciente. Samuel Gordon (compilador). Eón / University of Texas                at El Paso. México.

 

Pereira, Armando

2004                Diccionario de Literatura Mexicana Siglo XX, UNAM, Ediciones Coyoacán.

 

Trejo Villafuerte, Arturo

1996                La esponja y la lanza, CONACULTA, Universidad de Ciencias y Artes de                     Chiapas.

 


[1] Esta fue una editorial del grupo del mismo nombre coordinada por el narrador y poeta Enrique Jaramillo Levi. Eran integrantes de este grupo Carlos Oliva, Rolando Rosas, Mario Calderón, Frida Varinia Ramos, Carlos Santibáñez y otros. Publicaron dos volúmenes colectivos del grupo Diecinueve bajo cero y Cero y van dos, y los poemarios El mar es una llaga  de Carlos Illescas, A solas con mis ojos de Enrique González Rojo, En alguna parte ojos de mundo de Rolando Rosas, Para decir buen provecho de Carlos Santibáñez, Escorpión en invierno de Raymundo Ramos, Los engaños de mi voz de Mario Sánchez, Viaje a la otra parte del mundo de Mario Calderón, Cuentos, de Juan García Ponce  y Sincrónicas uno de Arqueles Vela.

 

 

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