Con el dossier sobre el pensamiento de George Bataille, coordinado por Sigifredo E. Marín, conmemoramos el 50 aniversario luctuoso del escritor francés. Cerramos el dossier con el ensayo del ensayista Nelson Guzmán, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, en donde la tesis fundamental es que “Debido quizás a su función de cópula el verbo ser ha tenido un papel privilegiado en la historia del pensamiento”.

 

 

 

EL SER Y LA CÓPULA CARNAL. A PROPÓSITO DE GEORGES BATAILLE

 

NELSON GUZMÁN

 

Si bien toda escritura posee un punto ciego, un elemento irreductible cuyo sentido queda fuera de toda intelección, cierto es que aquella que generalmente asociamos con el pensamiento filosófico, casi siempre pugna por hacer creer que el conjunto de significados que pugnan por establecer forma una cadena completa y acabada.

Esto sucede siempre que la “verdad” entra en juego y la escritura tiene la pretensión de alcanzar aceptación por el hecho de plantearse a sí misma como la cifra a partir de la cual el mundo y el hombre pueden ser escudriñados y donde la simulación de la verdad, de la justicia o del bien, alcanzan la mayor cumbre de su hipocresía. Los ornamentos del disimulo pueden ser vastos y contradictorios. Van desde las férreas taras del dogmatismo conservador hasta los proyectos de emancipación más controvertidos.

Algo distinto sucede cuando el pensamiento abandona toda subordinación a un emblema enaltecedor y sucumbe a la tentación del pensamiento sin objeto, del pensamiento violento: aquél que hace de sí mismo la expresión de una ironía y de la imposibilidad de su propio discurso, la materia de las aporías que desarrolla.

La escritura de Georges Bataille es, al igual que la de otros autores como Nietzsche, Caraco, o Cioran, irreductible a las formulaciones escleróticas de cualquier fin trascendente. Su pensamiento, llevado por el impulso de arder sin objeto, nos lleva siempre a una irresolución cuyo único destino es el desasosiego al cual nos vemos llevados con su lectura.

Así, frente a la voluntad de sistema, la escritura de Georges Bataille se negó desde sus comienzos a confiar en la unidad del concepto como medio para generar una perspectiva que articule el conjunto general de las cosas. Lo que para él muestra la ingenuidad inherente a la actitud de síntesis estriba en no caer en la cuenta de que cualquier principio puede ser desplazado por otro como punto de partida para interpretar un conjunto de fenómenos o incluso la totalidad de los seres, es decir, que todo principio es por principio arbitrario.

Esta reserva frente al sistema es notoria ya desde la redacción de L’annussolaire,uno de los primeros artículos escritos por Bataille en la década de los veinte,[1] en el cual denunciaba la arbitrariedad subyacente a la formulación de cualquier fundamento que funja como elemento disolvente del resto de las cosas. Esta arbitrariedad se hace patente cuando tomamos conciencia de que cualquier otro concepto también puede tomarse como punto de partida para interpretar los demás, de tal modo que «el oro, el agua, el ecuador o el crimen pueden ser enunciados indiferentemente como el principio de todas las cosas».[2]

Un sistema de pensamiento, al situar unos principios antepuestos a los términos que explican, no por lograr abarcar en virtud de su amplitud o flexibilidad un conjunto más amplio de fenómenos u objetos, impide que otros principios sean postulados en un sistema diferente para ofrecer una interpretación de la realidad que muestre un escorzo distinto de las cosas.

En todo caso, los principios que guían cualquier explicación o interpretación del mundo se introducen para desplazar la inmediatez bajo el cual se nos ofrece. Toda interpretación es ya por ello una duplicación de la realidad que interpreta, duplicación por la que unos términos explican a otros ocupando su lugar. Debido a esto, el acto de presentar un fenómeno remitiéndose a otro implica para Bataille el ejercicio de la parodia, la puesta en marcha de un simulacro que desplaza al mundo con la imagen que de él nos ofrece.

Pero debe aclararse: el hecho de que toda interpretación aparezca como un juego paródico no disminuye la necesidad del hombre por interpretar las cosas. Y dado que esta necesidad se le muestra como inevitable, inevitable es también que su vida se vea por ello impulsada a la parodia. Más aún, el carácter ineluctable de la parodia se nos ofrece cuando, más allá de la necesidad de interpretación del mundo ínsita en el hombre, consideramos que el mundo mismo es paródico, puesto que al observarlo percibimos cómo las cosas toman siempre el lugar de otras, cuando el devenir pone en juego sus identidades y las transforma.

 

Está claro que el mundo es puramente paródico, es decir, que cada cosa que miramos es la parodia de otra, o incluso la misma cosa bajo una forma engañosa […].

Todo el mundo está consciente de que la vida es paródica y necesita de una interpretación.Así, el plomo es la parodia del oro.El aire es la parodia del agua.El cerebro es la parodia del ecuador.El coito es la parodia del crimen.[3]

 

Tanto en el tiempo como en el ejercicio del entendimiento, unos seres remplazan a otros y los suceden, razón por la que cada cosa que nos representamos bien puede ser considerada la parodia de otra. La posibilidad de asociar los diversos aspectos u objetos de nuestro pensamiento da cuenta de la facultad de desplazamiento por el que todas las cosas están en el mundo para ser remplazadas.

Desde esta perspectiva, un sistema filosófico vendría a ofrecer para Bataille una serie de relaciones que dan cabida a la forma del desplazamiento (de simulacro) más enfática, pues pretende conferir identidad a las diversas cosas que asocia. A través de la identidad se articula un andamiaje cuya cohesión se hace posible mediante la cópula verbal, en la que dos cosas o dos aspectos de una misma son unidas por el lenguaje. Debido quizás a su función de cópula, es que el verbo ser ha tenido un papel privilegiado en la historia del pensamiento, ya que en él se funda la relación de identidad de las cosas en el seno del lenguaje.

 

Desde que las frases circulan en los cerebros ocupados en reflexionar, se ha procedido a una identificación total, ya que con la ayuda de una cópula cada frase liga una cosa con otra; y todo estaría visiblemente ligado si se descubriese con una sola mirada de su totalidad el trazo dejado por un hilo de Ariadna, conduciendo el pensamiento en su propio laberinto.[4]

 

Ahora bien, la reflexión que en L’Annussolaireconfiere a la parodia una extensión tan amplia no podría tenerse a sí misma sino siendo ella misma paródica. Por ello, esa reflexión sirve de preámbulo que justifica el simulacro que posteriormente ofrece, cuando en las siguientes páginas se ensaya lo que podríamos tener como la parodia de una cosmología. Mediante la asociación caprichosa de la cópula verbal (medio por el que el pensamiento discursivo efectúa la parodia) con la cópula de los cuerpos, el coito se ofrece como la parodia del pensamiento, que vincula las frases como aquél une los cuerpos: «Sin embargo, la cópula de los términos no es menos estimulante que la de los cuerpos. Y cuando grito: SOY EL SOL, me sobreviene una erección completa pues el verbo ser es el vehículo del frenesí amoroso[5]

Partiendo de la parodia que la cópula sexual hace de la verbal, Bataille nos ofrece entonces el cuadro de una cosmología, en donde el sistema del Universo es descrito como si se tratase de una orgía violenta: el motor del mundo vendría a tener su origen en la transmisión del movimiento circular de rotación terrestre y el movimiento rectilíneo de penetración en el acto sexual (cuya relación compara con el de una locomotora compuesta por pistones y ruedas); ya que todo movimiento, incluso el de los sistema planetarios, «es la figura del amor incapaz de detenerse en un ser particular y pasando rápidamente de un ser a otro.»[6] Bajo esa perspectiva, decididamente ficcional y lúdica, los árboles se muestran como falos, las nubes son asociadas con los temperamentos pasionales, la lluvia con la fecundación, la marea con el onanismo, el Sol con la desnudez que el pudor prohíbe a los ojos, etc. Las asociaciones arbitrarias no dejan de ser sistemáticamente atravesadas por la figura continua de unión que nos remite al amor en su más obscena y cruda expresión.

La arbitrariedad de las imágenes que se despliegan tomando como punto de partida el coito, que imita al pensamiento discursivo, muestra que la presencia del elemento paródico en su obra está casi siempre ligada con una crítica al pensamiento sistemático.[7] Dicha crítica, en tanto se impone a sí misma la ausencia de seriedad, no sólo le dirige un ataque dentro del ámbito del discurso, sino que se propone romper el marco de sus reglas, como una risotada frente a la seriedad de un orador, que no podría conservar su carácter irrisorio si se la obliga a explicarse.[8]

La reflexión y el ejercicio de la parodia presentes en L’Annussolaire describen una tendencia generalde su obra: la crítica del pensamiento discursivo desde fuera de los límites que sus códigos imponen. Por ello, la miscelánea de estilos y temas en su obra resulta tan amplia, que podemos afirmar con Denis Hollier que el pensamiento de Bataille carece de forma,[9] ya que la parodia es ante todo, socavamiento de las formas a través de la mímesis. Si su relación con Nietzsche es menos la de asumir la posición de un intérprete de su obra que de «ser Nietzsche»,[10] si se interroga sobre las consecuencias de mimetizar el saber absoluto hegeliano,[11] o llega a proyectar una obra titulada el sistema inacabado del no saber,[12] es ante todo porque su obra entera está impregnada por el carácter lúdico de la parodia que deliberadamente se desiste al empeño de concebir un mundo subsumido a la identidad o a la síntesis.

Así, la obra de Bataille formula una ontología del erotismo, que desplaza la función gramatical y ontológica del ser por la cópula de los cuerpos y su significado en el universo violento que habitamos.



[1] Escrito en 1927 y publicado en 1931 por la GalerieSimon con un tiraje de 100 ejemplares, es junto a Sacrifices, uno de los primeros textos escritos por Bataille. Cfr. OC, I, p. 79.

[2]Ibid, p. 81.

[3]Idem.

[4]Idem.

[5]Idem.

[6]Ibid, p. 83.

[7]Algunos autores han puesto particular énfasis en la parodia como índice de su interpretación de Bataille. Cfr.François Warin, Nietzsche et Bataille. La Parodie à l’infini, Presses Universitaires de France, 1994, p. 21, passim. V. et, Dennis Hollier, La Prise de la Concorde, Gallimard, Paris, 1993, p. 139.

[8] El tema de la seriedad y el juego aparece profusamente en la obra de Bataille. Un artículo especialmente dedicado a dicho tema es «¿Sommes-nouslàpourjoueroupourêtresérieux?»,OC, XII, pp. 100-125.

[9] Denis Hollier, Op. cit, p. 54.

[10]Cfr. François Warin, Op. cit, pp. 15-16. Bataille,Sur Nietzsche, OC, VI, p. 33, V. et.,Denis Hollier «De l’au-dela de Hegel a l’absence de Nietzsche» en Bataille, U.G.E., Paris, 1973, pp. 80-83.

[11]Bataille, L’Expérience intérieure,OC, V, p. 127.

[12]Bataille, Le Système inachevé du non-savoir,OC, VI, p. 362-363-599.