Poesía palestina: Najwan Darwish

Presentamos, en versión de Juan José Vélez Otero, dos textos del volumen Nada más que perder (Valparaíso Ediciones) de Najwan Darwish (Palestina, 1978). En palabras de Nathalie Handal, “es una colección de poesía de un profundo lirismo que, con destreza, incita a los lectores a reflexionar sobre el significado de su título en cada poema. La traducción española de Juan José Vélez Otero —autor de nueve libros de poesía y traductor de Donald Hall, Yusef Komunyakaa, Jane Kenyon, Philip Levine, entre otros— revela todo lo que esperamos de una traducción de poesía. Capta el significado y la música de los poemas de Darwish, trata cuidadosamente cada palabra y detalle lingüístico y hábilmente ofrece a los lectores en español la fuerza hechizante y la belleza de estos versos. Darwish es uno de los más destacados poetas en lengua árabe de su generación. Publicó su primera colección de poemas en el año 2000 y, desde entonces, es una importante figura cultural que participa de forma activa en grandes proyectos artísticos como el Palestine Festival of Literature, la fundación de una pequeña prensa literaria en 2009, y que hace además importantes contribuciones al periodismo cultural y literario en el mundo árabe. Actualmente es Editor Jefe de la sección cultural del nuevo periódico panárabe Al Araby Al Jadeed”.

 

 

 

 

NADA MÁS QUE PERDER

 

Descansa tu cabeza en mi pecho y

escucha cómo se amontonan las ruinas

tras la madraza de Saladino, oye las

casas de Lifta abiertas en canal, oye la

almazara destrozada, la clase de los

niños en la planta baja de la mezquita,

oye apagarse las luces  por última vez en

los altos balcones de Wadi Salib, oye a la

multitud arrastrando los pies, oye cómo

regresa, oye cómo arrojan los cuerpos,

oye cómo suspiran en el fondo del Mar

de Galilea, escucha como un pez en un

lago custodiado por un ángel, oye las

historias de los lugareños bordadas

como kufiyyas en los poemas, oye los

lamentos de las cantoras

a medida que envejecen aunque no lo hagan sus voces,

oye los pasos de las mujeres de Nazaret

cuando cruzan por el prado de la

canción, oye al camellero que no deja de

atormentarme porque siempre acaba

marchándose. Óyelo todo,

y, juntos, recordemos, y después, juntos,

volvamos a olvidar todo lo que hemos oído.

 

Descansa tu cabeza sobre mi pecho: estoy

oyendo el barro, oigo la hierba que de mi piel

brota…

 

Hemos perdido la cabeza por amor y ya no nos

queda nada más que perder.

 

 

 

 

 

UNA ACLARACIÓN

 

La intención de Judas no fue “traicionarme”, él

nunca supo el significado de esa gran palabra. Él era

simplemente “un mercader” y todo lo que hizo—

cuando llegaron los compradores— fue venderme.

 

¿Por un precio demasiado bajo? En

absoluto. Treinta monedas de plata

no es un asunto menor para un

hombre hecho de barro.

 

Mis mejores amigos fueron todos

Judas, todos fueron mercaderes.

 

 

 

 

 

 

 

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