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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía argentina No. 9: Sebastián Bianchi

10 Ago 2011

Sebastian BianchiEn el marco de la serie “poesía argentina actual”, preparada por Nicolás Pinkus, presentamos la poesía de Sebastián Bianchi (Buenos Aires, 1966). Publicó Segunda Interpretación al Médano de Arena (1998), Atlético para discernir. Sus últimos poemarios son Manual Arandela (2009) y Poemas Inc. (2010)

 

  

 

 

 

 

 

1° Oda matrimonial

 
 

 

 

 

Ensimismado, junto al mausoleo

de los esposos, en el rancio

almacén -en el corazón

poetizado al mango- un Hölderlin

de Avena yéndose con el viento

de las amapolas.

Petrificados, mármoles de

granaderos, voces que escriben

las lápidas.

El camino de los vates solteros, quemados

en la fiebre de su solo cuerpo

que se deforma… ¡Y van

a parar, cada tanto, en la temporada

en que la más lampiña mejilla

renace, del púrpura al violeta, alegres

tras el tornasolado monóculo!

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

A nosotros que cantamos los lamentos

 

Hoy me tropecé con tus ojos violetas y solos.

Me besabas con la lengua en mi hocico de ramera.

Venas calladas, no fuimos invitados a la fiesta de la

perfección, del antidolor y los palacios.

Los poetas oficiales hacen cruces.

Y los fantasmas llevan babuchas a la moda.

Esa que chatea con la noche cuenta de sus pródigas

migajas a las hazañas.

Por eso, ahora que las esquirlas del verano se

desparramaron por el éter y las alas se transforman,

vendrás a buscarnos en el barro, a nosotros

que cantamos los lamentos de los césares idiotas.

 

 

 

 

 

  

 

 

 

Estatuas

 
 

 

 

1).

Puso el motor en marcha y bajó la banderilla, haciendo desaparecer la palabra LIBRE. Un tictac creciente me fue preguntando por los nombres de María, tras el verbo violentado sexualmente. Esta Pasión siempre nos llega como herida por la urgencia. Es mediodía, toda una vagina solar. Cupido la va chupando. Da besos idiotas y tiene una gran lengua, con millones de rulos. Hoy la réplica plástica harta de su viejo colgajo, desmoronó su figura de antaño, sobre este otoñal desparpajo de caderas y bustos.

 

  

 

 

 

2).

Querido Mallarmé: No he prendido el ordenador. En todo el puto día, ¿puedes creerlo? La musa ha de estar en casa de Valéry, quejándose de Degas y las flatulencias en general. ¿A ti cómo te ha ido con ese friso corintio octosilábico? ¿Nada todavía? Ah, todos los acentos son suspiros, todas las notas mezclan llantos con el sonido. Jamás se puede golpear un poco fuerte sobre el corazón del hombre sin que de él caigan mármoles, ¡tan llena de tristeza está, en el fondo, la naturaleza y de tal modo lo que la conmueve hace subir heces a nuestros ojos y nubes a nuestros labios!

 

 

  

 

 

 

Los pedazos

 

 
 

 

 

Un tenis melancólico yacía y supuraba viscosidades nauseabundas

en mis señoras de los placeres anestesiados con su chorro negro de lenguas

de lagarto que buscan imperiosamente lamer válvulas hasta volverlas osos que se

desorientan de tu mano con el vapor rosa del efluvio.

Yo te seguía, a tontas, cuando desenroscabas la serpiente

entre las carpetas de mis últimas producciones,

y encontraba un trozo de tu cuerpo para sonreírle a cada instante.

La mínima luz de una mesita me hacía estremecer hasta caer borracho.

Fumaba en las esquinas o veía al viento pasear cogoteando.

Los ojos de una vecina eran rojos y helados.

Tras la araña que formaban los olores con los miles de hilos

de sus fragancias insondables, nuevas al respirar a todo lo largo del verano,

más frescas que el árbol de donde cuelgan los delfines que no se operan,

tus pedazos vagaron solitarios por mis heridas que se abrían como hebillas.

Y a una señal, en el misterioso carrusel de las modificaciones, se hizo una espiral.

 

 

 

  

 

 

 

Melancolía

 

 
 

 

 

…ahora los tirabuzones están allí detenidos, multicolores, en el amorfo

arcoiris que se mueve.

               Los ríos me despiertan; el abejorro baila

                                                                                           adolescente

                                                                                            por

                                                                                            el aire.

Manzanares, hay un jardín mustio de invierno. Banquitos de mármol gris

perla.

El musgo que se empinan sobre los arbustos

                                                                                 abichados.

        Mi padre es el silencio y el desvarío

en el recodo del viento, junto a la higuera y la muerte.

Porque su nodriza le pide siempre el llanto de otoño

las ramas se balancean como la turquesa de miradas lascivas.

       ¡Qué poco que producen a media tarde los arbustos!

       Cuando el gris crepúsculo con sus granitos sobre el cerezo cae en

cámara

lenta.

              Un último violeta se llevan los afanes…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Canto a las viudas del vapor “25 de Mayo”

 

 

 

 

 

 

 

I.

 

Cabezas rapadas que van cantando en el futuro, yo los visito con mi máquina del tiempo

que inventé hace antaño en días de soledad y tristeza.

Traigo mi música para todos los muertos, en cada sílaba resuena

el murmullo de una familia. Sus voces quedaron en mí, las amé en los

trenes, las acumulé en los bares, las hice muchas una mañana entre las

enredaderas cubiertas de rocío.

Vi abrirse la boca del hipopótamo y tragarse la nube de mi vida entera,

en una bocanada fui un mosquito para él y mi carne le sabió apetitosa.

Hoy estoy en el petróleo, moviendo las máquinas del mundo,

voy girando en un Winco cargado de vibraciones.

 

 

II

PLOMERÍA Y ARREGLOS EN GENERAL. COSTURAS DE TODO TAMAÑO. 

 

 

 

 

 

Sección IV -Batallón “Uribe y Pampa”. BUE1OS AIRES, La Cautiva.

 

 

 

 

Mensajerías “Anibal”, las únicas que llegan a tiempo.
 

 

 

 

 

Señorita soltera se ofrece (Preámbulo para una Obra Social) – Batallón “Pequeños

dominicos”, batallón “Alkaselzer”, compañía de “Televisores apagados argentinos”.

La lluvia a baldazos se aleja a través de nosotros.

En las grietas, en el aire negro, abejorros desquiciados por la carroña.

Susurros pasan por entre las cuencas vacías, como aplanados galpones, los festivales en

los rosedales de la música disco. MODA & VARIEDAD, Estreno Inminente. Vestite en

“Casa Mamerto” y disfrutá con sus permanentes rebajas. Te vas a sorprender…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

III

Bueno, heme aquí en el cielo. He pecado a lo largo de la vida

para llegar a este tonto pasillo de buenas calaveras.

 

 

 

 

 

 

 

Ese que veo allí fue peón de albañil,

allí una sirena, una diosa china afrodisíaca, un canciller espía,

una turca de senos del tamaño de una serpiente con sostén a cremallera.

Me parece que mis padres y los padres de mis padres se han llegado como

yo a este infierno -a este cielo de clase media en el que me

lavaban con jabón de tocador Araxá-.

Algunos amigos quieren arreglar la tumba del amigo, otros dicen que no es

necesario, algunos piensan en cemento y piedras cálidas, otros en tierra

como está, otros en laja, en la piedad melodramática del mármol imitación violeta.

 

 

IV

 

 

 

 

 

 

 

He llegado al abismo y siento vértigo

 

 

 

 

 

 

 

Sonsonetes y cerrojos, y también ustedes, resoplidos:

He llegado al abismo y siento vértigo, fea es la belleza

de la madrugada candente.

Pero vamos corriendo nosotros, a la tontería y al sinsentido,

con las mochilas cargadas.

Haberle empeñado mi tarde soñada a tu estación predispuesta…

Camaradas, búsquenme en la infancia, en el arrebatado estercolero.

 

 

 

 

 
 

Datos vitales

Sebastian Bianchi nació en Buenos Aires en 1966. Publicó Segunda Interpretación al Médano de Arena (1998), Atlético para discernir funciones (1999), El trazado Luro-Matanza (2000), El resorte de novia y otros cuentos (2002), Manual Arandela (2009), Poemas Inc. (2010).

 

 

 

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