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CÍRCULO DE POESÍA

 

Una conversación con Ulises Juárez Polanco

26 Jun 2016

La poeta argentina Marisa Martínez Pérsico conversa con el narrador nicaragüense Ulises Juárez Polanco (Managua, 1984). El motivo de esta conversación, dice Martínez Pérsico, “es hablar de literatura. Y, también, del último libro de cuentos de Ulises (La felicidad nos dejó cicatrices, Valparaíso, Granada, 2014) presentado en el Club de Lectura de marzo en la Biblioteca María Zambrano del Instituto Cervantes de Roma; de su novela en curso, de su canon literario personal, la extraterritorialidad y las generaciones, sus ceremonias de escritura”. 

 

 

 

 

 

 

Nuevas cicatrices de la felicidad en territorio romano. El laboratorio compositivo de la novela Sirenas, de Ulises Juárez Polanco 

 

Me encuentro con Ulises Juárez Polanco (Nicaragua, 1984) en la Real Academia de España en Roma (RAER), donde desarrolla una estancia como escritor en residencia (2015-2016) con la Beca de Creación Ramón del Valle Inclán, financiada por el gobierno español. Allí escribe una novela titulada por ahora Sirenas, actualmente en proceso de redacción. 

La primavera romana nos acoge apacible. Tras una furtiva visita guiada por el tempietto de Bramante, las terrazas desde donde se vislumbran el monumento a Garibaldi, el fontanone dell’Acqua Paola o las cúpulas ocre de la Città Eterna, nos instalamos en los jardines de la RAER. Un par de pájaros aguerridos, empecinados en trinar a nuestro alrededor, aportan un colorido particular a la entrevista. Casi tanto como las recitaciones y engolamientos de ópera que provienen del ensayo dirigido por el becario de artes escénicas, Rafael R. Villalobos, quien practica la inminente puesta en escena de un auto sacramental de Calderón de la Barca, El Año Santo de Roma

Con estas didascalias sonoras, y en un año rubendariano como el 2016, la excusa es hablar de literatura. Y, también, del último libro de cuentos de Ulises (La felicidad nos dejó cicatrices, Valparaíso, Granada, 2014) presentado en el Club de Lectura de marzo en la Biblioteca María Zambrano del Instituto Cervantes de Roma; de su novela en curso, de su canon literario personal, la extraterritorialidad y las generaciones, sus ceremonias de escritura. 

Marisa Martínez Pérsico

 

 

LA REDACCIÓN DE SIRENAS

 

Pregunto por la marcha de Sirenas y lo que Ulises empieza a contarme me trae a la mente la idea de Ursprache, la lengua madre originaria o protolengua reconstruida a partir de evidencias de idiomas póstumos que Borges perseguía en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.

 

MMP: ¿Cómo procede la escritura de Sirenas? ¿Cómo abordás la reelaboración y relectura de la tradición homérica, tan vasta?

UJP: Mi obra en principio no va en contra del consenso que ha existido por siglos en torno a la figura de Odiseo, sino que parte de él. En síntesis, el argumento es el siguiente: bombas destruyen contemporáneamente algunos de los templos y sitios históricos más importantes del mundo. Hay atentados en trece ciudades de América, Europa y Asia al mismo tiempo, incluyendo Roma, efectuados por una supuesta célula de un grupo terrorista que se llama Los Buscadores de las Santas Palabras. Un investigador latinoamericano residente en una academia descubre la sorprendente relación entre las Santas Palabras y un héroe griego que había vivido grandes aventuras en suelo italiano, y que había sido el primer custodio de estas palabras inmortales. Sirenas tiene dos narradores, dos voces en dos épocas: Euríloco, segundo de la tropa de Odiseo, convencido de su muerte próxima a causa de las manías de grandeza de su líder, y un escritor obsesionado con el poder de las palabras y de la memoria, el cual, partiendo desde Roma, sigue la estela del canto que las sirenas dedicaron a la tropa de Odiseo treinta siglos atrás en una costa cercana a Sorrento. Las palabras habían sido pronunciadas por primera vez por los dioses y contienen todos los verbos, todos los adjetivos. En algún momento, estos dioses entregaron estas palabras a unas mujeres-aves que se rebelaron contra esta tarea y que se dedicaron a cantar tales palabras a todos los marineros que quisieran escucharlas. Las palabras son tan fuertes y tan hermosas que todos los marineros que las escuchan, mueren. Es una variación del mito de las sirenas. El único que escuchó esas palabras y que pudo guardar información fue el viajante errante de Ítaca que, en teoría, dejó instrucciones acerca de la naturaleza de esas palabras. Y mientras él investiga eso, suceden los atentados. 

La policía, entonces, busca a este investigador para que dé pistas sobre lo que está pasando. Y así, entre la Roma actual y la antigua época del Mediterráneo se va narrando la historia. Por otra parte, Odiseo busca descubrir quién es. Mi Odiseo es lo contrario de los viajeros que viajan para regresar: él lo hace para no regresar a Ítaca. Y su padre no es Laertes, es Sísifo. Entonces, cuando él llega al Hades para buscar las pistas de su retorno, está buscando a su padre. Y en vez de ver allí a Tiresias, se encuentra con Sísifo, su padre. Menciono a Laertes y, también, a Peleo, no solo por la infancia de Odiseo, la paternidad de Sísifo y la crianza de Laertes, sino para conectar la rivalidad que, para mí, siempre existió entre los dos grandes héroes de Occidente, Aquiles y Odiseo. Aquiles es un semidiós educado por Quirón –y Quirón me sirve para conectarme con el “Coloquio de los centauros” de Rubén Darío, a quien de alguna manera creo que aparecerá en la novela–, pero también porque los argonautas, en el recorrido que hicieron por la costa italiana, pasaron también por el Estrecho de las Sirenas, con la diferencia de que Orfeo los salvó tocando su lira para que no escucharan el canto. Me da mucha curiosidad imaginar la infancia de Odiseo escuchando las historias de su padre de crianza sobre estas mujeres. Más tarde, en su viaje de Troya a Ítaca, la curiosidad lo llevó a investigar lo que decían las sirenas… De este modo, conecto el mito de los argonautas con la Odisea. En mi novela juego con la idea de que tener la palabra es tener el poder, también el poder de la destrucción.

 

MMP: ¿La RAER aparece ficcionalizada en esta obra? Si sí, ¿de qué manera? 

UJP: Sí, aparece ficcionalizada, como tenía que ser. Originariamente mi proyecto incluía dos cosas: escribir sobre Odiseo y, paralelamente, componer una especie de diario de becario, aprovechando la estancia creativa para redactar un pequeño diario combinando realidad y ficción. Cuando empecé a hacerlo no lograba conectar la historia de becario con Odiseo, no me sentía muy cómodo con el experimento. Al final opté por adoptar a la Academia como un personaje más, como un escenario de investigación particular. En la novela desfilan algunos becarios, transformados, claro, por la ficción. A ver, decime vos si no es fascinante que un viajero como yo, que va a escribir sobre sirenas, ninfas y brujas como Circe y Calipso, se encuentre en esta academia con una maga [Ulises alude a Inés Molina Fuentes, “Inés La Maga”, becaria de artes escénicas en la disciplina magia, que está investigando sobre la historia del ilusionismo en Roma y ha creado un espectáculo durante su estancia]Luego, en mi novela abordo el tema del exilio, emparentado con aquello que en Cuba llaman insilio, el estar encerrado en un único sitio, y de pronto Iñaki tiene un proyecto sobre cárceles [Ulises alude al artista plástico Iñaki Gracenea, quien se encuentra desarrollando un proyecto de arquitectura panóptica, centrado en la edificación de prisiones del siglo XIX]. Son pequeñas coincidencias demasiado gustosas como para no aprovecharlas en la ficción. 

 

 

PADRES Y ABUELOS LITERARIOS 

 

Empiezo a referirme a algunos cuentos de La felicidad nos dejó cicatrices y percibo cierto distanciamiento espiritual del autor respecto de este libro, como si estuviera aludiendo a su prehistoria literaria. Es que, aunque el libro fue firmado en 2014 en Washington, reúne textos primerizos escritos en la década del 2000, como “El enterrador” y relatos más cercanos en el tiempo agrupados bajo el título “La vida diaria”, una propuesta de diario personal publicada durante tres años en redes sociales. 

 

MMP: Tu libro es inaugurado por un pórtico nada menos que de Sergio Ramírez. Allí, Ramírez aconseja al lector que comience a leer sin pérdida de tiempo porque tu prosa no aburre. ¿Ves en Ramírez a un mentor literario? 

UJP: Sergio Ramírez es el gran narrador de Centroamérica. Tiene un doble mérito el hecho de que sea nicaragüense, partiendo de la constatación de que Nicaragua es un país de poetas. Es un gran cuentista, pero en su última novela, Sara, su uso del punto de vista me animó en mi proyecto actual, rescatando la importancia de los personajes secundarios. Para mí también son más interesantes los personajes secundarios que los principales. No por casualidad elijo contar la historia desde la perspectiva del segundo de la tropa de Odiseo, en este caso Euríloco. Odiseo ha sido abordado por el mito y por la literatura por siglos y siglos, mientras que sobre Euríloco casi no hay información… Me gusta adoptar pequeños personajes que están a la sombra de los que reciben los reflectores y la luz. En la Biblia, la historia de Abraham y de su mujer, Sara, ocupa menos de dos mil palabras, cuatro cuartillas, pero Sergio es capaz de recrearla en una novela de casi 300 páginas. Y mi otro gran referente nacional es Su MajestadClaribel Alegría. Sergio y Claribel han sido como familia. Claribel es una mentora no solo por la belleza que encuentro en su poesía sino por la belleza que encuentro en ella como persona. Tiene una luz impresionante, a sus 93 años. Hay un poema suyo que estoy trabajando en mi novela, “Carta a un desterrado”. Allí Penélope escribe a Odiseo para decirle que ha pasado mucho tiempo, que vive penurias en la casa, que la han asaltado pretendientes y que ella tiene sus necesidades, que mejor no regrese. Son influencias transparentes. 

 

 

DISCIPLINAS AUXILIARES COMO INSUMOS PARA LA FICCIÓN

 

El detective del relato “En el viento”, incluido en La felicidad nos dejó cicatrices, se debate entre dos carreras: la literatura y las leyes. La antagonista del cuento es Patricia Bates, una asesina en potencia según “elementos categóricos” dictados por la “pirámide de Rasko (Vásconez, C., 1968)”, el apócrifo tratado bibliográfico “Construcción de perfiles criminales femeninos potencialmente explosivos: la venganza de las faldas” y análisis hechos en unidades criminalísticas. En otro relato, “Los tatuajes de Ernesto”, un tatuador perfora con “agujas avispa” la piel de Ernesto, un personaje que trabaja en la morgue. Son cuentos que incorporan saberes de disciplinas auxiliares –criminología, psicología, medicina– que resultan rentables para el género policial.

 

MMP: En las pesquisas detectivescas y en la recreación de atmósferas de algunos de tus cuentos se percibe un conocimiento de otras disciplinas. Tu temprana formación en Derecho, ¿dejó sedimentos en tus relatos policiales? 

UJP: Las fuentes bibliográficas a las que aludo en algunos cuentos son inventadas, los autores llevan iniciales de amigos míos, por ejemplo. Pero el Derecho me dio fue la oportunidad de estudiar bastante: estudié criminología, medicina legal, supe diferenciar entre un corte de arma blanca hecho con la mano derecha o uno con la izquierda. También tuve que abrir cerebros en mis clases de Medicina Forense, en Brasil. Pero creo que tiene más que ver con lecturas y con la búsqueda de la verosimilitud. Es verdad que el Derecho me dio cierto bagaje de conocimientos para ahondar en el thriller, cosas que me hubiese tocado leer por mi cuenta, porque uno narra desde lo que conoce: reconocer el olor de una morgue, sentir o ver a centímetros de vos un cerebro o un órgano es muy diferente a verlo en YouTube o en una fotografía. En la novela que estoy escribiendo, si quiero recrear algunos espacios en Roma, voy a esos espacios. Pero si quiero recrear otros espacios donde no estoy, por ejemplo Madrid, debo auxiliarme de herramientas como Google Maps y trato de narrar a partir de lo que veo o de lo que pueda imaginar, pero estoy seguro de que algo me está faltando, porque la percepción está mediatizada.

 

 

LOS SOPORTES DIGITALES Y LA BÚQUEDA DEL LECTOR CERO 

 

Las secciones de “La vida diaria” tienen una sintaxis distinta. Publicados en redes sociales, estos microrrelatos acusan el impacto de haber sido originariamente pensados para el soporte digital: en ellos se combinan fenómenos como la interactividad creativa y selectiva, la narración autobiográfica, la hipertextualidad, la fragmentación y la ruptura de la linealidad narrativa, así como del esquema de comunicación convencional. Estos “posteos” lacónicos encarnan la metáfora lyotardiana de la condición posmoderna, en la que las grandes narraciones han sido reemplazadas por pequeñas historias, como señala Marie-Laure Ryan en La narración como realidad virtual. La inmersión y la interactividad en la literatura y en los medios electrónicos. 

 

MMP: Quisiera saber cómo impactó el soporte tecnológico en el formato y en los temas de “La vida diaria”. Hay numerosas citas de autor, letras de canciones, minidiálogos de materia cotidiana, pensamientos con la estructura de máximas del tipo “Después de aprender a llegar, debemos aprender a retirarnos” o “Compañía y soledad requieren entrenamiento”. 

UJP: Creo que éste fue otro accidente, una casualidad. Durante una estancia creativa que hice en México en 2009 se asignaba un tutor a cada creador. La función no era decirte qué hacer, sino simplemente estar disponible por si tenías algún problema con tu proyecto. Tuve la suerte de que me tocara José Luis Rivas, un gran poeta mexicano, y además una gran persona, cualidades que no siempre coinciden. Él me repetía una verdad que puede parecer de Perogrullo, pero que me fue de gran utilidad: hay que tener siempre el brazo caliente. Me aconsejó que tener como meta escribir un par de líneas diarias sobre qué había sido mi día, por ejemplo. Y para estas anotaciones, aprovechaba el espacio de las redes sociales, Facebook y Twitter en particular. Antes Facebook permitía menos caracteres que ahora. Tratar de poner en 148 caracteres de Twitter lo que fue tu día es un gran ejercicio de limpieza, hay que desarrollar la habilidad de resumirlo en la menor cantidad de palabras posibles. Y aunque ahora esté escribiendo una novela, esto no significa que esté en proceso de “expansión”: siempre apunto a decir lo máximo con pocas palabras, que no es fácil. Este ha sido el gran aprendizaje de esa etapa con las redes sociales. 

Otro aprendizaje relevante: sondear cómo reaccionaba la gente a lo que escribía. Si se emocionaban, se entristecían, se enojaban. Fue una forma de medir  mi escritura y, cosa fundamental, de conocer los temas a los que mejor reaccionaba la gente. Luego, estos temas trataba de expandirlos en cuentos. Y ya más o menos uno sabe por dónde se mueve esa audiencia. 

 

MMP: Esto me recuerda las estrategias del escritor Hernán Casciari en la red, su búsqueda de una “interactividad rentable”. Sus lectores no solo pueden dejar comentarios sino también participar en la construcción de la trama. Por ejemplo, en su blogonovela Más respeto que soy tu madre invitó a los lectores a que votaran si querían que la protagonista continuara la relación con su marido o cayera en la tentación de tener un amante uruguayo. En ese caso hubo una encuesta, en la que participaron seis mil quinientos lectores, y ganó la fidelidad. ¿Vos también escribís pensando en agradar al lector?

UJP: Siempre parto de la idea de que es importante escribir para uno mismo. Trato de escribir lo que mi otro yo, como lector, quisiera leer. Ése es mi lector cero. Pero también es importante saber reconocer a tus lectores finales: si no te interesan, mejor no editar libros. Hay que tener cierto respeto por el lector cero que es uno mismo, pero también por los lectores finales.

 

 

EL LENITIVO DEL HUMOR

 

MMP: Ramírez elogia la “liviandad juguetona de tu libro”, dice que está condimentado con una hebra de humor y otra de melancolía. Si pienso en que en tu libro conviven cuentos como “Sol de septiembre”, con una familia de catorce niños que nunca conocieron a su padre y que terminan muriendo en la guerrilla, o como “Absurdas comparaciones”, donde se aborda el problema de trata de personas que hay en Centroamérica, y luego leo el último, “Cuento para un final con plumas”, que se limita a jugar con un calambur “Érase una vez…¡truz!”, te pregunto, ¿qué función tiene el humor en tus relatos? ¿Qué hay de liviandad y de juego? ¿Hay un uso voluntario del humor como contraste radical con el drama social y político, que también tiene cabida en tu escritura? 

UJP: El humor es un elemento que no puede faltar en ninguna narración. En la novela que estoy escribiendo hay pequeños episodios o descargas humorísticas para tratar de aminorar el peso de un relato que puede ser demasiado complejo (por ejemplo, cuando trato de recrear el lenguaje de Homero incorporando los epítetos y sobrenombres que otorga a los personajes) o demasiado serio, como la parte de los atentados o de las discusiones a diario entre Odiseo y sus marineros. Entonces, hago intervenir el “alivio humorístico” como forma de contrapeso. Si lo conectamos con la película Cinema Paradiso (que acabo de volver a ver), por ejemplo, es el alivio humorístico que te puede dar el Hombre de la Plaza, que te dice “esta plaza en mía, esta plaza es mía”. Es un loco; si lo sacás de la historia no te perdés nada, pero si lo ponés te da el alivio del humor. Es un ingrediente al que no renuncio. 

 

 

SU MAJESTAD, LA POESÍA

 

MMP: Es curioso que no seas poeta, pero que la reflexión metapoética esté siempre presente en tu prosa. Un ejemplo, la “frase tomada de William Grigsby Vergara, brutal: Los poetas se reproducen como las moscas. Pero las moscas al menos pueden volar”. ¿Qué lugar ocupa la poesía en tu vida, como lector y como creador?

UJP: Igual que muchos, escribí poemas de juventud, muy malos por cierto. Pero sí leo mucha más poesía que narrativa. Cuando siento que estoy atrapado en un callejón sin salida, cuando estoy escribiendo un cuento o en este caso novela, recurro a leer poesía. Y Nicaragua tiene la particularidad de haber tenido grandes poetas. Aunque el gran referente extranjero para varias generaciones en mi país sea Cortázar, en el panorama nacional es Carlos Martínez Rivas, un poeta desconocido fuera de nuestras fronteras, pero para muchos el gran poeta nicaragüense después de Rubén Darío. Octavio Paz lo elogió a más no poder, así como todos los grandes autores de su época. Murió en 1998 y sólo publicó un libro en vida, La insurrección solitaria, a mediados de los años cincuenta. También están Coronel Urtecho, Joaquín Pasos (que en México es un poeta muy conocido), Salomón de la Selva, Pablo Antonio Cuadra… Poetas que nosotros crecemos leyendo. En Nicaragua se dice que uno es poeta hasta que no se demuestre lo contrario.

 

 

EXTRATERRITORIALIDAD Y MIGRACIÓN. LA ELECCIÓN LINGÜÍSTICA 

 

Aunque Ulises pertenece a una generación más joven, intento abordar con él un tema que me interesa particularmente, como el de la extraterritorialidad manifestada en la narrativa de autores nacidos a partir de la década del sesenta en América Latina, escritores del llamado Postboom. Rodrigo Fresán define a su patria como “su biblioteca”, y Jorge Volpi cree que, hoy, el escritor latinoamericano no sigue el imperativo de “parecer latinoamericano”. 

 

MMPJorge Volpi, en El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI, señala que los narradores contemporáneos hablan de sus países sin resabios de romanticismo o de compromiso político, quizás por un orgulloso desencanto de quien reconoce los límites de su responsabilidad frente a la historia. En tu vida has hecho escala en diversas geografías, has vivido en tu Nicaragua natal pero también en México, Brasil, Estados Unidos, Italia. ¿Hay un impacto de estas mudanzas en tu obra, en tu visión del mundo? 

UJP: En Vida Perdida, el primer tomo de sus memorias, Ernesto Cardenal recuerda lo que José Coronel Urtecho le dijera justamente cuando de joven se debatía entre quedarse en Nicaragua y viajar a estudiar a México, palabras que ahora vienen al caso: “Sobre mi viaje a México, Coronel dice que era necesario. Habla de la importancia que desde Rubén (Darío) han tenido los viajes (en la literatura nicaragüense). El nicaragüense adquiere su verdadera nacionalidad hasta que ha viajado.” Esto, para mí, se aplica a cualquier creador. José Saramago, en El cuento de la isla desconocida, explica que para conocer la isla se debe salir de ella, verla desde afuera. Grandes creadores que ha tenido Nicaragua tuvieron la suerte de viajar o de residir en el extranjero. Urtecho vivió en Estados Unidos, Cardenal en Colombia, México y Estados Unidos, Martínez Rivas en Estaña y Francia, Darío en todo el mundo. Estas migraciones impactan en dos cosas: te sirve paran para poner en perspectiva tu propio país y tener un ámbito de referencia para poder compararlo o medirlo, y también impacta en los conocimientos. Hay un saber de primera mano que solo te lo da viajar. 

 

MMP: ¿Y cuál es el impacto, en la lengua, de esta migración? Veo que a veces voseás, a veces tuteás, usás un español más regional o más neutro. En tus cuentos también hay citas en portugués, en inglés… ¿En la novela que estás escribiendo incorporás préstamos del italiano? 

UJP: Esta pregunta encaja con lo que me está pasando con Sirenas, que tiene que ver con replantearme el tema del lenguaje, con pensar quién es mi lector. Nosotros en Nicaragua voseamos pero los países que vosean son pocos. A veces apelo a un español más neutro, pero depende de la escena y la situación. Hay una parte de la trama que ocurre en Nicaragua y, obviamente, allí uso ciento por ciento el voseo. En cuanto al léxico, te doy un ejemplo, en Nicaragua decimos refrigeradora, en femenino. En mi novela opto por el español general nevera. Y no sabría decirte todavía si hay italianismos, cuando termine la novela y la relea lo tendré más claro, cuando no esté inmerso en el proceso de escritura. Quizás en la recreación del periódico, la parte que sucede en Roma, sí aparezca alguna frase o préstamo del italiano. 

 

  

LA UNIDIMENSIONALIZACION DE LA CULTURA

 

Ramírez, en las palabras preliminares a La felicidad nos dejó cicatrices, reitera que la prosa de Juárez Polanco posee “liviandad”, un concepto que a veces se aplica a las mujeres en los boleros de Agustín Lara. Y no es nada gratuita la analogía que entabla entre estos cuentos y la mención al género bolero, si consideramos que esta música ha dado lugar a la creación de un subgénero de la literatura latinoamericana postmodemista, la denominada novela bolero. Allí, sus canciones crean una nueva intertextualidad dirigida no ya al lector culto, sino al imaginario sentimental del pueblo que se identifica con esta música. Esta denominación nace en Venezuela en la década del ochenta, cuando un grupo de críticos establece la conexión entre el bolero, la música popular, y la literatura, es decir, entre el clima festivo y melancólico de estos ritmos y la cotidianidad, que cobrarán vida en los textos de ficción. En sus cuentos, Ulises combina la música de Bob Dylan, Billie Holiday, B.B. King, Janis Joplin, Joe  Cocker, Jimmy Hendrix, Santana, Freddie King con letras de William Vivanco, músico cubano representante de la nueva trova criolla (“Como un tango gris”) o de Madredeus, grupo portugués de fado/folk moderno, por nombrar solo algunos. Hay un coqueteo con la atmósfera de la novela bolero, pero con una ampliación de fronteras geográficas y lingüísticas en el territorio musical, donde se mezclan los registros culto y popular. 

 

MMP: Ulises, en tus cuentos conviven citas de Pamuk, Richard Burton, Waldo Emerson y versos de Claribel Alegría con alusiones a Doctor House o letras de canciones populares. Hay un permanente hibridismo entre manifestaciones de la alta cultura y de la cultura popular. ¿Te sentís cómodo con esta mezcla? 

UJP: Para mí todo es cultura. Tiene tanta validez en términos culturales una muestra de Bernini como la última temporada de Grey’s Anatomy. Hay que leer y vivir de todo, no desdeño ningún autor o fuente. 

 

EL DEBATE DE LAS GENERACIONES, EL DOPPELGÄNGER LITERARIO

 

MMP: Me ha llamado particularmente la atención tu cuento “El laboratorio de un escritor joven”, donde el aspirante a escritor dialoga con un asesor literario acerca del mejor rótulo para su generación: si Generación del Aire, Generación McDonald’s, MTV, Tuani o Generación Tú y Yo. Se pone en primer lugar la pregunta por la identidad literaria, en clave paródica. Y no puedo no pensar en la propuesta de carácter rupturista de la antología McOndo, editada por Alberto Fuguet y Sergio Gómez en Chile, en 1996, que reunía a una docena de escritores latinoamericanos, con estéticas distintas y a veces contradictorias que, sin embargo, coincidían en su común rechazo al realismo mágico del Boom. ¿Hay algo de eso, aquí?

UJP: En Nicaragua ha habido un debate sobre las generaciones literarias. Se dice que hay una primera parte de nuestra literatura que es individual y tiene nombre proprio, y es Rubén Darío, y otra que es todo lo demás, que desde luego se ha venido seccionando en distintas generaciones, y entonces hallamos una gran diversidad: vanguardia, posvanguardia, generaciones como la de los treinta o cuarenta en Nicaragua, conocidas como la “Generación de los Tres Grandes” (Salomón de la Selva, Azarías H. Pallais y Alfonso Cortés), seguida por “la Generación de los Tres Ernestos”, por Ernesto Mejía Sánchez, Ernesto Cardenal y Carlos Ernesto Martínez Rivas. Llegando a mi generación, que es la Generación que correspondería a la década del 2000, autores que nacimos a finales de los setenta e inicios de los ochenta. Y ha habido mucha polémica con esta generación, porque a diferencia de las generaciones anteriores, esta generación es muy dispersa. La primera antología de esta generación se llamó Retrato de poeta con joven errante, un juego de un título de Carlos Martínez Rivas. Gioconda Belli, muy amablemente, en 2004 nos prologó el libro, y nos llamó “Generación del Desasosiego”, retomando la gran diferencia con las generaciones anteriores en cuando al posicionamiento político. Antes había un consenso implícito sobre la importancia de la colectividad sobre el individuo, el país sobre la familia, la revolución en el  día a día, “todo con la revolución, nada contra la revolución”. Pero luego, mi generación surge con la caída del bloque soviético, con el desmoronamiento de la revolución, el cambio de sistema político en Nicaragua y el desastre de una guerra que acababa de terminar. Estamos hablando, entonces, de una generación que no tenía en qué creer, no tenía un soporte vital. Y Gioconda Belli alude a eso. Se despertó un avispero. Cuando Belli, integrante de la generación de los sesenta, nos pone nombre a este grupo de jóvenes rebeldes, se desataron ataques y contrapropuestas. Y surgió una propuesta que a mí me resultó muy interesante, y que consistió en llamar a esta generación “La Generación de la Noluntad”, de la voluntad del no. Lo elaboró una crítica ruso-nicaragüense que se llama Helena Ramos. Este bautizo tiene que ver con el no a la familia, no al país, no a uno mismo, y que refleja lo que está pasando a mi generación: cerrar la puerta al exterior y concentrarse en lo que pasa conmigo mismo. Entonces, los temas principales ya no tienen que ver con la revolución, con el “hombre nuevo” ni nada de eso, sino con la vida, la muerte, la desesperanza. Ese cuento “Laboratorio de un escritor joven” surge en el contexto de este debate. Hablar de generaciones me apasiona como lector y como estudioso, pero como creador no me compete. Luego tuve la suerte de presentar un proyecto a la Cooperación Española, que consistió en organizar un grupo de charlas con escritores de esta generación. El nombre era Los2000 (www.los2000.com). Busqué un nombre que no fuera polémico, que no dijera generación, que fuera un escaparate. Ahora bien: hay estudios universitarios y tesis y demás, que dicen que yo puse a esta generación ese sobrenombre, de Generación de Los2000, y me sorprende porque no ha sido así, no ha sido mi intención. Lo puedo comprender como investigador o estudioso, pero siempre que me preguntan hago esta aclaración.

Ha sido para mí bastante incómodo porque una de las preguntas que surgió en una de las charlas era si éramos o no una generación. La mayoría de los escritores invitados dijo que no había una generación, pero lo que sí dijo el primer invitado, José Adiak Montoya, y muy válido, es que para él sí existe una generación, y que “somos como un archipiélago”. Cada escritor es una isla, pero todos estamos bañados por las mismas aguas. Vivimos en el mismo contexto histórico, con las mismas o similares lecturas. Nosotros crecimos en un contexto en que había un gran bloqueo económico. Encontrar libros era muy difícil. Crecimos leyendo los mismos autores y viendo los mismos canales de television. Y luego, todo el mundo se conoce. Si no te conozco, esto de los tres grados de separación que dicen que existe, en Managua es solo uno. Finalmente siempre hay una cercanía entre los autores. Y lo de la Generación del Aire, la Generación Pollito o McDonald’s tiene que ver con esta ironía de la imposibilidad de hablar de una generación en contemporáneo. Se necesita distancia temporal para poder ver claro. No comparto la actitud de negación total de las generaciones anteriores. El parricidio demeritorio es comprensible a los quince años, pero que con treinta no pueda reconocer lo que se puede aprender de Ramírez, de Claribel, de Cardenal y de tantos otros escritores nacionales antes de nosotros es un gran error. 

 

 

 

 Datos vitales

Marisa Martínez Pérsico (Buenos Aires, 1978). Poeta y docente hispano-argentina residente en Italia desde 2010. Doctora en literatura española e hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Enseña lengua y traducción española en las Universidades La Sapienza y La Tuscia, y literaturas hispánicas en la Universidad Guglielmo Marconi. Como poeta ha publicado Las voces de las hojas (Ediciones Baobab, Buenos Aires, 1998, Primer Premio Certamen Río de la Plata II), Poética ambulante (Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2003, Tercer premio Poeta Revelación 2008 Revista Plebella), Los pliegos obtusos y otros poemas (Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, 2004), La única puerta era la tuya (Finalista II Concurso Pilar Fernández Labrador, Verbum, Madrid, 2015), Antología del XVIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos (Con Antonio Colinas et.al., Fundación Ciudad de Salamanca-EDIFSA, 2015). Es periodista cultural del periódico argentino La Nación desde 2013. 

 

Ulises Juárez Polanco (Managua, Nicaragua, 1984) es autor de cuatro libros de cuentos, el más reciente La felicidad nos dejó cicatrices (España y Centroamérica: Valparaíso ediciones, 2014). La Feria Internacional del Libro de Guadalajara lo nombró en 2011 como uno de Los 25 secretos mejor guardados de América Latina un proyecto para «dibujar una ruta de las letras que se gestan a lo largo y ancho del continente, 25 voces y lenguajes para descifrar, hoy, América Latina». Entre otras recopilaciones, es uno de sólo dos autores incluidos en ambos volúmenes de la Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana, que reúne «a los escritores de ficción más prometedores menores de 27 años», editada por Unión Latina. Cuentos suyos han sido traducidos al inglés, francés, alemán y portugués, y aparecen en antologías y revistas de los continentes americano y europeo.

En 2009 mereció una beca de escritor del gobierno mexicano en el Programa de Residencias Artísticas para Creadores de Iberoamérica y de Haití en México; y en 2015, la Beca Valle-Inclán del programa de becas MAEC-AECID de Arte, Educación y Cultura del gobierno español, para una estancia creativa en la Real Academia de España en Roma (2015-2016).

Es fundador y actualmente director asociado de Centroamérica cuenta (2012-2015), organización en la que también ha sido coordinador general y director ejecutivo, y desde donde se convoca anualmente al homónimo encuentro centroamericano de narradores, así como a otras iniciativas culturales y talleres de formación y fortalecimiento de capacidades. Es también co-fundador y coordinador de Leteo ediciones, iniciativa editorial sin fines de lucro para la promoción de la nueva literatura nicaragüense, en donde entre otras publicaciones ha participado en la preparación de las antologías Retrato de poeta con joven errante. Muestra de poesía nicaragüense escrita por jóvenes (2000-2005) (2005) y Poetas, pequeños Dioses (2006), primeras recopilaciones de la generación del 2000.

Ha sido jefe de redacción y editor en jefe de Carátula, revista cultural centroamericana (2009-2015) y de El hilo azul, revista literaria del Centro Nicaragüense de Escritores (2010-2015). Fue coordinador del proyecto #Los2000, autores nicaragüenses del nuevo milenio (2012 y 2013), que reunió a diversas voces de la generación literaria del 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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