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Colombia: La generación sin nombre

Poesía Panhispánica

Colombia: La generación sin nombre

Círculo de poesía April 16, 2018
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Presentamos, a modo de celebración, una breve muestra de poemas de la llamada “Generación sin nombre” de Colombia, preparada por Federico Díaz Granados. Se trata de autores nacidos entre 1939 y 1949 y que, en la segunda mitad de los años sesenta, le imprimieron particular brillo a la tradición de su país debido a la construcción de un “yo íntimo”. Según José Luis Díaz Granados, “A finales de 1966 comenzaron a aflorar aisladamente voces precoces en la poesía colombiana posteriores a la generación “Nadaísta”. A pesar de que los más jóvenes de este grupo —Jotamario Arbeláez, William Agudelo, Eduardo Escobar y David Bonells Rovira— eran menores que Giovanni Quessep, Miguel Méndez Camacho, Elkin Restrepo, Fernando Garavito, José Manuel Arango y Jaime García Maffla, los novísimos poetas colombianos habíamos nacido entre 1938 y 1948. Bonells Rovira, nacido en 1946, venía a constituir una especie de puente entre el “Nadaísmo” y la reciente generación y era el único que había publicado libro, La noche de madera, editado en 1965″.

 

 

 

 

 

 

 

GIOVANNI QUESSEP

(San Onofre, 1939)

 

Obra poética: Después del paraíso (1961), El ser no es una fábula (1968), Duración y leyenda (1972),Canto del extranjero (1976), Madrigales de vida y muerte (1978), Preludios (1980), Muerte de Merlín (1985), Un jardín y un desierto (1993), Carta imaginaria (1998), El aire sin estrellas (2000), Libro del Encantado – Antología (2000), Brasa lunar (2004), Hojas de la sibila, A la luna, Después será el vacío, Metamorfosis del jardín (2006).

 

 

 

 

QUIERO APENAS UNA CANCIÓN

 

Estoy cansado de llamar

a la puerta de los que amo,

mi camino se cubre de violetas

y de sombras perdidas de mi canto.

 

Se ha ido la estación de la azucena

por la muerte que fue una bella fábula;

ahora nadie me conoce,

todos se alejan de mi alma.

 

No sé qué camino seguir

ni a quién decirle que me ame,

mis ojos miran la floresta

y estoy cansado y se hace tarde.

 

Quiero apenas una canción

que me traiga tus manos de hada

una canción para la vida

bajo esta llama de ciprés tan blanca.

 

Quiero vivir o morir, lo mismo

me debe ser la muerte que la vida.

¿Quisieras tú decirme la canción

de la esperanza o a desdicha?

 

Sólo te pido una palabra

y algo del cielo de tu música:

Aguardaré a la sombra de mi otoño

cubierto por las flores y la luna;

 

Estoy cansado de llamar

pero nadie me abre sus puertas;

acuérdate de mí en la noche

azucena de un valle que perdiera.

 

 

 

 

 

ELKIN RESTREPO

(Medellín, 1942)

 

Obra poética: La Palabra sin Reino (l982), Retrato de Artistas (l983), Absorto escuchando el cercano canto de Sirenas (l985), La Dádiva (l99l), Lo que trae el Día (2000), La visita que no pasó del jardín (2002), Luna blanca (antología), (2005), Amores cumplidos (Antología) (2006).

 

 

 

ANITA ECKBERG

 

En Roma, eso ahora lo comprendes,

el verano se convierte rápidamente en olvido,

en hojas secas, en una sensación dolorosa.

Las aves ya no chillan o chillan de manera distinta

en las canoas de los viejos palacios,

y en las calles otra luz desmorona el oro de la vida.

Las cosas (tus cosas) parecen diluirse

en un sueño confuso.

y la desdicha llega a casa

y se instala como un viejo amante.

Sientes que esto es nuevo en ti,

un mensaje apenas recibido, una derrota.

En las afueras del Coliseo,

los escasos turistas rezagados se pasean,

y las terrazas de los cafés están vacías,

y las limosinas de las condesas

y los ricos norteamericanos

ya no abochornan el tráfico romano.

La ciudad también, como tú, ha perdido algo,

su juventud, su fuego, su íntimo regocijo,

y sobre la fachada de las edificaciones,

de los palacios restaurados,

la humedad, el tiempo que pasa y no vuelve,

ensaya un nuevo color,

cubre de moho y silencio el vasto material de los días.

 

Pero Roma es eterna,

y tu dolor, apenas una sensación nueva,

una primera derrota.

Tu dolor para el cual, ya lo sabes, no existe

bálsamo o sabiduría alguna que lo alivie.

 


 

 

 

 

 

MANUEL HERNÁNDEZ

(Bogotá, 1942)

 

Obra poética: Los cuatro elementos (1977), Interior Exterior (1978), Creación y profecía de la ciudad.

 

 

 

AFORISMOS DEL OLVIDO

 

No hay imagen
algo que no es posible recordar
nos acompaña

Con la naturaleza del olvido
están hechas
más cosas de las que nos imaginamos

Cómo llevar la voz por los senderos
de una sensibilidad
que no se oculta
y por lo mismo que
no se descubre?

Descubrirse es quitarse el sombrero
para saludar
ahora todos llevamos el sombrero
dentro de la cabeza
no lo perdemos por cualquier cosa

Todos tenemos un carrete
o una planta
o el inmencionable arbusto
del mendigo
que nos acompaña desde el olvido

El ángel de la guarda se llama olvido
y no lo rescatamos con máquinas de fotografiar
hubo un tiempo en que no había chatarra
las cosas’ viejas eran simplemente
cosas viejas

Tiempo cuando lo que se quedaba atrás
y aparecía en sueños
era una materia próxima al amor
cercana a los helechos de la prehistoria

Siempre habrá una palabra que no aparece
cuando la necesitamos
porque nuestro ángel de la guarda nos la esconde
cuando aparezca la merecemos
y la guardaremos nosotros
o querrá irse y vendrá
una última vez a despedirse

Esto no es triste
es más triste ver un globo
halando de la pita
para remontar los cielos
y que no lo logre

El olvido no está solo
nos lleva a nosotros y al esfuerzo de combatirlo
alguien será destruido
si las reglas del juego no son limpias

Cuando comenzamos a inventar
estamos haciendo imagen
con las imágenes que no vemos

No hay imagen
lo que vemos siempre es nuevo
un oculto corazón siempre presente

Un oculto corazón siempre presente
desde el más lejano punto de una estrella
desde los cuernos de la amarilla luna
asomándose por detrás de la montaña
detrás encima debajo
a un lado cerca y lejos
figura y abstracción estar no estar
anunciándose en la noche viajera
cualidad clara u oscura
la luna llena durmiendo como un niño innato
estar no estar
un oculto corazón
siempre presente
latiendo ocultando
diciendo descubriendo
negando sintiendo
afirmando noche
olvidando alta noche
imaginando media noche
latiendo alta noche
media noche
entre dos altas noches
medio día
entre dos altos días
un oculto corazón
siempre presente
No hay imagen
algo que no es posible recordar
nos acompaña

 

 

 

 

 

 

 

MIGUEL MÉNDEZ CAMACHO

(Cúcuta, 1942)

 

 

Obra poética: Los golpes ciegos (1968), Poemas de entrecasa (1971), Instrucciones para la nostalgia (1984), Desencantos y cantos (selección poética, 2008), Memoria de tu cuerpo (2003), La primera cosecha que dio pájaros (2004), Antología (2005), Tristura. Poesía reunida (2017).

 

 

 

 

ESCRITO EN LA ESPALDA DE UN ÁRBOL

 

No recuerdo si el árbol daba frutos

o sombra,

sólo sé que dio pájaros.

 

Que era el centro del patio

y de la infancia.

 

Que en la madera fácil

tallé tu nombre encima

de un corazón flechado.

 

Y no recuerdo más:

tanto subió tu nombre con el árbol

que pudiste escaparte

en la primera cosecha que dio pájaros.

 

 

 

 

 

 

 

HENRY LUQUE MUÑOZ

(Bogotá, 1944-2005)

 

Obra poética: Sol cuello cortado (1973), Lo que puede la mirada (1977), Carta a la paloma de Picasso (1980), El libro de los caminos (1991), Polen de lejanía (1998), Arqueología del silencio (2001).

 

 

 

AURORA SIN CUERPO

 

El día se levanta

en la blusa abierta de una mujer

y gasta sus horas entapetando el campo de promesas.

Llegan obreros rompiéndose la voz a golpes de martillo.

Los pájaros se llevan el aire.

El cielo guarda el óxido de los tiempos idos.

Solo un avión cargado de extraños, relleno de cartas

para una novia que jamás regresa.

 

 


 

 

 

 

JAIME GARCÍA MAFFLA

 (Cali, 1944)

 

Obra poética: Morir lleva un nombre corriente (1969), Guirnalda entre despojos (1976), En el solar de las gracias (1978), La Caza (1984), Las voces del vigía (1986), Poemas escritos a lápiz en un viejo cuaderno (1997), Vive si puedes (1997), Al dictado (1999), Caballero en la Orden de la Desesperanza (2001), Antología mínima del doncel (2001), Escenas de “La caza” (2011), Buques en la Rada (2014), De las señales (2014).

 

 

 

LA ESCRITURA

 

Para Sara y Guillermo Mojica

 

Cuando se escribe

ya sin afán de decir cosas,

ya sin deseo de saber más cosas,

ya sin deseo de escribir.

Cuando se escribe lejos

del lugar a donde irá lo escrito,

lejos de las palabras

y lejos de quien ha de leerlas.

Cuando la página no escrita

dice más que las líneas

y lo blanco es lo escrito.

Cuando al azar se escribe.

Cuando se está más cerca

del silencio y las horas,

de los signos del cielo

que de las letras de los libros.

Cuando se escribe algo

sin afán de enseñarlo

aunque escrito para alguien.

Cuando sin escribir se escribe.

Cuando ya no se quiere

escribir ni oír las voces,

ni decir nada,

ni se puede querer lo que se dice.

Entonces las palabras

serán la compañía toda y sola,

serán esa palabra

que hemos de oír de labios del silencio.

 

 

 

 

 

 

 

ÁLVARO MIRANDA

(Santa Marta, 1945)

 

Obra poética: Tropicomaquia (1968), Indiada (1971), Los escritos de don Sancho Jimeno (1982), Simulación de un reino (Obra poética, 1965-1995), La nueva épica del Cid, El libro blanco de los muertos (2017).

 

 

 

 

MÍO CID Y LA VALORACIÓN DE LOS HUEVOS DE IGUANA

 

Nadie espera que abra la boca y Cid diga la verdad, ese pedazo de nada que las vendedoras del mercado lanzan en palabrotas. Palabras verdes, palabras rojas, palabras de amarillo fuego sobre el monumento de la comida cruda. Mío Cid es insignificante en medio de este mundo que magnifica los espejos. Cid se ríe del color del ágata y de la calcedonia en lujo que traen los hombres del Norte sobre sus pechos. Mío Cid sabe descifrar a los marines, a las maestras de escuela que han amado a los extraños, a las maestras que han espantado la viruela, que han llenado los tableros de vocales, que han paseado y jugado con los niños en la playa. Mío Cid vive en el arriba de la noche, en el debajo de los días y sabe cuándo en los altares de la iguana el huevo de la serpiente se decolora con el agua.

 

 

 

 

 

 

MARÍA MERCEDES CARRANZA

(Bogotá, 1945-Bogotá, 2003)

 

Obra poética: Vainas y otros poemas (1972), Tengo miedo (1983), Maneras de desamor (1993), Hola, soledad (1987), El canto de las moscas (1997), La Patria y otras ruinas (antología, selección de Francisco José Cruz, entrevista de Sandra Martínez León, col. Palimpsesto, Carmona-Sevilla, 2004).

 

 

 

LA PATRIA

 

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.

A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.

Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.


 

 

 

 

 

 

AUGUSTO PINILLA

(Socorro, 1946)

 

Obras poética: Canto y cuento (1978), Fábrica de sombras (1987), El libro del aprecio (1990), Y la vida revivirá (1997), Los días del paraíso (2012), El ángel en la hoguera (2012).

 

 

 

EL DILUVIO

 

Hizo correr el agua por la tierra

como un poeta hace correr el fuego

por sus viejos poemas.

Pero hubo uno

–un hombre o un poema–

y viendo que era bueno

lo presentó en el arca

para empezar de nuevo,

como un viejo poeta

que no logró librarse

de su invento.

 


 

 

 

 

DAVID BONELLS ROVIRA

(Chía, 1946)

 

Obra poética: La noche de madera (1965), Poemas de hojalata (1970), La carcoma y el tiempo (2002), Las cenizas del día (2006).

 

 

 

CARTA A MARIO RIVERO

 

Cuando los muchachos del barrio fuimos al circo,

expectantes asistimos al espectáculo.

Después de la fanfarria, apareció el elenco,

y comenzaron a desfilar por la arena

los enanos en zancos,

los payasos con sus caras de harina,

el domador de mansas fieras,

la amazona y sus potros,

y el caballero de frac y flor en el ojal

que remedaba al mago.

 

 

Tras un redoble de tambor, los maromeros

en los trapecios ejecutaron sus acrobacias,

en medio de nuestro asombro convertido en aplausos.

–Yo deseaba locamente caminar por la cuerda floja,

pero el león no me quitaba los ojos de encima.

 

 

 

 

 

 

JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

(Santa Marta, 1946)

 

Obra poética: El laberinto (1968-1984), La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003), Poesía completa (3 tomos, 2015).

 

 

 

JÚBILO

 

No faltarán palabras para cantar el júbilo,

siempre tendré un murmullo.

Para abrir el silencio,

para herir la clausura de la noche

siempre tendré en mis labios un balbuceo,

un canto, una balada,

nunca un eco que roce mi boca o mi destino.

Nunca vendré de nadie para alabar tu  cáscara;

sobrarán los instantes para besarte íntegra.

No faltarán sonrisas

ni goces en las ceremonias improvisadas.

Todo se hará a su tiempo y será pronto.

Ahora abandonémonos a este ocio invisible.

 


 

 

 

 

 

DARÍO JARAMILLO AGUDELO

(Santa Rosa de Osos, 1947)

Obra poética: Historias (1974), Tratado de retórica (1978), Poemas de amor (1976-1983) (1986), 77 poemas (1987), Antología poética (1991), Cuánto silencio debajo de esta luna (1992), Del ojo a la lengua (1995), Razones del ausente (selección de María Mercedes Carranza, 1998), 127 poemas (1999), Aunque es de noche (1999), Cantar por cantar (2001), Libros de poemas. Obra reunida (2003), Gatos (2005), Cuadernos de música (2008), Del amor, del olvido: antología temática (2009), Solo el azar (2011), Treinta y dos poemas: una antología (2014), El cuerpo y otra cosa (2016).

 

 

 

POEMA 13

 

Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.

Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

 

 

JUAN GUSTAVO COBO BORDA

(Bogotá, 1948)

Obra poética: Consejos para sobrevivir (1974), Salón de té (1979), Ofrenda en el altar del bolero (1981), Roncando al sol como una foca en las Galápagos (1983), Todos los poetas son santos e irán al cielo (1983), Todos los poetas son santos (1987), Almanaque de versos (1988), Dibujos hechos al azar que cruzaron mis ojos (1991), Poemas orientales y bogotanos (1992), El animal que duerme en cada uno (1995), Furioso amor (1997), La musa inclemente (2001), Mirar con las manos (2006), Poemas ilustrados (2008), Los poetas mienten (2009), Cuando papá perdió la guerra (2010), Poemas recientes (2011), Poesía reunida (1972-2012) (Contiene: El animal que duerme en cada uno, La musa inclemente, Los poetas mienten y Cuando papá perdió la guerra) (2012).

 

 

 

¿PERDÍ MI VIDA?

 

Mientras mis amigos, honestos a más no poder,

derribaban dictaduras,

organizaban revoluciones

y pasaban, el cuerpo destrozado,

a formar parte

de la banal historia latinoamericana,

yo leía malos libros.

 

Mientras mis amigas, las más bellas,

se evaporaban delante de quien,

indeciso, apenas si alcanzaba

a decirles la mucha falta que hacen,

yo continuaba leyendo malos libros.

 

Ahora lo comprendo:

en aquellos malos libros

había amores más locos, guerras más justas,

todo aquello que algún día

habrá de redimir tantas causas vacías.


 

 

 

 

 

 

MARTHA L. CANFIELD

(Montevideo, 1949)

 

Obra poética: Anunciaciones (1976-2015), Nero cuore dell’alba (1988), Mar/Mare (1989), El viaje de Orfeo (1990), Caza de altura. Poemas, 1968-1993 (1994), Orillas como mares (2004), Capriccio di un colore (2004), Per abissi d’amore (2006), El cuerpo de los sueños (2008), Corazón (2012-2013), Luna di giorno (2017).

 

 

MIRA LLEGA A CASA

 

Quisieras cruzar el umbral

tal vez

pero todavía no te atreves

me miras con temor

pasar de aquí a allí

y no saber lo que vas a encontrar

y luego —a lo mejor estás pensando—

tampoco es éste sitio conocido

Entonces permaneces quieta

con la cola en alto vigilante

ojos de incertidumbre

Dónde me han traído,

pareces preguntarte

y yo ruego que tú puedas entender

que desde ahora ésta es tu casa

y tú aprenderás de mí

y yo aprenderé de ti

y juntas vamos a construir

un dúo solidario

hecho de mujer y de perra

Mira y Martha

Martha y Mira

y correr será hermoso en la mañana

y dormir será hermoso por la noche

y saberte cerca será dicha de vida

y armónica ternura

y sentimiento puro

Espera no atravieses ese umbral

Voy yo hacia ti

para después cruzarlo juntas

y dar por fin inicio

hoy mismo ahora y enseguida

a esa unidad perfecta que decía Neruda:

“seis patas y una cola

con rocío”.

 

 

 

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