ArtemisaPresentamos, en versión del poeta, narrador y traductor boliviano Gary Daher (1956) una excelente muestra de poesía amorosa de la antigüedad, que contiene fragmentos de Safo y cármenes de Catulo. Lo aquí publicado es parte del volumen “Safo y Catulo. Poesía amorosa de la antigüedad”, editado en 2005. Gary Daher es una de las figuras centrales de la actual literatura boliviana. En 1976 recibió el Primer Premio Jóvenes Escritores; en 1994 el Primer Premio Nacional de Crítica Literaria Walter Montenegro.

 

 

 

PRÓLOGO

 

La fuerza que el amor provoca ha llevado al hombre a escribir desde la antigüedad versos, historias, cartas, notas, novelas, universos enteros, y hasta curiosos testamentos, como si al hacerlo pudiera desahogar sus angustias y su sed. En el caso de la poesía, ha sido Safo, mujer nacida entre el 630 y 612 antes de nuestra era, la que introdujo el entonces revolucionario concepto de cambiar la manera de escribir poemas desde el punto de vista de dioses y musas al de la poesía intimista del individuo.  Ella fue uno de los inaugurales poetas que compuso versos en primera persona, describiendo el amor y la pérdida cuando la afectó personalmente.

Cinco siglos después, el84 a.c., nace Gaius Valerius Catullus, conocido en castellano bajo el nombre de Catulo, y que se haría famoso por sus poemas dirigidos a Lesbia, pseudónimo con el que disfraza a su Clodia, una mujer casada por quien Catulo sufrió un amor tormentoso. El pseudónimo parece estar extraído de su admiración por Safo, quien nació en la isla griega de Lesbos. Es más, nosotros hemos podido notar que el poema Carmen LI es prácticamente el mismo que el fragmento 31 de Safo.

Los textos de Catulo se han conservado gracias a los copistas que nos han dejado un manuscrito hallado en Verona, pueblo del poeta, el siglo XIV. El trabajo de Safo, sin embargo, no ha tenido la misma suerte, de manera que lo que nos queda son fragmentos recuperados muy trabajosamente de pedazos de papiros recogidos en restos arqueológicos egipcios que datan de los siglos VIII a.c. hasta el I a.c.

Las traducciones de los poemas de Catulo han sido realizadas sobre los textos en latín editados por E.T. Merrill; sin embargo, los poemas de Safo, han sido obtenidos no directamente del griego antiguo, que desconocemos totalmente, sino de varias versiones del inglés, especialmente aquélla de D. W. Myatt, que a su vez las obtuvo del Poetarium Lesbiorum Fragmenta publicado por Oxford en 1955.

A excepción del poema Carmen I, que es una dedicatoria dela Carminade Catulo a su amigo Cornelius Nepo, y que nos muestra, no solamente su afán lírico, sino su gusto por el objeto, es decir, el libro, los demás poemas nacen del canto del amor.

La traducción se dice que es un hecho conceptualmente injustificable; sin embargo, cabe recordar que toda lectura también es una traducción. Más todavía, si el lector se dirige a los textos originales en latín que aquí publicamos – en última instancia, únicos textos válidos – aun siendo experto en latín y compenetrado con el modo de vida de aquellos tiempos, tendría que admitir que es muy difícil recibir el mismo aroma que aquél que hubiera percibido un romano del siglo I a.c. al leer los versos de aquel poeta.

Sea pues este acto de osadía, un homenaje a aquél sentimiento antiguo del hombre, que indiferente a los siglos, odia y ama, con intensidades de lluvia y viento huracanados. Y, a la vez, nuestra reverente y hechizada admiración a los maestros: Safo y Catulo, ambos ciudadanos de esa patria ya sin lengua, pero sí hecha de lenguaje, donde moran los más grandes poetas de todos los tiempos.

 

 

CATULO

 

 

Carmen I

  

¿A quién dedicaré este nuevo y elegante libro

papiros pulidos con piedra pómez siguiendo el modo seco?

A ti, Cornelio, por opinar

que mis naderías valían algo.

Tú, que te atreviste como el único de los italianos

a revelar las abstractas épocas en tres crónicas

sabias, por Júpiter, y laboriosamente escritas.

Por esta razón toma este folleto

tal como él es, y que, ¡Oh Virgen Señora!

acaso pueda permanecer más allá de la centuria.

 

 

 

Cui dono lepidum novum libellum
arida modo pumice expolitum
Corneli, tibi: namque tu solebas
meas esse aliquid putare nugas
iam tum, cum ausus es unus Italorum
omne aevum tribus explicare cartis
doctis, Iuppiter, et laboriosis.
Quare habe tibi quidquid hoc libelli
qualecumque, quod, o patrona virgo,
plus uno maneat perenne saeclo

 

 

 

 Carmen II

 

 Gorrión, delicias de mi niña

con quien jugaba, y mientras sostenía en su pecho

daba a picotear la yema de los dedos

que sueles provocar para que la muerda duramente

ardiendo de deseos por mí

como un juego de amor apreciado que desconozco

(y que creo logra algún alivio para su dolor

y aquieta entonces su juego apasionado)

Desearía jugar contigo como lo hace ella

para aliviar el dolor de mi tortuoso deseo.

 

..Esto era tan agradable a mí como para la niña

que volaba de pie a la manzana dorada

y desató su cinta largo tiempo atada.

 

 

 

 Passer, deliciae meae puellae,

quicum ludere, quem in sinu tenere,

cui primum digitum dare adpetenti

et acris solet incitare morsus,

cum desiderio meo nitenti

carum nescio quid libet iocari

(et solaciolum sui doloris,

credo, ut tum gravis adquiescat ardor),

tecum ludere sicut ipsa possem

et tristis animi levare curas!

… Tam gratum est mihi quam ferunt puellae

pernici aureolum fuisse malum,

quod zonam solvit diu ligatam.

 

 

 

 

 

Carmen V

 

Vivamos, mi Lesbia, y amémonos 

y deja que los rumores de los viejos más severos 

¡nos importen todos un comino! 

Los soles pueden caerse y subir: 

Cuando esta breve luz haya muerto para nosotros, 

dormiremos en la noche interminable. 

Dame mil besos, y otros cien, 

después otro mil, y otra vez cien, 

y todavía otros mil más, y otros cien. 

Entonces, cuando nos hayamos dado muchos miles, 

los mezclaremos todos para no conocerlos, 

y que ninguna insidia pueda notar 

estos besos que nos damos. 

 

 

 

Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,

rumoresque senum severiorum

omnes unius aestimemus assis.

soles occidere et redire possunt:

nobis, cum semel occidit brevis lux,

nox est perpetua una dormienda.

da mi basia mille, deinde centum,

dein mille altera, dein secunda centum,

deinde usque altera mille, deinde centum,

dein, cum milia multa fecerimus,

conturbabimus illa, ne sciamus,

aut ne quis malus invidere possit,

cum tantum sciat esse basiorum.

 

 

 

 

 

 Carmen VII

 

Me preguntas cuántos besos tuyos, 

Lesbia, serían suficientes para colmarme. 

Un número tan grande como las arenas de Libia 

donde crece el asa dulce de Cirene 

entre el oráculo del ardiente Júpiter

y el sagrado sepulcro del legendario Bato ;  

o como las múltiples estrellas que en el silencio de la noche 

miran los amores furtivos de los hombres. 

 

Mas tantos besos te besan 

que podrían ser suficientes y más para tu loco amor, Catulo 

tantos que los ojos de los entrometidos no podrían contar 

o embrujar con sus malditas lenguas. 

 

 

 

Quaeris quot mihi basiationes

tuae Lesbia, sint satis superque.

quam magnus numerus Libyssae harenae

laserpiciferis iacet Cyrenis,

oraclum Iovis inter aestuosi

et Batti veteris sacrum sepulcrum,

aut quam sidera multa, cum tacet nox,

furtivos hominum vident amores,

tam te basia multa basiare

vesano satis et super Catullo est,

quae nec pernumerare curiosi

possint nec mala fascinare lingua.

 

 

 

 

Carmen VIII

 

Infeliz Catulo, déjate de estupideces, 

y da por perdido lo que está perdido. 

Hubo días felices por un tiempo, 

cuando corrías a donde la niña te llevaba 

amada como ninguna fue amada jamás. 

Entonces muchos juegos de amor florecieron

que tú deseabas y que la niña no negaba, 

en verdad hubo un tiempo de días felices.

Ahora ella ya no te quiere más: tú tampoco, débil, no desees 

y no vayas a la caza de quién huye, ni vivas miserablemente, 

mas resiste con toda tu voluntad, no cedas. 

Adiós, niña. Catulo no cede: 

no te buscará, ni te cortejará a la fuerza. 

Pero tú sufrirás porque no serás más amada. 

¡Desgraciada, guay de ti! ¡Qué más te puede dar la vida! 

¿Quién vendrá ahora por ti? ¿Por quién te pondrás hermosa? 

¿A quién amarás ahora? ¿De quién dirás que eres? 

¿Quién te besará? ¿Quién te morderá los labios? 

Pero tú, Catulo, sé obstinado, no cedas.

 

 

 

Miser Catulle, desinas ineptire,

et quod vides perisse perditum ducas.

fulsere quondam candidi tibi soles,

cum ventitabas quo puella ducebat

amata nobis quantum amabitur nulla.

ibi illa multa tum iocosa fiebant,

quae tu volebas nec puella nolebat.

fulsere vere candidi tibi soles.

nunc iam illa non vult: tu quoque, impotens, noli,

nec quae fugit sectare, nec miser vive,

sed obstinata mente perfer, obdura.

vale, puella! iam Catullus obdurat,

nec te requiret nec rogabit invitam:

at tu dolebis, cum rogaberis nulla.

scelesta, vae te! quae tibi manet vita!

quis nunc te adibit? cui videberis bella?

quem nunc amabis? cuius esse diceris?

quem basiabis? cui labella mordebis?

at tu, Catulle, destinatus obdura.

 

 

 

 

Carmen LI

  

Ese hombre me parece semejante a un dios,  

o si es lícito, más que un dios.  

que sentándose al frente tuyo, te

observa y te oye

reír dulcemente,  algo que me roba

todos los sentidos: porque en cuanto te miro,

Lesbia, no me queda nada en la voz. 

la lengua se entorpece, un fuego fino 

corre bajo mis miembros, los oídos se cierran

con un sonido íntimo, y mis dos ojos

se hunden en la oscuridad.  

 

El ocio, Catulo, es tu problema; 

el ocio que te deleita y te mueve a la pasión; 

el ocio que ha sido ahora y siempre

ruina de reyes y  ciudades.

 

 

Ille mi par esse deo videtur,

ille, si fas est, superare divos

qui sedens adversus identidem te

spectat et audit

dulce ridentem, misero quod omnis

eripit sensus mihi: nam simul te,

Lesbia, adspexi, nihil est super mi

lingua sed torpet, tenuis sub artus

flamma demanat, sonitu suopte

tintinant aures, gemina teguntur

lumina nocte.

 

otium, Catulle, tibi molestum est:

otio exsultas nimiumque gestis.

otium et reges prius et beatas

perdidit urbes.

 

 

 

 

 Carmen LXXXV

  

La odio y la amo. Me preguntas ¿cómo puede ser?

Yo no lo sé, pero siento que ocurre y sufro.

 

 

 

Odi et amo. quare id faciam fortasse requiris

nescio, sed fieri sentio et excrucior.

 

 

 

 Carmen LXXXVII

 

Ninguna mujer puede decir que ha sido amada

de verdad, tanto como mi Lesbia ha sido amada por mí. 

Ninguna fe ha sido tan grande en esta vida 

como el amor que por mi parte yo te di.

 

 

Nulla potest mulier tantum se dicere amatam

vere, quantum a me Lesbia amata mea es

nulla fides ullo fuit unquam in foedere tanta

quanta in amore tuo ex parte reperta mea est.

 

 

 

 

 Carmen XCII

 

Lesbia siempre hace escarnio de mí y nunca calla. 

Mientras yo: ¡Devastado sea si Lesbia no me ama!

¿Cuál es la prueba?… Que hago yo otro tanto: la ultrajo 

cuidadosamente; pero despedazado sea, en verdad, si no la amo. 

 

 

 

Lesbia mi dicit semper male nec tacet unquam

de me: Lesbia me dispeream nisi amat.

quo signo? quia sunt totidem mea: deprecor illam

adsidue, verum dispeream nisi amo.

 

 

 

 

 Carmen CVII

 

Si de repente pasa algo que siempre anhelamos y quisimos

esto nos será íntimamente agradable para el alma.

De hecho esto es agradable y más estimado que el oro para mí

porque tú has vuelto a desearme, Lesbia

has vuelto a mí, esperada inesperada,

¡Oh día de la nota más blanca!

¿Quién será más feliz de lo que soy,

qué más puedo desear en la vida?

 

 

 

 

 Si cui quid cupido optantique obtigit unquam

insperanti, hoc est gratum animo proprie.

quare hoc est gratum nobis quoque, carius auro,

quod te restituis, Lesbia, mi cupido:

restituis cupido atque insperanti, ipsa refers te

nobis. o lucem candidiore nota!

quis me uno vivit felicior, aut magis hac res

optandas vita dicere quis poterit?

 

 

 

 

 

 

SAFO

 

 

Fragmento 1

 

Inmortal Afrodita – Hija de Zeus y tejedora de argucias – 

¡En tu florido trono, óyeme! 

Mi señora, te ruego,

no sea mi corazón dominado por la angustia ni el dolor 

pero ven a mí como antes 

como cuando desde lejos oíste mi llanto, y escuchaste 

y dejaste la casa de tu padre en tu uncido carro dorado 

en medio de hermosos gorriones que giraban veloces. 

Así volaste desde el cielo hasta esta tierra oscura cruzando el aire 

y prontamente llegaste. 

 

Entonces tú, mi diosa, la de la sonrisa inmortal en los labios 

preguntarías qué es lo que me aflige, por qué de nuevo 

te estoy llamando y que es lo que mi salvaje corazón desea: 

 

    “¿A quién seduciré ahora 

   para entregarte su amor? 

    ¿A quién dañarás ahora, Safo? 

    Porque si ella huye, rápido será cazada 

    y rechazando regalos,  luego será obsequiosa. 

    Si ella no te ama, pronto lo hará

    Incluso contra su voluntad. 

 

Ven ahora nuevamente a mí, a calmar este dolor

trayendo lo que mi corazón desea que sea traído: 

 

Sé tú mi aliada en esta lucha

 

 

 

 

Fragmento 16

 

Para algunos – son jinetes; para otros – es infantería

para algunos otros – son naves que están en esta tierra negra 

visiblemente constante en su belleza. Pero para mí, 

es lo que tú desees. 

 

Para todos, es fácil hacer esto plenamente comprensible 

para Helena – ella quién grandemente superó a otras mortales en belleza – 

dejar a su hombre el más noble y navegar adelante hacia Troya 

olvidando a sus amados padres y a su hija 

porque Afrodita la llevó lejos….  

 

 

Qué es lo que me hace ver de nuevo a Anactoria ahora tan distante: 

para preferir contemplar su gracioso y placentero movimiento 

y el radiante esplendor de su rostro 

que los carros de Lidia y los soldados a pie con su armadura…. 

 

 

 

 

 Fragmento 22

 

Toma tu lira y canta para mí 

urgente 

una vez más, hermosa deseada:

 

Tu túnica excita – éste es un hechizo –

y yo que dudé de Afrodita 

ahora le pido que pronto 

estés otra vez conmigo…

 

 

 

 

 Fragmento 31

 

Yo veo a ese hombre que se sienta cerca de ti semejante a los dioses 

porque puede escuchar estrechamente tu deliciosa voz 

y esa risa seductora 

que hace temblar el corazón bajo mis pechos. 

 

Aun cuando te vislumbro por un momento 

mi lengua calla, la palabra me abandona 

mientras un fuego delicado mora bajo mi piel –  

mis ojos no pueden ver, entonces, 

y solo oigo un sonido girando 

como un escalofrío, sudando, 

porque todo en mí es temblores; 

me hago más pálida que el pasto seco 

y más próxima a la muerte…   

 

 

 

 

 Fragmento 34

 

Intimidadas por su maravilla 

las estrellas cerca de la hermosa luna 

cubren sus propios y brillantes rostros

mientras ella ilumina de amor la tierra 

con su esplendorosa plata…

 

 

 

 

 Fragmento 47

 

El amor golpeó mi corazón 

así como el viento montañés  

cae sobre la arboleda de robles…. 

 

 

 

Fragmento 94

 

De verdad desearía estar muerta. 

Cuando se fue, lloró

 

me dijo, “Esta separación debe ser 

soportada, Safo. Voy de mala gana.”  

 

Y rogué, “Ve, y sé feliz 

pero recuerda (lo sabes bien)

a quien tú dejas con los grilletes del amor  

 

“Si te olvidas de mí, piensa 

en nuestras ofrendas a Afrodita 

y todo el encanto que compartimos  

 

todas las tiaras de violetas, 

capullos trenzados, eneldo y 

el azafrán tornados alrededor de tu joven cuello 

 

mirra vertida en tu cabeza 

y sobre el suave tapete de muchachas 

todas ellas deseando estar lado a lado  

 

pues mientras ninguna voz entonaba

coros sin nosotros,     

ninguna vara floreció en primavera sin ese canto…”  

 

 

 

 

 Fragmento 96 

 

Ella te venera como a una diosa 

y se deleita con tu danza coral. 

Ahora es de las más grandes señoras de Lidia 

hermosa como el rayo rosa que dibuja la luna después que se hunde el sol 

apaga a todas las estrellas y cubre con su luz el oscuro mar 

y las flores de los campos 

bellamente regadas del rocío que refresca las rosas 

los pétalos suaves y los brotes de dulces mieles….. 

 

Insomne, ella nos recuerda a la gentil Atthis – 

tal vez su sutil discernimiento la tiene agobiada 

por tu destino….. 

 

Para nosotros, no es fácil acercarse 

a la belleza de sus divinas formas 

pero tú…. 

 

 

 

 

 Fragmento 126

 

Podrías dormir en los pechos  

de tu tierna acompañante….

 

 

 

 Fragmento 130

 

Una vez más, deseo – 

Esos muslos que se sueltan amargamente dulces – 

y que me hacen temblar. 

Eres irresistible….

 

 

 

 Fragmento 138/147

 

Créeme, en el futuro alguien 

nos recordará….. 

 

Porque tú me amas 

de pie y cara a cara 

develas la suavidad en tus ojos….

 

 

 

Datos  vitales

Gary Daher (1956) Poeta, narrador y ensayista boliviano. En poesía, ha publicado Poemas y Silencios (1992), Los Templos (1993), Tamil (1994), Desde el otro lado del oscuro espejo (1995), Cantos desde un campo de mieses (2001, 2006), Oruga Interior (2006), Territorios de Guerra (2007), Viaje de Narciso (2009), además del trabajo poético Errores compartidos (1995), en coautoría con Ariel Pérez y Juan Carlos Quiroga. En novela, ha publicado El Olor de las llaves (1999), El huésped (2004) y El lugar imperfecto (2005). En ensayo, En busca de la piedra y el agua (2005) y en traducciones, el libro Safo y Catulo: poesía amorosa de la antigüedad (2005). Trabajos suyos se han reproducido en diversas antologías, diarios y revistas bolivianas y extranjeras. En 1976 recibió el Primer Premio Jóvenes Escritores; en 1994 el Primer Premio Nacional de Crítica Literaria Walter Montenegro; y en 2004 una mención del Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal”.